domingo, 17 de mayo de 2026

POTENCIALMENTE SIN LÍMITES

 




POTENCIALMENTE SIN LÍMITES

 

©Giuseppe Isgró C.

 

¿Es verdad que Dios ha puesto ciertos límites a nuestras investigaciones?

 De ser cierto, ¿cuáles son?

 Potencialmente hablando, Dios no ha puesto límites de ninguna naturaleza, para nadie, excepto el de la evolución personal y los estados de conciencias inherentes, que por propio mérito se van desarrollando, en la espiral evolutiva, en el eterno presente.

 Ese y solamente ese es el único límite; es decir, podemos llegar hasta donde alcanzan nuestras propias fuerzas; empero, ellas son factibles de ser incrementadas por el propio desarrollo evolutivo, en forma gradual y constante.

En la medida en que se va alcanzando una visión más amplia de la realidad que nos circunda, podemos emprender investigaciones y tareas de mayores envergaduras. Es lo que hemos denominado la eterna polarización de un estado de conciencia a otro más elevado, ad infinitum.

 Evidentemente, existe un orden universal que es preciso seguir, siendo imposible saltar determinados grados, pero, lejos de ser un límite, implica una guía del orden que debe orientar nuestros trabajos.

La actitud correcta debe ser, siempre, la de rechazar cualquier imposición de límites de quien quiera que sea.

Si el Ser Universal ha dispuesto que, en el eterno presente, encontremos siempre un más allá de progreso, sin límites algunos, ¿por qué razón deberíamos aceptar ese tipo de imposiciones de quienes, en un momento dado, pudiesen tener motivos para inhibir una tendencia natural de los seres, aún en los cuatro reinos naturales, es decir, hacia el avance constante hasta donde alcance la infinita imaginación, que es la visión del espíritu?

De encontrar una barrera, es preciso, también, descubrir la manera de superarla, sin importar el tiempo que se pueda requerir ni el esfuerzo o trabajos necesarios a tales efectos.

 Todo es posible de lograr si tenemos la idea clara de lo que queremos y, paralelamente, se emprende la acción suficiente y sostenida en el tiempo, hasta alcanzar el grado de conocimiento o logro anhelado.

A través del progreso, el hombre ha encontrado la manera de ver más lejos inventando el telescopio. Con el microscopio, descubrió un mundo inmensamente pequeño, que escapa a simple vista. Se la ha ingeniado para idear aparatos que le permiten volar y desplazarse a lejanos lugares, a gran velocidad, que solamente unos pocos siglos antes eran apenas sueños en mentes prodigiosas como la de Leonardo Da Vinci. Se puede uno sentar frente a un ordenador, o un teléfono móvil, y comunicarse en pocos segundos con un sinnúmero de personas, simultáneamente. Se podría enumerar una gran cantidad de otros instrumentos que han extendido en forma prodigiosa la inmensa capacidad de crear del ser humano, y nos asombraríamos todavía más si pudiésemos percibir lo que realizan cada uno de los entes respectivos en los cuatro reinos naturales, incluyendo el mineral.

¿Aprenderemos a viajar, también, en proyección espiritual, a la velocidad del pensamiento, por el inmenso universo, y percatarnos de lo que existe allí? Muchas pruebas al respecto demuestran que, en un día no muy lejano, en cuanto el factor moral alcance el nivel de madurez óptimo, eso será una realidad al alcance de todos, sin excepción.

El ser humano ha descubierto, también, que cuando su capacidad de razonamiento, utilizando la lógica inductiva y deductiva, alcanza al límite de sus posibilidades, se activan las facultades de la intuición y de la inspiración, entrando en comunicación con una fuente de sabiduría superior que le permite percibir lo que apenas unos minutos antes le era desconocido. ¿Dónde se encontraba ese conocimiento?

