“Vosotros tenéis un proverbio que dice: La obra elogia el maestro. Ahora
bien, examinad la obra y buscad el artífice; el orgullo, solamente, hace nacer
la incredulidad. El ser humano orgulloso no acepta nada por encima de sí, y se
proclama un espíritu fuerte. Inconsciente ser que la ley de Dios neutraliza”.
El poder de una inteligencia
se manifiesta por medio de sus obras. Ahora, por cuanto ningún ser humano puede
crear lo que produce la naturaleza, se deriva que la causa primera debe ser una
inteligencia superior a la de la humanidad.
Por grandes que sean los
prodigios realizados por la inteligencia humana, la misma tiene una causa, y
cuanto más lo que ella cumple es grande, tanto más debe serlo la causa primera.
Ahora bien, esta inteligencia superior a cualquier otra es la causa primera de
todas las cosas, sea cual fuere el nombre del cual el ser humano se sirve para
designarla. El libro de los Espíritus.
EXÉGESIS DE GIUSEPPE
ISGRÓ: La causa primera universal,
Dios, fuente de todo lo existente y de la eterna expansión universal,
constituye, al mismo tiempo, la inteligencia suprema, e infinita, del universo.
Es decir, inteligencia desarrollada en todas las vertientes y variantes.
Empero, pese a la inmensidad del universo, y todo
lo que en él existe, esa inteligencia infinita aún no ha expresado toda su
potencialidad, ya que, eternamente seguirá expandiéndose la Creación Universal
con la formación de nuevos mundos y el desarrollo del progreso factible en cada
uno de ellos.
Es decir que, parodiando al Tao, la suprema
inteligencia, de la que está dotada la causa primera universal, es toda la que
se ha expresado en un momento dado, y la que eternamente se expresará sin
límites algunos.
Es la rueda de la vida y dentro de ella el Signo
Más, como eterna polarización regida por la ley cósmica impresa en la
conciencia del Ser universal y en la conciencia individual de cada ser en los
cuatro reinos naturales. Es una rueda que gira ad infinitum en todas las
vertientes y variantes, impulsando el progreso universal de todos los seres por
medio de nuevos y más elevados estados de conciencia y grados de aptitudes, es
decir, expansión de su capacidad perceptiva, comprensiva y realizadora.
Es la rueda del progreso, de la sabiduría y de la
felicidad. Esa inteligencia se expresa mediante los infinitos parámetros de
todos los valores universales, o atributos divinos.
Esa inteligencia suprema se expresa, también, como
ley cósmica dentro de la conciencia de cada ser, por medio de la cual realiza
su labor creadora en el eterno presente.
Efectos inteligentes denotan causas inteligentes.
La Creación toda es un efecto de una causa suprema que rige todo por la ley
cósmica.
En todo cuanto existe se observa la misma vida
fluyendo; idéntica inteligencia late y dirige el curso de los acontecimientos.
Es la inteligencia suprema que actúa en cada
hombre, en cada animal, en cada vegetal y en cada mineral, realizando el
prodigio de la creación perenne.
Quien quiera verla, a la inteligencia infinita, la
verá en todo cuanto existe. La observará en sí mismo y en cada ser con quien
entra en contacto, cada día. La verá en cada flor, cuando al abrirse a los
nuevos rayos, cada día, parecería decirle al observador absorto y admirado de
su belleza: Te amo.
La inteligencia infinita del universo, de la causa
primera, fluye como amor, como justicia, como fortaleza, como templanza, como
belleza y como expresión de cada uno de los valores universales. Lo hace por
medio de los sentimientos inherentes expresados en la conciencia de cada ser,
en los cuatro reinos naturales.
La sabiduría de los valores universales, o
atributos de la Divinidad, constituye la expresión más avanzada de la
inteligencia de la Divinidad. Ella realiza silenciosamente su labor por medio
de cada ser.
Toda obra existente en el universo, que no haya
sido realizada por el ser humano, es la expresión de la inteligencia universal
que trasciende la del ser humano, y la de cada ser de los cuatro reinos
naturales.
Cada uno de los seres de los cuatro reinos
naturales coadyuva con la inteligencia universal en las múltiples
manifestaciones de la vida, de los fenómenos que les son inherentes, y de la
Gran Obra cósmica.
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