©Giuseppe Isgró C.
¿Es verdad que Dios ha
puesto ciertos límites a nuestras investigaciones?
De ser cierto, ¿cuáles son?
Potencialmente hablando, Dios no ha puesto
límites de ninguna naturaleza, para nadie, excepto el de la evolución personal
y los estados de conciencias inherentes, que por propio mérito se van
desarrollando, en la espiral evolutiva, en el eterno presente.
Ese y solamente ese es el único límite; es
decir, podemos llegar hasta donde alcanzan nuestras propias fuerzas; empero,
ellas son factibles de ser incrementadas por el propio desarrollo evolutivo, en
forma gradual y constante.
En la medida en que se va
alcanzando una visión más amplia de la realidad que nos circunda, podemos
emprender investigaciones y tareas de mayores envergaduras. Es lo que hemos
denominado la eterna polarización de un estado de conciencia a otro más
elevado, ad infinitum.
Evidentemente, existe un orden universal que
es preciso seguir, siendo imposible saltar determinados grados, pero, lejos de
ser un límite, implica una guía del orden que debe orientar nuestros
trabajos.
La actitud correcta debe
ser, siempre, la de rechazar cualquier imposición de límites de quien quiera
que sea.
Si el Ser Universal ha
dispuesto que, en el eterno presente, encontremos siempre un más allá de
progreso, sin límites algunos, ¿por qué razón deberíamos aceptar ese tipo de
imposiciones de quienes, en un momento dado, pudiesen tener motivos para
inhibir una tendencia natural de los seres, aún en los cuatro reinos naturales,
es decir, hacia el avance constante hasta donde alcance la infinita
imaginación, que es la visión del espíritu?
De encontrar una barrera,
es preciso, también, descubrir la manera de superarla, sin importar el tiempo
que se pueda requerir ni el esfuerzo o trabajos necesarios a tales efectos.
Todo es posible de lograr si tenemos la idea
clara de lo que queremos y, paralelamente, se emprende la acción suficiente y
sostenida en el tiempo, hasta alcanzar el grado de conocimiento o logro
anhelado.
A través del progreso, el
hombre ha encontrado la manera de ver más lejos inventando el telescopio. Con
el microscopio, descubrió un mundo inmensamente pequeño, que escapa a simple
vista. Se la ha ingeniado para idear aparatos que le permiten volar y desplazarse
a lejanos lugares, a gran velocidad, que solamente unos pocos siglos antes eran
apenas sueños en mentes prodigiosas como la de Leonardo Da Vinci. Se puede uno
sentar frente a un ordenador, o un teléfono móvil, y comunicarse en pocos
segundos con un sinnúmero de personas, simultáneamente. Se podría enumerar una
gran cantidad de otros instrumentos que han extendido en forma prodigiosa la
inmensa capacidad de crear del ser humano, y nos asombraríamos todavía más si
pudiésemos percibir lo que realizan cada uno de los entes respectivos en los
cuatro reinos naturales, incluyendo el mineral.
¿Aprenderemos a viajar,
también, en proyección espiritual, a la velocidad del pensamiento, por el
inmenso universo, y percatarnos de lo que existe allí? Muchas pruebas al
respecto demuestran que, en un día no muy lejano, en cuanto el factor moral
alcance el nivel de madurez óptimo, eso será una realidad al alcance de todos,
sin excepción.
El ser humano ha
descubierto, también, que cuando su capacidad de razonamiento, utilizando la
lógica inductiva y deductiva, alcanza al límite de sus posibilidades, se
activan las facultades de la intuición y de la inspiración, entrando en comunicación con una
fuente de sabiduría superior que le permite percibir lo que apenas unos minutos antes
le era desconocido. ¿Dónde se encontraba ese conocimiento?
El ser humano, también, ha
observado que, interiorizándose, entra en conexión divina con el Ser Universal,
en una práctica de espiritualidad directa, sin intermediarios, y se transforma
en un instrumento activo de su voluntad, fluyendo en su conciencia la sabiduría
expresada mediante el lenguaje de los sentimientos de los valores universales, como el amor, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y la belleza, guía infalible en la práctica de todas las virtudes.
