13. Cuándo decimos que Dios es eterno,
infinito, inmutable, inmaterial, único, omnipotente, supremamente justo y
bueno, ¿no tenemos, nosotros, la idea exacta de sus atributos?
“Según vuestro modo de ver, sí, porque con esta
palabra creéis de abarcar todo. Sabed, pero, que existen cosas superiores a la
inteligencia del ser humano más inteligente, para expresar las cuales, vuestro
lenguaje, limitado a las ideas y sensaciones humanas, no posee vocablos. La
razón, en cambio, os dice que Dios debe tener todas las perfecciones en
grado supremo, por cuanto, si dejase de tener una sola, o si una sola no lo
fuese en grado infinito, Él no sería superior a todo, y por consiguiente no
sería Dios. Para estar por encima de todo, Dios no debe estar sujeto a ningún
cambio, y no debe tener alguna de las imperfecciones que pueden ser concebidas
por la mente humana”.
Dios es eterno: si Él hubiese tenido principio,
habría salido de la nada, o debería su creación a un ser anterior. En tal guisa
remontamos de grado en grado al infinito, y a la eternidad.
Él es inmutable: si estuviese sujeto a cambios, las
leyes que rigen el universo no tendrían estabilidad.
Él es inmaterial: es decir: su naturaleza difiere
de todo aquello que llamamos materia; diversamente no sería inmutable, por
cuanto estaría sujeto a las transformaciones de la materia.
Él es único; si habrían más Dioses, en el
ordenamiento del universo no existiría ni unidad de concepto ni unidad de
potencia.
Él es omnipotente: por cuanto es único; si no
tuviese la suma potencia, habría alguien más poderoso, o por lo menos de igual
poder que Él; por lo cual no habría hecho todas las cosas, y aquellas que no
hubiese hecho Él serían obras de otro Dios.
Él es supremamente justo y bueno: de hecho, la
providencial sabiduría de las leyes divinas se revela, de esta manera, en las
cosas más pequeñas, así como en las más grandes, y tal sabiduría rinde
imposible el dudar de su justicia y de su bondad.
EXÉGESIS DE GIUSEPPE
ISGRÓ: El
ser humano sólo puede tener una percepción de los atributos de la Divinidad de
acuerdo con su propio nivel perceptivo, estados y estaciones –grados- de
conciencia.
Sin embargo, esa
percepción de los atributos divinos, en este momento, y en la escala del
infinito progreso, oscila entre cero e infinito grado de conciencia. Por
supuesto, en cada mundo, -de la inmensa cantidad de los existentes que se
encuentran poblados de humanidades más avanzadas, o menos que la Tierra-, se
posee una visión relativa, y, ciertamente, en proceso constante de expansión.
El atributo primordial
de la Divinidad es la Conciencia, asiento de la ley cósmica, eterna e
inmutable.
La Divinidad está
consciente de sí misma y de todo lo existente en el Universo, ya que ella se
encuentra en cada Espíritu de los cuatro reinos naturales. La conciencia de
cada ser es una réplica exacta de la que posee la Divinidad. Es más, en cada
ser su conciencia es "la misma" que posee la Divinidad. Siendo el
Espíritu de cada ser una emanación de la Divinidad a la conciencia individual,
sin dejar de ser la Divinidad y sin separarse de ella, es la clave para
entender su grado de conciencia de lo que ocurre en todo el universo.
La Divinidad es la
conciencia universal por excelencia, en grado infinito, en todas las vertientes
y variantes. La de cada ser, en los cuatro reinos naturales, es potencialmente
infinita, pero que eternamente debe desarrollar. Estando la ley cósmica
sustentada por la totalidad de los valores universales, éstos constituyen los
atributos de la Divinidad, o los sentidos cósmicos.
En la Divinidad los
atributos se encuentran desarrollados en grado infinito, en todas sus
vertientes y variantes. En el ser humano, siendo los atributos divinos los
mismos que los de la Divinidad, empero, los tiene desarrollados en determinado
grado. Ese será siempre el nivel perceptivo de los atributos de la Divinidad.
En la medida en que el
ser humano desarrolle en mayor grado sus propios atributos divinos, y se
conozca más a sí mismo, en idéntico nivel o estado de conciencia percibirá, y
comprenderá tanto los atributos divinos, -valores universales-, como a la
Divinidad.
Quilón de Lacedemonia, -uno
de los siete sabios griegos-, inscribió en el portal del templo de Apolo, en
Delfos de la antigua Grecia: -"Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio
propio del hombre no es conocer a Dios sino conocerse a sí mismo". Esa es
la razón por la que tantos pensadores han sustentado la misma idea;
-"Hombre, conócete a ti mismo y conocerás a Dios".