El ser humano, también, ha observado que, interiorizándose, entra en conexión divina con el Ser Universal, en una práctica de espiritualidad directa, sin intermediarios, y se transforma en un instrumento activo de su voluntad, fluyendo en su conciencia la sabiduría expresada mediante el lenguaje de los sentimientos de los valores universales, como el amor, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y la belleza, guía infalible en la práctica de todas las virtudes.

De igual manera, ha efectuado un asombroso descubrimiento: el de que posee un poder potencialmente infinito que se expresa en el mismo grado en que van afrontando situaciones para resolver u objetivos por realizar.

Sin importar cuán elevada pueda ser la dificultad encerrada en la situación por resolver o el objetivo por lograr, en cualquier orden, desde una minúscula bagatela familiar hasta un viaje espacial, el ser humano va expresando el poder creador suficiente para alcanzar el respectivo logro, oportunamente.

El ser humano ha efectuado, ya, otro de los grandes descubrimientos trascendentales, como es el de que posee un espíritu eterno e inmortal, que vivirá en una infinidad de ciclos de vidas, en éste y en incontables mundos del universo, en el eterno presente, donde siempre encontrará un más allá de progreso, de sabiduría y de poder creador.

Finalmente, en la medida en que profundiza en el potencialmente infinito poder creador del cual dispone y en el conocimiento más íntimo de sí mismo, percibe que él es el caminante y el camino que conduce a la fuente, en una espiral evolutiva infinita, y a un determinado momento, descubre también, que él es la fuente, formando una unidad perfecta e indisoluble con el SER UNIVERSAL, del cual ha emanado –en el instante preciso- a la conciencia del Ser Individual. Si los hijos de los gatos, son también gatos, los seres humanos, como emanación de la Divinidad, ¿qué son? Y, el espíritu del gato, ¿no es, también, una emanación de la Divinidad?

No deja de ser asombroso que tantos seres que forman una Unidad perfecta e indisoluble con la Divinidad y las bondades inherentes que eso implica, mantengan el interruptor de la luz de la conciencia apagado, cuando con un simple toque transformarían la noche oscura en un dorado amanecer. Es preciso vivir en conexión espiritual con el Ser Universal sin intermediarios, transformándose en un activo instrumento de su voluntad divina, por el servicio, el estudio continuo y el trabajo creador de nuevas y mejores expresiones de la inteligencia en todos los ámbitos de la vida, en el respectivo nivel de conciencia, de turno.

A Kabir le resultaba inconcebible que en el mar los peces tuvieran sed.

En un universo lleno de abundancia para todos, pensado en grande por el Ser Universal, con un plan divino de vida para cada quien, ¿por qué no abrir los ojos y así descubrir las inmensas riquezas al alcance de las propias manos, mediante el servicio, asumiendo la respectiva cuota en la realización de la gran obra, satisfaciendo necesidades insatisfechas? He ahí el gran secreto: las necesidades insatisfechas y la insatisfacción de las situaciones actuales, que impelen, a cada ser, en los cuatro reinos naturales, a la búsqueda constante de nuevas realidades que aporten el logro anhelado. 

La necesidad y el descontento son el motor que generan la fuerza suficiente, siempre, para transmutar todo lo que presisa serlo, para ascender de una etapa a otra más elevada, en el eterno camino del progreso. Sidharta Gautamaa lo percibió quinientos años antes de nuestra era. Abraham Maslow, con su escala de necesidades y la fuerza motivadora que genera cada una, en el siglo XX. 

Las claves de todas las riquezas, integralmente hablando, residen en descubir necesidades insatisfechas, y aportar, por la innovación, o por la creación, o inventos, nuevos bienes y servicios que las satisfagan, a nivel físico, mental y espiritual. En este sentido, jamás dejará de haber demanda de los propios servicios, o bienes producidos, tangibles o intangibles, ya que el mercado también es potencialmente infinito en cualquier área del proio desempeño.  