De igual manera, ha
efectuado un asombroso descubrimiento: el de que posee un poder potencialmente
infinito que se expresa en el mismo grado en que van afrontando situaciones para
resolver u objetivos por realizar.
Sin importar cuán elevada
pueda ser la dificultad encerrada en la situación por resolver o el objetivo
por lograr, en cualquier orden, desde una minúscula bagatela familiar hasta un
viaje espacial, el ser humano va expresando el poder creador suficiente para
alcanzar el respectivo logro, oportunamente.
El ser humano ha efectuado,
ya, otro de los grandes descubrimientos trascendentales, como es el de que
posee un espíritu eterno e inmortal, que vivirá en una infinidad de ciclos de
vidas, en éste y en incontables mundos del universo, en el eterno presente,
donde siempre encontrará un más allá de progreso, de sabiduría y de poder
creador.
Finalmente, en la medida en
que profundiza en el potencialmente infinito poder creador del cual dispone y
en el conocimiento más íntimo de sí mismo, percibe que él es el caminante y el
camino que conduce a la fuente, en una espiral evolutiva infinita, y a un
determinado momento, descubre también, que él es la fuente, formando una unidad
perfecta e indisoluble con el SER UNIVERSAL, del cual ha emanado –en el
instante preciso- a la conciencia del Ser Individual. Si los hijos de los
gatos, son también gatos, los seres humanos, como emanación de la Divinidad, ¿qué
son? Y, el espíritu del gato, ¿no es, también, una emanación de la Divinidad?
No deja de ser asombroso
que tantos seres que forman una Unidad perfecta e indisoluble con la Divinidad
y las bondades inherentes que eso implica, mantengan el interruptor de la luz
de la conciencia apagado, cuando con un simple toque transformarían la noche
oscura en un dorado amanecer. Es preciso vivir en conexión espiritual con el
Ser Universal sin intermediarios, transformándose en un activo instrumento de
su voluntad divina, por el servicio, el estudio continuo y el trabajo creador de nuevas y mejores expresiones de la inteligencia en todos los ámbitos de la vida, en el respectivo nivel de conciencia, de turno.
A Kabir le resultaba
inconcebible que en el mar los peces tuvieran sed.
En un universo lleno de abundancia para todos, pensado en grande por el Ser Universal, con un plan divino de vida para cada quien, ¿por qué no abrir los ojos y así descubrir las inmensas riquezas al alcance de las propias manos, mediante el servicio, asumiendo la respectiva cuota en la realización de la gran obra, satisfaciendo necesidades insatisfechas? He ahí el gran secreto: las necesidades insatisfechas y la insatisfacción de las situaciones actuales, que impelen, a cada ser, en los cuatro reinos naturales, a la búsqueda constante de nuevas realidades que aporten el logro anhelado.
La necesidad y el descontento son el motor que generan la fuerza suficiente, siempre, para transmutar todo lo que presisa serlo, para ascender de una etapa a otra más elevada, en el eterno camino del progreso. Sidharta Gautamaa lo percibió quinientos años antes de nuestra era. Abraham Maslow, con su escala de necesidades y la fuerza motivadora que genera cada una, en el siglo XX.
Las claves de todas las riquezas, integralmente hablando, residen en descubir necesidades insatisfechas, y aportar, por la innovación, o por la creación, o inventos, nuevos bienes y servicios que las satisfagan, a nivel físico, mental y espiritual. En este sentido, jamás dejará de haber demanda de los propios servicios, o bienes producidos, tangibles o intangibles, ya que el mercado también es potencialmente infinito en cualquier área del proio desempeño.
Empero, las realidades son cambiantes, por eso es imperante la formación constante para mantener la vigencia del propio servicio, o aportes de bienes, en el mercado. Quien deja de actualizarse se va quedando rezagado, desmejorando, paralelamente, su nivel óptimo de vida. Cómo decía Andrés Bello, el estudio es tarea todos los días y de toda la vida, aún a edad muy avanzada, que es cuando mayor capacidad creaddora posee cada ser en los cuatro reinos naturales, aún en el reino mineral.
