domingo, 18 de enero de 2026

TRASCENDER LA CONCIENCIA OBJETIVA


TRASCENDER LA CONCIENCIA OBJETIVA

 

®Giuseppe Isgró C.

 

12. ¿Si no nos es dado comprender la naturaleza íntima de Dios, podemos, nosotros, concebir algunas de sus perfecciones?

-“Algunas sí. El ser humano las entrevé con el pensamiento tanto mejor cuanto más se eleva por encima de la materia”-.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec


   Trascender la conciencia objetiva y la lógica del razonamiento inductivo y deductivo, así como el propio ego, por medio de la interiorización subjetiva, permite percibir, en la propia conciencia, los sentimientos de los valores universales que conforman los atributos divinos.

De acuerdo al grado de necesidades que se experimenta, y el foco en que centra su atención cada ser, se expande su conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora. Paralelamente se manifiesta, en grado equivalente, el poder creativo potencialmente infinito que le es inherente. De manera natural, fácilmente y sin esfuerzo, por un servomecanismo interior. Solamente hay un requisito: que se quiera hacer lo que debe ser efectuado, sin evasión alguna de la propia responsabilidad.

En estado de interiorización, y en meditación, el ser humano puede, intuitivamente, o mediante la inspiración, percibir los atributos de la Divinidad y comprenderlos en determinado grado, como una guía de vida.

El sentimiento de los valores universales, expresados por el Ser Universal en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, es posibles percibirlos y comprenderlos, aún en la conciencia objetiva, en la vida diaria. Afloran las ideas sin saber cómo ni por qué, pero hacen acto de presencia y ya se sabe lo que debe saberse. No hay más escusas para dejar de emprender la acción pertinente. Tampoco la hay para no realizar aquello que se ha percibido que no debe ser hecho, salvo que se quiera experimentar vergüenza. Realizar lo que se percibe que afectaría los derechos ajenos, o la dignidad de otros, tiene un costo. El arte de la prudencia permite decidir lo pertinente, con acierto.

Lo importante es percibir, y comprender, lo que debe hacerse, en cada caso, y lo que debe ser evitado, oportunamente. Refleja el sentido común y la conciencia del valor de la justicia, dentro de cuyos parámetros es preciso mantener los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Se deriva de ello tranquilidad mental y paz interior. En la noche se puede dormir sosegadamente.

Nadie podrá recriminar válidamente ningún acto ejecutado, excepto la propia conciencia, por la inherente acción coactiva que se despliega en el interior de la misma, por el Gran Pedagogo Universal y la Ley cósmica, cuando se actúa correctamente, en armonía con todos y con el Todo.

En la medida en que se aprende a escuchar el mensaje que conllevan los sentimientos de los valores universales, centrando la atención en las percepciones intuitivas e inspirativas, la aptitud perceptiva, comprensiva y realizadora se va afinando, siendo más nítida su guía y lúcido el conocimiento y/o sabiduría que aporta. Se manifiesta en la conciencia un sentimiento de seguridad, imbuido de poder creador potencialmente infinito que lleva a cada ser a realizar lo imposible, para darse cuenta, enseguida, que es posible llevar a cabo lo que concibe en su propia mente como objetivos, anhelos y propósitos de vida, sin límites.

Igual poder efectivo aflora desde lo más íntimo del ser para resolver cualquier situación que se afronta, siempre que se afronte, serena y decididamente.

Trascendiendo la conciencia objetiva, y el propio ego, se efectúa la conexión del propio centro de poder con la Divinidad, aflorando la sabiduría y el poder creador de los atributos divinos, en estado de potencialidad infinita: es decir, siempre en grado suficiente, y oportunamente.

Sobre la posibilidad de comprender la naturaleza íntima de Dios, o concebir algunas de sus perfecciones, El Libro de los Espíritus, (12), dice: -“Algunas –perfecciones- sí. El ser humano las entrevé con el pensamiento tanto mejor cuanto más se eleva por encima de la materia”-. (…).

