sábado, 28 de febrero de 2026

CONCIENCIA PERCEPTIVA, COMPRENSIVA, CONOCEDORA Y REALIZADORA

 



CONCIENCIA PERCEPTIVA, COMPRENSIVA,

 CONOCEDORA Y REALIZADORA


®Giuseppe Isgró C.




18.    ¿Penetrará el ser humano, un día, el misterio de las cosas, que ahora le están ocultas?

–“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica; pero, para comprender algunas cosas, necesita facultades que todavía no posee”-.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec


 

El Espíritu está dotado de un poder potencialmente infinito, expresado en dos vertientes: la primera: de percepción, comprensión y conocimiento; la segunda: de acción creadora.

El estado de purificación de la persona, implicaría una depuración de su Espíritu en los asuntos “materiales”, sensibilizando su ser en las cosas elevadas de la vida, por lo que, centrando su atención en las preguntas que inquietan su conciencia, se les abren los ojos de la comprensión intuitiva, o inspirativa, que le permiten percibir la información que precisa, sabiendo lo que quiere saber.

Esto implica descentrar la atención del ego, de los sentidos físicos, de la lógica inductiva y deductiva, emancipándose de la conciencia objetiva para acceder a la visión espiritual, a un nivel de conciencia trascendental.

Empero, en cada fase de desarrollo, precisa ejercitar sus facultades intelectuales, y espirituales, al mismo tiempo, que permitan, a la vez, la percepción, la comprensión, el conocimiento y la realización. Este último elemento, es indispensable para adquirir la experiencia, madre de la sabiduría.

Es preciso recordar que el Espíritu se encuentra dotado de los mismos atributos divinos del Creador Universal, en estado potencial. Esto quiere decir que posee, exactamente, todas las facultades que les son inherentes al Creador, pero, en estado de potencialidad infinita, que, eternamente tendrá que desarrollar.

En este desarrollo eterno, irá percibiendo y comprendiendo, gradualmente, en la medida en que se purifica, y desarrolla sus atributos divinos, todo el conocimiento del cual perciba su ignorancia, en un momento dado.

Es decir, la conciencia de lo que ignora, le irá creando el molde que expresará el respectivo conocimiento que precisa en ese estado evolutivo.

El Libro de los Espíritus, dice: (18) –“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica”. (…).

El ser humano pasa de la oscuridad a la luz; en este caso, la luz es la comprensión del ser humano a nivel objetivo y subjetivo, viendo más allá de las apariencias, en todo: la verdad tal cuál es, en el respectivo grado de conciencia en que, cada ser, en los cuatro reinos naturales, se encuentra.

El espíritu no es una entidad pasiva, sino una fuerza dinámica con cuatro vertientes:

1)   CONCIENCIA PERCEPTIVA:

a)   Es un estado de conciencia desapegada de los resultados, libre de prejuicios, con un anhelo de ver la verdad tal cual es.

b)    Se busca percibir la realidad libre de matrices de opiniones y de sesgos

c)  Es preciso practicar el silencio para que la información intuitiva pueda penetrar en la conciencia. Puede ser por intuición o por inspiración. Pero, también, por la percepción objetiva de los sentidos físicos, y el análisis por el razonamiento lógico, inductivo y deductivo.

2)   CONCIENCIA COMPPRENSIVA:

a)  Es el momento en que los datos aislados cobran sentido. Es la conciencia de lo que se quiere saber.

b)  Se observa la información percibida y se buscan las conexiones. Se trasciende la lógica inductiva y deductiva, alcanzando la visión de la realidad.

c)  Cabe preguntarse, en estos casos: -“¿Cómo encaja esto en el Orden Universal? ¿Qué me indica esta situación sobre mi estado de conciencia?”.

d)    En estos casos, se identifica la oportunidad en la situación que se afronta, y desea resolverse o realizar un objetivo para obtener un logro significativo en la propia vida.

