lunes, 2 de noviembre de 2026

Capítulo IV, PRINCIPIO VITAL De: El Libro de los Espíritus, Allan Kardec

 


Capítulo IV

 PRINCIPIO VITAL

De: El Libro de los Espíritus

Allan Kardec


 Versión castellana

y comentarios exegéticos:

©Giuseppe Isgró C.

 

Seres orgánicos e inorgánicos. La vida y la desencarnación. Inteligencia e instinto.

 

SERES ORGÁNICOS E INORGÁNICOS

 Seres orgánicos son aquellos que tienen en sí mismos una fuerza de íntima actividad, la cual les otorga la vida: nacen, crecen, se reproducen por sí mismos, concluyen el ciclo de vida y están provistos, para cumplir las diversas funciones de la vida, de órganos especiales, apropiados al servicio de su conservación: tales son los seres humanos, los animales y las plantas. Seres inorgánicos son todos aquellos que no tienen ni vitalidad, ni movimientos propios, y se forman por la simple agregación de la materia; tales son los minerales, el agua, el aire, etcétera.

 60. ¿La fuerza que tiene unidos los elementos de la materia es la misma tanto en los cuerpos orgánicos como en los inorgánicos?

–“Sí, la ley de atracción es la misma para todos”.

61. ¿Existe alguna diferencia entre la materia de los cuerpos orgánicos y aquella de los inorgánicos?

–“Es siempre la misma materia; pero en los cuerpos orgánicos es animalizada”.

62. ¿Cuál es la causa eficiente de la animalización de la materia?

–“Su unión con el principio vital”.

63. ¿Reside el principio vital en un agente particular, o no es más que una propiedad de la materia organizada? En otros términos, ¿es un efecto, o una causa?

–“Lo uno y lo otro. La vida es un efecto producido por la acción de un agente sobre la materia; pero este agente, sin la materia, no es la vida, como, paralelamente, la materia no puede vivir sin este agente, el cual confiere la vida a todos los seres, que lo absorben y se lo asimilan”.

64. Hemos visto que el Espíritu y la materia son dos elementos constitutivos del universo. ¿El principio vital sería, quizá, un tercero?

–“El principio vital es, ciertamente, un elemento necesario a la constitución del universo, pero no primitivo, por cuanto se origina en la materia universal modificada. Para vosotros es un elemento, como el oxígeno y el hidrógeno, los cuales todavía no son elementos primitivos, por cuanto provienen de otro principio”.

 Por lo tanto, ¿la vitalidad no tiene su principio en un agente primitivo distinto, sino en una propiedad especial de la materia cósmica debida a ciertas modificaciones?

–“Esta es, ciertamente, la consecuencia de lo que hemos dicho”.

65. ¿El principio vital reside, de manera especial, en algunos de los cuerpos que nosotros conocemos?

–“Tiene su origen en el fluido universal, y es aquel mismo que vosotros llamáis fluido magnético y fluido eléctrico animalizado. Sirve de intermediario, de anillo de conjunción entre el Espíritu y la materia”.

66. ¿El principio vital es siempre el mismo para todos los seres orgánicos?

–“Sí; modificado según la especie. Le confiere el movimiento y la actividad, y le permite distinguirse de la materia inerte; el movimiento de la materia no es la vida: por cuanto lo recibe, no lo da”.

67. ¿Es la vitalidad un atributo estable del agente vital, o más bien se desenvuelve por la acción de los órganos?

–“Ella se desenvuelve solamente con el cuerpo. ¿No hemos dicho que este agente sin la materia no es la vida? Para producir esto es necesaria la unión de ambos”.

Por lo tanto, ¿la vitalidad está en estado latente cuando el agente vital no se encuentra unido al cuerpo?

–“Ciertamente es así”.

 El conjunto de los órganos constituye una especie de mecanismo que recibe el impulso de la actividad íntima o principio vital que existe en ellos. El principio vital es la fuerza motriz de los cuerpos orgánicos. Al mismo tiempo que el agente vital les da el impulso a los órganos, la acción de los órganos mantiene y desenvuelve la actividad del agente vital, al igual que la frotación desarrolla el calor.

 LA VIDA Y LA DESENCARNACIÓN

 68. ¿Cuál es la causa del cese de la vida en los seres orgánicos?

–“El agotamiento de los órganos”.

Es decir, ¿podría compararse el cese de la vida a la descontinuación del movimiento en una máquina gastada?

–“Sí; si la máquina está mal montada, el resorte se rompe, y si el cuerpo carece de salud, la vida se va”.

69. ¿Por qué una lesión del corazón produce el cese de la vida física más que ningún otro órgano?

–“El corazón es, ciertamente, un mecanismo productor de vida, pero no el único órgano cuya lesión produzca la desencarnación; constituye una de las ruedas principales, pero no la rueda principal de la máquina humana”.

70. ¿Qué ocurre a la materia y al principio vital de los seres orgánicos al cese de la vida física?

–“La materia inerte se descompone, cuya esencia será el soporte de otra nueva; el principio vital regresa a la masa”.

Cesada la vida del ser orgánico, los elementos de los cuales está formado se encuentran sujetos a nuevas combinaciones, que constituyen nuevos seres. Estos atraen de la fuente universal el principio de la vida y de la actividad, lo absorben y lo asimilan, para restituirlo a esta fuente cuando cesa su ciclo de vida física.

Los órganos son, por así decirlo, impregnados de fluido vital. Éste comunica a todas las partes del organismo una actividad que obra, como en ciertas heridas, el reacercamiento, restableciendo las funciones momentáneamente suspendidas. Pero, donde los elementos esenciales a las funciones de los órganos son destruidos, o irremediablemente alterados, el fluido vital no puede transmitirles el movimiento de la vida, cesando la vida física del ser.

