domingo, 8 de febrero de 2026

13. Cuándo decimos que Dios es eterno, infinito, inmutable, inmaterial, único, omnipotente, supremamente justo y bueno, ¿no tenemos, nosotros, la idea exacta de sus atributos?

 

 

13. Cuándo decimos que Dios es eterno, infinito, inmutable, inmaterial, único, omnipotente, supremamente justo y bueno, ¿no tenemos, nosotros, la idea exacta de sus atributos?

“Según vuestro modo de ver, sí, porque con esta palabra creéis de abarcar todo. Sabed, pero, que existen cosas superiores a la inteligencia del ser humano más inteligente, para expresar las cuales, vuestro lenguaje, limitado a las ideas y sensaciones humanas, no posee vocablos. La razón, en cambio, os dice que Dios debe tener todas las perfecciones en grado supremo, por cuanto, si dejase de tener una sola, o si una sola no lo fuese en grado infinito, Él no sería superior a todo, y por consiguiente no sería Dios. Para estar por encima de todo, Dios no debe estar sujeto a ningún cambio, y no debe tener alguna de las imperfecciones que pueden ser concebidas por la mente humana”.

Dios es eterno: si Él hubiese tenido principio, habría salido de la nada, o debería su creación a un ser anterior. En tal guisa remontamos de grado en grado al infinito, y a la eternidad.

Él es inmutable: si estuviese sujeto a cambios, las leyes que rigen el universo no tendrían estabilidad.

Él es inmaterial: es decir: su naturaleza difiere de todo aquello que llamamos materia; diversamente no sería inmutable, por cuanto estaría sujeto a las transformaciones de la materia.

Él es único; si habrían más Dioses, en el ordenamiento del universo no existiría ni unidad de concepto ni unidad de potencia.

Él es omnipotente: por cuanto es único; si no tuviese la suma potencia, habría alguien más poderoso, o por lo menos de igual poder que Él; por lo cual no habría hecho todas las cosas, y aquellas que no hubiese hecho Él serían obras de otro Dios.

Él es supremamente justo y bueno: de hecho, la providencial sabiduría de las leyes divinas se revela, de esta manera, en las cosas más pequeñas, así como en las más grandes, y tal sabiduría rinde imposible el dudar de su justicia y de su bondad.


EXÉGESIS DE GIUSEPPE ISGRÓ: El ser humano sólo puede tener una percepción de los atributos de la Divinidad de acuerdo con su propio nivel perceptivo, estados y estaciones –grados- de conciencia.

Sin embargo, esa percepción de los atributos divinos, en este momento, y en la escala del infinito progreso, oscila entre cero e infinito grado de conciencia. Por supuesto, en cada mundo, -de la inmensa cantidad de los existentes que se encuentran poblados de humanidades más avanzadas, o menos que la Tierra-, se posee una visión relativa, y, ciertamente, en proceso constante de expansión.

El atributo primordial de la Divinidad es la Conciencia, asiento de la ley cósmica, eterna e inmutable.

La Divinidad está consciente de sí misma y de todo lo existente en el Universo, ya que ella se encuentra en cada Espíritu de los cuatro reinos naturales. La conciencia de cada ser es una réplica exacta de la que posee la Divinidad. Es más, en cada ser su conciencia es "la misma" que posee la Divinidad. Siendo el Espíritu de cada ser una emanación de la Divinidad a la conciencia individual, sin dejar de ser la Divinidad y sin separarse de ella, es la clave para entender su grado de conciencia de lo que ocurre en todo el universo.

La Divinidad es la conciencia universal por excelencia, en grado infinito, en todas las vertientes y variantes. La de cada ser, en los cuatro reinos naturales, es potencialmente infinita, pero que eternamente debe desarrollar. Estando la ley cósmica sustentada por la totalidad de los valores universales, éstos constituyen los atributos de la Divinidad, o los sentidos cósmicos.

En la Divinidad los atributos se encuentran desarrollados en grado infinito, en todas sus vertientes y variantes. En el ser humano, siendo los atributos divinos los mismos que los de la Divinidad, empero, los tiene desarrollados en determinado grado. Ese será siempre el nivel perceptivo de los atributos de la Divinidad.

En la medida en que el ser humano desarrolle en mayor grado sus propios atributos divinos, y se conozca más a sí mismo, en idéntico nivel o estado de conciencia percibirá, y comprenderá tanto los atributos divinos, -valores universales-, como a la Divinidad.

