sábado, 28 de marzo de 2026

ESPÍRITU, ALMA Y MATERIA

 






ESPÍRITU, ALMA Y MATERIA


©Giuseppe Isgró C.


 

27., ¿De tal modo, habría dos elementos generales en el universo: la materia y el Espíritu?

-“Sí, y, por encima de ellos, Dios, Creador de cada cosa. Es aquí el principio de todo cuanto existe, la triade del universo. Empero, al elemento materia es preciso agregar el fluido universal, que constituye la parte intermedia entre el Espíritu y la materia propiamente dicha, la cual es muy densa para que el Espíritu pueda actuar directamente sobre ella. Este fluido, aunque, en cierto modo, haya que considerarlo como parte del elemento material, se diferencia por algunas propiedades especiales. Si este fluido fuese materia, no habría razón para no suponer como tal también al Espíritu. Se encuentra entre el Espíritu y la materia; es fluido, como la materia es materia, y, por las innumerables combinaciones con ésta, bajo la acción del Espíritu puede producir una infinita variedad de cosas, de las cuales vosotros solamente conocéis una pequeñísima parte. Este fluido universal o cósmico, o primitivo, o elemental, como el agente de quien se sirve el Espíritu, es el principio sin el cual la materia quedaría en estado de perpetua disolución, y no conquistaría jamás los caracteres que le dan la gravedad”-.

¿Este fluido sería, quizá, aquel que nosotros definimos con el nombre de electricidad?

-“Hemos dicho ya que puede producir innumerables combinaciones. Los agentes físicos que vosotros denomináis fluido eléctrico y fluido magnético, son simples modificaciones del fluido cósmico, el cual, propiamente hablando, no es sino materia más noble, más sutil que la propiamente denominada así”-. 

El Libro de los Espíritus 

Allan Kardec 


Introducción:

 

Esta respuesta aporta una solución al dualismo mente-cuerpo o espíritu-materia, definiendo el sistema triádico: Dios, Espíritu y Materia. La presencia de un Creador, como causa primera.

Sin un Creador o causa primera, el dualismo carecería de origen; y sin un intermediario, la comunicación entre extremos opuestos -espíritu puro y materia densa- sería mecánicamente imposible. La triada de Espíritu, Alma, o periespíritu, y Cuerpo,aporta la solución.

El Fluido Universal como materia más noble y sutil, anticipa conceptos que la física moderna enfocaría más tarde con el estudio de los campos de energía y las partículas subatómicas. Una misma Ley cósmica rige en los cuatro reinos naturales. Es decir, cada ser, en los cuatro reinos naturales, está formado por Espíritu, alma, o periespíritu, y cuerpo.

La Función Organizadora del Espíritu: La materia por sí sola tiende a la disolución. El fluido universal actúa como vehículo de la información y la cohesión, donde la voluntad del Espíritu se expresa en correspondencia con las leyes cósmicas, evidenciando la vida inteligente, en los cuatro reinos naturales. 

 

Cada ser, en los cuatro reinos naturales, está constituido por: Espíritu, -Ente inteligente-, Alma -elemento de enlace-, y Materia, -condensación de energía-.

El Espíritu, como emanación de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad, en cada expresión de vida, en los cuatro reinos naturales conocidos, y en los que, eventualmente, aún queden por descubrirse.

Podríamos imaginar tres dimensiones claramente definidas, o determinadas:

La primera, la de la Divinidad, separada por una tenue barrera, que no es otra cosa que una diferenciación vibratoria. Es decir, un nivel absoluto. Esa barrera podría imaginarse como una pared divisoria entre una dimensión y la que le sigue. 

La segunda: El Alma Universal. En la que emana la Divinidad a la conciencia individual tantas veces como sea necesario en la eterna expansión de la Creación universal. Es el elemento de enlace entre la Divinidad y el ser emanado a la conciencia individual, en los cuatro reinos naturales. Además, es el hábitat, o la dimensión espiritual en que se desenvuelve el Espíritu, mientras se encuentre en estado de Espíritu. Es lo que se denomina fluido universal en la respuesta dada a la pregunta que comentamos. Es un departamento intermedio entre la dimensión de la Divinidad y la de la materia, que se analizará en el epígrafe siguiente. Hay una puerta de entrada de una dimensión a otra y es la del alma.