Los órganos reaccionan más o menos necesariamente los unos sobre los otros, y solamente de la armonía del conjunto resulta su acción recíproca. Cuando, entonces, una causa destruye esta armonía, sus funciones cesan a ejemplo del movimiento de una máquina cuyas ruedas esenciales se hayan desajustado, como un reloj lo hace con el tiempo, o se daña por acción externa, obstaculizando que la fuerza motriz le ponga en movimiento.

 Imagen todavía más exacta de la vida física y del cese de la misma nos la ofrece la máquina eléctrica. Ella esconde en sí misma, como todos los cuerpos de la naturaleza, la electricidad en estado latente. Los fenómenos eléctricos no se manifiestan sino cuando el fluido sea puesto en actividad por una causa especial; y entonces podría decirse que la máquina es viviente. Cesada la causa de la actividad, lo hace también el fenómeno, regresando la máquina al estado de inercia. Los cuerpos orgánicos serían en cierto modo una especie de baterías o de máquinas eléctricas en las cuales la actividad del fluido produce el fenómeno de la vida: el cese de esta actividad genera el de la vida física.

La cantidad de fluido vital no es la misma en todos los seres orgánicos: varía según la especie y no es nunca constante ni en el mismo individuo, ni en los de la misma especie. Algunos se encuentran saturados, otros tienen únicamente lo necesario; esta es la razón de que, en algunos, la vida es más activa, más tenaz y en cierto modo más exuberante.

La cantidad de fluido vital en cada ser se agota poco a poco, y puede resultar insuficiente para mantener la vida física si no se renueva con la absorción y la asimilación de las sustancias que la contengan.

El fluido vital se transmite de un ser a otro. Quien tenga de más puede darlo a quienes tienen de menos, y de esta manera reactivar la vida física que se encontraba cercana a extinguirse.

 INTELIGENCIA E INSTINTO

 71. ¿La inteligencia es un atributo del principio vital?

–“No; por cuanto las plantas viven y no piensan: tienen solamente la vida orgánica. Inteligencia y materia son independientes una de la otra, ya que un cuerpo puede vivir sin la inteligencia, y la inteligencia no tiene necesidad de los órganos materiales más que para manifestarse. Para rendir inteligente la materia animalizada es necesariamente el Espíritu”.

La inteligencia es una facultad especial propia de algunas clases de seres orgánicos, a quienes de una parte confiere la voluntad de actuar y la conciencia de su ser y de su individualidad, y de la otra los medios de ponerse en comunicación con el mundo externo y de proveer a sus necesidades.

Por lo cual, se pueden distinguir:

 I. Los seres inanimados o cuerpos brutos, formados exclusivamente de materia, sin vitalidad ni inteligencia.

II. Los seres animados no pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad, pero privados de inteligencia.

III. Los seres animados pensantes, formados de materia, dotados de vitalidad y también dotados de un principio inteligente que les otorga la facultad de pensar.

 EXÉGESIS: Esta respuesta contiene dos vertientes que analizaremos: la primera, cuando dice que “las plantas no piensan”. Los experimentos de laboratorio de Cleve Backster, al adaptarles un polígrafo y realizar con ellas diversos experimentos —como, por ejemplo, encargar a un joven, entre un grupo que entra al azar en una sala donde se encuentra una planta, a hacerle un determinado daño, y luego salir; al volver a entrar el grupo de jóvenes sin un orden establecido, en el instante en que lo hace aquel que le hizo daño, el polígrafo registra un gráfico que denota que la planta le reconoció y se encuentra atemorizada—. También la planta reconoce cuando una persona, en su presencia, dice o no la verdad en respuestas a preguntas que se le formulan. La segunda es cuando expresa: “Para rendir inteligente la materia animalizada es necesariamente el Espíritu”. Efectivamente, todos los seres, en los cuatro reinos naturales, poseen cuerpo, alma y Espíritu, por lo cual todos los seres en los cuatro reinos naturales, incluyendo los minerales, piensan. La ley es una y rige todo de la misma manera, sin excepción. Es cuestión de tiempo que se demuestre este principio en todos los reinos naturales, como en efecto se está haciendo, incluyendo el reino mineral.

 72. ¿Cuál es la fuente de la inteligencia?

–“Lo hemos ya dicho: la inteligencia universal”.

¿Se podría decir que cada ser obtiene una porción de inteligencia de la fuente universal y se la asimila de la misma manera en que lo hace el principio de la vida material?

–“No sería más que una comparación inexacta, por cuanto la inteligencia es una facultad propia de cada ser, de la cual se constituye la individualidad moral. Del resto, ya sabéis que existen cosas que no es dado al ser humano penetrar, y ésta, de momento, es una de esas”.

73. ¿El instinto es independiente de la inteligencia?

–“No del todo, por cuanto es una especie de inteligencia. El instinto es una inteligencia irracional por medio de la cual todos los seres proveen a sus propias necesidades”.

74. ¿Se puede establecer un límite entre el instinto y la inteligencia, es decir, precisar dónde termina el uno y comienza la otra?

–“No, por cuanto frecuentemente se confunden; pero, en cambio, se pueden distinguir los actos que pertenecen al instinto de aquellos que pertenecen a la inteligencia”.

75. ¿Se puede afirmar que las facultades instintivas disminuyen con el crecer de las facultades intelectuales?