Adelante.

domingo, 11 de enero de 2026

11. ¿Será otorgado al ser humano comprender el misterio de la Divinidad?

 



11. ¿Será otorgado al ser humano comprender el misterio de la Divinidad?

“Cuando su espíritu, liberado de la opaca luz de la materia, por su perfección se haya acercado a Dios, lo comprenderá, cuanto la criatura puede comprender el Creador”.

Las facultades del ser humano, en sus grados inferiores de desarrollo, no le permiten de comprender la naturaleza íntima de Dios. En la infancia de la humanidad, el ser humano lo confunde, con frecuencia, con la criatura, de quien le atribuye las imperfecciones; empero, en cuanto se desarrolla en él el sentido moral, su pensamiento penetra mejor en el fondo de las cosas, formándose una idea más justa y conforme a la razón, aunque siempre perfectible. El Libro de los Espíritus

 

 

EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: La Doctrina Universal denota que, a través de los tiempos han existidos seres que han tenido una percepción en grado muy elevado de la Divinidad, que se corresponde ampliamente con la realidad susceptible de ser captada en los actuales estados de conciencia. Nosotros ignoramos el grado de percepción que cada uno de los seres de los otros tres reinos naturales posee de Dios. El ser humano, muy engreído de sí mismo, estima que los seres de cada uno de esos reinos, carecen de espíritus, y capacidad de pensar, empero, la realidad es que ellos sí poseen el mismo Espíritu del Ser Universal, dotado con análogos atributos divinos, potencialmente infinitos, con una conciencia que constituye una réplica idéntica a la de Él. Dado lo anterior, estando los seres de cada uno de esos reinos naturales libres del condicionamiento limitante de los seres humanos, su capacidad perceptiva trasciende la de los humanos, como lo demuestran incontables pruebas, percibiendo y, probablemente, comprendiendo la naturaleza de la Divinidad en mayor grado que los seres humanos.

La percepción de que todo es Uno, y de que cada uno de los seres, en los cuatro reinos naturales, es una emanación del Ser Universal, formando una unidad indisoluble con Él, es universal, y ha sido percibida en todas las épocas y culturas, desde la más remota antigüedad. Las diversas doctrinas orientales, el Hinduismo, el Taoísmo, el Sufismo, el Yoga, y el Kriya Yoga, la Masonería Universal y el Espiritismo, entre otras corrientes de pensamientos. Los pensadores más relevantes como Hermes Trismegisto, Tales de Mileto, Pitágoras, Moisés Maimónides, Al-Ghazali, Ibn Arabi, Rumi, Kabir, Ramakrisna, Gandhi, Tagore, Paúl Brunton y Joaquín Trincado, entre otros incontables más, han tenido percepciones sobre la Divinidad de gran interés, con una constante coincidencia. Esa es la razón por la cual se hace preciso conocer todas las corrientes de pensamiento que conforman la Doctrina Universal: todas constituyen una herencia espiritual de la humanidad, por encima de las cuales debe predominar, únicamente, la verdad universal.


sábado, 10 de enero de 2026

10. ¿Puede el ser humano comprender la naturaleza íntima de Dios?

 



ATRIBUTOS DE LA DIVINIDAD

10. ¿Puede el ser humano comprender la naturaleza íntima de Dios?

“No: necesitaría un sentido que le falta”. El libro de los Espíritus.

 

EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: Podríamos complementar la respuesta anterior de la siguiente manera, tomando en cuenta el contexto de las respuestas a las preguntas que siguen: -“No, necesitaría un sentido que le falta, aún, por desarrollar”.