Quilón de Lacedemonia, -uno de los siete sabios griegos-, inscribió en el portal del templo de Apolo, en Delfos de la antigua Grecia: -"Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios sino conocerse a sí mismo". Esa es la razón por la que tantos pensadores han sustentado la misma idea; -"Hombre, conócete a ti mismo y conocerás a Dios".

Evidentemente, la Divinidad posee una voluntad desarrollada en grado infinito, asiento del poder creador universal. Siendo la Divinidad causa suprema de todo lo existente, todo lo que existe forma parte de ella misma. La Divinidad, por ende, se encuentra en todas partes. Tiene, simultáneamente, conciencia de todo lo que ocurre en cualquier lugar del infinito universo. Es omnisciente.

Es fuente de toda vida, por su emanación a la conciencia individual, en cada ser. Es fuente de la energía universal que mantiene en eterno movimiento todo el universo.

Es, como Conciencia Suprema, la "Guardiana cósmica" por excelencia. Vigila permanentemente la realización de la gran obra y "paga" el salario cósmico. Guía, por la inspiración de los sentimientos análogos a los valores universales dentro de la conciencia, e ilumina, asiste y protege a cada ser.

La Divinidad es voluntad, o anhelo de ser; cada ser en los cuatro reinos naturales es una expresión de esa voluntad y anhelos divinos.




In italiano


13. Quando diciamo che Dio è eterno, infinito, immutabile, immateriale, unico, onnipotente, supremamente giusto e buono, non abbiamo noi l'idea esatta dei suoi attributi?

“Secondo il vostro modo di vedere, sì, perché con questa parola credete di abbracciare tutto. Sappiate, però, che esistono cose superiori all'intelligenza dell'essere umano più intelligente, per esprimere le quali il vostro linguaggio, limitato alle idee e sensazioni umane, non possiede vocaboli. La ragione, invece, vi dice che Dio deve avere tutte le perfezioni in grado supremo, poiché, se smettesse di averne anche una sola, o se una sola non lo fosse in grado infinito, Egli non sarebbe superiore a tutto e, di conseguenza, non sarebbe Dio. Per essere al di sopra di tutto, Dio non deve essere soggetto a nessun cambiamento e non deve avere alcuna delle imperfezioni che possono essere concepite dalla mente umana”.

·                     Dio è eterno: se Egli avesse avuto un inizio, sarebbe uscito dal nulla o dovrebbe la sua creazione a un essere anteriore. In tal modo risaliamo di grado in grado all'infinito e all'eternità.

·                     Egli è immutabile: se fosse soggetto a cambiamenti, le leggi che reggono l'universo non avrebbero stabilità.

·                     Egli è immateriale: cioè, la sua natura differisce da tutto ciò che chiamiamo materia; diversamente non sarebbe immutabile, poiché sarebbe soggetto alle trasformazioni della materia.

·                     Egli è unico: se vi fossero più Dei, nell'ordinamento dell'universo non esisterebbe né unità di concetto né unità di potenza.

·                     Egli è onnipotente: in quanto è unico; se non avesse la somma potenza, vi sarebbe qualcuno più potente, o almeno di eguale potere; perciò non avrebbe fatto tutte le cose, e quelle che non avesse fatto Lui sarebbero opere di un altro Dio.

·                     Egli è supremamente giusto e buono: infatti, la provvidenziale saggezza delle leggi divine si rivela, in questo modo, nelle cose più piccole così come nelle più grandi, e tale saggezza rende impossibile dubitare della sua giustizia e della sua bontà.

 

ESEGESI DI GIUSEPPE ISGRÓ

L'essere umano può avere una percezione degli attributi della Divinità solo in accordo con il proprio livello percettivo, stati e stazioni —gradi— di coscienza.

Tuttavia, tale percezione degli attributi divini, in questo momento e nella scala dell'infinito progresso, oscilla tra lo zero e l'infinito grado di coscienza. Certamente, in ogni mondo —della immensa quantità di quelli esistenti che si trovano popolati da umanità più o meno avanzate della Terra— si possiede una visione relativa e, senz'altro, in costante processo di espansione.

L'attributo primordiale della Divinità è la Coscienza, sede della legge cosmica, eterna e immutabile.