En la dimensión del Alma Universal existen una inmensa variante de Espíritus emanados a la conciencia individual, tantos como Espíritus existen en los cuatros reinos naturales, y con gradaciones de estados de conciencia que varían del cero grado al infinito, aunque jamás se agotará el infinito ascensional de la espiral evolutiva.

En el Alma Universal, cada Espíritu emanado a la conciencia individual, adquiere su propia alma individualizada. Es como decir, “su hogar personal” en el entorno cósmico, ubicado en el “lugar” en que adquirió conciencia individualizada. Constantemente se reubicará de acuerdo con sus estados, y grados, de conciencia, según su suma existencial, o densidad espiritual, regido por la ley de afinidad y las leyes que les son interrelacionadas: Amor, afinidad, justicia, igualdad y compensación, entre otras. Es como decir: -“Donde amas, allí está tu Espíritu y hábitat”. El grado de amor es el que ubica, o reubica, el hogar personal, en el eterno viaje de retorno a la fuente universal.  El amor es una fuerza vibratoria que modifica la plasticidad del fluido universal, creando la realidad circundante del espíritu.

La tercera: La materia. Es condensación de la energía de acuerdo al grado vibratorio de los Espíritus elementales de la naturaleza. Esta dimensión es la que sirve de manifestación física a los demás reinos de la naturaleza: el humano, el animal y el vegetal.

Cada reino utiliza su propia e inherente combinación de la materia, de acuerdo al fin que le corresponde en el contexto de todas las cosas y a la naturaleza misma del Espíritu, en cada uno de estos reinos naturales.  

Por cada tipo de materia fundamental, específica, existe un Espíritu elemental, o la cooperación de un conjunto de ellos, simultáneamente, de acuerdo con las leyes de la física, de la química, y de la ley cósmica, en general.  

27: El Libro de los Espíritus, dice: -“Al elemento materia es preciso agregar el fluido universal, que constituye la parte intermedia entre el Espíritu y la materia propiamente dicha, la cual es muy densa para que el Espíritu pueda actuar directamente sobre ella. Este fluido, aunque, en cierto modo, haya que considerarlo como parte del elemento material, se diferencia por algunas propiedades especiales. Si este fluido fuese materia, no habría razón para no suponer como tal también al Espíritu. Se encuentra entre el Espíritu y la materia; es fluido, como la materia es materia, y, por las innumerables combinaciones con ésta, bajo la acción del Espíritu puede producir una infinita variedad de cosas, de las cuales vosotros solamente conocéis una pequeñísima parte. Este fluido universal o cósmico, o primitivo, o elemental, como el agente de quien se sirve el Espíritu, es el principio sin el cual la materia quedaría en estado de perpetua disolución, y no conquistaría jamás los caracteres que le dan la gravedad”. –“Los agentes físicos que vosotros denomináis fluido eléctrico y fluido magnético, son simples modificaciones del fluido cósmico, el cual, propiamente hablando, no es sino materia más noble, más sutil que la propiamente denominada así”-. (…).

Resumen:

La estructura de las tres dimensiones: Divinidad, Alma Universal y Materia, facilita la comprensión.

El Concepto de Densidad Espiritual: Vincula la ubicación del espíritu con su "suma existencial", en un perfecto orden de expresión universal. Le da un carácter ético y dinámico a la existencia, alejándose de una visión estática. Cada quien se encuentra ubicado de acuerdo a su propia densidad espiritual, en una escala progresiva del cero grado al infinito.

En la exégesis se identifica el Fluido con el Alma Universal, que actúa como el campo vibratorio que permite la individuación, en la cual emanan los seres a la conciencia individual, en los cuatro reinos naturales. En la dimensión humana, se aplica el término alma no como sinónimo de Espíritu, sino de elemento de enlace, lo cual es coherente con la función del periespíritu, neologismo acuñado por Kardec.

