TRASCENDER LA CONCIENCIA OBJETIVA
®Giuseppe Isgró C.
12. ¿Si no nos es dado comprender la naturaleza íntima de Dios,
podemos, nosotros, concebir algunas de sus perfecciones?
-“Algunas sí. El ser humano las entrevé con el pensamiento tanto mejor
cuanto más se eleva por encima de la materia”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
Trascender la conciencia objetiva y la lógica del razonamiento inductivo y deductivo, así como el propio ego, por medio de la interiorización subjetiva, permite percibir, en la propia conciencia, los sentimientos de los valores universales que conforman los atributos divinos.
De acuerdo al grado de necesidades que se
experimenta, y el foco en que centra su atención cada ser, se expande su
conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora. Paralelamente se manifiesta,
en grado equivalente, el poder creativo potencialmente infinito que le es
inherente. De manera natural, fácilmente y sin esfuerzo, por un servomecanismo
interior. Solamente hay un requisito: que se quiera hacer lo que debe ser
efectuado, sin evasión alguna de la propia responsabilidad.
En estado de interiorización, y en meditación, el
ser humano puede, intuitivamente, o mediante la inspiración, percibir los
atributos de la Divinidad y comprenderlos en determinado grado, como una guía
de vida.
El sentimiento de los valores universales,
expresados por el Ser Universal en la conciencia de cada ser, en los cuatro
reinos naturales, es posibles percibirlos y comprenderlos, aún en la conciencia
objetiva, en la vida diaria. Afloran las ideas sin saber cómo ni por qué, pero
hacen acto de presencia y ya se sabe lo que debe saberse. No hay más escusas
para dejar de emprender la acción pertinente. Tampoco la hay para no realizar
aquello que se ha percibido que no debe ser hecho, salvo que se quiera
experimentar vergüenza. Realizar lo que se percibe que afectaría los derechos
ajenos, o la dignidad de otros, tiene un costo. El arte de la prudencia permite
decidir lo pertinente, con acierto.
Lo importante es percibir, y comprender, lo que
debe hacerse, en cada caso, y lo que debe ser evitado, oportunamente. Refleja
el sentido común y la conciencia del valor de la justicia, dentro de cuyos
parámetros es preciso mantener los propios pensamientos, sentimientos, palabras
y actos. Se deriva de ello tranquilidad mental y paz interior. En la noche se
puede dormir sosegadamente.
Nadie podrá recriminar válidamente ningún acto
ejecutado, excepto la propia conciencia, por la inherente acción coactiva que
se despliega en el interior de la misma, por el Gran Pedagogo Universal y la
Ley cósmica, cuando se actúa correctamente, en armonía con todos y con el Todo.
En la medida en que se aprende a escuchar el
mensaje que conllevan los sentimientos de los valores universales, centrando la
atención en las percepciones intuitivas e inspirativas, la aptitud perceptiva,
comprensiva y realizadora se va afinando, siendo más nítida su guía y lúcido el
conocimiento y/o sabiduría que aporta. Se manifiesta en la conciencia un
sentimiento de seguridad, imbuido de poder creador potencialmente infinito que
lleva a cada ser a realizar lo imposible, para darse cuenta, enseguida, que es
posible llevar a cabo lo que concibe en su propia mente como objetivos, anhelos
y propósitos de vida, sin límites.
Igual poder efectivo aflora desde lo más íntimo del
ser para resolver cualquier situación que se afronta, siempre que se afronte,
serena y decididamente.
Trascendiendo la conciencia objetiva, y el propio
ego, se efectúa la conexión del propio centro de poder con la Divinidad,
aflorando la sabiduría y el poder creador de los atributos divinos, en estado
de potencialidad infinita: es decir, siempre en grado suficiente, y
oportunamente.
Sobre la posibilidad de comprender la naturaleza
íntima de Dios, o concebir algunas de sus perfecciones, El Libro de los
Espíritus, (12), dice: -“Algunas –perfecciones- sí. El ser humano las entrevé
con el pensamiento tanto mejor cuanto más se eleva por encima de la materia”-.
(…).
Adelante.
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