El ser humano, y cada uno de los restantes seres en los cuatro reinos naturales, han emanado a la conciencia individual, a partir del Ser Universal, perfectos, dotados, potencialmente, de todos los atributos divinos, análogos a los de Él. La única diferencia reside en que los del Ser Universal se encuentran desarrollados en todas sus vertientes y variantes, en grado infinito, y los de los seres individuales, se encuentran dotados de potencialidad que desarrollarán en el eterno presente, sin límites de ninguna naturaleza, en la medida en que se vayan ampliando las percepciones de sus estados de conciencia.

Es decir, los grados evolutivos de la conciencia se expresarán mediante una ampliación constante de sus aptitudes perceptivas y de comprensión, y en sus capacidades de hacer o dejar de hacer, expresando el poder creador potencialmente infinito, de acuerdo con los grados de necesidades que se vayan experimentando, en el aquí y ahora. Es preciso tener presente, al igual que se explica en el comentario de la respuesta a la pregunta Nº 81, que el Ser Universal emana a la conciencia individual, en el Alma Universal, en cada uno de los seres de los cuatros reinos naturales, sin dejar de ser Él mismo, y sin separarse de Él mismo, por lo cual, cada ser individualizado es el mismo Creador que inicia su respectivo rol dotado con los mismos atributos, y con libre albedrío, desde cero grado de progreso, pero con el mismo potencial infinito, tanto en conciencia perceptiva como en poder creador, que expresará en la medida que las necesidades existenciales lo vayan requiriendo, en su ascenso evolutivo gradual, y como expresión de la voluntad de la Divinidad, de la cual es instrumento.

Es decir, en la medida que cada uno de los seres se vaya conociendo a sí mismo, en ese mismo grado reconocerá, en sí mismo, a Dios, el Ser Universal, percibiendo que todo es UNO.

La clave reside en conocerse a sí mismos, y percibir, en la propia conciencia, el lenguaje de los sentimientos con que, constantemente, se comunica el Ser Universal, con cada quien, en los cuatro reinos naturales.

Allí, en la conciencia, se expresa el conocimiento de la verdad universal, relativa a los valores universales, o atributos divinos, y el poder creador, en la medida, y grados, en que los va precisando.

Podemos concluir, contundentemente, que cada uno de los seres en los cuatro reinos naturales, ya conoce al Ser Universal, lo que ocurre es que no lo recuerda, aún, en la conciencia individual. Empero, cuando oportunamente le vuelva a percibir, en su esencia, se percatará de que ya le conocía.

Esta es la razón por la cual los sufíes practican el constante recuerdo del nombre de Dios. Recordando al Recordado, se Le llega a recordar, en un momento dado.

Es preciso tener presente que, donde se centra la atención se expande la conciencia. Si centramos la propia conciencia en Dios, el Ser Universal, comenzamos a percibirle, gradualmente, en mayor grado, cada vez más, y a adquirir la conciencia de los atributos divinos, o valores universales, como aptitud perceptiva, comprensiva, y capacidad creadora-realizadora, en armonía con los planes trazados en la Ley Cósmica.


9. ¿Cómo se puede reconocer en la causa primera una inteligencia suprema, es decir, superior a todas las inteligencias?

 




9. ¿Cómo se puede reconocer en la causa primera una inteligencia suprema, es decir, superior a todas las inteligencias?

“Vosotros tenéis un proverbio que dice: La obra elogia el maestro. Ahora bien, examinad la obra y buscad el artífice; el orgullo, solamente, hace nacer la incredulidad. El ser humano orgulloso no acepta nada por encima de sí, y se proclama un espíritu fuerte. Inconsciente ser que la ley de Dios neutraliza”.

El poder de una inteligencia se manifiesta por medio de sus obras. Ahora, por cuanto ningún ser humano puede crear lo que produce la naturaleza, se deriva que la causa primera debe ser una inteligencia superior a la de la humanidad.

Por grandes que sean los prodigios realizados por la inteligencia humana, la misma tiene una causa, y cuanto más lo que ella cumple es grande, tanto más debe serlo la causa primera. Ahora bien, esta inteligencia superior a cualquier otra es la causa primera de todas las cosas, sea cual fuere el nombre del cual el ser humano se sirve para designarla. El libro de los Espíritus.