–“No. El instinto existe siempre, pero el ser humano lo descuida. El instinto también él puede conducir al bien: nos guía siempre, y tal vez con mayor seguridad que la razón, ya que no puede equivocarse”.

¿Por qué no es siempre guía infalible la razón?

–“Lo sería si no fuese falseada por la mala educación, por el orgullo y por el egoísmo. El instinto no razona; la razón, en cambio, deja la elección y otorga al ser humano el libre albedrío”.

 El instinto es una inteligencia rudimentaria que difiere de la inteligencia propiamente dicha porque sus manifestaciones son casi siempre espontáneas, mientras que las de la inteligencia son el resultado de una combinación y de un acto deliberado.

El instinto varía en sus manifestaciones según las especies y las necesidades de los seres. En aquellos que tienen la conciencia y la sensación de las cosas externas, se une a la inteligencia, es decir, al querer y a la libertad.


Samuel Butler


APÉNDICE EXEGÉTICO AL CAPÍTULO IV: EL INSTINTO COMO MEMORIA HEREDADA Y CONTINUIDAD DE LA VIDA

Autor del ensayo y de las investigaciones sobre el instinto: Samuel Butler

 1. El puente entre el hábito corporal y la embriología

Samuel Butler postula que no existe una línea de fractura real entre los hábitos adquiridos durante la vida consciente (como tocar el piano, leer o caminar) y aquellas acciones complejas que se manifiestan desde el nacimiento o en las etapas embrionarias y que comúnmente denominamos "instintos". Mediante la observación rigurosa de las facultades humanas, Butler descubre una ley fundamental de la psicología y la biología: cuanto más perfecta y familiar se vuelve una acción o un conocimiento, más se desvanece la conciencia de su ejecución y la voluntad deliberada de realizarla, quedando relegada a un plano automático o latente.

De este modo, el conocimiento perfecto y la perfecta ignorancia convergen en extremos indistinguibles. Acciones mecánicas complejas que hoy ejecutamos sin pensar (como respirar, la circulación sanguínea, la digestión o el desarrollo anatómico del embrión) no son fenómenos desprovistos de inteligencia, sino el resultado de una práctica y una experiencia acumuladas a lo largo de un tiempo casi infinito, tan intensamente repetidas que el agente ha perdido la conciencia de su propio saber.

 2. La crítica al "instinto hereditario" abstracto y la identidad personal

Butler rechaza categóricamente la explicación vacía de la fórmula moderna del "instinto hereditario" o la "experiencia de la raza" cuando se conciben como entes abstractos desligados del individuo. Para Butler, la experiencia de un antepasado no puede beneficiar a un descendiente a menos que exista una continuidad estricta de identidad y memoria.

a)         La disolución de los límites individuales: La identidad personal es una convención práctica y jurídica, una façon de parler (un modo de hablar) útil para la sociedad, pero falsa en estricta filosofía. Al igual que el río Támesis mantiene su caudal continuo aunque cambie el agua, los seres vivos no son entidades aisladas, sino eslabones ininterrumpidos de una misma y única corriente vital.

 b)         La memoria orgánica: Cada óvulo fecundado, célula germinal o grano vegetal contiene una memoria bonâ fide que lo retrotrae no solo a su forma anterior, sino hasta el amanecer mismo de la vida. El embrión del pollo que construye su estructura ósea, despliega plumas o genera una punta callosa en el pico para romper el cascarón no actúa "promiscuamente" ni por ciego automatismo mecánico; actúa con una memoria milenaria tan perfecta y absoluta que ya no precisa dudar ni reflexionar conscientemente.

3. El ciclo de la conciencia y el nacimiento

En la visión de Butler, el nacimiento no es el punto en el que el individuo comienza a vivir, sino paradójicamente el punto en el que deja de saber cómo vivir.

a)         Antes del nacimiento (La Ciencia): En el seno materno y en las etapas embrionarias, la criatura es maestra consumada de su propio desarrollo; actúa con absoluta certeza, precisión y dominio de las leyes orgánicas y físicas.

b)         Después del nacimiento (La Duda): El nacimiento inaugura el reino de la conciencia, el escepticismo, la vacilación y el aprendizaje laborioso. Lo que llamamos inteligencia infantil o aprendizaje postnatal surge precisamente allí donde el conocimiento perfecto se quiebra y la memoria inconsciente tropieza con la novedad.

 4. La vida como un organismo compuesto (Microcosmos)

Desarrollando los principios de la autonomía celular (con resonancias de las tesis de Claude Bernard y Rudolf Virchow), Butler demuestra que cada organismo superior es un microcosmos, una horda o república compuesta por millones de centros subordinados de sensación y voluntad (células, corpúsculos y tejidos) que poseen su propia autonomía, vida y memoria.

a)         Nuestra "conciencia unitaria" no es más que el consenso fluido y armónico de innumerables almas afluentes que operan en subordinación al gobierno central (el cerebro).

b)         Cuando el organismo se fragmenta o experimenta estímulos extremos (como en los clásicos experimentos con animales decapitados), los centros inferiores afloran y demuestran que la base de la acción refleja es de índole estrictamente psicológica, carente únicamente de conciencia debido a la extrema automatización del hábito.

5. Conclusión exegética: El instinto como hábito cristalizado

Para Samuel Butler, resumido en todas sus vertientes, el instinto no es otra cosa que un hábito inveterado; la memoria heredada convertida en naturaleza automática por el peso de las repeticiones seculares. Las diferencias de estructura y conducta entre las especies se explican por la capacidad de la materia viva de asimilar el entorno exterior, impregnándolo de sus recuerdos. La evolución biológica marcha inexorablemente desde el esfuerzo consciente, la prueba y el error (la ley), hasta la gracia perfecta del instinto inconsciente, donde el conocimiento, al volverse absoluto, se disuelve en el silencio de la materia viva.