Empero, las realidades  son cambiantes, por eso es imperante la formación constante para mantener la vigencia del propio servicio, o aportes de bienes, en el mercado. Quien deja de actualizarse se va quedando rezagado, desmejorando, paralelamente, su nivel óptimo de vida. Cómo decía Andrés Bello, el estudio es tarea todos los días y de toda la vida, aún a edad muy avanzada, que es cuando mayor capacidad creaddora posee cada ser en los cuatro reinos naturales, aún en el reino mineral.

Escuchar la voz de la conciencia permite descubrir la propia identidad, por cuanto ella es una réplica exacta de la del Creador, y en ella se expresa ÉL mediante el lenguaje de los sentimientos de los valores universales. Allí reside la sabiduría y el poder potencialmente infinito, que permiten el usufructo de la riqueza integral que espera por cada quien, aquí y ahora, en el eterno presente, por el servicio efectivo.

Resumen:

El presente ensayo: Potencialmente sin límites, postula que no existen barreras externas impuestas por la Divinidad al conocimiento humano; el único límite real es el grado de evolución y madurez de la conciencia individual, la experiencia y la suma existencial alcanzada en un gran número de encarnaciones previas, y en la actual. A través de la historia, la humanidad ha expandido sus sentidos mediante la tecnología: telescopio, microscopio, ordenadores, intuición, inspiración, meditación, estudio de todas las ciencias, filosofías y artes, y el ejercicio de los atributos divinos que son inherentes a todo ser, demostrando que el poder creador es inherente a nuestra naturaleza espiritual. El autor sostiene que, al alcanzar un equilibrio moral y activar la intuición, el ser humano descubre su identidad como una unidad indisoluble con el Ser Universal. En este eterno presente, el progreso es una espiral infinita donde el hombre, y cada ser de los otros reinos naturales, es, simultáneamente, el caminante, el camino y la fuente.

DOS EJEMPLOS ILUSTRATIVOS: 

El primero:

Herbert Marshall McLuhan (1911–1994) filósofo, erudito y teórico de la comunicación canadiense predijo la existencia de Internet y la globalización mucho antes de que se hicieran realidad.

McLuhan afirmaba que los medios tecnológicos no son simples herramientas pasivas, sino extensiones del propio cuerpo y mente del ser humano.

Para él, la tecnología altera la manera en que se percibe el mundo y se interactúa la sociedad. Sostenía que la verdadera influencia de un medio no residía en la información que transmite, sino en cómo cambia los parámetros en cuanto a escala y ritmo de las relaciones humanas.

McLuhan transformó la teoría de la comunicación a través de varias ideas:

El medio es el mensaje: la forma de un medio es mucho más importante que el contenido que transporta. Por ejemplo, la influencia real está en cómo el objeto en sí cambia los hábitos diarios, la atención y la estructura mental de las personas.

McLuhan predijo que los medios electrónicos de comunicación superarían las barreras del tiempo y del espacio, conectando a la humanidad de manera instantánea, cosa que ya ha ocurrido, en nuestro tiempo, transformando el planeta en lo que él denominaba una gran aldea, ejerciendo una influencia global, en todos los sentidos, pero, generando nuevas oportunidades.

 Percibió la cantidad de información que estaría al alcance de todos, aunque estaba consciente de que, determinados conocimientos, exigirían un mayor esfuerzo para asimilarlos.

Para McLuhan, “la rueda es una extensión del pie, el libro es una extensión del ojo, la ropa es una extensión de la piel y los circuitos eléctricos son una extensión de nuestro sistema nervioso central”.

En su libro: La galaxia Gutenberg (1962): describió como la imprenta transformó la cultura humana, de una sociedad oral y auditiva, a otra visual, a través del libro, o la página impresa.

En su obra principal: Comprender los medios de comunicación (1964), habla de el medio es el mensaje y explica como las nuevas tecnologías transformarían al planeta en una tribu, por la interconexión, cosa que hoy ya es una realidad. Percibió con claridad de como los medios nos irían transformando sin que nos diéramos cuenta. De ahí, para él lo importante no era el mensaje en sí, sino el efecto transformador del mismo.