 

EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: La causa primera universal, Dios, fuente de todo lo existente y de la eterna expansión universal, constituye, al mismo tiempo, la inteligencia suprema, e infinita, del universo. Es decir, inteligencia desarrollada en todas las vertientes y variantes.

Empero, pese a la inmensidad del universo, y todo lo que en él existe, esa inteligencia infinita aún no ha expresado toda su potencialidad, ya que, eternamente seguirá expandiéndose la Creación Universal con la formación de nuevos mundos y el desarrollo del progreso factible en cada uno de ellos.

Es decir que, parodiando al Tao, la suprema inteligencia, de la que está dotada la causa primera universal, es toda la que se ha expresado en un momento dado, y la que eternamente se expresará sin límites algunos.

Es la rueda de la vida y dentro de ella el Signo Más, como eterna polarización regida por la ley cósmica impresa en la conciencia del Ser universal y en la conciencia individual de cada ser en los cuatro reinos naturales. Es una rueda que gira ad infinitum en todas las vertientes y variantes, impulsando el progreso universal de todos los seres por medio de nuevos y más elevados estados de conciencia y grados de aptitudes, es decir, expansión de su capacidad perceptiva, comprensiva y realizadora.

Es la rueda del progreso, de la sabiduría y de la felicidad. Esa inteligencia se expresa mediante los infinitos parámetros de todos los valores universales, o atributos divinos.

Esa inteligencia suprema se expresa, también, como ley cósmica dentro de la conciencia de cada ser, por medio de la cual realiza su labor creadora en el eterno presente.

Efectos inteligentes denotan causas inteligentes. La Creación toda es un efecto de una causa suprema que rige todo por la ley cósmica.

En todo cuanto existe se observa la misma vida fluyendo; idéntica inteligencia late y dirige el curso de los acontecimientos.

Es la inteligencia suprema que actúa en cada hombre, en cada animal, en cada vegetal y en cada mineral, realizando el prodigio de la creación perenne.

Quien quiera verla, a la inteligencia infinita, la verá en todo cuanto existe. La observará en sí mismo y en cada ser con quien entra en contacto, cada día. La verá en cada flor, cuando al abrirse a los nuevos rayos, cada día, parecería decirle al observador absorto y admirado de su belleza: Te amo.

La inteligencia infinita del universo, de la causa primera, fluye como amor, como justicia, como fortaleza, como templanza, como belleza y como expresión de cada uno de los valores universales. Lo hace por medio de los sentimientos inherentes expresados en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales.

La sabiduría de los valores universales, o atributos de la Divinidad, constituye la expresión más avanzada de la inteligencia de la Divinidad. Ella realiza silenciosamente su labor por medio de cada ser.

Toda obra existente en el universo, que no haya sido realizada por el ser humano, es la expresión de la inteligencia universal que trasciende la del ser humano, y la de cada ser de los cuatro reinos naturales.

Cada uno de los seres de los cuatro reinos naturales coadyuva con la inteligencia universal en las múltiples manifestaciones de la vida, de los fenómenos que les son inherentes, y de la Gran Obra cósmica.


 


jueves, 8 de enero de 2026

8. ¿Qué se debe pensar de la opinión que atribuye la primera formación de lo creado a una combinación fortuita de la materia, es decir, de la casualidad?

 


8. ¿Qué se debe pensar de la opinión que atribuye la primera formación de lo creado a una combinación fortuita de la materia, es decir, de la casualidad?

“Otra absurdidad! ¿Cuál ser humano de buen sentido puede considerar la casualidad como un ser inteligente? Y, después, ¿qué es la casualidad? Nada”.