Escuchar la voz de la
conciencia permite descubrir la propia identidad, por cuanto ella es una
réplica exacta de la del Creador, y en ella se expresa ÉL mediante el lenguaje de los
sentimientos de los valores universales. Allí reside la sabiduría y el poder
potencialmente infinito, que permiten el usufructo de la riqueza integral que
espera por cada quien, aquí y ahora, en el eterno presente, por el servicio efectivo.
Resumen:
El presente ensayo: Potencialmente sin límites, postula que no existen barreras externas impuestas
por la Divinidad al conocimiento humano; el único límite real es el grado de
evolución y madurez de la conciencia individual, la experiencia y la suma
existencial alcanzada en un gran número de encarnaciones previas, y en la actual. A través de
la historia, la humanidad ha expandido sus sentidos mediante la tecnología: telescopio,
microscopio, ordenadores, intuición, inspiración, meditación, estudio de todas
las ciencias, filosofías y artes, y el ejercicio de los atributos divinos que
son inherentes a todo ser, demostrando que el poder creador es inherente a
nuestra naturaleza espiritual. El autor sostiene que, al alcanzar un equilibrio
moral y activar la intuición, el ser humano descubre su identidad como una
unidad indisoluble con el Ser Universal. En este eterno presente, el progreso
es una espiral infinita donde el hombre, y cada ser de los otros reinos
naturales, es, simultáneamente, el caminante, el camino y la fuente.
DOS EJEMPLOS ILUSTRATIVOS:
El primero:
Herbert Marshall McLuhan (1911–1994) filósofo,
erudito y teórico de la comunicación canadiense predijo la existencia de
Internet y la globalización mucho antes de que se hicieran realidad.
McLuhan afirmaba que los medios tecnológicos no son
simples herramientas pasivas, sino extensiones del propio cuerpo y mente
del ser humano.
Para él, la tecnología
altera la manera en que se percibe el mundo y se interactúa la sociedad. Sostenía
que la verdadera influencia de un medio no residía en la información que transmite,
sino en cómo cambia los parámetros en cuanto a escala y ritmo de las
relaciones humanas.
McLuhan transformó la teoría
de la comunicación a través de varias ideas:
El medio es el mensaje: la forma de un medio es mucho
más importante que el contenido que transporta. Por ejemplo, la
influencia real está en cómo el objeto en sí cambia los hábitos diarios, la
atención y la estructura mental de las personas.
McLuhan predijo que los
medios electrónicos de comunicación superarían las barreras del tiempo y del
espacio, conectando a la humanidad de manera instantánea, cosa que ya ha
ocurrido, en nuestro tiempo, transformando el planeta en lo que él denominaba
una gran aldea, ejerciendo una influencia global, en todos los sentidos, pero,
generando nuevas oportunidades.
Percibió la cantidad de información que estaría al alcance de todos, aunque estaba consciente de que, determinados conocimientos, exigirían un mayor esfuerzo para asimilarlos.
Para McLuhan, “la rueda es una extensión del pie, el libro es una
extensión del ojo, la ropa es una extensión de la piel y los circuitos eléctricos son una extensión de nuestro sistema
nervioso central”.
En su libro: La galaxia Gutenberg (1962): describió como la imprenta
transformó la cultura humana, de una sociedad oral y auditiva, a otra visual, a
través del libro, o la página impresa.
En su obra principal: Comprender los medios de
comunicación (1964), habla de el medio es el mensaje y explica como las nuevas
tecnologías transformarían al planeta en una tribu, por la interconexión, cosa
que hoy ya es una realidad. Percibió con claridad de como los medios nos irían
transformando sin que nos diéramos cuenta. De ahí, para él lo importante no era
el mensaje en sí, sino el efecto transformador del mismo.
