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7. ¿Se podría encontrar la causa primera de la
formación de las cosas en las propiedades íntimas de la materia?
“Entonces, ¿cuál sería la causa de estas
propiedades? Volvemos siempre a la necesidad de una causa primera”.
Atribuir la primera
formación de las cosas a las propiedades íntimas de la materia, sería igual que
tomar el efecto por la causa, por cuanto estas mismas propiedades constituyen
un efecto que debe tener una causa. El libro de los Espíritus, Allan Kardec
EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: ¿Cuáles son las
propiedades íntimas de la materia? ¿Cuál es la esencia de la materia, en cada
tipo de la materia? ¿Por qué de la misma tierra diversas especies vegetales
extraen una inmensa variedad de plantas, flores, frutos, entre otros
particulares? Por ejemplo: Cada especie tiene una forma diversa y uniforme,
edad tras edad, excepto un estado de perfeccionamiento en el espacio y en el
tiempo, que indica que cada una se va perfeccionando, o evolucionando, en su
misma naturaleza. Un naranjo produce naranjas en cualquier parte del planeta en
que se siembre. En un mismo lugar, un rosal y un cerezo, darán,
respectivamente, y de la misma tierra, una rosa y un fruto denominado cereza.
Existe una inteligencia vegetal que realiza un trabajo capaz de extraer –y
elaborar- los elementos adecuados, de la tierra, para dar el respectivo fruto
–resultado- inherente a la especie que representa.
Cada especie tiene una inteligencia particular y
una programación mental –conocimiento-, para realizar una labor asignada por la
naturaleza de las cosas para obtener un resultado que complementa la Gran Obra
de la Creación.
La misma tierra que pareciera uniforme,
contiene, sin embargo, una determinada cantidad de elementos –diferentes entre
sí-, conocidos y por conocer, que tienen entre sí características particulares.
Esas características particulares a nivel elemental –de los minerales- son los
resultados –características- inherentes a cada mineral. La materia en sí no es
más que energía condensada. Si se manifiesta una determinada variante en los
elementos que conforman la materia, es porque existen determinadas esencias –Espíritus
elementales- que, vibrando a determinada frecuencia, son capaces de manifestar
determinados elementos físicos –o materia-.
Esas propiedades íntimas de la materia a que
hace referencia el Maestro Allan Kardec, en su pregunta número siete de El
Libro de los Espíritus, no son más que las diversas variantes de Espíritus
Elementales de la naturaleza que tienen una misión específica de condensar
determinados tipos de materias en la dimensión física a partir de la energía
universal. Cada Espíritu elemental tiene una frecuencia vibratoria determinada.
Al vibrar en esa frecuencia, manifiesta su equivalente físico, condensando el
respectivo elemento. Por ejemplo: El Espíritu elemental del hierro, condensando
la misma energía universal, manifiesta el elemento hierro, tal como el del oro,
manifiesta oro, y el del platino, platino, y así sucesivamente con cada
elemento conocido o por conocer.
Si existen variantes en las manifestaciones
físicas de la materia es porque también las hay en los espíritus elementales
que las manifiestan, al igual que ocurre en el reino vegetal, en el animal y en
el humano.
El tipo de materia manifestada es un efecto del
tipo de Espíritu elemental que la manifiesta, es decir: Su causa. No existe
efecto sin causa, ni causa que no genere efecto. De manera que es imposible
aislar el efecto de la causa, o ignorar ésta, sin distorsionar la verdad. Es
preciso en todo efecto buscar la causa que lo origina y tendremos una visión
completa de la verdad, en el grado relativo al propio estado -y grado- de
conciencia. Es indispensable ver toda la realidad y no solamente un aspecto de
la misma. Y toda realidad tiene una vertiente física y otra espiritual. Además,
existe un elemento de enlace que une ambas dimensiones o polaridades. En esa
duplicidad de dimensiones el grado de conciencia imperante en la dimensión
espiritual se refleja en la respectiva manifestación física. Una mayor
depuración de la materia indica que existe una equivalente en la dimensión
espiritual.