 

PARA ANALIZAR Y REFLEXIONAR:


APÉNDICE EXEGÉTICO AL CAPÍTULO IV: EL INSTINTO Y LA CONDUCTA EN LA PERSPECTIVA DE LA HUMANETOLOGÍA

Autor de la obra analizada (Nosotros, los humanos,  Wir Menschen): Hans Hass

 1. La doble raíz de la conducta: Instinto y repertorio innato en el hombre:

El célebre biólogo y pionero de la investigación del comportamiento Hans Hass, en su obra fundamental Nosotros, los humanos: El misterio de nuestro comportamiento, aborda de manera revolucionaria la naturaleza del instinto aplicado a la especie humana. Frente a las corrientes sociológicas tradicionales que durante décadas redujeron al ser humano a una «tabula rasa» —una hoja en blanco moldeada exclusivamente por la cultura y el aprendizaje—, Hass demuestra mediante la humanetología que gran parte de nuestro repertorio de respuestas está profundamente arraigado en programas hereditarios de carácter filogenético.

a)         El trasfondo evolutivo: Al igual que los animales, el ser humano viene al mundo dotado de mecanismos de reacción innatos, patrones fijos de acción, expresiones faciales estandarizadas (como las microexpresiones de la ira, el miedo o el saludo mediante la elevación de las cejas y el lazo del sonrisa) y motivaciones primarias que operan de forma automática antes de que intervenga la deliberación consciente.

b)         La energía interna (Teoría Energon): Hass postula que las tendencias instintivas funcionan impulsadas por potenciales energéticos internos que buscan activamente su descarga. Si un instinto no encuentra un cauce adecuado de manifestación en el entorno, la tensión acumulada puede buscar salidas desadaptativas o canalizarse a través de mecanismos simbólicos y culturales.

2. La tensión entre el instinto y la superestructura cultural: 

Uno de los descubrimientos más lúcidos de Hans Hass en esta obra es el análisis de cómo el ser humano moderno se debate entre sus herencias biológicas más antiguas y las exigencias de las estructuras sociales complejas que él mismo ha creado.

a)         El desajuste evolutivo (Mismatch): Nuestros instintos se adaptaron primigeniamente a la vida en pequeñas bandas de cazadores-recolectores durante el Pleistoceno. Sin embargo, nos encontramos habitando megaciudades hipertecnológicas. Las pulsiones innatas de territorialidad, jerarquía, defensa del grupo y búsqueda de estatus chocan constantemente con las normas artificiales del derecho, la moral y la convivencia cívica.

b)         La trampa de la ordenación: En su afán por organizar el mundo —expresado en el tráfico, la burocracia, la industria y la codificación legal—, el ser humano crea un entramado tan denso que termina por aprisionar su propia naturaleza. Los automatismos sociales y las consignas ideológicas de masas pueden anular la lucidez individual, desencadenando dinámicas de hostilidad, fanatismo y agresión colectiva (guerras e intolerancia) que surgen precisamente de la activación ciega de antiguos mecanismos de defensa grupal.

3. El neoprimitivismo de la curiosidad y la plasticidad cerebral

A diferencia de otras especies animales cuyos instintos son rígidos y cerrados a lo largo de su ciclo vital, Hass destaca que el ser humano conserva como rasgo distintivo una neotenia excepcional: la prolongación de los estados juveniles hasta la edad adulta.

a)         La llama de la curiosidad: El instinto de exploración y el impulso de la novedad (la curiosidad) no se apagan tras la madurez sexual en el hombre, como ocurre en la mayoría de los vertebrados, sino que permanecen activos toda la vida.

b)         Esta plasticidad permite que la inteligencia frene, reoriente o supla a los instintos rígidos. El hombre es, por tanto, el único animal capaz de reflexionar sobre sus propios impulsos y trascenderlos mediante la técnica, el arte, la filosofía y el orden ético.

4. Conclusión exegética: Hacia la autoconciencia moral

Desde la perspectiva de Hans Hass sintetizada para el estudio espiritual, el instinto en el ser humano no representa una condena determinista, sino el sustrato energético y operativo sobre el cual se edifica la libertad. Comprender qué parte de nuestra conducta obedece a automatismos biológicos ancestrales y qué parte proviene de la deliberación consciente constituye el paso indispensable para alcanzar el autogobierno ético. Como concluye el autor, ante los peligros de la automatización social y el poder destructivo de nuestra tecnología, el imperativo socrático de «conócete a ti mismo» se convierte en la única clave de supervivencia y progreso moral para la humanidad.

 

GUÍA PARA EL ESTUDIO: Objetivos de investigación sobre el Instinto:

I. Los Científicos que han estudiado a fondo el instinto

El estudio científico del instinto ha evolucionado desde la simple observación naturalista hasta la fundación de disciplinas enteras como la etología y la sociobiología. Los nombres fundamentales son:

1.       Charles Darwin (1809–1882):

Fue de los primeros en integrar el instinto dentro de la teoría de la evolución por selección natural. En obras como El origen de las especies y La expresión de las emociones en el hombre y los animales, Darwin demostró que los instintos no son facultades estáticas e infalibles creadas por separado, sino conductas heredadas que evolucionan gradualmente por su utilidad para la supervivencia, sujetas también a la variación y al error.