La armonía, que regula las fuerzas del universo, demuestra combinaciones y principios determinados, y por lo tanto una potencia inteligente. Atribuir la primera formación a la casualidad, sería un absurdo, por cuanto en ella está ausente la visión y no puede producir los efectos inteligentes. Una casualidad inteligente dejaría de ser una casualidad. El libro de los Espíritus, Allan Kardec.

 

EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: En el comentario anterior se ha explicado, en líneas generales, la manera como emerge la materia a partir de la energía. Es una condensación de la energía que realizan los Espíritus Elementales –de los elementos- de acuerdo al respectivo grado vibratorio regido por la ley de afinidad. La ley de afinidad establece la armonía y el orden en la naturaleza, en todas sus vertientes y variantes. En todo existe un perfecto sistema y orden. Todo está ordenado y ubicado, en el esquema cósmico, por su grado vibratorio, en una escala que va del 0° a 360°, y a la vez ubicado-por su suma existencial-, en el respectivo grado de la infinita espiral evolutiva del universo. Y eso ocurre en todas las vertientes y variantes existenciales, de cada ser, en los cuatro reinos naturales. Esas vertientes y variantes, en el Sufismo se denominan los Estados y las Estaciones. Cada estado representa a un valor universal, o atributo divino, es decir el estado de conciencia de ese valor o atributo. Cada estación, equivale a un grado de progreso, o conciencia perceptiva, comprensiva, conocedora y realizadora sobre un determinado valor. Cada estado y su respectiva estación pueden variar de un valor a otro. Esto equivale a la diferencia del bagaje de experiencia que cada ser tiene en relación a una u otra de las áreas del conocimiento humano, y universal. Por cada área existe un ángulo de la espiral evolutiva, y su respectivo estado de conciencia y su grado perceptivo de la realidad, así como la inherente capacidad, además de percibir, comprender y conocer, hacer, o de dejar de hacer. Empero, el nivel de conciencia alcanzado en una determinada estación, o grado perceptivo de la realidad, le facilita la labor de acceder, con mayor efectividad, el mismo nivel de conciencia en todos los estados, o áreas de conocimientos relativos a los valores universales, o atributos divinos. Esto debido a que, estando en una determinada altura, en una montaña, hacia cualquier lado en que se mire, se hará desde esa misma perspectiva o elevación. Ciertamente, se podrá ver hacia todos los lados, pero, no hacia todos los lados se observará la totalidad de lo que existe, ni se comprenderá, en el mismo grado ni de la misma manera, lo que se sea capaz de observar, si no se tiene, simultáneamente, idéntica experiencia en las áreas observadas. Sin embargo, el nivel de desarrollo perceptivo, comprensivo, conocedor y realizador en un área determinada facilita la tarea en cualquier ámbito en que se enfoque la atención. 

Tanta perfección como existe en la naturaleza obedece a una ley cósmica que rige todo.

Toda ley cósmica –en todas sus vertientes y variantes- está sustentada por una inteligencia suprema ab aeterno que la legisló con carácter eterno e inmutable.

Igualmente, existe una voluntad potencialmente infinita que vela por su cumplimiento en el espacio y en el tiempo. Es el carácter coercitivo y coactivo de la ley cósmica, Su carácter coercitivo regido por los parámetros de los valores universales. Y el coactivo, por las leyes de afinidad, justicia, igualdad y compensación. La ley ordenadora del universo es la de afinidad. Ella ubica y reubica cada ser y cosa en el orden que le corresponde en base a su peso específico –suma existencial-, en el lugar –orden- que le corresponde.

El orden es un valor universal, al igual que la armonía. Ese orden y armonía se logran por la guía de los parámetros de los valores de la justicia, de la compensación y de la igualdad, entre tantos otros que conforman la ley cósmica.

El amor es la síntesis de todos los sentimientos expresados por los valores universales, o atributos divinos. El amor es la ley matriz del universo y la síntesis de la ley cósmica. La ley cósmica es eterna e inmutable. Es ab eterna, es decir, existe desde siempre al igual que el Legislador Universal.

