domingo, 10 de mayo de 2026

LA INGENIERÍA DIVINA: EL COSMOS EN CONSTRUCCIÓN

 



LA INGENIERÍA DIVINA:

EL COSMOS EN CONSTRUCCIÓN

 

©Giuseppe Isgró C. 

 

39.    ¿Podemos nosotros conocer el proceso de la formación de los mundos?

-“Todo lo que se puede decir, y que vosotros podéis comprender, es que los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el espacio”-.

El Libro de Los Espíritus

Allan Kardec

 

 

La respuesta a esta pregunta contiene la clave esencial para descifrar el misterio de la creación de los mundos, cuando expresa: -“..los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el espacio”. La materia es energía condensada. Quienes la condensan son los Espíritus elementales de la naturaleza, al vibrar en determinada frecuencia.

Cada uno de los elementos, conocidos y por conocer, está compuesto de Espíritu, alma y cuerpo. El Espíritu del hierro, por ejemplo, vibra a la tasa vibratoria del hierro y lo condensa, y así sucesivamente, ocurre con todos los demás elementos. Luego viene la combinación de los elementos, por ejemplo, dos moléculas de hidrógenos con una de oxígeno, forman el agua. Todas las vertientes y variantes en las respectivas combinaciones y aleaciones, dan diversas formas de materia orgánica e inorgánica. Luego, vienen las diversas especies de los distintos reinos naturales, además del mineral, ya mencionado.

Con una perspectiva universal de la vida, hoy sabemos que nos llega la luz de mundos que existieron hace millones de años, y que, dada la inmensa distancia que les separaba del planeta tierra nos sigue llegando su luz, lo cual indica que dichos mundos se formaron, se desarrollaron y se desintegraron. Al mismo tiempo, existen mundos en formación, descubiertos por la astronomía, lo cual indica que su creación es un proceso constante, y por lo tanto, siendo la tierra un mundo más reciente, cuando se formó ya era un procedimiento desarrollado y puesto en práctica en millones de otros globos.

¿Quién realiza la Creación de los mundos? ¿Dios?

Dios, tal como lo hemos expuesto en anteriores comentarios exegéticos, sin dejar de ser Él, y sin separarse de Él, encarna en el alma universal como un ser individual, en los cuatro reinos naturales, tantas veces como fuere necesario, cada vez que se va a crear un mundo originario. El trabajo de Dios consiste en la emanación a la conciencia individual de tantos seres como fueren necesarios, y en la aplicación de la ley cósmica.

Pero, el trabajo de la creación del mundo en particular le corresponde a los Espíritus de los cuatro reinos de la naturaleza bajo la dirección de los maestros de la Creación, que son los Espíritus muy evolucionados. Estos Espíritus avanzados, dada la eternidad pasada, habrán alcanzado niveles tan elevados de conciencia y progreso, que les permite que estén una eternidad por delante de quienes recién empiezan el proceso evolutivo.

De acuerdo al nivel de progreso de una determinada familia espiritual, los maestros de la creación diseñan, con antelación, el mundo que habrá de ocupar dicha familia después de que termine el ciclo de vida del que ahora habitan. Será una nueva morada con otros niveles de estudios universales.

Efectuado el plan del nuevo mundo, los Espíritus maestros de la creación ordenan a los Espíritus elementales de la naturaleza que condensen la energía cósmica en materia, cada uno de acuerdo con su índole, y luego, de efectuar las respectivas combinaciones y variantes a que hubiese lugar, de acuerdo a las leyes de la física, de la química, de la biología, etcétera.

Cada quien, de acuerdo con el arte que domina, presta su concuerdo tanto en la creación del mundo como en su ulterior desarrollo. Allí vemos los diversos diseños en las especies vegetales y animales, para adaptarle a las funciones que les son inherentes.