En todos los reinos naturales existen
elementos, -o especies-, que presentan una mayor depuración que en otros.
Es el grado de conciencia evolutiva que presenta, a nivel particular cada uno
de los elementos, o especies vegetales, animales o humanos.
Entonces, la causa de estas propiedades íntimas
de la materia lo constituye el Espíritu, en todas sus vertientes y variantes:
Elemental, -en el reino mineral-; Vegetal, -en el reino vegetal-; Animal, -en
el reino animal; recordando que animal quiere decir que posee un alma, ya que
alma equivale a –anima-, de ahí el término animal. El Espíritu
elemental es la causa primera de la materia. La manifiesta a partir de la
condensación de la energía por su respectivo grado vibratorio.
El Espíritu de cada reino natural es una
manifestación en la conciencia individual de la Divinidad sin separarse de la
Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad. Cada
Espíritu en los cuatro reinos de la naturaleza está dotado de vida eterna e
inmortal; es coeterno con la Divinidad y está dotado de los mismos atributos
divinos de la Divinidad y es poseedor de una réplica exacta de la conciencia de
la Divinidad.
La única diferencia que existe es que, mientras
la Divinidad posee todos sus atributos divinos desarrollados en grado infinito
en todas sus vertientes y variantes, cada uno de los Espíritus manifestado a la
conciencia individual, en los cuatro reinos naturales, los posee en grado
potencialmente infinito, que eternamente desarrollará sin encontrar jamás un
límite.
Es el eterno retorno del ser individual hacia el
Ser Universal. Es la búsqueda de sí misma de la Divinidad en sus ilimitadas
expresiones a la conciencia individual.
Esos atributos divinos tienen una doble
vertientes: La del conocimiento, que se expresa mediante los parámetros de los
valores universales, mediante el lenguaje de los sentimientos en la propia
conciencia, en la dimensión espiritual. Como emociones, en la conciencia, a
nivel anímico o del alma; y como sensación, a nivel físico, o del cuerpo. Los
pensamientos en cada una de las variantes espirituales se expresan mediante
imágenes. Se piensa en imágenes. Cada ser en los cuatro reinos naturales
demuestra ser poseedor de un conocimiento específico para realizar la propia
labor que le asignara la naturaleza de las cosas en los planes cósmicos.
Empero, desde ese mismo estado de conciencia
inherente a cada ser en los cuatro reinos naturales, cada quien realiza su
viaje del eterno retorno hacia el Ser Universal. Jamás ese viaje tendrá fin por
cuanto es infinito. Es el eterno camino del progreso universal sin límites de
ninguna naturaleza, en una inmensidad de mundos, en la expansión eterna de la
Creación. La misión consiste en adquirir consciencia del Todo en todas sus
vertientes y variantes. Siempre encontrará un más allá. Es lo que denominamos
la Eterna polarización del ser individual hacia el Ser Universal: -en el
Círculo y el Signo Más-. Es un camino circunferencial que conforma la espiral
cósmica, en los estados de conciencia y sus grados perceptivos de la verdad
universal.
La segunda vertiente, es la expresión
potencialmente infinita del poder creador que se anida en cada Espíritu, o ser,
que eternamente expresará en un mayor nivel, a medida que vaya afrontando
necesidades inherentes a ese nivel, o anhelos, propósitos u objetivos de autorrealización.
Si cada ser experimentase una necesidad infinita, en ese mismo grado expresaría
el conocimiento inherente, y el poder creador para autosatisfacerla.
Dentro de ese potencial infinito de
manifestación expansiva de la Creación Universal, la Divinidad constituye la
pedagoga de sí misma en la manifestación respectiva de cada ser en la
conciencia individual por el lenguaje de los sentimientos análogos a los
valores universales, expresión sublime de la ley cósmica impresa en la
conciencia de cada ser. En fin de cuenta, no deja de ser un juego de la
Divinidad con la misma Divinidad. Un juego para divertirse en toda la
eternidad.
Entonces, ¿porque no empezar ahora mismo con esa
sublime diversión? ¿Cambiaremos todo eso por un bien menor de lo que la
Divinidad dispuso para todos?