Con la nomenclatura de Espíritu, Alma y Cuerpo, se actualiza la distinción entre el Espíritu -chispa-, el Periespíritu -elemento de enlace- y el Cuerpo -materia- como una variante, donde el alma equivale al periespíritu, en el pensamiento universal.

Adelante.


sábado, 14 de marzo de 2026

EL PENSAMIENTO ES UN ATRIBUTO


 

EL PENSAMIENTO ES UN ATRIBUTO

 

©Giuseppe Isgró C.

 

26. ¿Se puede concebir el espíritu sin la materia y la materia sin el Espíritu?

–“Sí, ciertamente, con el pensamiento”-.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

 

 

Introducción

 

En la intersección entre la milenaria sabiduría espiritual y el rigor del análisis jurídico contemporáneo, se halla una facultad a menudo subestimada: la naturaleza intrínseca del pensamiento como constructor de realidades. El presente escrito, nacido de la exégesis de las bases filosóficas de Allan Kardec y nutrido por la praxis del Derecho y la docencia, propone una visión transformadora del intelecto. No examinamos aquí al pensamiento como un eco pasivo de la materia, sino como un atributo dinámico del Espíritu —un emisor de frecuencias capaz de ordenar el caos a través de ideogramas de justicia y armonía—. A través de estas líneas, el lector encontrará un método para trascender el esfuerzo volitivo estéril, accediendo a la técnica del 'pensar sin pensar', donde la paciencia y la sintonía se convierten en las llaves maestras de la resolución pacífica de conflictos.

 

 

 

Ciertamente, el pensamiento es un atributo perceptivo, comprensivo, conocedor y realizador del Espíritu.

El Espíritu piensa en imágenes. Pensamientos e imágenes conforman ideogramas, o cuadros mentales, que permiten la percepción, la comprensión y la realización del conocimiento, por la experiencia.

El pensamiento es la aptitud del Espíritu, o del ser, de percibir, comprender y conocer lo que observa tanto a nivel objetivo como subjetivo. Cada persona ve y traduce lo que observa en pensamientos descriptivos, en tiempo presente, evocativos, cuando recuerda tiempos pasados, representativos, cuando piensa proyectándose a tiempos futuros, narrativos, pensando en cualquier tiempo presente, pasado y futuro. También existe otra variante: el pensamiento creativo; esto succede cuando se imagina cosas en su mente, con lo que activa la visión del Espíritu, proyectándose espiritualmente. De vuelta al cuerpo, transmite a la conciencia objetiva, el conocimiento de lo que ha percibido y comprendido en su viaje mental. Durante la meditación ocurre este mismo tipo de experiencia, pero lo hace, igualmente, durante las breves fracciones de segundos en que el Espíritu se ausenta del cuerpo, cosa que realiza incontable número de veces cada día, a pesar de no darse cuenta de ello, objetivamente.   

La matriz de este conocimiento es la idea, o el ideograma que se forma con la idea. Al tener la idea ya se posee la base y el fundamento para desarrollar, con mayor amplitud, el cuadro mental que conforma el conocimiento.

Las imágenes son percepciones del Espíritu, por observarlas, éste, directamente del lugar mismo en que se encuentra el conocimiento, o el objeto de este. Esto ocurre bien sea que se encuentre en un lugar determinado, o en el propio archivo espiritual de la persona, o en el archivo espiritual de seres encarnados, o desencarnados. En el primero de los casos, el Espíritu, en desdoblamiento, o proyección espiritual, emancipado de los sentidos físicos y de la conciencia objetiva, lee esa información. En el segundo, el Espíritu, libre de la materia, tiene mayor libertad para percibir, en el propio archivo, o leer en los ajenos, pero siempre limitado por los propios estados de conciencia que le circunscriben al enfoque en que centra la atención.

Dicha información, o contenido mental, lo transfiere a la conciencia objetiva, como intuición, en el acto de reincorporarse a la materia, o al propio cuerpo.

