sábado, 14 de febrero de 2026

LA DIVINIDAD

 


LA DIVINIDAD

 

®Giuseppe Isgró C.

 

 

14. Dios es un ser distinto, ¿o es, según la opinión de algunos, el conjunto de todas las fuerzas y de todas las inteligencias reunidas del universo?

“Si así fuese, no existiría Dios, por cuanto Él sería el efecto y no la causa. Él no puede ser al mismo tiempo una cosa y la otra. De la existencia de Dios no podéis dudar; y esto es lo esencial. Hacedme caso y no vayáis más allá. No os perdáis en un laberinto, del cual no podríais encontrar la salida, lo cual no os haría mejores, quizá os rendiría un poco más orgullosos, por cuanto creeríais de saber, mientras que, en realidad, no sabríais nada. Poned aparte todos vuestros sistemas. Tenéis muchas cosas que os tocan más de cerca, comenzando por vosotros mismos; estudiad vuestras imperfecciones con el fin de liberaros, y esto os resultará más proficuo que el querer penetrar lo impenetrable”.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

 

El ser humano, en un momento dado, tiene prioridades a las cuales precisa centrar su atención. Estando dotado de un potencial sin límites por el Creador Universal, y conformando una unidad perfecta e indisoluble con Él, no puede, ni debe, aceptar limitación alguna por parte de nadie, en su ascenso evolutivo ni en sus ansias de conocimiento y realización personal.

El ser humano, simplemente anhela saber y realizar de acuerdo con los imperativos de su propia conciencia. Frente a los enigmas universales, persistirá desentrañando hasta sus mínimos detalles, aunque eso le lleve una eternidad y siempre encuentre un más allá que descubrir, o desentrañar. Es un reto sublime y supremo; igualmente, su misión.

Ninguna persona debería aceptar que nadie le imponga límites de ninguna naturaleza, excepto los de las virtudes, que permiten mantenerse en los parámetros justos y perfectos de los pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Si se posee un objetivo claro de conocimiento, o logro, en la cual área y nivel de necesidades y anhelos existenciales, con paciencia se avoca al estudio, en el tiempo suficiente, y con persistencia, llegará a conocer la verdad universal, gradualmente, en su propio nivel de competencia: percepción, comprensión y capacidad realizadora.

Cada etapa de la vida humana, en el devenir histórico, tiene sus respectivos objetivos de estudios que se corresponden con determinado estado de conciencia o inquietudes según los tiempos. Empero, es la misma naturaleza intuitiva del ser que le hace presentir que hay algo más de lo que ahora percibe, y comprende. Esa percepción, o conciencia en determinado grado de lo que ignora, es la que le pone en movimiento hacia su búsqueda, hasta encontrarle, en una eterna polarización de un estado de conciencia a otro más elevado, en las infinitas estaciones de la vida.

 

En esencia, ¿se podría diferenciar si Dios es “algo”, o “alguien” diferente al conjunto de todo lo existente, en el universo?

Recordemos, por analogía, una definición del Tao, de Lao Tse: -“El Tao del que se puede hablar no es el Tao. Tao es todo lo que existe y puede llegar a existir”.

El Todo expresado, constituye, únicamente, una parte de lo que, en un momento dado, ha emanado a la conciencia individual, en el alma universal, como entes inteligentes, en los cuatro reinos naturales, pero no constituye ni toda la Divinidad, ni todo el potencial manifestado, en la dimensión física, ni todo el potencial desarrollado en la inteligencia de todos los entes espirituales, en los cuatro reinos naturales. Dichos entes espirituales, eternamente, seguirán desarrollándose en más elevados estados de conciencia.

Tampoco constituye todo lo manifestado a nivel físico, en todos los mundos del universo, la totalidad potencial, ya que, el universo se encuentra en una constante renovación, y expansión, ad infinitum.

Dios emana a la conciencia individual, en el alma universal, en los cuatro reinos naturales, tantas veces como sea necesario, en la Creación de un nuevo mundo, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar de ser la Divinidad.

Posteriormente, cada uno de estos entes espirituales se ocupará de realizar el trabajo de la manifestación precisada en la expansión de la Creación universal.

Pero, jamás, todo esto, ni todos los entes manifestados en la conciencia individual, constituyen, ni constituirán, toda la Divinidad. El potencial de la Divinidad, para emanar a la conciencia individual, en los cuatro reinos naturales, es infinito, y jamás tendrá límites algunos de ninguna naturaleza. Todo se rige de acuerdo a los planes de expansión universal contenidos en la Ley Cósmica.

Las fuerzas manifestadas en la expresión tangible del universo, en los inmensos mundos, no constituye todo el potencial de la energía universal, como atributo de la Divinidad. La fuerza de voluntad expresada por los entes

espirituales de los cuatro reinos naturales, no es toda la fuerza de la Divinidad, en todas sus vertientes y variantes, a nivel de sentimientos análogos a los valores universales, y cualesquiera otros aspectos conocidos o por conocer.

No deja de ser valiosa la sugerencia de Quilón y Mahoma, entre otros, de conocerse a sí mismos, y de esa manera, conocer a Dios. El Espíritu del hombre es una emanación indivisa de la Divinidad, a la conciencia individual, pero, no toda la Divinidad. Empero, forma parte indivisa de toda la Divinidad.

Es imperativo, por tanto, distinguir el panteísmo —que reduce a la Divinidad a una simple suma de sus partes materiales y espirituales— del panenteísmo. Mientras el primero comete el error de convertir a Dios en el efecto de la creación, el segundo reconoce que, si bien todo lo existente está contenido en Dios y es sustentado por Su esencia, la Divinidad trasciende infinitamente a Su propia manifestación. Dios es inmanente porque habita en cada átomo y en cada espíritu de los cuatro reinos naturales, como causa eficiente, pero es simultáneamente trascendente porque Su potencial de emanación no se agota en el universo conocido.

Así, el ser humano, en su ascenso evolutivo, va adquiriendo conciencia de que forma una parte indivisa con la Divinidad, sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad y de que posee todos sus atributos divinos en estado de potencialidad infinita.

El Libro de los Espíritus, (14), dice: –“Estudiad vuestras imperfecciones con el fin de liberaros, y esto resultará más proficuo que el querer penetrar lo impenetrable”.

Sin embargo, una cosa va aparejada con la otra.

Adelante.  


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