3)   CONCIENCIA CONOCEDORA. La asimilación de lo conocido.

a)   Conocer es hacer propia la verdad. Es llenar el "molde de la ignorancia" con la sustancia de la experiencia previa.

b)  Se adquiere certeza interna. La asimilación lo transforma en un conocimiento propio desde la propia perspectiva o estado de conciencia. Por eso es importante trascender las apariencias y ver las cosas tal como son, comprenderlas y aceptarlas, sin sesgos limitantes de ninguna naturaleza.

c)   Cabe preguntarse: “¿He aceptado esta verdad plenamente? ¿Forma ya parte de mis convicciones más profundas?”. Aquí es donde el Espíritu reconoce sus atributos divinos. Adquiere conciencia de su conciencia. Es el paso del conocimiento teórico a la Sabiduría Interior. Es decir: Conocer los parámetros de los valores universales dentro de los cuales hay que enmarcar los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos.

4) CONCIENCIA REALIZADORA. La Acción Creadora y la Obtención de la Experiencia.

a)   La experiencia es madre de la sabiduría. Sin realizar, el conocimiento se estanca, desactualizándose. Es el ejercicio de las facultades intelectuales y espirituales al mismo tiempo en un aprendizaje constante, ad infinitum.

b)  La experiencia aporta la visión que permite actuar con la seguridad del que conoce el orden del universo, en su respectivo estado de conciencia.

c)   Es importante preguntarse: -“¿Cómo puedo plasmar este conocimiento en el mundo material para resolver esta situación, o alcanzar este objetivo, y adquirir conciencia del orden correcto de todo lo que le es inherente?

d)   El Espíritu como Creador en potencia se manifiesta en la expansión universal y en la creación de nuevas realidades.

Es importante percibir y comprender que existe un plan divino en la creación en eterna expansión. Los valores universales facilitan el conocimiento de los parámetros dentro de los cuales hay que enmarcar los pensamientos, los sentimientos, las palabras y los actos. Es decir, para mantener la permanencia dentro del eterno camino de progreso. El qué, el cómo, el cuándo, el dónde, el quién, el cuánto y el por qué, van aflorando en la conciencia mediante el sentimiento de la insatisfacción creadora que impele a cada ser, en los cuatro reinos naturales, a recorrer la divina senda de la perfección bajo la égida de la eterna-fluente Naturaleza, al estilo pitagórico. Cada ser es un instrumento de la voluntad de la Divinidad, realizando su respectiva cuota en la Gran Obra Universal.

He aquí la importancia del propio servicio efectivo en el concierto de todas las cosas, permaneciendo como activos y eternos aprendices, ad infinitum, de un conocimiento inagotable y en constante transformación en la eterna polarización de un estado de conciencia a otro más elevado. 

Percibir algo no implica comprenderlo. Comprenderlo no indica conocimiento, si deja de aplicarse, para obtener la experiencia. Conocer es el proceso de maduración que garantiza que la realización de objetivos personales sea perfecta, actuando en resonancia con el Modelo Eterno del Plan de la Creación.

La respuesta a Kardec, en la pregunta 18: –“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica; pero, para comprender algunas cosas, necesita facultades que todavía no posee”-. Agregamos nosotros: Facultades que todavía no posee desarrolladas, pero que, cada ser lo irá haciendo, gradualmente, en los cuatro reinos naturales. Despojarse de prejuicios de todo tipo es el primer paso para dicha purificación, al estilo pitagórico. Es señal clara de que el conocimiento no es una adquisición externa, sino el proceso de asimilación de una meditación interior, para acceder al ritmo vibratorio inherente a la percepción que facilitará el nuevo conocimiento, sobre la base la conciencia de la propia ignorancia de turno.

La conciencia de la propia ignorancia crea el molde para la manifestación del conocimiento.

Si no se reconoce lo que se ignora, se deja de generar el vacío necesario para que la verdad penetre en la conciencia. Es la perfecta vacuidad a la que hacía referencia Lie Zi, en la antigua China.

Se vincula con la Mayéutica de Sócrates: el maestro no enseña, sino que ayuda a dar a luz la verdad que ya está en el Espíritu, pero que necesita ser anhelada para manifestarse. Esto se lleva a cabo mediante las nuevas necesidades que va afrontando cada ser, o los nuevos proyectos que concibe para su realización, lo que le permite extraer desde su interior, tanto el poder creativo como el conocimiento para satisfacer tanto dicha necesidad como para realizar la obra concebida. 