Herbert Marshall McLuhan visitó Venezuela en el mes de mayo de año 1976, como invitado en el Primer Seminario Venezolano de Radiodifusión Sonora, cuyo mensaje se difundió por los medios de comunicación. Recuerdo la entrevista que le realizó, en la época, la periodista venezolana Margarita D'Amico, durante la cual explicó algunas de las ideas antes descritas.  

El segundo

Prentice Mulford (1834–1891): gran exponente de la corriente denominada Nuevo Pensamiento. 

El pensamiento de Prentice Mulford permite comprender la naturaleza energética del Espíritu. Sostiene que “el pensamiento no es algo abstracto, sino una fuerza real, tan tangible como la electricidad o el vapor. Cada pensamiento emitido es una cosa que viaja y atrae elementos de su misma vibración”.

Una de sus enunciaciones más importantes, expresan:  -“Al demandar conocimiento o sabiduría al Ser Universal en silencio y con fe, el individuo abre los canales para que esa sabiduría fluya”.

Mulford sostiene que el cuerpo es el reflejo de la mente y de que se puede renovar la propia estructura estructura física y mental mediante el flujo de pensamientos nuevos. De igual manera ocurre al comenzar a ingerir alimentos nuevos, antes no utilizados, para renovar el cuerpo, en correspondencia de la Ley de causa y efecto, por supuesto, siempre bajo la guía de un dietólogo competente.  

Si se acepta que no hay límites, el espíritu puede regenerar incluso lo que la ciencia material considera perdido o agotado. Por lo cual, si se cree, con convicción sosegada, es factible de ser logrado.

 Mulford enfatiza que no somos seres aislados, sino parte de una Mente Infinita. Reconocer conscientemente esta unidad, otorga confianza y poder personal ilimitado, ya que nos dinamizamos con la energía de la Fuente.

El Libro de los Espíritus, de Kardec aporta la estructura cosmológica y moral; Mulford nos da la dinámica operativa del pensamiento. El ser humano logra esos avances tecnológicos y espirituales: no por azar, sino por el uso —consciente o inconscientemente— de las leyes del pensamiento que atraen del universo lo que antes era invisible.

  Lecturas recomendadas:

1)       El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec: Siendo la base de esta reflexión, es indispensable releer las secciones sobre la ley de progreso y la perfección intelectual y moral.

2)       La Clave de la Teosofía, de Helena Blavatsky: Este libro ofrece una perspectiva profunda sobre la unidad del ser y la emanación de la conciencia individual desde la fuente universal, complementando nuestra analogía sobre los hijos de la divinidad.

3)       El Fenómeno Humano, de Pierre Teilhard de Chardin.

4)       Nuestras fuerzas mentales, de Prentice Mulford.

 

Preguntas para la Reflexión:

 1)       Si el único límite es nuestro estado de conciencia actual, ¿qué acciones diarias estamos tomando para ensanchar nuestra visión de la realidad?

2)       ¿De qué manera el orden universal sirve como guía en lugar de como obstáculo para nuestras investigaciones?

3)       ¿Cómo podemos diferenciar una barrera real de una imposición externa destinada a inhibir nuestra tendencia natural al avance?

4)       Se menciona, en nuestro ensayo, que la tecnología ha extendido nuestra capacidad creadora; ¿está nuestro desarrollo moral creciendo al mismo ritmo que nuestras herramientas técnicas?

5)       ¿Qué interruptores de conciencia debemos encender hoy para ver la abundancia del universo?

6)       ¿De qué forma la intuición y la inspiración se convierten en herramientas prácticas para resolver conflictos en la vida cotidiana?

7)       Si somos emanaciones de la Divinidad, ¿cómo debería cambiar esto la forma en que tratamos a los otros seres de los cuatro reinos naturales? Sobre todo, en el respecto a la dignidad de cada ser de los cuatro reinos naturales, al margen de su importancia aparente, viendo más allá de las apariencias.

8)       ¿Qué significa, en nuestra vida personal, la afirmación de que somos a la vez el caminante, el camino y la fuente?