Evidentemente, la
Divinidad posee una voluntad desarrollada en grado infinito, asiento del poder
creador universal. Siendo la Divinidad causa suprema de todo lo existente, todo
lo que existe forma parte de ella misma. La Divinidad, por ende, se encuentra
en todas partes. Tiene, simultáneamente, conciencia de todo lo que ocurre en
cualquier lugar del infinito universo. Es omnisciente.
Es fuente de toda vida,
por su emanación a la conciencia individual, en cada ser. Es fuente de la
energía universal que mantiene en eterno movimiento todo el universo.
Es, como Conciencia
Suprema, la "Guardiana cósmica" por excelencia. Vigila
permanentemente la realización de la gran obra y "paga" el salario
cósmico. Guía, por la inspiración de los sentimientos análogos a los valores
universales dentro de la conciencia, e ilumina, asiste y protege a cada ser.
La Divinidad es
voluntad, o anhelo de ser; cada ser en los cuatro reinos naturales es una
expresión de esa voluntad y anhelos divinos.
In italiano
13.
Quando diciamo che Dio è eterno, infinito, immutabile, immateriale, unico,
onnipotente, supremamente giusto e buono, non abbiamo noi l'idea esatta dei
suoi attributi?
“Secondo il vostro modo di vedere, sì, perché con questa parola credete
di abbracciare tutto. Sappiate, però, che esistono cose superiori
all'intelligenza dell'essere umano più intelligente, per esprimere le quali il
vostro linguaggio, limitato alle idee e sensazioni umane, non possiede
vocaboli. La ragione, invece, vi dice che Dio deve avere tutte le perfezioni in
grado supremo, poiché, se smettesse di averne anche una sola, o se una sola non
lo fosse in grado infinito, Egli non sarebbe superiore a tutto e, di
conseguenza, non sarebbe Dio. Per essere al di sopra di tutto, Dio non deve
essere soggetto a nessun cambiamento e non deve avere alcuna delle imperfezioni
che possono essere concepite dalla mente umana”.
·
Dio
è eterno: se Egli avesse avuto un inizio, sarebbe uscito dal nulla o dovrebbe la
sua creazione a un essere anteriore. In tal modo risaliamo di grado in grado
all'infinito e all'eternità.
·
Egli
è immutabile: se fosse soggetto a cambiamenti, le leggi che reggono l'universo non
avrebbero stabilità.
·
Egli
è immateriale: cioè, la sua natura differisce da tutto ciò che chiamiamo materia;
diversamente non sarebbe immutabile, poiché sarebbe soggetto alle
trasformazioni della materia.
·
Egli
è unico: se vi fossero più Dei, nell'ordinamento dell'universo non esisterebbe
né unità di concetto né unità di potenza.
·
Egli
è onnipotente: in quanto è unico; se non avesse la somma potenza, vi sarebbe qualcuno
più potente, o almeno di eguale potere; perciò non avrebbe fatto tutte le cose,
e quelle che non avesse fatto Lui sarebbero opere di un altro Dio.
·
Egli
è supremamente giusto e buono: infatti, la provvidenziale saggezza delle
leggi divine si rivela, in questo modo, nelle cose più piccole così come nelle
più grandi, e tale saggezza rende impossibile dubitare della sua giustizia e
della sua bontà.
ESEGESI DI GIUSEPPE ISGRÓ
L'essere umano può avere una percezione degli attributi della Divinità
solo in accordo con il proprio livello percettivo, stati e stazioni —gradi— di
coscienza.
Tuttavia, tale percezione degli attributi divini, in questo momento e
nella scala dell'infinito progresso, oscilla tra lo zero e l'infinito grado di
coscienza. Certamente, in ogni mondo —della immensa quantità di quelli
esistenti che si trovano popolati da umanità più o meno avanzate della Terra—
si possiede una visione relativa e, senz'altro, in costante processo di
espansione.
L'attributo primordiale della Divinità è la Coscienza, sede della
legge cosmica, eterna e immutabile.
La Divinità è cosciente di se stessa e di tutto ciò che esiste
nell'Universo, poiché essa si trova in ogni Spirito dei quattro regni naturali.