 2.       Jean-Henri Fabre (1823–1915):

Conocido como el "homeric entomologist", dedicó su vida al estudio minucioso de los insectos (Souvenirs entomologiques). Fabre documentó la rigidez, la precisión asombrosa y al mismo tiempo la limitación ciega de los instintos, demostrando que los animales actúan impulsados por una fuerza innata que no comprende la causa última de sus actos.

 3.       Konrad Lorenz (1903–1989) y Nikolaas Tinbergen (1907–1988):

Fundadores de la Etología moderna (galardonados con el Premio Nobel). Descompondrán el instinto en mecanismos precisos, introduciendo conceptos clave como el patrón de acción fija (FAP), el estímulo señal (releaser) y el mecanismo desencadenante innato (MDI). Demostraron cómo la energía interna de un instinto busca manifestarse ante determinados estímulos clave del entorno.

 4.       William McDougall (1871–1938):

Psicólogo que defendió la "psicología hormonal", argumentando que los instintos son los motores primarios de toda actividad humana, dotados no solo de un componente motor, sino de una carga emocional y cognitiva indispensable.

 5.       Hans Hass (1919–2003):

Creador de la humanetología, aplicó el estudio de los programas hereditarios al comportamiento del ser humano, analizando el choque entre nuestras pulsiones biológicas ancestrales y las estructuras de la civilización moderna.

 II. Los Autores Espíritas y el Estudio del Instinto;

En la doctrina y la filosofía espírita, el instinto ocupa un lugar central, especialmente en la transición entre la materialidad y la espiritualidad. Los autores fundamentales lo han tratado de la siguiente manera:

 1.       Allan Kardec (1804–1869) – El Libro de los Espíritus:

En el Capítulo IV (preguntas 73 a 75 y subsecuentes), Kardec aborda el instinto definiéndolo como una guía rudimentaria dada a los seres vivos para su conservación cuando aún carecen de conciencia desarrollada o de libre albedrío. Para el espiritismo clásico, el instinto es la manifestación de la inteligencia de la materia o la acción de los Espíritus que guían de forma oculta los primeros pasos del alma en los cuerpos inferiores, el cual se debilita a medida que la inteligencia y la responsabilidad moral (la razón) se fortalecen.

 2.       Gabriel Delanne (1857–1926):

 En obras como El fenómeno espírita y La evolución anímica, Delanne profundiza en el origen biológico y espiritual de las facultades. Analiza cómo el principio inteligente modela los órganos a lo largo de las eras geológicas. Para Delanne, el instinto es la memoria inconsciente de las experiencias adquiridas por el principio espiritual en sus innumerables encarnaciones anteriores a través de las formas inferiores.

 3.       Léon Denis (1846–1927):

En textos como El porvenir y la vida normal y Después de la muerte, Denis examina el instinto en su relación con el progreso del alma. Considera que el instinto es la "voz de la naturaleza" o el remanente de los automatismos adquiridos, los cuales deben ser superados y sublimados por la intuición y la razón. El instinto ata al ser a la necesidad ciega; el espíritu, a través del libre albedrío, lo transforma en ley moral consciente.

 4.       Ernesto Bozzano (1862–1943):

 Investigador riguroso de los fenómenos anímicos y mediúmnicos, Bozzano estudió profundamente los instintos migratorios, de conservación y de orientación en los animales (¿Los animales tienen alma?). Argumentaba desde una perspectiva metapsíquica y espírita que los instintos complejos (como la construcción de nidos o la orientación a miles de kilómetros) presuponen la existencia de facultades paranormales y de una dirección psíquica subconsciente que trasciende la mera materia cerebral.

 Síntesis Comparativa para el Estudio

 a)         La Ciencia (desde Darwin hasta Lorenz y Hass) explica el instinto como un mecanismo filogenético adaptativo, un programa biológico heredado que asegura la supervivencia de la especie ante los estímulos del medio.

b)         El Espiritismo (desde Kardec hasta Delanne y Denis) ve en ese mismo instinto la manifestación de la ley divina y la memoria del alma en su marcha evolutiva: un automatismo providencial que guía a los seres en las fases primitivas, sirviendo de cimiento material sobre el cual la razón y la espiritualidad edificarán más tarde la libertad consciente.

 

                                                      
Hans Hass

INSTINTO Y ÁNIMO

Del libro: Nosotros, Los Humanos

 Autor: Hans Hass

 

 Según la teoría clásica de los reflejos, se piensa que un estímulo determinado siempre provoca una reacción determinada. No obstante, en el comportamiento instintivo de los animales, la cuestión no es tan sencilla. Aquí actúan también otros factores, y con ello llegamos a un terreno que es muy importante para el enjuiciamiento del comportamiento humano. Como ya se ha dicho, las células motoras, que dirigen las coordinaciones heredadas, se encuentran en continua actividad. Prácticamente, estas células producen sin interrupción sus impulsos coordinados, aunque los MPC impiden que estos impulsos lleguen a los músculos. Sólo el adecuado estímulo clave ocasiona una liberación y es sólo entonces cuando el movimiento sigue su camino. Si una coordinación heredada no es provocada en mucho tiempo, si el animal no recibe ningún estímulo clave en este sentido, esto puede conducir a una creciente excitación. El animal se intranquiliza y comienza a buscar activamente la situación estimulante provocadora. Esto es precisamente lo que llamamos "instinto". En este estado de excitación son suficientes unos estímulos clave menores a lo normal para provocar el correspondiente comportamiento instintivo. Sin embargo, si el animal tampoco consigue encontrarlos, puede suceder que la coordinación heredada se desarrolle "espontáneamente", sin la actuación de ningún estímulo, ni de ningún impulso exterior. El "bloque" de represión es echado al mismo tiempo hacia un lado, y la "cerradura" se abre sin necesidad de la llave correspondiente.