En la eterna polarización, al pasar de un estado de conciencia a otro más elevado, automáticamente, el nuevo estado alcanzado se transforma en un polo negativo para efectuar la nueva polarización en un estado de conciencia más elevado. Eso se relaciona con el nuevo estado de ignorancia del que se adquiere conciencia al lograr un determinado grado de conocimiento.

Es el mecanismo mismo de la Evolución Eterna: el estado que hoy es nuestra cima -polo positivo-, mañana, al ser conquistado y asimilado, se convierte en nuestra base -polo negativo- para impulsarnos hacia una nueva altura, o estado de conciencia. Es el eterno progreso que se realiza en forma de espiral ascendente.

Se trata de una polarización automática. Es la clave de que el progreso eterno nunca tendrá un final porque el "Positivo absoluto”, que lo representa la Divinidad, es infinito, por lo tanto, siempre habrá un nuevo "Negativo", es decir, el propio estado de conciencia actual de cada ser, en los cuatro reinos naturales, desde el cual se transmuta a un estado de conciencia más elevado, en las infinitas estaciones, sin límites algunos, sin encontrar jamás un fin.

Al conocer una verdad, en cualquier grado, automáticamente se crean los confines de la conciencia de un nuevo grado de ignorancia, cuyo vacío habrá que llenar. Esto se asemeja al ascenso gradual de una montaña, en cada nuevo nivel se alcanza a ver más lejos que en el anterior.

El Libro de los Espíritus, (18), dice: –“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica”. (…).

 Adelante.

 


lunes, 16 de febrero de 2026

PRINCIPIO DE LAS COSAS

 


PRINCIPIO DE LAS COSAS

 

®Giuseppe Isgró C.

 

17.     ¿Puede el ser humano conocer el principio de las cosas?

–“No. Dios no permite que se le descubra todo aquí abajo”-.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

 

 

Evidentemente, los seres de los cuatro reinos naturales jamás podrán agotar la totalidad de la fuente universal que constituye tanto el universo, en sí, como el Supremo Hacedor, causa primera de todo lo existente. Es decir, ni "aquí abajo" (entendido como la dimensión física de la vida), ni en la dimensión espiritual, podrá ser alguno absorber el Todo relativo al principio de las cosas.

Este principio lo hemos delineado en sus aspectos generales. Ciertamente, la percepción, comprensión y conocimiento de que cada espíritu de los cuatro reinos naturales es una emanación de la Divinidad en la conciencia individual de cada ser en los cuatro reinos naturales, permite descifrar gran número de enigmas en el universo. Empero, para llegar a absorber la totalidad del conocimiento de los atributos divinos, de los valores universales y de las leyes cósmicas que el Ser Universal posee en todas sus vertientes y variantes, transcurrirá toda la eternidad y jamás se agotará; siempre se encontrará un más allá.

 

Esa es, precisamente, la función de cada ser en la creación: cooperar en su expansión. En la medida en que cada uno avanza en la espiral evolutiva, percibe en mayores grados y nuevos niveles los conocimientos para realizar facetas más avanzadas de la Gran Obra. ¿De qué sirve intentar abarcar el Todo cuando nuestra misión inmediata es comprender y resolver los enigmas que nos ocupan en las ciencias, las filosofías, las artes y la práctica de las virtudes?

En nuestra realidad inmediata, el conocimiento de nuestra naturaleza humana y el de los demás seres permite regirnos adecuadamente para resolver positivamente lo que es sometido a nuestro análisis. Comprender nuestros atributos divinos y los valores universales nos ayuda a mantener nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones dentro de los parámetros de la senda justa del progreso. En este proceso, que denominamos la eterna polarización, nos propondremos en cada etapa nuevos objetivos de realización espiritual.

Si un ser de cualquier reino se propusiera alcanzar un conocimiento infinito, su propia naturaleza potencial se lo permitiría, aunque la búsqueda tomara toda la eternidad. Dado que su poder emana del Creador, podrá satisfacer esa necesidad de saber en el tiempo justo, siempre bajo el rigor de la ley de causa y efecto.

 

En teoría, esta capacidad de autosatisfacción del conocimiento sería instantánea a nivel de conciencia perceptiva. Sin embargo, el ser ignora que posee esa facultad; aunque en su esencia reside todo el conocimiento del Ser Universal, aún percibiendo la realidad por grados, le faltaría la experiencia práctica de ese conocimiento. El ser humano jamás podrá expresar un poder o solución si no tiene, antes, la conciencia de esa necesidad. Es lo que se conoce como docta ignorancia o el poder de la ignorancia.