La coscienza di ogni essere è una replica esatta di quella che possiede la
Divinità. Anzi, in ogni essere la sua coscienza è "la stessa" che
possiede la Divinità. Essendo lo Spirito di ogni essere un'emanazione della
Divinità alla coscienza individuale, senza smettere di essere la Divinità e
senza separarsi da essa, è la chiave per intendere il suo grado di coscienza di
ciò che accade in tutto l'universo.
La Divinità è la coscienza universale per eccellenza, in grado infinito,
in tutte le sfaccettature e varianti. Quella di ogni essere, nei quattro regni
naturali, è potenzialmente infinita, ma deve eternamente svilupparsi. Essendo
la legge cosmica sostenuta dalla totalità dei valori universali, questi
costituiscono gli attributi della Divinità, o i sensi cosmici.
Nella Divinità gli attributi si trovano sviluppati in grado infinito.
Nell'essere umano, essendo gli attributi divini gli stessi della Divinità, essi
sono tuttavia sviluppati in un determinato grado. Quello sarà sempre il livello
percettivo degli attributi della Divinità.
Nella misura in cui l'essere umano sviluppi in grado maggiore i propri
attributi divini e conosca meglio se stesso, in identico livello o stato di
coscienza percepirà e comprenderà tanto gli attributi divini —valori
universali— quanto la Divinità.
Chilone di Lacedemone —uno dei sette sapienti greci— iscrisse nel
portale del tempio di Apollo a Delfi, nell'antica Grecia: "Uomo, conosci te stesso, poiché lo studio proprio dell'uomo
non è conoscere Dio ma conoscere se stesso". Questa è la
ragione per cui tanti pensatori hanno sostenuto la stessa idea: "Uomo, conosci te stesso e conoscerai Dio".
Evidentemente, la Divinità possiede una volontà sviluppata in grado
infinito, sede del potere creatore universale. Essendo la Divinità causa
suprema di tutto ciò che esiste, tutto ciò che esiste fa parte di lei stessa.
La Divinità, perciò, si trova ovunque. Ha, simultaneamente, coscienza di tutto
ciò che accade in qualunque luogo dell'infinito universo. È onnisciente.
È fonte di ogni vita, per la sua emanazione alla coscienza individuale
in ogni essere. È fonte dell'energia universale che mantiene in eterno
movimento tutto l'universo.
È, come Coscienza Suprema, la "Guardiana cosmica"
per eccellenza. Veglia permanentemente sulla realizzazione della grande opera e
"paga" il salario cosmico. Guida, attraverso l'ispirazione dei
sentimenti analoghi ai valori universali dentro la coscienza, e illumina,
assiste e protegge ogni essere.
La Divinità è volontà, o anelito di essere; ogni essere nei quattro
regni naturali è un'espressione di tale volontà e aneliti divini.
In siciliano
13. Quannu dicemu ca Diu è
eternu, nfinitu, immutàbbili, immateriali, ùnicu, onniputenti, suvranamenti
giustu e bonu, nun avemu, nuautri, l’idìa esatta dî sô attributi?
“Secunnu u vostru modu di
vìdiri, sì, pirchì cu sta palora criditi d’abbracciari tuttu. Sapiti, però, ca
asistinu cosi supiriuri a l’intelligenza de l’èssiri umanu cchiù intelligenti,
pi sprìmiri i quali, u vostru linguaggiu, limitatu ê idìi e ê sensazzioni
umani, nun pussedi paroli. A ragiuni, nveci, vi dici ca Diu addiventa aviri
tutti i pirfizzioni in gradu supremu, pirchì, si nni pirdissi macari una sula,
o si una sula nun fussi in gradu nfinitu, Iddu nun fussi supiriuri a tuttu, e
di cunseguenza nun fussi Diu. Pi stari supra a tuttu, Diu nun addiventa èssiri
suggettu a nuddu canciamentu, e nun addiventa aviri arcuna dî mpirfizzioni ca
ponnu èssiri mmagginati dâ menti umana”.
·
Diu è eternu: s'Iddu avissi avutu un principiu, fussi nisciutu dû nenti,
o duvissi a sô criazzioni a n’èssiri pricidenti. In sta manera acchianamu di
gradu in gradu ô nfinitu e a l’eternità.
·
Iddu è immutàbbili: s'Iddu fussi suggettu a canciamenti, i liggi ca
règginu l’universu nun avìssiru stabbilità.
·
Iddu è immateriali: veni a dìciri: a sô natura è diversa di tuttu chiddu
ca chiamamu materia; diversamenti nun fussi immutàbbili, pirchì fussi suggettu
ê mudificazzioni dâ materia.