Es un trabajo de equipo, bajo la dirección de los maestros de la creación, y por la ley cósmica, regidos por el Creador universal, quien inspira, en la conciencia de cada quien, el conocimiento necesario y precisado en cada caso, por el lenguaje de los sentimientos de los valores universales, imprimiendo una fuerza de empuje y otra de bloqueo, para coordinar el esfuerzo de todo el conjunto, en un perfecto orden y armonía, regido todo por la ley de afinidad, la de justicia, la de igualdad, la de compensación y la de amor, como síntesis de la ley cósmica. 

El Libro de los Espíritus, (39) dice:

¿Podemos nosotros conocer el proceso de la formación de los mundos?

-“Todo lo que se puede decir, y que vosotros podéis comprender, es que los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el espacio”-.

Resumen:

La formación de los mundos no es un evento fortuito, sino un proceso de precipitación vibratoria. El Universo comienza en el Éter -Fluido Cósmico Universal-, un estado de energía pura, radiante e imponderable. La transición hacia la materia sólida que habitamos ocurre mediante una condensación vibratoria dirigida de esa energía original.

Bajo la égida de Dios, los Maestros de la Creación actúan como arquitectos planetarios, proyectando su voluntad directriz sobre el éter para crear centros de atracción gravitatoria, de acuerdo a un modelo, o plan, prediseñado. Los Espíritus Elementales de la naturaleza funcionan como los instrumentos de la frecuencia, manteniendo el giro de los vórtices energéticos que nosotros llamamos átomos. Así, lo que percibimos como sólido es en realidad energía condensada que vibra a una tasa lo suficientemente lenta como para ser detectada por nuestros sentidos físicos. Es el trabajo de los Espíritus elementales de la naturaleza bajo la dirección de los Maestros de la Creación, para formar los planetas, o mundos del universo.

La ciencia moderna, al hablar de la Singularidad Inicial y del Campo de Higgs, se aproxima a la revelación de Andrew Jackson Davis sobre el Sol Central. Lo que la física reconoce como energía de punto cero, en nuestra  exégesis espiritual la denominamos la emanación constante del Creador. Esta energía, al vibrar a determinada frecuencia, según el Espíritu elemental de la naturaleza, inherente a cada elemento, manifiesta la materia acorde, lo que permite que los arquitectos del cosmos diseñen los mundos que sirven de escuelas para nuestra evolución.

Conclusión: Los Mundos como Laboratorios de Evolución, o Escuelas del Universo.

La Tierra, y cada globo en el espacio, es una construcción jurídica y biológica perfecta. No existe separación real entre la energía del pensamiento y la solidez de la roca; solo hay una diferencia de grado. Al comprender que los mundos se forman, se desarrollan y se desintegran para volver al estado etéreo, entendemos que la materia es solo el escenario temporal —el aula de clases— donde el Espíritu cumple su contrato de aprendizaje. La verdadera realidad es la energía que sobrevive a la desintegración del mundo físico y el Espíritu de cada uno de los cuatro reinos naturales que aporta la voluntad directriz bajo la égida de la Divinidad.

Esta visión de una ingeniería cósmica participativa es secundada por las obras de grandes pensadores. Camille Flammarion nos demuestra en su uranografía que los mundos son organismos vivos que nacen de nebulosas bajo un proceso de embriogenia planetaria. Por su parte, Léon Denis define magistralmente a la materia como espíritu cristalizado. Finalmente, las visiones de Andrew Jackson Davis sobre los vórtices de fuerza aportan el sustento técnico para comprender cómo la voluntad de las inteligencias superiores, actuando sobre el éter, produce esa condensación de energía coadyuvados por los Espíritus elementales de la naturaleza, que nosotros,desde nuestra percepción, llamamos solidez, o materia.

El Orden Jurídico de la Creación:

En última instancia, la formación de los mundos nos revela que el Universo es un diseño inteligente que se expresa tanto a nivel espiritual como físico, regido por un mecanismo de Derecho Cósmico, o Ley Cósmica. Como bien vislumbró Andrew Jackson Davis, todo emana de lo que él denominaba un Sol Central de Inteligencia y Amor, cuya energía —el Campo de Punto Cero que analiza Lynne McTaggart— es la matriz infinita de toda posibilidad y nosotros denominamos Divinidad, o Causa Primera Universal.