Adelante.

 

 

domingo, 10 de mayo de 2026

LA INGENIERÍA DIVINA: EL COSMOS EN CONSTRUCCIÓN

 



LA INGENIERÍA DIVINA:

EL COSMOS EN CONSTRUCCIÓN

 

©Giuseppe Isgró C. 

 

39.    ¿Podemos nosotros conocer el proceso de la formación de los mundos?

-“Todo lo que se puede decir, y que vosotros podéis comprender, es que los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el espacio”-.

El Libro de Los Espíritus

Allan Kardec

 

 

La respuesta a esta pregunta contiene la clave esencial para descifrar el misterio de la creación de los mundos, cuando expresa: -“..los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el espacio”. La materia es energía condensada. Quienes la condensan son los Espíritus elementales de la naturaleza, al vibrar en determinada frecuencia.

Cada uno de los elementos, conocidos y por conocer, está compuesto de Espíritu, alma y cuerpo. El Espíritu del hierro, por ejemplo, vibra a la tasa vibratoria del hierro y lo condensa, y así sucesivamente, ocurre con todos los demás elementos. Luego viene la combinación de los elementos, por ejemplo, dos moléculas de hidrógenos con una de oxígeno, forman el agua. Todas las vertientes y variantes en las respectivas combinaciones y aleaciones, dan diversas formas de materia orgánica e inorgánica. Luego, vienen las diversas especies de los distintos reinos naturales, además del mineral, ya mencionado.

Con una perspectiva universal de la vida, hoy sabemos que nos llega la luz de mundos que existieron hace millones de años, y que, dada la inmensa distancia que les separaba del planeta tierra nos sigue llegando su luz, lo cual indica que dichos mundos se formaron, se desarrollaron y se desintegraron. Al mismo tiempo, existen mundos en formación, descubiertos por la astronomía, lo cual indica que su creación es un proceso constante, y por lo tanto, siendo la tierra un mundo más reciente, cuando se formó ya era un procedimiento desarrollado y puesto en práctica en millones de otros globos.

¿Quién realiza la Creación de los mundos? ¿Dios?

Dios, tal como lo hemos expuesto en anteriores comentarios exegéticos, sin dejar de ser Él, y sin separarse de Él, encarna en el alma universal como un ser individual, en los cuatro reinos naturales, tantas veces como fuere necesario, cada vez que se va a crear un mundo originario. El trabajo de Dios consiste en la emanación a la conciencia individual de tantos seres como fueren necesarios, y en la aplicación de la ley cósmica.

Pero, el trabajo de la creación del mundo en particular le corresponde a los Espíritus de los cuatro reinos de la naturaleza bajo la dirección de los maestros de la Creación, que son los Espíritus muy evolucionados. Estos Espíritus avanzados, dada la eternidad pasada, habrán alcanzado niveles tan elevados de conciencia y progreso, que les permite que estén una eternidad por delante de quienes recién empiezan el proceso evolutivo.

De acuerdo al nivel de progreso de una determinada familia espiritual, los maestros de la creación diseñan, con antelación, el mundo que habrá de ocupar dicha familia después de que termine el ciclo de vida del que ahora habitan. Será una nueva morada con otros niveles de estudios universales.

Efectuado el plan del nuevo mundo, los Espíritus maestros de la creación ordenan a los Espíritus elementales de la naturaleza que condensen la energía cósmica en materia, cada uno de acuerdo con su índole, y luego, de efectuar las respectivas combinaciones y variantes a que hubiese lugar, de acuerdo a las leyes de la física, de la química, de la biología, etcétera.

Cada quien, de acuerdo con el arte que domina, presta su concuerdo tanto en la creación del mundo como en su ulterior desarrollo. Allí vemos los diversos diseños en las especies vegetales y animales, para adaptarle a las funciones que les son inherentes.

