PRINCIPIO DE LAS COSAS
®Giuseppe
Isgró C.
17. ¿Puede el ser humano conocer el principio de
las cosas?
–“No. Dios no permite que se le
descubra todo aquí abajo”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
Evidentemente, los seres de los
cuatro reinos naturales jamás podrán agotar la totalidad de la fuente universal
que constituye tanto el universo, en sí, como el Supremo Hacedor, causa primera
de todo lo existente. Es decir, ni "aquí abajo" (entendido como la
dimensión física de la vida), ni en la dimensión espiritual, podrá ser alguno
absorber el Todo relativo al principio de las cosas.
Este principio lo hemos
delineado en sus aspectos generales. Ciertamente, la percepción, comprensión y
conocimiento de que cada espíritu de los cuatro reinos naturales es una
emanación de la Divinidad en la conciencia individual de cada ser en los cuatro
reinos naturales, permite descifrar gran número de enigmas en el universo.
Empero, para llegar a absorber la totalidad del conocimiento de los atributos
divinos, de los valores universales y de las leyes cósmicas que el Ser
Universal posee en todas sus vertientes y variantes, transcurrirá toda la
eternidad y jamás se agotará; siempre se encontrará un más allá.
Esa es, precisamente, la función
de cada ser en la creación: cooperar en su expansión. En la medida en que cada
uno avanza en la espiral evolutiva, percibe en mayores grados y nuevos niveles
los conocimientos para realizar facetas más avanzadas de la Gran Obra. ¿De qué
sirve intentar abarcar el Todo cuando nuestra misión inmediata es comprender y
resolver los enigmas que nos ocupan en las ciencias, las filosofías, las artes
y la práctica de las virtudes?
En nuestra realidad inmediata,
el conocimiento de nuestra naturaleza humana y el de los demás seres permite
regirnos adecuadamente para resolver positivamente lo que es sometido a nuestro
análisis. Comprender nuestros atributos divinos y los valores universales nos
ayuda a mantener nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones
dentro de los parámetros de la senda justa del progreso. En este proceso, que
denominamos la eterna polarización, nos propondremos en cada etapa nuevos
objetivos de realización espiritual.
Si un ser de cualquier reino se
propusiera alcanzar un conocimiento infinito, su propia naturaleza potencial se
lo permitiría, aunque la búsqueda tomara toda la eternidad. Dado que su poder
emana del Creador, podrá satisfacer esa necesidad de saber en el tiempo justo,
siempre bajo el rigor de la ley de causa y efecto.
En teoría, esta capacidad de
autosatisfacción del conocimiento sería instantánea a nivel de conciencia
perceptiva. Sin embargo, el ser ignora que posee esa facultad; aunque en su
esencia reside todo el conocimiento del Ser Universal, aún percibiendo la realidad
por grados, le faltaría la experiencia práctica de ese conocimiento. El ser
humano jamás podrá expresar un poder o solución si no tiene, antes, la
conciencia de esa necesidad. Es lo que se conoce como docta ignorancia o el
poder de la ignorancia.
Al tomar conciencia de una
necesidad, el ser manifiesta instantáneamente el conocimiento (el qué, cómo,
cuándo, dónde, quién, cuánto y por qué) y el poder creativo para resolverla.
Esto ocurre de inmediato en el plano espiritual; sin embargo, en la dimensión
física, requerirá del tiempo suficiente para que ese conocimiento se convierta
en una experiencia de vida auténtica y desarrolle la aptitud inherente según
sea el caso.
Finalmente, es poco probable que
el ser humano cobre conciencia de golpe sobre todo lo que ignora. Como
desconoce la magnitud de su propia falta de saber, su poder creativo permanece
en latencia. Solo a medida que, por grados y en la eterna polarización, vaya
adquiriendo conciencia de determinadas necesidades, expresará simultáneamente
el respectivo conocimiento y su grado de poder creativo realizador.
La Paradoja de la Sabiduría
Divina:
La limitación para conocer el
"principio de las cosas" no es un muro infranqueable impuesto por la
divinidad, sino un mecanismo de protección y crecimiento gradual.
a) El Motor del Progreso:
Nuestra "docta ignorancia" es, en realidad, el motor que impulsa la
evolución. Solo cuando el ser adquiere conciencia de una necesidad, activa en
su interior el poder creativo y el conocimiento para resolverla.
b) De la Potencia al Acto:
Aunque poseemos la chispa del Creador y, por ende, el acceso potencial a todo
el saber, la vida física es el escenario indispensable para que ese
conocimiento no sea solo una idea mental, sino una experiencia vivida con valor
auténtico.
c) La Eterna Expansión: El
universo no se agota porque el espíritu está llamado a una expansión infinita.
En cada giro de la espiral evolutiva, nuestra capacidad de percibir la
"Gran Obra" aumenta, convirtiéndonos en cooperadores conscientes de
la Creación.
Adelante.
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"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora"
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