La materia diseminada en el espacio es, en realidad, un océano de información esperando la sentencia de la voluntad. Los Maestros de la Creación, actuando como magistrados del progreso, dictan las frecuencias necesarias para que los Espíritus Elementales condensen esa energía en mundos habitables. No hay átomo de hierro, molécula de agua ni célula biográfica que escape a esta Ley de Afinidad y Justicia.

La condensación de la materia es el proceso mediante el cual el Espíritu construye su propia aula de aprendizaje. Al percibir, comprender y conocer que somos cocreadores en este campo vibratorio, rn los cuatro reinos de la naturaleza, nuestra responsabilidad ética se acrecienta: cada pensamiento es una orden de construcción en el éter. La verdadera justicia no es una sentencia externa, sino la resonancia matemática que ubica a cada Espíritu en la esfera mental que su propia densidad —sus actos y virtudes—, por la respectiva suma existencial de cada ser, ha labrado en la sustancia eterna del Universo y ubica a cada quien en el orden que le corresponde en el concierto de todas las cosas. Por eso, en todo aparente caos existe un orden perfecto, el que cada quien, individualmente, o en grupo, ha creado por sus pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Si se desea algo mejor, es preciso crearlo a partir de los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos, en armonía con todos y con el Todo, con la verdad y la justicia por delante, enmarcados dentro de los parámetros de los valores universales.

Lecturas Sugeridas:

1. Allan Kardec: La Génesis, Capítulo VI (Uranografía General). El estudio técnico de la formación de los sistemas estelares.

2.   Amit Goswami: El Universo Autoconsciente. Una visión desde la física cuántica que demuestra cómo la conciencia precede a la materia.

3.   Bruce Lipton: La Biología de la Creencia. Para entender cómo la energía y el entorno moldean la estructura de la vida orgánica.

4. Camille Flammarion: Obras claves: La Pluralidad de Mundos Habitados y Dios en la Naturaleza.

5. Léon Denis: Obras claves: El Problema del Ser y del Destino -la parte sobre la evolución del ser- y En lo Invisible.

6. Andrew Jackson Davis: Obra clave: The Principles of Nature, Her Divine Revelations (Los Principios de la Naturaleza, sus Revelaciones Divinas).

 

Preguntas para la Reflexión:

1.   Si los mundos son condensaciones temporales de energía, ¿cuánta importancia real debemos darle a las posesiones materiales frente a la riqueza del Espíritu?

2.   ¿Cómo cambia nuestra visión de Dios al entenderlo no como un fabricante de objetos, sino como el legislador supremo que inspira a una legión de cocreadores?

3.   Si los Espíritus Elementales sostienen la vibración de la materia, ¿qué responsabilidad tenemos nosotros en el cuidado de la ecología mental de nuestro planeta?

4.   ¿Podemos considerar que los cataclismos naturales son reajustes necesarios en la ingeniería de un mundo en formación o transición?

5.   Si la luz de mundos ya extintos sigue llegándonos, ¿qué luz o legado vibratorio estamos dejando nosotros en el entorno universal, para las futuras generaciones?

6.   ¿De qué manera la velocidad del pensamiento se relaciona con la capacidad de los Maestros de la Creación para moldear la materia pesada?

7.   ¿Es la biología de nuestro cuerpo el diseño más eficiente para el nivel de conciencia que poseemos actualmente, o estamos listos para un molde más sutil?

8.   Al saber que la creación es un proceso constante, ¿cómo influye esto en nuestra esperanza sobre el futuro de la humanidad y la aparición de nuevas tierras, o mundos en formación, para ser ocupados al alcanzar niveles más elevados de conciencia?

Ciertamente, se anhela vivir en un mundo mejor, pero, es preciso coadyuvar para crearlo con nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y actos.


Adelante.