Es un trabajo de equipo, bajo la dirección de los maestros de la creación, y por la ley cósmica, regidos por el Creador universal, quien inspira, en la conciencia de cada quien, el conocimiento necesario y precisado en cada caso, por el lenguaje de los sentimientos de los valores universales, imprimiendo una fuerza de empuje y otra de bloqueo, para coordinar el esfuerzo de todo el conjunto, en un perfecto orden y armonía, regido todo por la ley de afinidad, la de justicia, la de igualdad, la de compensación y la de amor, como síntesis de la ley cósmica. 

El Libro de los Espíritus, (39) dice:

¿Podemos nosotros conocer el proceso de la formación de los mundos?

-“Todo lo que se puede decir, y que vosotros podéis comprender, es que los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el espacio”-.

Resumen:

La formación de los mundos no es un evento fortuito, sino un proceso de precipitación vibratoria. El Universo comienza en el Éter -Fluido Cósmico Universal-, un estado de energía pura, radiante e imponderable. La transición hacia la materia sólida que habitamos ocurre mediante una condensación vibratoria dirigida de esa energía original.

Bajo la égida de Dios, los Maestros de la Creación actúan como arquitectos planetarios, proyectando su voluntad directriz sobre el éter para crear centros de atracción gravitatoria, de acuerdo a un modelo, o plan, prediseñado. Los Espíritus Elementales de la naturaleza funcionan como los instrumentos de la frecuencia, manteniendo el giro de los vórtices energéticos que nosotros llamamos átomos. Así, lo que percibimos como sólido es en realidad energía condensada que vibra a una tasa lo suficientemente lenta como para ser detectada por nuestros sentidos físicos. Es el trabajo de los Espíritus elementales de la naturaleza bajo la dirección de los Maestros de la Creación, para formar los planetas, o mundos del universo.

La ciencia moderna, al hablar de la Singularidad Inicial y del Campo de Higgs, se aproxima a la revelación de Andrew Jackson Davis sobre el Sol Central. Lo que la física reconoce como energía de punto cero, en nuestra  exégesis espiritual la denominamos la emanación constante del Creador. Esta energía, al vibrar a determinada frecuencia, según el Espíritu elemental de la naturaleza, inherente a cada elemento, manifiesta la materia acorde, lo que permite que los arquitectos del cosmos diseñen los mundos que sirven de escuelas para nuestra evolución.

Conclusión: Los Mundos como Laboratorios de Evolución, o Escuelas del Universo.

La Tierra, y cada globo en el espacio, es una construcción jurídica y biológica perfecta. No existe separación real entre la energía del pensamiento y la solidez de la roca; solo hay una diferencia de grado. Al comprender que los mundos se forman, se desarrollan y se desintegran para volver al estado etéreo, entendemos que la materia es solo el escenario temporal —el aula de clases— donde el Espíritu cumple su contrato de aprendizaje. La verdadera realidad es la energía que sobrevive a la desintegración del mundo físico y el Espíritu de cada uno de los cuatro reinos naturales que aporta la voluntad directriz bajo la égida de la Divinidad.

Esta visión de una ingeniería cósmica participativa es secundada por las obras de grandes pensadores. Camille Flammarion nos demuestra en su uranografía que los mundos son organismos vivos que nacen de nebulosas bajo un proceso de embriogenia planetaria. Por su parte, Léon Denis define magistralmente a la materia como espíritu cristalizado. Finalmente, las visiones de Andrew Jackson Davis sobre los vórtices de fuerza aportan el sustento técnico para comprender cómo la voluntad de las inteligencias superiores, actuando sobre el éter, produce esa condensación de energía coadyuvados por los Espíritus elementales de la naturaleza, que nosotros,desde nuestra percepción, llamamos solidez, o materia.

El Orden Jurídico de la Creación:

En última instancia, la formación de los mundos nos revela que el Universo es un diseño inteligente que se expresa tanto a nivel espiritual como físico, regido por un mecanismo de Derecho Cósmico, o Ley Cósmica. Como bien vislumbró Andrew Jackson Davis, todo emana de lo que él denominaba un Sol Central de Inteligencia y Amor, cuya energía —el Campo de Punto Cero que analiza Lynne McTaggart— es la matriz infinita de toda posibilidad y nosotros denominamos Divinidad, o Causa Primera Universal.