Si el Espíritu, en desdoblamiento, o proyección espiritual, es capaz de observar el objeto del conocimiento que percibe, también lo es para concebir, o percibir, al Espíritu exento de materia, en la dimensión espiritual.

Esa percepción del Espíritu, al margen de la materia, descrita por el pensamiento, no es más que una observación efectuada directamente por el Espíritu, con la visión espiritual, y no con el sentido físico de la vista, y la capacidad de análisis por la lógica inductiva y deductiva.

Trasciende la visión física y la capacidad de razonamiento inductivo-deductivo.

Al proyectarse y enfocar la atención sobre al objeto de su interés, centrando la mente en el mismo, expande la conciencia perceptiva, comprensiva, conocedora y realizadora, de manera integral: objetiva y subjetivamente. En este último caso, observa directamente, ve con la visión del Espíritu, al Espíritu de otros seres, en la dimensión espiritual, aunque lo haga inconscientemente.

Al retrotraerse a la materia, en la conciencia objetiva, le concibe como una realidad a su percepción subjetiva, es decir, como intuición.

La imagen de lo que vio la traduce en idea, ésta en pensamiento –o símbolo-, y el pensamiento de la idea, en la que medita, o reflexiona, se traduce en conocimiento.

Son concepciones de la realidad que se obtienen por intuición, -percepción del propio Espíritu proyectado- o por inspiración –comunicación de contenidos mentales por el pensamiento en el pensamiento, de un emisor a un receptor.

Se sabe sin conocer porque se sabe, en un momento dado. Se trata de un conocimiento pre-reflexivo o una percepción integral del ser que aún no ha pasado por el filtro del lenguaje objetivo, pero que es plenamente real para el Espíritu.

La concepción por conciencia perceptiva, comprensiva, conocedora y realizadora es automática, efectuada sin el uso de la voluntad, por lo menos a nivel físico u objetivo. Sin embargo, siempre existe una voluntad directriz actuante, a nivel espiritual, propia o ajena, del emisor o del receptor, según se trate de intuición, y/o de inspiración, es decir, el Espíritu opera en una frecuencia de "recepción" donde la voluntad no es un esfuerzo, sino una sintonía. Empero, toda inspiración siempre debe ser sometida al control del propio análisis, reflexivo-meditativo, simultáneamente, para evaluarla.

Es un dejarse ir hacia el objeto de los propios pensamientos, y estos se proyectan –junto con el Espíritu, de quien constituyen un atributo- percibiendo, comprendiendo, conociendo y realizando la realidad. Se adquiere la experiencia esencial, gradualmente, ad infinitum.

Se puede no solo concebir, sino ver objetivamente, la materia sin el Espíritu. Por ejemplo, el cuerpo de un ser cuyo Espíritu ha desencarnado.

Empero, sería ese un cuerpo inerte, ya que la causa de la vida se emancipó.

Pero, en sentido general, toda materia inerte, o cualquier tipo de materia, aparentemente inerte, está imbuida de un Espíritu elemental de la naturaleza, o de varios, cuando se conforman aleaciones.

Ver dentro de la materia, y más allá de ésta al Espíritu, es una percepción que transciende a los sentidos físicos.

Es más fácil verlo en un ser humano, que en los demás seres de los restantes reinos naturales: animal, vegetal y mineral.

Pero, en cada reino natural, cada cuerpo, y expresión de vida, y cada elemento, se encuentra conformado por tres entes básicos, y claramente definidos: Espíritu, Alma y cuerpo.

Aún en ese cuerpo del que se ha separado el Espíritu, percibir esa separación, precisa una concepción efectuada a nivel de los pensamientos.

A través de los pensamientos, proyectados en el espacio y en el tiempo, se percibe la realidad inherente. Esta trasciende a los propios pensamientos, que constituyen la fuente de los ideogramas que canalizan el conocimiento.

Esa es la razón por la cual se afirma, constantemente, que es preciso ver más allá de las apariencias para observar la realidad, en su esencia.
Por otra parte, para concluir, es preciso destacar que no es posible concebir la materia sin Espíritu, ya que, en los cuatro reinos naturales, toda materia, así como expresión de vida, está animada por su respectivo Espíritu. Es decir, viendo más allá de las apariencias, no existe materia sin Espíritu, en ninguno de los reinos naturales conocidos ni por conocer. 