Detrás de toda obra existe un propósito, una idea, un objetivo, una intención.

Nada existe sin propósito alguno en la naturaleza. De manera que, viendo más allá de las apariencias se observa que, detrás de toda aparente casualidad existe una ley de causa y efecto que rige todo. Dada la condición mental del universo en que nos desenvolvemos, es en la mente del Ser Supremo –en su conciencia- donde se encuentra plasmada la ley cósmica, al igual que todos los valores universales –atributos divinos-. Su expresión –o manifestación- en la conciencia de cada ser de los cuatro reinos naturales, es por medio de los sentimientos análogos a cada valor universal. La retroalimentación de todo pensamiento, sentimiento y acto, -acción- lo realiza la ley de afinidad –coacción correctora-, con el auxilio de la ley de justicia, la igualdad, -en la ley y ante ella-, y la compensación, de acuerdo a los eternos planes trazados por el Ser Universal.

La aparente casualidad en la manifestación de la materia es solo eso: apariencia. Detrás de todo lo existente hay un perfecto sistema y orden regidos por la ley cósmica de acuerdo con los planes de la Divinidad.

 


miércoles, 7 de enero de 2026

7. ¿Se podría encontrar la causa primera de la formación de las cosas en las propiedades íntimas de la materia?

 


7. ¿Se podría encontrar la causa primera de la formación de las cosas en las propiedades íntimas de la materia?

“Entonces, ¿cuál sería la causa de estas propiedades? Volvemos siempre a la necesidad de una causa primera”.

Atribuir la primera formación de las cosas a las propiedades íntimas de la materia, sería igual que tomar el efecto por la causa, por cuanto estas mismas propiedades constituyen un efecto que debe tener una causa. El libro de los Espíritus, Allan Kardec


EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: ¿Cuáles son las propiedades íntimas de la materia? ¿Cuál es la esencia de la materia, en cada tipo de la materia? ¿Por qué de la misma tierra diversas especies vegetales extraen una inmensa variedad de plantas, flores, frutos, entre otros particulares? Por ejemplo: Cada especie tiene una forma diversa y uniforme, edad tras edad, excepto un estado de perfeccionamiento en el espacio y en el tiempo, que indica que cada una se va perfeccionando, o evolucionando, en su misma naturaleza. Un naranjo produce naranjas en cualquier parte del planeta en que se siembre. En un mismo lugar, un rosal y un cerezo, darán, respectivamente, y de la misma tierra, una rosa y un fruto denominado cereza. Existe una inteligencia vegetal que realiza un trabajo capaz de extraer –y elaborar- los elementos adecuados, de la tierra, para dar el respectivo fruto –resultado- inherente a la especie que representa.

Cada especie tiene una inteligencia particular y una programación mental –conocimiento-, para realizar una labor asignada por la naturaleza de las cosas para obtener un resultado que complementa la Gran Obra de la Creación.

La misma tierra que pareciera uniforme, contiene, sin embargo, una determinada cantidad de elementos –diferentes entre sí-, conocidos y por conocer, que tienen entre sí características particulares. Esas características particulares a nivel elemental –de los minerales- son los resultados –características- inherentes a cada mineral. La materia en sí no es más que energía condensada. Si se manifiesta una determinada variante en los elementos que conforman la materia, es porque existen determinadas esencias –Espíritus elementales- que, vibrando a determinada frecuencia, son capaces de manifestar determinados elementos físicos –o materia-.

Esas propiedades íntimas de la materia a que hace referencia el Maestro Allan Kardec, en su pregunta número siete de El Libro de los Espíritus, no son más que las diversas variantes de Espíritus Elementales de la naturaleza que tienen una misión específica de condensar determinados tipos de materias en la dimensión física a partir de la energía universal. Cada Espíritu elemental tiene una frecuencia vibratoria determinada. Al vibrar en esa frecuencia, manifiesta su equivalente físico, condensando el respectivo elemento. Por ejemplo: El Espíritu elemental del hierro, condensando la misma energía universal, manifiesta el elemento hierro, tal como el del oro, manifiesta oro, y el del platino, platino, y así sucesivamente con cada elemento conocido o por conocer.