Lorenz observó esto en un estornino que crió en una habitación. El animal recibía alimentos suficientes, pero no tenía absolutamente ninguna oportunidad para hacer reaccionar sus coordinaciones heredadas del vuelo y de la caza de insectos. Entonces, el estornino mostró el siguiente comportamiento a intervalos regulares de tiempo: levantó el vuelo de su aseladero y, aunque en la habitación no había ninguna clase de insectos, ejecutó los movimientos característicos para coger insectos al vuelo, aunque esto lo hacía en el aire vacío. Después volvió a su aseladero ejecutando los movimientos típicos de esta clase de pájaros para matar a los insectos y tragándose después el insecto imaginario. Un comportamiento similar mostraron unos gansos, criados por Lorenz en tierra a base de grano. Aunque estaban saciados, los animales mostraron la tendencia de dirigirse hacia el agua para buscar bajo ella su alimentación natural, aunque en realidad hacían los movimientos en el "vacío". En ambos casos, tanto el estómago como los intestinos de los animales estaban llenos, o sea que no tenían hambre. A pesar de todo, mostraron el impulso de ejecutar determinados movimientos, o sea que sin tener la necesidad de comer, sólo ejecutaban estos movimientos espontáneos con el propósito de hacer reaccionar las coordinaciones heredadas correspondientes.

Los investigadores de la conducta llaman "animosidad específica" o "apetencia" al apresto creciente de un animal para ejecutar un determinado comportamiento instintivo. Las apetencias de esta clase que brotan en un animal se pueden reconocer por unos determinados movimientos característicos a los que se llama "movimientos de intención". El animal que se indica, por la clase de sus movimientos, cuál es el instinto ya vestre, por ejemplo, hace unos movimientos con la cabeza dirigiéndola hacia arriba cuando se encuentra con "ánimo de volar", haciéndolo momentos antes de comenzar realmente a volar. Eibl y yo pudimos comprobar en el Océano Índico cómo los tiburones que se encontraban con "ánimo de comer" sacudían la cabeza como si ya se hubieran apoderado de una presa.

Para conseguir la reacción de las apetencias también se utilizan "objetos de sustitución". Esto se puede observar por ejemplo en los animales que viven en manadas y entre los que la limpieza mutua del pelo y de la piel forma parte de su comportamiento congénito. Si a estos animales se les mantiene aislados, les falta la posibilidad de ejecutar esta sucesión de movimientos; por ello es muy frecuente que inviten a sus cuidadores a que les limpien. Las ratas hembras sienten un ánimo tan fuerte de "llevar" durante los primeros días después del parto (se trata del comportamiento instintivo de algunos animales por buscar y llevar al nido a los pequeños que se han arrastrado fuera de él), que no es raro que utilicen como objeto de sustitución su propia cola o una de sus patas traseras. En tal caso, se cogen la cola, la llevan al nido y la "depositan" allí, o bien se cogen una de las patas traseras y la arrastran, trastabillando sobre tres patas, como si fuera un pequeño.

En los parques zoológicos se puede observar que entre las diversas especies animales aparecen a menudo los mismos instintos con un grado diferente de intensidad. Los leones, por ejemplo, muestran un impulso de movimiento mucho menor que los lobos, lo que está en conexión con su forma de vida diferente. Mientras que los lobos consiguen sus presas rastreándolas y persiguiéndolas, los leones esperan sus presas, en la mayor parte de los casos, hasta que se acerca a ellos una presa. Por lo tanto, al león que está en cautividad no le importa recibir su comida sin tener que realizar ningún esfuerzo. Su instinto está acostumbrado a llevar una vida adecuadamente tranquila. En el caso del lobo, por el contrario, existe la apetencia de correr, que normalmente va unida a la obtención del alimento. Por lo tanto, se mueve sin pausa dentro de su jaula, para liberar de este modo su "ánimo de movimiento".

Spitz y Ploog han observado en el niño una dependencia similar. Cuando los bebés chupan una determinada cantidad de leche del biberón en veinte minutos, se quedan durmiendo al final, sintiéndose tranquilos. Sin embargo, si se amplía la abertura del biberón de forma que beban la misma cantidad de leche en la mitad de tiempo o que la puedan beber incluso en cinco minutos, entonces los bebés se muestran intranquilos. En tal caso, siguen chupando en el "vacío" y comienzan a llorar. Su apetito se ha calmado, pero su apetencia de chupar no ha sido liberada por completo. Si se les entrega entonces el biberón vacío, siguen chupando durante otros diez o quince minutos y sólo después se tranquilizan. En las terneras alimentadas con cubo aparece un proceso similar. Estos animales se acostumbran a chupar las argollas de las cadenas del establo, o hacen lo mismo con otras terneras.

En estado de apetencia, el animal se muestra menos sensible ante los estímulos clave que provocan otra forma de comportamiento diferente a la apetecida. Así, por ejemplo, un animal que sienta el ánimo de caza, tiene que recibir estímulos sexuales mucho más fuertes que los normales para pasar a un comportamiento de apareamiento, y también ocurre lo mismo al revés. Por el contrario, una vez que se haya liberado la exigencia instintiva habiéndose ejecutado las coordinaciones heredadas correspondientes, el animal vuelve a ser normalmente sensible para otros estímulos.

Lorenz habla en este caso de un "parlamento de los instintos", una comparación muy instructiva. Así como en un Parlamento, los diputados esperan presentar y poder imponer sus diversos deseos, del mismo modo pugnan los instintos por hacer su aparición impartiendo su orden coordinada. Y cuando no encuentran oportunidad para hacerlo así experimentan una creciente excitación hasta que llega un momento en que el comportamiento instintivo de que se trate pueda ser provocado más fácilmente y pueda ser ejecutado, incluso sin un impulso especial, en el "vacío".