Al tomar conciencia de una necesidad, el ser manifiesta instantáneamente el conocimiento (el qué, cómo, cuándo, dónde, quién, cuánto y por qué) y el poder creativo para resolverla. Esto ocurre de inmediato en el plano espiritual; sin embargo, en la dimensión física, requerirá del tiempo suficiente para que ese conocimiento se convierta en una experiencia de vida auténtica y desarrolle la aptitud inherente según sea el caso.

Finalmente, es poco probable que el ser humano cobre conciencia de golpe sobre todo lo que ignora. Como desconoce la magnitud de su propia falta de saber, su poder creativo permanece en latencia. Solo a medida que, por grados y en la eterna polarización, vaya adquiriendo conciencia de determinadas necesidades, expresará simultáneamente el respectivo conocimiento y su grado de poder creativo realizador.

La Paradoja de la Sabiduría Divina:

 

La limitación para conocer el "principio de las cosas" no es un muro infranqueable impuesto por la divinidad, sino un mecanismo de protección y crecimiento gradual.

a) El Motor del Progreso: Nuestra "docta ignorancia" es, en realidad, el motor que impulsa la evolución. Solo cuando el ser adquiere conciencia de una necesidad, activa en su interior el poder creativo y el conocimiento para resolverla.

b) De la Potencia al Acto: Aunque poseemos la chispa del Creador y, por ende, el acceso potencial a todo el saber, la vida física es el escenario indispensable para que ese conocimiento no sea solo una idea mental, sino una experiencia vivida con valor auténtico.

c) La Eterna Expansión: El universo no se agota porque el espíritu está llamado a una expansión infinita. En cada giro de la espiral evolutiva, nuestra capacidad de percibir la "Gran Obra" aumenta, convirtiéndonos en cooperadores conscientes de la Creación.

Adelante.

 

 

 

 

domingo, 15 de febrero de 2026

UNIDAD INDIVISA Y SIN DIFERENCIACIÓN

 


UNIDAD INDIVISA

Y SIN DIFERENCIACIÓN

 

®Giuseppe Isgró C.

 

 

16. Aquellos que profesan esta doctrina, pretenden encontrar en ella la demostración de algunos de los atributos de la Divinidad y razonan de esta manera: Los mundos son infinitos, por lo tanto, es infinito, también, Dios. El vacío o la nada no existe en algún lugar, por lo cual Dios está en todas partes. Estando en todas partes, ya que todo es parte integral de Él, Dios da a todos los fenómenos de la naturaleza el carácter de la inteligencia. ¿Qué objeción se puede oponer a esta opinión?

“La razón. Reflexionad bien y no os será difícil descubrir la absurdidad”.

Esta doctrina hace de Dios un ser material, que, si bien dotado de inteligencia suprema, sería en grande lo que nosotros somos en pequeño. Ahora, si así fuese, por cuanto la materia se transforma perennemente, Dios no tendría estabilidad alguna, estaría sujeto a todas las mutaciones y a todas las necesidades del ser humano y le haría falta uno de los atributos divinos más esenciales, cual es el de la inmutabilidad.

Las propiedades de la materia son incompatibles con el concepto de Dios, y no hacen más que profesarlo. Todas las sutilezas del sofisma no alcanzarán jamás a resolver el problema de su íntima naturaleza. Por otra parte, si no sabemos lo que es Dios, conocemos bien, en cambio, lo que Él no puede ser. Ahora, este sistema está en abierta contradicción con los atributos divinos más esenciales, y confunde el Creador con la criatura, como si se dijese, que una maquina ingeniosa es una parte integral del mecánico que la ha concebido.

La inteligencia de Dios se revela en sus obras, al igual que la de un pintor en su cuadro; empero, las obras de Dios no son Dios como el cuadro no es el pintor que lo ha realizado.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

 

 

En comentarios anteriores se ha explicado como cada ser en los cuatro reinos naturales: humano, animal, vegetal y mineral, constituye una emanación a la conciencia individual a partir de la Divinidad sin dejar de ser la Divinidad y sin separarse de la Divinidad.