La Divinità è cosciente di se stessa e di tutto ciò che esiste nell'Universo, poiché essa si trova in ogni Spirito dei quattro regni naturali. La coscienza di ogni essere è una replica esatta di quella che possiede la Divinità. Anzi, in ogni essere la sua coscienza è "la stessa" che possiede la Divinità. Essendo lo Spirito di ogni essere un'emanazione della Divinità alla coscienza individuale, senza smettere di essere la Divinità e senza separarsi da essa, è la chiave per intendere il suo grado di coscienza di ciò che accade in tutto l'universo.

La Divinità è la coscienza universale per eccellenza, in grado infinito, in tutte le sfaccettature e varianti. Quella di ogni essere, nei quattro regni naturali, è potenzialmente infinita, ma deve eternamente svilupparsi. Essendo la legge cosmica sostenuta dalla totalità dei valori universali, questi costituiscono gli attributi della Divinità, o i sensi cosmici.

Nella Divinità gli attributi si trovano sviluppati in grado infinito. Nell'essere umano, essendo gli attributi divini gli stessi della Divinità, essi sono tuttavia sviluppati in un determinato grado. Quello sarà sempre il livello percettivo degli attributi della Divinità.

Nella misura in cui l'essere umano sviluppi in grado maggiore i propri attributi divini e conosca meglio se stesso, in identico livello o stato di coscienza percepirà e comprenderà tanto gli attributi divini —valori universali— quanto la Divinità.

Chilone di Lacedemone —uno dei sette sapienti greci— iscrisse nel portale del tempio di Apollo a Delfi, nell'antica Grecia: "Uomo, conosci te stesso, poiché lo studio proprio dell'uomo non è conoscere Dio ma conoscere se stesso". Questa è la ragione per cui tanti pensatori hanno sostenuto la stessa idea: "Uomo, conosci te stesso e conoscerai Dio".

Evidentemente, la Divinità possiede una volontà sviluppata in grado infinito, sede del potere creatore universale. Essendo la Divinità causa suprema di tutto ciò che esiste, tutto ciò che esiste fa parte di lei stessa. La Divinità, perciò, si trova ovunque. Ha, simultaneamente, coscienza di tutto ciò che accade in qualunque luogo dell'infinito universo. È onnisciente.

È fonte di ogni vita, per la sua emanazione alla coscienza individuale in ogni essere. È fonte dell'energia universale che mantiene in eterno movimento tutto l'universo.

È, come Coscienza Suprema, la "Guardiana cosmica" per eccellenza. Veglia permanentemente sulla realizzazione della grande opera e "paga" il salario cosmico. Guida, attraverso l'ispirazione dei sentimenti analoghi ai valori universali dentro la coscienza, e illumina, assiste e protegge ogni essere.

La Divinità è volontà, o anelito di essere; ogni essere nei quattro regni naturali è un'espressione di tale volontà e aneliti divini.



In siciliano


13. Quannu dicemu ca Diu è eternu, nfinitu, immutàbbili, immateriali, ùnicu, onniputenti, suvranamenti giustu e bonu, nun avemu, nuautri, l’idìa esatta dî sô attributi?

“Secunnu u vostru modu di vìdiri, sì, pirchì cu sta palora criditi d’abbracciari tuttu. Sapiti, però, ca asistinu cosi supiriuri a l’intelligenza de l’èssiri umanu cchiù intelligenti, pi sprìmiri i quali, u vostru linguaggiu, limitatu ê idìi e ê sensazzioni umani, nun pussedi paroli. A ragiuni, nveci, vi dici ca Diu addiventa aviri tutti i pirfizzioni in gradu supremu, pirchì, si nni pirdissi macari una sula, o si una sula nun fussi in gradu nfinitu, Iddu nun fussi supiriuri a tuttu, e di cunseguenza nun fussi Diu. Pi stari supra a tuttu, Diu nun addiventa èssiri suggettu a nuddu canciamentu, e nun addiventa aviri arcuna dî mpirfizzioni ca ponnu èssiri mmagginati dâ menti umana”.

·                     Diu è eternu: s'Iddu avissi avutu un principiu, fussi nisciutu dû nenti, o duvissi a sô criazzioni a n’èssiri pricidenti. In sta manera acchianamu di gradu in gradu ô nfinitu e a l’eternità.

·                     Iddu è immutàbbili: s'Iddu fussi suggettu a canciamenti, i liggi ca règginu l’universu nun avìssiru stabbilità.

·                     Iddu è immateriali: veni a dìciri: a sô natura è diversa di tuttu chiddu ca chiamamu materia; diversamenti nun fussi immutàbbili, pirchì fussi suggettu ê mudificazzioni dâ materia.