En síntesis: Pensar representa un proceso perceptivo, comprensivo y cognitivo complejo que utiliza símbolos, imágenes y conceptos para representar la realidad, a nivel objetivo y subjetivo, consciente o psiconsciente, en todas sus vertientes y variantes. Constituye un diálogo interior perceptivo, comprensivo, conocedor y realizador, en estado de potencialidad, sin límites cuando se trasciende la conciencia objetiva.

Elementos que expresan el pensamiento:

a)            El Sujeto Pensante: Cada ser de los cuatro reinos naturales.

b)            El Objeto: El contenido: idea y/o sentimiento sobre los que se enfoca la mente, consciente o inconscientemente, para percibir, comprender, conocer y realizar.

c)            La Estructura: Constituye la manera que en que se manifiesta el pensamiento: a) Concepto; b) Juicio; c) Razonamiento lógico; d) intuición; y e) Inspiración.

d)            La polaridad del pensamiento: Positiva o negativa, generando expectativas de igual índole. Ambas polaridades, respectivamente, activan la Ley de atracción y la de repulsión, es decir: pensamientos positivos atraen lo semejante a lo pensado, repeliendo lo contrario y viceversa. Los opuestos, jamás se juntan

En su manifestación, el pensamiento utiliza todo el bagaje que posee el ser, es decir, su suma existencial, o experiencia acumulada, más su dote en estado de potencialidad, con que ha sido dotado por la naturaleza de las cosas, sacando sus propias conclusiones en todo lo que enfoca su atención, en su respectivo estado y/o estación de conciencia. Si al pensamiento positivo se agrega el sentimiento de los valores universales inherentes a la prudencia, a la justicia, a la fortaleza, a la templanza y a la belleza, se dinamiza la fuerza magnética para atraer la realidad anhelada, sosegadamente, dejando que todo fluya sin interferencia alguna, propia o ajena.

Al tomar el control de los propios pensamientos, se adquiere el dominio de todas las circunstancias existenciales.

Resumen:

1. El Pensamiento como Emisor de Frecuencia:

Siendo el pensamiento un atributo del Espíritu, que se manifiesta a través de ideogramas -imágenes mentales-, es preciso entender que estas imágenes no son neutras, están dotadas de cargas electromagnéticas.

Cada cuadro mental que el Espíritu proyecta produce una vibración específica, es decir, una frecuencia de alta coherencia que resuena con estados de orden y manifestación.

Se trata de un efecto de resonancia espiritual: Lo semejante atrae a lo semejante. Al sostener un pensamiento, el Espíritu actúa como un imán que sintoniza con contenidos mentales, personas, o entes espirituales, y circunstancias que vibran en esa misma longitud de onda.

2. La Ley de Atracción como Mecanismo de sintonía y orden cósmico:

Es la capacidad de ver más allá de las apariencias. Constituye el Enfoque de la Atención: Donde el Espíritu centra su atención, allí dirige su energía y expande su conciencia perceptiva, comprensiva, conocedora y realizadora. Si el pensamiento se enfoca en la abundancia o en la solución, o logro, en la polaridad positiva, el Espíritu se ancla en esa realidad, atrayendo a los elementos coadyuvadores por simple afinidad vibratoria

El Dominio de las Circunstancias: Al tomar el control de los pensamientos se adquiere el dominio existencial. Esto sucede porque, al cambiar la "matriz", o la idea o el ideograma, el Espíritu activa la señal correcta al universo, abriendo el canal para su manifestación en tiempo justo y perfecto.

3. La Dualidad Atracción-Repulsión:

Es fundamental la mención de la repulsión. El pensamiento de alta vibración no solo atrae lo bueno, sino que actúa como un escudo natural:

Al elevar la calidad de los cuadros mentales, el Espíritu vibra a niveles más elevados de frecuencia, incompatibles con las vibraciones menos elevadas. Los opuestos no se juntan porque sus frecuencias se repelen, manteniendo la integridad del sistema espiritual de la persona con actitud mental positiva elevada.