Cada uno de los seres de los cuatro reinos naturales está dotado de una conciencia que es la réplica exacta de la de la Divinidad. Es decir, la conciencia de la Divinidad se encuentra presente en cada ser de acuerdo con los estados – valores – atributos desarrollados y en el respectivo nivel – grado – estación en que cada quien se encuentre.

La diferencia de la conciencia de la Divinidad con la de cada ser emanado a la conciencia individual consiste en que la Divinidad tiene su conciencia desarrollada en todos sus estados y estaciones, atributos y grados perceptivos, comprensivos, conocedores y realizadores, en todas las vertientes y variantes. Mientras que, cada ser de los cuatro reinos naturales los tiene desarrollados en su respectivo nivel evolutivo.

Empero, la Divinidad es anhelo de ser y el ser individual la expresión de ese anhelo o voluntad de ser. La Divinidad actúa en cada ser por medio de la conciencia, manifestándose en ella por el lenguaje de los sentimientos de los valores universales, por cuyo intermedio ejerce acciones coercitivas, coactivas, de empuje y de bloqueo, de manera que, cada ser, pueda realizar la cosa correcta, en el lugar adecuado, en el tiempo perfecto de la Divinidad.

La Divinidad tiene plasmada, en su conciencia, la ley cósmica. El ser individual, también. La diferencia es el grado de desarrollo. En ambos, la ley cósmica es eterna e inmutable. Pero el ser individual adquirirá conciencia de la totalidad de la ley cósmica durante la eternidad, sin agotarla jamás, ya que los valores universales que la sustentan son infinitos en sus grados perceptivos –estaciones perceptivas- de la verdad universal. En su eterno viaje de regreso del ser individual, en los cuatro reinos naturales, hacia el Ser Universal, va adquiriendo conciencia de los estados-atributos divinos-valores universales, pasando de una estación a otra, de un grado a otro, en la eterna e infinita escala de la polarización universal. Es un trabajo de alquimia espiritual transmutándose cada ser de un grado de conciencia a otro más elevado, en todos los estados de conciencia, atributos divinos o valores universales.

Además, estando el infinito universo lleno de la energía universal cuya fuente es la misma Divinidad, como si la misma Divinidad, – Espíritu universal, tuviese diferentes escalas de frecuencias vibratorias -según los reinos naturales que existen, de la cual se alimentan cada uno de dichos reinos-, la presencia de la Divinidad se encuentra en cada ser de cada reino natural, sin dejar de ser la Divinidad y sin separarse de la Divinidad.

Pese a la aparente diversidad entre la dimensión espiritual y la física, ésta se encuentra vivificada por los entes espirituales de los cuatro reinos naturales.

En toda expresión de vida en la dimensión física, se encuentra la Divinidad que la anima; y toda expresión de vida forma parte de la Divinidad sin ser toda la Divinidad, pero, es la Divinidad. Una paradoja digna de constante meditación.

La inmutabilidad de la Divinidad no reside en la quietud de la materia, sino en la perpetuidad de la Ley que la organiza. Recordemos que los Espíritus elementales de la naturaleza, en el reino mineral, son también una emanación a la conciencia individual a partir de la Divinidad, sin dejar de ser la Divinidad y sin separación. Al vibrar en determinadas frecuencias, manifiestan los distintos elementos, constituyendo el mundo material.

Así como la luz blanca permanece pura aunque se fragmente en los siete colores del arcoíris al atravesar un prisma, la Divinidad permanece inmutable mientras se manifiesta en las diversas frecuencias de los cuatro reinos. La 'mutación' que observa Kardec es solo el proceso de Alquimia Espiritual: el movimiento de las formas regresando a su Fuente, impulsadas por un sentimiento cósmico que nos guía, infaliblemente, hacia la perfección del Ser Universal.

Un eterno camino de retorno a la fuente, sin concluirse jamás, porque siempre se encuentra un más allá en progreso y expansión de la conciencia perceptiva, comprensiva, conocedora y realizadora, adquiriendo, cada vez mayor grado de experiencia, en todas las vertientes y variantes, ad infinitum.

Es decir, la divina senda de la perfección a que aludía Pitágoras, en el aforismo XVIII de los Versos de Oro.