Si existen variantes en las manifestaciones físicas de la materia es porque también las hay en los espíritus elementales que las manifiestan, al igual que ocurre en el reino vegetal, en el animal y en el humano.

El tipo de materia manifestada es un efecto del tipo de Espíritu elemental que la manifiesta, es decir: Su causa. No existe efecto sin causa, ni causa que no genere efecto. De manera que es imposible aislar el efecto de la causa, o ignorar ésta, sin distorsionar la verdad. Es preciso en todo efecto buscar la causa que lo origina y tendremos una visión completa de la verdad, en el grado relativo al propio estado -y grado- de conciencia. Es indispensable ver toda la realidad y no solamente un aspecto de la misma. Y toda realidad tiene una vertiente física y otra espiritual. Además, existe un elemento de enlace que une ambas dimensiones o polaridades. En esa duplicidad de dimensiones el grado de conciencia imperante en la dimensión espiritual se refleja en la respectiva manifestación física. Una mayor depuración de la materia indica que existe una equivalente en la dimensión espiritual.

En todos los reinos naturales existen elementos, -o especies-, que presentan una mayor depuración que en otros. Es el grado de conciencia evolutiva que presenta, a nivel particular cada uno de los elementos, o especies vegetales, animales o humanos.

Entonces, la causa de estas propiedades íntimas de la materia lo constituye el Espíritu, en todas sus vertientes y variantes: Elemental, -en el reino mineral-; Vegetal, -en el reino vegetal-; Animal, -en el reino animal; recordando que animal quiere decir que posee un alma, ya que alma equivale a –anima-, de ahí el término animal. El Espíritu elemental es la causa primera de la materia. La manifiesta a partir de la condensación de la energía por su respectivo grado vibratorio. 

El Espíritu de cada reino natural es una manifestación en la conciencia individual de la Divinidad sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad. Cada Espíritu en los cuatro reinos de la naturaleza está dotado de vida eterna e inmortal; es coeterno con la Divinidad y está dotado de los mismos atributos divinos de la Divinidad y es poseedor de una réplica exacta de la conciencia de la Divinidad.

La única diferencia que existe es que, mientras la Divinidad posee todos sus atributos divinos desarrollados en grado infinito en todas sus vertientes y variantes, cada uno de los Espíritus manifestado a la conciencia individual, en los cuatro reinos naturales, los posee en grado potencialmente infinito, que eternamente desarrollará sin encontrar jamás un límite.

Es el eterno retorno del ser individual hacia el Ser Universal. Es la búsqueda de sí misma de la Divinidad en sus ilimitadas expresiones a la conciencia individual.

Esos atributos divinos tienen una doble vertientes: La del conocimiento, que se expresa mediante los parámetros de los valores universales, mediante el lenguaje de los sentimientos en la propia conciencia, en la dimensión espiritual. Como emociones, en la conciencia, a nivel anímico o del alma; y como sensación, a nivel físico, o del cuerpo. Los pensamientos en cada una de las variantes espirituales se expresan mediante imágenes. Se piensa en imágenes. Cada ser en los cuatro reinos naturales demuestra ser poseedor de un conocimiento específico para realizar la propia labor que le asignara la naturaleza de las cosas en los planes cósmicos. 