Herbert Marshall McLuhan
visitó Venezuela en el mes de mayo de año 1976, como invitado en el Primer
Seminario Venezolano de Radiodifusión Sonora, cuyo mensaje se difundió por los
medios de comunicación. Recuerdo la entrevista que le realizó, en la época, la
periodista venezolana Margarita D'Amico, durante la cual explicó algunas de las
ideas antes descritas.
El segundo:
Prentice Mulford (1834–1891): gran exponente de la corriente denominada Nuevo Pensamiento.
El pensamiento de Prentice
Mulford permite comprender la naturaleza energética del Espíritu. Sostiene que “el
pensamiento no es algo abstracto, sino una fuerza real, tan
tangible como la electricidad o el vapor. Cada pensamiento emitido es una cosa
que viaja y atrae elementos de su misma vibración”.
Una de sus enunciaciones más
importantes, expresan: -“Al demandar conocimiento
o sabiduría al Ser Universal en silencio y con fe, el individuo abre los
canales para que esa sabiduría fluya”.
Mulford sostiene que el cuerpo es el reflejo de la mente y de que se puede renovar la propia estructura estructura física y mental mediante el flujo de pensamientos nuevos. De igual manera ocurre al comenzar a ingerir alimentos nuevos, antes no utilizados, para renovar el cuerpo, en correspondencia de la Ley de causa y efecto, por supuesto, siempre bajo la guía de un dietólogo competente.
Si se acepta
que no hay límites, el espíritu puede regenerar incluso lo que la ciencia
material considera perdido o agotado. Por lo cual, si se cree, con convicción sosegada, es factible de
ser logrado.
Mulford enfatiza que no somos seres aislados, sino parte de una Mente Infinita. Reconocer conscientemente esta unidad, otorga confianza y poder personal ilimitado, ya que nos dinamizamos con la energía de la Fuente.
El Libro de los Espíritus,
de Kardec aporta la estructura cosmológica y moral; Mulford nos da la dinámica operativa del pensamiento. El ser humano logra
esos avances tecnológicos y espirituales: no por azar, sino por el uso
—consciente o inconscientemente— de las leyes del pensamiento que atraen del
universo lo que antes era invisible.
Lecturas recomendadas:
1) El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec: Siendo la base de esta
reflexión, es indispensable releer las secciones sobre la ley de progreso y la
perfección intelectual y moral.
2) La Clave de la Teosofía, de Helena Blavatsky: Este libro ofrece una
perspectiva profunda sobre la unidad del ser y la emanación de la conciencia
individual desde la fuente universal, complementando nuestra analogía sobre los
hijos de la divinidad.
3) El Fenómeno Humano, de Pierre Teilhard de Chardin.
4) Nuestras fuerzas mentales, de Prentice Mulford.
Preguntas para la
Reflexión:
1) Si el único límite es nuestro estado de conciencia actual, ¿qué acciones diarias estamos tomando para ensanchar nuestra visión de la realidad?
2) ¿De qué manera el orden universal sirve como guía en lugar de como
obstáculo para nuestras investigaciones?
3) ¿Cómo podemos diferenciar una barrera real de una imposición externa
destinada a inhibir nuestra tendencia natural al avance?
4) Se menciona, en nuestro ensayo, que la tecnología ha extendido nuestra
capacidad creadora; ¿está nuestro desarrollo moral creciendo al mismo ritmo que
nuestras herramientas técnicas?
5) ¿Qué interruptores de conciencia debemos encender hoy para ver la
abundancia del universo?
6) ¿De qué forma la intuición y la inspiración se convierten en
herramientas prácticas para resolver conflictos en la vida cotidiana?
7) Si somos emanaciones de la Divinidad, ¿cómo debería cambiar esto la
forma en que tratamos a los otros seres de los cuatro reinos naturales? Sobre
todo, en el respecto a la dignidad de cada ser de los cuatro reinos
naturales, al margen de su importancia aparente, viendo más allá de las
apariencias.
8) ¿Qué significa, en nuestra vida personal, la afirmación de que somos a
la vez el caminante, el camino y la fuente?
Adelante.