26: El Libro de los Espíritus, dice: -“¿Se puede concebir el espíritu sin la materia y la materia sin el Espíritu? Sí, ciertamente, con el pensamiento”-.

Para meditar, sobre:

 

1. Pensamiento Lógico y Analítico: como base del razonamiento estructurado. Se utiliza para resolver problemas mediante la división de un todo en partes más pequeñas para entender su funcionamiento y las relaciones de causa-efecto.

a)            Pensamiento deductivo: se va de lo general a lo particular.

b)            Pensamiento inductivo: De algo particular se llega a una conclusión general.  

2. Pensamiento Crítico:

Evalúa de forma objetiva la validez de la información percibida, antes de aceptarla como verdad. SE desarrolla a través del discernimiento.

3. Pensamiento Creativo: Se utiliza para descubrir nuevas formas de la realidad, y para innovar o crear nuevos bienes y servicios.

4. Pensamiento Sistémico: Busca de contemplar cualquier cosa en todas sus vertientes y variantes. Es decir, el todo de lo que ocupa nuestra atención, trascendiendo las realidades perceptibles inmediatas. Es lo que suele denominarse: Ver más allá de las apariencias, para observar todas las posibilidades de una cosa, o asunto.

 5. Pensamiento Abstracto: Es la aptitud de abstraerse de la realidad física inmediata, permitiendo el análisis de símbolos, conceptos cualquier índole científico, filosófico y matemático, trascendiendo escenarios presentes, y proyectándose el futuro, o simplemente para sopesar el pro o el contra de una cosa. No deja de ser un discernimiento abstracto.

6. Pensamiento Deliberativo y Evaluativo: Utilizado al resolver situaciones, o al tomar decisiones, para elegir entre diversos cursos de acciones en condiciones de certeza, de riesgo o incertidumbre, haciéndose cargo probable de cómo resultarían las cosas si se eligiese cada uno de ellos. Por ejemplo: Si elijo este curso de acción, y ocurre lo mejor, ¿me satisface? Y, ¿si ocurre lo peor, puedo controlarlo?

Por último, la técnica del pensar sin pensar, enfocando la mente sobre un tema o asunto de interés para resolver, o realizar. En términos de normalidad, en tres semanas, se puede completar el cuadro mental, contemplando todas las posibilidades, sobre lo que sea, siempre que se tenga competencia, o preparación para ello. Por ejemplo, en un dictamen jurídico, antes de hacer nada, que ocuparía la voluntad objetiva, se deja encargada a la mente del asunto, sin pensar más en ello, pero teniéndolo presente sin esfuerzo volitivo alguno, con total desapego, para que la mente se ocupe, libremente. La mente va percibiendo, comprendiendo y conociendo, gradualmente, todas las posibilidades y van aflorando las ideas que permiten formarse el cuadro mental completo de todas las posibilidades. Al momento de formarse el cuadro mental completo, el jurista se sienta y comienza a redactar el Dictamen Jurídico, o cualquier informe sobre el tema de que se trate, según la persona. Es en este momento donde toma todas las decisiones que plasmará en su escrito. Allí se contempla la solución y las consecuencias que podrían derivarse para la parte obligada si deja de cumplir con lo que le es inherente. Su sola lectura, para las partes involucradas, en el 80% de los casos, al aclararle las ideas, les induce a una solución pacífica y armoniosa, aportándoles los elementos de juicio suficientes para decidir acertadamente. Dependiendo de la magnitud del caso, es posible que en dos o tres días se haya formado el cuadro mental completo, o en una semana, o, en los casos de cierta envergadura, a las tres semanas, se habrá formado la idea donde se han esbozado todas las posibilidades. Este es el momento en que se realizan las consultas o búsquedas de las normativas jurídicas inherentes para soportar el dictamen. Sin embargo, antes de ver con la mente el cuadro completo, no se realiza esfuerzo volitivo alguno, ya que interferiría el proceso de pensar sin pensar. Es una técnica poderosa y efectiva. Pero, precisa disciplina sosegada. En algunos casos, en temas más insolubles, se pueden precisar dos o tres meses para observar todas las posibilidades. En determinados casos más complejos, algunos años; pero, si no se abandona a mitad de camino, oportunamente se obtendrán los resultados. 