·                     Iddu è ùnicu: si ci fùssiru cchiù Dei, ne l’urdinamentu de l’universu nun asisterìa né unità di cuncettu né unità di putenza.

·                     Iddu è onniputenti: pirchì è ùnicu; si nun avissi a summa putenza, ci fussi qualchidunu cchiù putenti, o armenu d’uguali puteri d’Iddu; pi chistu nun avissi fattu tutti i cosi, e chiddi ca nun avissi fattu Iddu fùssiru òpiri d’un àutru Diu.

·                     Iddu è suvranamenti giustu e bonu: filiciamenti, a pruvidenziali saggizza dî liggi divini si rivela, in sta manera, ne i cosi cchiù nichi comu ne i cchiù granni, e sta saggizza renni mpussìbbili dubbitari dâ sô giustìzzia e dâ sô buntà.


ESÈGESI DI GIUSEPPE ISGRÓ

L’èssiri umanu pò aviri na pircizzioni dî attributi dâ Divinità sulu secunnu u sô liveddu percettivu, stati e stazzioni —gradi— di cuscenza.

Però, sta pircizzioni dî attributi divini, in stu mumentu e nâ scala dû nfinitu prugressu, òscilla tra zeru e nfinitu gradu di cuscenza. Di sicuru, in ogni munnu —dâ mmensa quantità di chiddi ca asistinu e ca su’ pupulati di umanità cchiù avanzati o menu dâ Terra— si pussedi na visioni rilativa e, sicuramenti, in prucessu custanti di spansioni.

L’attributu primurdiali dâ Divinità è a Cuscenza, seggiu dâ liggi còsmica, eterna e immutàbbili.

A Divinità è cuscenti di se stessa e di tuttu chiddu ca asisti ne l’Universu, datu ca idda si trova in ogni Spìritu dî quattru regni naturali. A cuscenza di ogni èssiri è na rèplica esatta di chidda ca pussedi a Divinità. Anzi, in ogni èssiri a sô cuscenza è "a stissa" ca pussedi a Divinità. Sinu u Spìritu di ogni èssiri n’emanazzioni dâ Divinità â cuscenza ndividuali, senza lassari d’èssiri a Divinità e senza spartìrisi d’idda, è a chiavi pi capiri u sô gradu di cuscenza di chiddu ca succedi in tuttu l’universu.

A Divinità è a cuscenza univirsali pi ecellenza, in gradu nfinitu. Chidda di ogni èssiri, ne i quattru regni naturali, è putenzialmenti nfinita, ma ca eternamenti s'havi a sviluppari. Essendu a liggi còsmica sustinuta dâ tutalità dî valuri univirsali, chisti custituiscinu l’attributi dâ Divinità, o i sensi còsmici.

Ne l’èssiri umanu, essendu l’attributi divini i stissi dâ Divinità, però, l’havi sviluppati in un ditirminatu gradu. Chiddu sarrà sempri u liveddu percettivu dî attributi dâ Divinità.

Nâ misura in cui l’èssiri umanu sviluppa in gradu cchiù granni i sô attributi divini, e si canusci cchiù a se stissu, in identicu liveddu o statu di cuscenza pircipirà e capirà tantu l’attributi divini quantu a Divinità.

Chiloni di Lacedemonia scrivìu ntô purtali dû tempiu di Apollu, a Delfi: —"Omu, canùsciti a ti stissu, ca u studiu propiu de l'omu nun è canùsciri a Diu ma canùsciri a se stissu". Chista è a ragiuni pi cui tanti pinzatura dissiru a stissa idìa: "Omu, canùsciti a ti stissu e canuscirai a Diu".

Evidentementi, a Divinità pussedi na vuluntà sviluppata in gradu nfinitu, seggiu dû puteri criaturi univirsali. Essendu a Divinità càusa suprema di tuttu chiddu ca asisti, tuttu chiddu ca asisti fa parti d’idda stissa. A Divinità si trova dapartuttu. È onniscenti.

È fonti di ogni vita e fonti dâ nnirvìa univirsali ca manteni in eternu muvimentu tuttu l’universu. È, comu Cuscenza Suprema, a "Guardiana còsmica". Vigghia pirmanentementi supra a rializzazzioni dâ ranni òpira e "paga" u salariu còsmicu. Guida, assisti e pruteggi ogni èssiri.

A Divinità è vuluntà; ogni èssiri ne i quattru regni naturali è n’isprissioni di sta vuluntà e vuliri divini.





 


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