Los medios para realizarla, o recorrerla: La meditación, la confianza, el ejercicio de una vida virtuosa enmarcada en los parámetros de los valores universales, y el estudio de la ciencia del universo: todas las ciencias, todas las filosofías, todas las artes, y una espiritualidad centrada en la fuente: la eterna fluente naturaleza: la Divinidad, de la que cada ser es un instrumento de su voluntad en estado de potencialidad infinita, para coadyuvar a la construcción de la Gran Obra en la expansión de la Creación.

Adelante.

 

 

 


 


15. ¿Qué debemos pensar de la opinión según la cual todos los cuerpos de la naturaleza, todos los seres, todos los globos del universo serían parte de la Divinidad, e constituirían, en su conjunto, la Divinidad misma? En otros términos: ¿Qué debemos pensar de la doctrina panteísta?

 


15. ¿Qué debemos pensar de la opinión según la cual todos los cuerpos de la naturaleza, todos los seres, todos los globos del universo serían parte de la Divinidad, e constituirían, en su conjunto, la Divinidad misma? En otros términos: ¿Qué debemos pensar de la doctrina panteísta?

“Que el ser humano, no pudiendo ser un Dios, quiere ser, por lo menos, una parte”.


EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: Todos los mundos y seres que en un momento dado existen en manifestación activa en el universo, en los cuatro reinos naturales, forman parte de la Divinidad, sin embargo, no constituyen toda la Divinidad, por cuanto el Creador Universal, sigue infundiendo vida a nuevos seres individuales, mediante la emanación de la Divinidad en el Alma individualizada, en los cuatro reinos naturales, y la Creación se encuentra en expansión constante. 

En síntesis, todo forma parte de la Divinidad, por ser una expresión de Ella; pero, no toda la Divinidad manifestada, en los cuatros reinos naturales, y en todos los mundos del universo, en un momento dado, es toda la Divinidad

Vendría a ser lo mismo que el Tao, de acuerdo con un aforismo de Lao Tse, parafraseado: -“El Tao que puede nombrarse no es el Tao. La sustancia del Mundo es solo un nombre para el Tao y Tao es todo lo que existe y puede existir”.





sábado, 14 de febrero de 2026

LA DIVINIDAD

 


LA DIVINIDAD

 

®Giuseppe Isgró C.

 

 

14. Dios es un ser distinto, ¿o es, según la opinión de algunos, el conjunto de todas las fuerzas y de todas las inteligencias reunidas del universo?

“Si así fuese, no existiría Dios, por cuanto Él sería el efecto y no la causa. Él no puede ser al mismo tiempo una cosa y la otra. De la existencia de Dios no podéis dudar; y esto es lo esencial. Hacedme caso y no vayáis más allá. No os perdáis en un laberinto, del cual no podríais encontrar la salida, lo cual no os haría mejores, quizá os rendiría un poco más orgullosos, por cuanto creeríais de saber, mientras que, en realidad, no sabríais nada. Poned aparte todos vuestros sistemas. Tenéis muchas cosas que os tocan más de cerca, comenzando por vosotros mismos; estudiad vuestras imperfecciones con el fin de liberaros, y esto os resultará más proficuo que el querer penetrar lo impenetrable”.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

 

El ser humano, en un momento dado, tiene prioridades a las cuales precisa centrar su atención. Estando dotado de un potencial sin límites por el Creador Universal, y conformando una unidad perfecta e indisoluble con Él, no puede, ni debe, aceptar limitación alguna por parte de nadie, en su ascenso evolutivo ni en sus ansias de conocimiento y realización personal.

El ser humano, simplemente anhela saber y realizar de acuerdo con los imperativos de su propia conciencia. Frente a los enigmas universales, persistirá desentrañando hasta sus mínimos detalles, aunque eso le lleve una eternidad y siempre encuentre un más allá que descubrir, o desentrañar. Es un reto sublime y supremo; igualmente, su misión.

Ninguna persona debería aceptar que nadie le imponga límites de ninguna naturaleza, excepto los de las virtudes, que permiten mantenerse en los parámetros justos y perfectos de los pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Si se posee un objetivo claro de conocimiento, o logro, en la cual área y nivel de necesidades y anhelos existenciales, con paciencia se avoca al estudio, en el tiempo suficiente, y con persistencia, llegará a conocer la verdad universal, gradualmente, en su propio nivel de competencia: percepción, comprensión y capacidad realizadora.