Plotino (205-270 d.n.e.), filósofo helenístico, autor de las Enéadas, y fundador del neoplatonismo, según lo refiere su discípulo Porfirio, que ordenó sus escritos, practicaba esta técnica. Por supuesto, el mismo Porfirio era un cultor profundo de la misma.

Muchos científicos han relatado cómo, al llegar al límite de sus posibilidades objetivas, en sus investigaciones y análisis por el razonamiento lógico, inductivo-deductivo, abandonan momentáneamente su búsqueda pasando a ocuparse de otras cosas. Al hacerlo, dejan en libertad la mente de la acción volitiva que la mantenía sujeta a nivel objetivo. Al emanciparse, la mente continúa su búsqueda a nivel subjetivo, o psiconsciente. Al poco tiempo, dichos científicos se han sorprendido como, bien sea por intuición, o por inspiración, o mediante sueños, o lo que suele denominarse "corazonadas", adquieren conciencia del resultado que afanosamente buscaban en sus investigaciones. A nivel subjetivo, la mente se encuentra en la plenitud del uso de sus facultades perceptivas, comprensivas, conocedoras y realizadoras. La práctica de la relajación profunda y el desapego objetivo de los resultados, trabajando sosegadamente, facilita el acceso a estos estados elevados de conciencia y la manifestación del pensamiento creativo e innovativo, lo que permite la excelencia en todo lo que se realiza.  

Este proceso, que trasciende la voluntad objetiva, ha sido el motor de grandes hitos científicos. La historia del progreso humano está colmada de testimonios donde la excelencia no fue fruto de la obstinación volitiva, sino de la sintonía espiritual tras un necesario desapego. Figuras cumbres de la ciencia han demostrado que el pensamiento, en su dimensión subjetiva, opera con una libertad que la razón objetiva no puede emular:

Un ejemplo clásico de este fenómeno es el del químico Friedrich August Kekulé. Durante años, Kekulé intentó descifrar la estructura molecular del benceno mediante la lógica inductiva-deductiva, sin éxito. Agotado por el esfuerzo volitivo, una tarde de 1865 se quedó dormido frente a la chimenea. En ese estado de relajación profunda y emancipación de la conciencia objetiva, tuvo una visión: una serpiente que se mordía su propia cola (el Ouroboros). Al despertar, comprendió instantáneamente que la estructura del benceno no era una línea, sino un anillo hexagonal. Su mente, trabajando a nivel subjetivo, había resuelto el enigma que el razonamiento lineal no lograba descifrar.

Otros dos científicos que experimentaron este fenómeno, fueron:

Dmitri Mendeléyev y su Tabla Periódica: Tras días de trabajo exhaustivo tratando de organizar los elementos químicos, cayó en un sueño profundo. Él mismo relató: "Vi en un sueño una tabla donde todos los elementos encajaban según se requería. Al despertar, inmediatamente la anoté en un trozo de papel".

El matemático Henri Poincaré: Relató cómo la solución a las funciones fuchsianas -de ecuaciones diferenciales lineales con coeficientes algebraicos-, le llegó de forma súbita mientras subía a un autobús, en un momento en que no estaba pensando conscientemente en el problema matemático. Describió este proceso como una "iluminación" que ocurre cuando el trabajo inconsciente, subjetivo, continúa tras un periodo de fatiga intelectual.

Este fenómeno confirma que, cuando el investigador o el profesional, ya sea científico, técnico, jurista, o de cualquier otra actividad, se encuentra en pleno desempeño de sus funciones profesionales, permitiendo que su pensamiento trabaje libre de la interferencia de la ansiedad, o del apego desmesurado a los resultados, accede a la plenitud de sus facultades perceptivas, comprensivas, conocedoras y realizadoras.

Adelante.