·
Iddu è ùnicu: si ci fùssiru cchiù Dei, ne l’urdinamentu de l’universu
nun asisterìa né unità di cuncettu né unità di putenza.
·
Iddu è onniputenti: pirchì è ùnicu; si nun avissi a summa putenza, ci
fussi qualchidunu cchiù putenti, o armenu d’uguali puteri d’Iddu; pi chistu nun
avissi fattu tutti i cosi, e chiddi ca nun avissi fattu Iddu fùssiru òpiri d’un
àutru Diu.
·
Iddu è suvranamenti giustu e bonu: filiciamenti, a pruvidenziali
saggizza dî liggi divini si rivela, in sta manera, ne i cosi cchiù nichi comu
ne i cchiù granni, e sta saggizza renni mpussìbbili dubbitari dâ sô giustìzzia
e dâ sô buntà.
ESÈGESI DI GIUSEPPE ISGRÓ
L’èssiri umanu pò aviri na
pircizzioni dî attributi dâ Divinità sulu secunnu u sô liveddu percettivu,
stati e stazzioni —gradi— di cuscenza.
Però, sta pircizzioni dî
attributi divini, in stu mumentu e nâ scala dû nfinitu prugressu, òscilla tra
zeru e nfinitu gradu di cuscenza. Di sicuru, in ogni munnu —dâ mmensa quantità
di chiddi ca asistinu e ca su’ pupulati di umanità cchiù avanzati o menu dâ
Terra— si pussedi na visioni rilativa e, sicuramenti, in prucessu custanti di
spansioni.
L’attributu primurdiali dâ
Divinità è a Cuscenza, seggiu dâ liggi còsmica, eterna e immutàbbili.
A Divinità è cuscenti di se
stessa e di tuttu chiddu ca asisti ne l’Universu, datu ca idda si trova in ogni
Spìritu dî quattru regni naturali. A cuscenza di ogni èssiri è na rèplica
esatta di chidda ca pussedi a Divinità. Anzi, in ogni èssiri a sô cuscenza è
"a stissa" ca pussedi a Divinità. Sinu u Spìritu di ogni èssiri
n’emanazzioni dâ Divinità â cuscenza ndividuali, senza lassari d’èssiri a
Divinità e senza spartìrisi d’idda, è a chiavi pi capiri u sô gradu di cuscenza
di chiddu ca succedi in tuttu l’universu.
A Divinità è a cuscenza
univirsali pi ecellenza, in gradu nfinitu. Chidda di ogni èssiri, ne i quattru
regni naturali, è putenzialmenti nfinita, ma ca eternamenti s'havi a
sviluppari. Essendu a liggi còsmica sustinuta dâ tutalità dî valuri univirsali,
chisti custituiscinu l’attributi dâ Divinità, o i sensi còsmici.
Ne l’èssiri umanu, essendu
l’attributi divini i stissi dâ Divinità, però, l’havi sviluppati in un
ditirminatu gradu. Chiddu sarrà sempri u liveddu percettivu dî attributi dâ
Divinità.
Nâ misura in cui l’èssiri umanu
sviluppa in gradu cchiù granni i sô attributi divini, e si canusci cchiù a se
stissu, in identicu liveddu o statu di cuscenza pircipirà e capirà tantu
l’attributi divini quantu a Divinità.
Chiloni di Lacedemonia scrivìu
ntô purtali dû tempiu di Apollu, a Delfi: —"Omu, canùsciti a ti stissu, ca
u studiu propiu de l'omu nun è canùsciri a Diu ma canùsciri a se stissu".
Chista è a ragiuni pi cui tanti pinzatura dissiru a stissa idìa: "Omu,
canùsciti a ti stissu e canuscirai a Diu".
Evidentementi, a Divinità
pussedi na vuluntà sviluppata in gradu nfinitu, seggiu dû puteri criaturi
univirsali. Essendu a Divinità càusa suprema di tuttu chiddu ca asisti, tuttu
chiddu ca asisti fa parti d’idda stissa. A Divinità si trova dapartuttu. È onniscenti.
È fonti di ogni vita e fonti dâ
nnirvìa univirsali ca manteni in eternu muvimentu tuttu l’universu. È, comu
Cuscenza Suprema, a "Guardiana còsmica". Vigghia pirmanentementi
supra a rializzazzioni dâ ranni òpira e "paga" u salariu còsmicu.
Guida, assisti e pruteggi ogni èssiri.
A Divinità è vuluntà; ogni
èssiri ne i quattru regni naturali è n’isprissioni di sta vuluntà e vuliri
divini.
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