Cada etapa de la vida humana, en el devenir histórico, tiene sus respectivos objetivos de estudios que se corresponden con determinado estado de conciencia o inquietudes según los tiempos. Empero, es la misma naturaleza intuitiva del ser que le hace presentir que hay algo más de lo que ahora percibe, y comprende. Esa percepción, o conciencia en determinado grado de lo que ignora, es la que le pone en movimiento hacia su búsqueda, hasta encontrarle, en una eterna polarización de un estado de conciencia a otro más elevado, en las infinitas estaciones de la vida.

 

En esencia, ¿se podría diferenciar si Dios es “algo”, o “alguien” diferente al conjunto de todo lo existente, en el universo?

Recordemos, por analogía, una definición del Tao, de Lao Tse: -“El Tao del que se puede hablar no es el Tao. Tao es todo lo que existe y puede llegar a existir”.

El Todo expresado, constituye, únicamente, una parte de lo que, en un momento dado, ha emanado a la conciencia individual, en el alma universal, como entes inteligentes, en los cuatro reinos naturales, pero no constituye ni toda la Divinidad, ni todo el potencial manifestado, en la dimensión física, ni todo el potencial desarrollado en la inteligencia de todos los entes espirituales, en los cuatro reinos naturales. Dichos entes espirituales, eternamente, seguirán desarrollándose en más elevados estados de conciencia.

Tampoco constituye todo lo manifestado a nivel físico, en todos los mundos del universo, la totalidad potencial, ya que, el universo se encuentra en una constante renovación, y expansión, ad infinitum.

Dios emana a la conciencia individual, en el alma universal, en los cuatro reinos naturales, tantas veces como sea necesario, en la Creación de un nuevo mundo, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar de ser la Divinidad.

Posteriormente, cada uno de estos entes espirituales se ocupará de realizar el trabajo de la manifestación precisada en la expansión de la Creación universal.

Pero, jamás, todo esto, ni todos los entes manifestados en la conciencia individual, constituyen, ni constituirán, toda la Divinidad. El potencial de la Divinidad, para emanar a la conciencia individual, en los cuatro reinos naturales, es infinito, y jamás tendrá límites algunos de ninguna naturaleza. Todo se rige de acuerdo a los planes de expansión universal contenidos en la Ley Cósmica.

Las fuerzas manifestadas en la expresión tangible del universo, en los inmensos mundos, no constituye todo el potencial de la energía universal, como atributo de la Divinidad. La fuerza de voluntad expresada por los entes

espirituales de los cuatro reinos naturales, no es toda la fuerza de la Divinidad, en todas sus vertientes y variantes, a nivel de sentimientos análogos a los valores universales, y cualesquiera otros aspectos conocidos o por conocer.

No deja de ser valiosa la sugerencia de Quilón y Mahoma, entre otros, de conocerse a sí mismos, y de esa manera, conocer a Dios. El Espíritu del hombre es una emanación indivisa de la Divinidad, a la conciencia individual, pero, no toda la Divinidad. Empero, forma parte indivisa de toda la Divinidad.

Es imperativo, por tanto, distinguir el panteísmo —que reduce a la Divinidad a una simple suma de sus partes materiales y espirituales— del panenteísmo. Mientras el primero comete el error de convertir a Dios en el efecto de la creación, el segundo reconoce que, si bien todo lo existente está contenido en Dios y es sustentado por Su esencia, la Divinidad trasciende infinitamente a Su propia manifestación. Dios es inmanente porque habita en cada átomo y en cada espíritu de los cuatro reinos naturales, como causa eficiente, pero es simultáneamente trascendente porque Su potencial de emanación no se agota en el universo conocido.

Así, el ser humano, en su ascenso evolutivo, va adquiriendo conciencia de que forma una parte indivisa con la Divinidad, sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad y de que posee todos sus atributos divinos en estado de potencialidad infinita.

El Libro de los Espíritus, (14), dice: –“Estudiad vuestras imperfecciones con el fin de liberaros, y esto resultará más proficuo que el querer penetrar lo impenetrable”.

Sin embargo, una cosa va aparejada con la otra.

Adelante.