Empero, desde ese mismo estado de conciencia inherente a cada ser en los cuatro reinos naturales, cada quien realiza su viaje del eterno retorno hacia el Ser Universal. Jamás ese viaje tendrá fin por cuanto es infinito. Es el eterno camino del progreso universal sin límites de ninguna naturaleza, en una inmensidad de mundos, en la expansión eterna de la Creación. La misión consiste en adquirir consciencia del Todo en todas sus vertientes y variantes. Siempre encontrará un más allá. Es lo que denominamos la Eterna polarización del ser individual hacia el Ser Universal: -en el Círculo y el Signo Más-. Es un camino circunferencial que conforma la espiral cósmica, en los estados de conciencia y sus grados perceptivos de la verdad universal.

La segunda vertiente, es la expresión potencialmente infinita del poder creador que se anida en cada Espíritu, o ser, que eternamente expresará en un mayor nivel, a medida que vaya afrontando necesidades inherentes a ese nivel, o anhelos, propósitos u objetivos de autorrealización. Si cada ser experimentase una necesidad infinita, en ese mismo grado expresaría el conocimiento inherente, y el poder creador para autosatisfacerla.

Dentro de ese potencial infinito de manifestación expansiva de la Creación Universal, la Divinidad constituye la pedagoga de sí misma en la manifestación respectiva de cada ser en la conciencia individual por el lenguaje de los sentimientos análogos a los valores universales, expresión sublime de la ley cósmica impresa en la conciencia de cada ser. En fin de cuenta, no deja de ser un juego de la Divinidad con la misma Divinidad. Un juego para divertirse en toda la eternidad.

Entonces, ¿porque no empezar ahora mismo con esa sublime diversión? ¿Cambiaremos todo eso por un bien menor de lo que la Divinidad dispuso para todos?


lunes, 5 de enero de 2026

6. El sentimiento íntimo que tenemos en nosotros mismos de la existencia de Dios, ¿no podría ser una consecuencia de la educación, y el producto de ideas adquiridas?

 



6.  El sentimiento íntimo que tenemos en nosotros mismos de la existencia de Dios, ¿no podría ser una consecuencia de la educación, y el producto de ideas adquiridas?

“Si esto fuese así, ¿cómo tuvieron este sentimiento, también, las personas de las humanidades de épocas primitivas?

Si el sentimiento de la existencia de un Ser Supremo fuese el producto de la instrucción, no sería universal, y no se encontraría, como las nociones de las ciencias, más que en los individuos y en los pueblos cultos. El Libro de los Espíritus, Allan Kardec

 

EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: En todas las épocas, y culturas, desde la más temprana edad, en todos los seres de los cuatro reinos naturales, existe un sentimiento de reverencia hacia la Divinidad, de múltiples maneras.

Es la conciencia de un Ser Superior que, en edades primitivas de vida en el Planeta tierra, el ser humano ha identificado de diversas maneras:

1)  Reverencia y culto hacia algún fenómeno de la naturaleza.

2)  Culto hacia los antepasados.

3)  Culto a diversas deidades mitológicas.

4)  Culto a una Divinidad superior impersonal.

5)  Cualesquiera otras modalidades.

 

Evidentemente, no tiene nada que ver con un sistema de ideas, o creencias, impuestos por un determinado tipo de cultura. Esta es la razón por la cual ese sentimiento hacia la Divinidad es universal y simultáneo en todos los seres de las múltiples culturas. Caso contrario en aquellos lugares en que no se hubiese fomentado ese orden de ideas, no habría imperado la espiritualidad centrada en la Divinidad.

Esa conciencia de la Divinidad existe latente en cada ser desde sus inicios en el planeta de turno en que le toque vivir, por cuanto el Espíritu de cada ser es una emanación a la conciencia individual sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad. Empero, se expresa en mayor o menor nivel de acuerdo al grado evolutivo alcanzado. 

Siendo cada ser una expresión gradual de la potencialidad total de la Divinidad, no expresa toda la Divinidad sino una estación y un estado de conciencia de la Divinidad. La parte tiene conciencia del Todo, aunque jamás pueda percibir el Todo. Empero, tiende hacia el Todo en el eterno retorno del ser individual hacia el Ser Universal.