Este proceso de la excitación creciente es comparado por Lorenz a un líquido que suba gradualmente dentro de una vasija, hasta que al final se derrame. Tinbergen y Von Holst también hablan de un "apilamiento" interior de energía de acción específica que finalmente llega a "derramarse". De la Fisiología se tomó otra concepción imaginativa para hacer comprender mejor este proceso. Aquí se habla de una disminución o elevación de la "honda estimulante". Cuanto más alta sea la honda ante una puerta de entrada, más difícil será sobrepasarla. Esto también se puede comprender así en lo que se refiere a los estímulos que provocan los comportamientos instintivos o los reflejos. Un "aumento" de la onda estimulante significa que los estímulos correspondientes deben ser más fuertes para provocar la reacción de que se trate. Una "disminución" tiene como consecuencia el que ya un estímulo relativamente pequeño pueda sobrepasar la onda y consiga abrir el "bloque".

La cuestión de descubrir las causas responsables de que la onda estimulante represiva descienda con uno u otro comportamiento instintivo —o sea, que aparezca una u otra conducta—. Las investigaciones detalladas han demostrado que la "animosidad específica" de un animal —completamente aparte de la producción espontánea de excitación— también puede ser influida por factores "exteriores" e "interiores".

Para citar un ejemplo de influencia "exterior", esto es lo que ocurre cuando aumenta la duración del día, que coloca al gasterosteo macho en ánimo de reproducción. El "diputado" correspondiente en el parlamento de sus instintos comienza a imponerse hasta que consigue que el animal se vea asaltado por una determinada desazón. El pez todavía no se pone su traje de bodas, tampoco muestra ningún comportamiento de lucha o solicitud amorosa. Lo único que hace el gasterosteo por el momento es emigrar desde las profundas aguas invernales hacia unas aguas más cálidas y superficiales. Una vez allí, cada macho busca un lugar donde exista buena cantidad de plantas y funda en él su zona. Sólo entonces se pone su traje de boda y es sensible a partir de aquel momento a otros estímulos. Si durante la emigración de los gasterosteos se apresan algunos de ellos y se les coloca en una vasija llena de agua que no contenga ninguna clase de plantas, los animales permanecen en manada y no cambian de color. Y esto ocurre así sencillamente porque ninguno de los machos puede delimitar una zona para sí mismo. Si, por el contrario, se colocan plantas acuáticas en una de las esquinas de la vasija, pronto habrá un macho que se instale entre ellas, fundando allí su zona y cambiando de color; sólo entonces sentirá el ánimo de la reproducción. En este caso, el creciente ánimo de la reproducción se ve afectado por dos factores exteriores: en primer lugar por el aumento de la duración del día y después por el descubrimiento de unas plantas apropiadas para fundar entre ellas su zona (y para colocar entre ellas el nido correspondiente). Como consecuencia de estas situaciones estimulantes exteriores, el diputado encargado del comportamiento sexual del gasterosteos, situado en el sistema nervioso central de éste, adquiere cada vez mayor influencia, haciéndose cargo de una forma creciente de la dirección del cuerpo, mientras que todos los demás diputados tienen que esperar durante un determinado espacio de tiempo.

Un ejemplo de influencia "interior" es la efectividad de las hormonas. Se ha comprobado que cuando una paloma zumbona ve a un macho en celo, los ovarios de ella segregan progesterona en la sangre. De cinco a siete días después, esta hormona hace que en los animales aparezca el ánimo de empollar. Lehrmann, que realizó experimentos con 80 parejas de esta especie de paloma, inyectó progesterona a las hembras. Cuando, antes de juntar los machos con las hembras, las parejas comenzaron directamente a empollar, lo que normalmente no hacen nunca. También en este caso se volvió a demostrar con qué facilidad se puede inducir a error su camino normal y con qué facilidad se puede desviar esta clase de comportamientos. En este caso, la animosidad es inducida por una hormona y si ésta es llevada a la corriente sanguínea antes de lo normal, el diputado instintivo correspondiente también se pone a funcionar antes de tiempo.

Otra influencia "interior" sobre el instinto individual está representada por las actuaciones de los demás instintos. Como ya se ha dicho, con el aumento de una apetencia el animal es menos sensible a otros estímulos clave. Expresado con exactitud, esto significa que con la disminución de una onda estimulante se aumentan las ondas estimulantes de otros instintos. En este caso, el investigador de la conducta dice que un instinto "reprime" al otro. Cuando los pájaros se encuentran con ánimo de empollar aumenta considerablemente la barrera ante el estímulo para el comportamiento de huida. Así, pues, cuando un ave se encuentra en una situación normal —un hecho conocido en sí, pero que de esta forma conoce una explicación muy natural—, se basa en determinados "acoplamientos" del sistema nervioso central. Si un pollo coge con el pico algo que le produce asco, puede tener hasta cuatro reacciones diferentes —de acuerdo con la intensidad del estímulo— previamente fijadas por herencia: detiene su actividad y no sigue comiendo; alarga el cuello, efectúa movimientos con la lengua y segrega saliva; si la sensación de asco es muy fuerte, sacude el pico; y finalmente se limpia el pico en el suelo. Si el pollo sólo ejecuta en parte esta sucesión de movimientos, disminuye su apetencia por seguir picando, como se puede demostrar en un experimento desarrollado con toda exactitud.