La materia diseminada en el espacio es, en realidad, un océano de información esperando la sentencia de la voluntad. Los Maestros de la Creación, actuando como magistrados del progreso, dictan las frecuencias necesarias para que los Espíritus Elementales condensen esa energía en mundos habitables. No hay átomo de hierro, molécula de agua ni célula biográfica que escape a esta Ley de Afinidad y Justicia.

La condensación de la materia es el proceso mediante el cual el Espíritu construye su propia aula de aprendizaje. Al percibir, comprender y conocer que somos cocreadores en este campo vibratorio, rn los cuatro reinos de la naturaleza, nuestra responsabilidad ética se acrecienta: cada pensamiento es una orden de construcción en el éter. La verdadera justicia no es una sentencia externa, sino la resonancia matemática que ubica a cada Espíritu en la esfera mental que su propia densidad —sus actos y virtudes—, por la respectiva suma existencial de cada ser, ha labrado en la sustancia eterna del Universo y ubica a cada quien en el orden que le corresponde en el concierto de todas las cosas. Por eso, en todo aparente caos existe un orden perfecto, el que cada quien, individualmente, o en grupo, ha creado por sus pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Si se desea algo mejor, es preciso crearlo a partir de los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos, en armonía con todos y con el Todo, con la verdad y la justicia por delante, enmarcados dentro de los parámetros de los valores universales.

Lecturas Sugeridas:

1. Allan Kardec: La Génesis, Capítulo VI (Uranografía General). El estudio técnico de la formación de los sistemas estelares.

2.   Amit Goswami: El Universo Autoconsciente. Una visión desde la física cuántica que demuestra cómo la conciencia precede a la materia.

3.   Bruce Lipton: La Biología de la Creencia. Para entender cómo la energía y el entorno moldean la estructura de la vida orgánica.

4. Camille Flammarion: Obras claves: La Pluralidad de Mundos Habitados y Dios en la Naturaleza.

5. Léon Denis: Obras claves: El Problema del Ser y del Destino -la parte sobre la evolución del ser- y En lo Invisible.

6. Andrew Jackson Davis: Obra clave: The Principles of Nature, Her Divine Revelations (Los Principios de la Naturaleza, sus Revelaciones Divinas).

 

Preguntas para la Reflexión:

1.   Si los mundos son condensaciones temporales de energía, ¿cuánta importancia real debemos darle a las posesiones materiales frente a la riqueza del Espíritu?

2.   ¿Cómo cambia nuestra visión de Dios al entenderlo no como un fabricante de objetos, sino como el legislador supremo que inspira a una legión de cocreadores?

3.   Si los Espíritus Elementales sostienen la vibración de la materia, ¿qué responsabilidad tenemos nosotros en el cuidado de la ecología mental de nuestro planeta?

4.   ¿Podemos considerar que los cataclismos naturales son reajustes necesarios en la ingeniería de un mundo en formación o transición?

5.   Si la luz de mundos ya extintos sigue llegándonos, ¿qué luz o legado vibratorio estamos dejando nosotros en el entorno universal, para las futuras generaciones?

6.   ¿De qué manera la velocidad del pensamiento se relaciona con la capacidad de los Maestros de la Creación para moldear la materia pesada?

7.   ¿Es la biología de nuestro cuerpo el diseño más eficiente para el nivel de conciencia que poseemos actualmente, o estamos listos para un molde más sutil?

8.   Al saber que la creación es un proceso constante, ¿cómo influye esto en nuestra esperanza sobre el futuro de la humanidad y la aparición de nuevas tierras, o mundos en formación, para ser ocupados al alcanzar niveles más elevados de conciencia?

Ciertamente, se anhela vivir en un mundo mejor, pero, es preciso coadyuvar para crearlo con nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y actos.


Adelante.