Sin embargo, la animosidad para un comportamiento instintivo también puede aumentar la animosidad para otro comportamiento instintivo. El investigador de la conducta dice en tal caso que los dos instintos están "relacionados positivamente". Así, por ejemplo, muchos animales que sienten "ánimo de comer" ven aumentado también, y al mismo tiempo, su "ánimo de lucha". Lo verdaderamente interesante es que esta "correlación" no siempre tiene que concordar en los animales machos y hembras de la misma especie, ya que puede ser incluso opuesta. En el macho de la perca de río, su predisposición para el comportamiento sexual es reprimida por el ánimo de huida, o sea que cuando el animal tiene miedo, pierde todo interés por la hembra. Por el contrario, el ánimo agresivo está positivamente relacionado con su comportamiento sexual. Así, pues, si el animal tiene el ánimo agresivo ve impulsado al mismo tiempo su instinto sexual. En la hembra es precisamente al revés. Si la hembra tiene "ánimo de miedo", esto puede tener como consecuencia una elevación de su predisposición para el comportamiento sexual. Por el contrario, en este caso un aumento de la agresividad significa una disminución del apresto sexual. Por lo tanto, si la hembra tiene ánimo agresivo, pierde todo interés por el "amor". Esta misma diferencia del comportamiento del macho y de la hembra se ha observado también entre otros animales.

Algunas coordinaciones heredadas se encuentran tan unidas entre sí que un determinado comportamiento instintivo puede construir sobre varias de ellas. En el comportamiento de caza de la presa, el gato cuenta con las coordinaciones heredadas "acechar", "arrastrarse", "asaltar" y "echar la zarpa". Todas estas acciones son ejecutadas según un orden determinado, influyendo unas sobre otras. Por otra parte, cada una de estas coordinaciones heredadas tiene su propia apetencia. Si durante algún tiempo un gato no tiene la oportunidad de ejecutar ésta o aquella acción, busca una situación estimulante adecuada para, por ejemplo, "echar la zarpa". El ratón puede convertirse en el objeto de este proceso. Y tampoco cambia nada cuando un ovillo de lana le sirve al gato como objeto de sustitución.

Basándose en estas y otras observaciones, Tinbergen llegó a la conclusión de que cada uno de los instintos está jerárquicamente construido. El parlamento de los instintos no solamente está compuesto de "diputados", sino también de diversos "ministerios", cada uno de los cuales tiene a su disposición los funcionarios correspondientes, que en realidad son muchos. Estos funcionarios se encuentran diversamente relacionados entre sí y cada uno de ellos se esfuerza por conseguir el derecho de orden, o sea por dirigir el cuerpo a su manera.

Así obtenemos una imagen del organismo animal que se separa considerablemente de la imagen que estamos acostumbrados a tomar en consideración. La unidad que estamos acostumbrados a ver se deshace en una diversidad de instancias, cada una de las cuales se comporta con bastante autonomía. De acuerdo con esta imagen, el cuerpo es una unidad, pero no está organizado jerárquicamente, sino que unos ministerios, aquel ministro, o tales o cuales funcionarios se apoderan de la dirección durante un corto espacio de tiempo.

Por medio de estímulos cerebrales llevados a cabo con pollos, Von Holst y Saint-Paul consiguieron experiencias más profundas. Por medio de una operación, los investigadores introdujeron electrodos en el cerebro viviente y con ellos pudieron determinar qué comportamiento era dirigido artificialmente mediante débiles impulsos eléctricos. Así se pudo determinar qué comportamiento era dirigido por la estructura nerviosa correspondiente. Los diminutos electrodos no causaron dolor a los animales ni malestar. Cuando se despertaron de la anestesia no se dieron cuenta de los electrodos ni de los hilos finísimos que partían de su cabeza.

Los resultados de estos estímulos fueron enormemente explicativos y fueron filmados para ser utilizados en la enseñanza. En la película se puede ver a un pollo que se encuentra tranquilo y contento sobre la mesa de experimentación. De pronto se le emite un impulso en un punto determinado del cerebro. El pollo se levanta inmediatamente y comienza a picotear en un plato. En el plato no hay nada, pero cuando se estimula el punto adecuado el pollo picotea como un autómata. La excitación de otro punto tiene como consecuencia que el pollo permanezca sentado, pero mirando a su alrededor. Si se eleva un poco la tensión (de 0.1 a 0.3 voltios aproximadamente), entonces se levanta y comienza a cacarear. Si se eleva un poco más la tensión comienza a dar vueltas y vacía su intestino. Ante un nuevo aumento de tensión se vuelve, se acurruca y dirige el pico en una dirección determinada. Finalmente, cuando la tensión es de 0.9 voltios intenta volar y lanza varios gritos. En este último caso, el estímulo, elevado gradualmente, liberó una tras otras diversas coordinaciones heredadas en una sucesión ordenada. El pollo mostró algunas formas de comportamiento que ejecuta en la vida normal cuando se acerca un enemigo. Si Von Holst estimulaba inmediatamente al pollo sentado con una corriente de 0.9 voltios, el animal se echaba a volar inmediatamente y cacareaba con fuerza desapareciendo los grados intermedios. Si estimulaba varias veces los mismos puntos, aparecía la elevación de la barra ante el estímulo y el cansancio, que también pueden ser observados en la naturaleza.

Von Holst y Saint-Paul pudieron provocar artificialmente en los pollos casi todas las coordinaciones heredadas. Al hacerlo, se demostró que algunas coordinaciones heredadas pueden ser activadas desde diversos puntos del cerebro. Un ejemplo fue "cacarear" y otro "andar". En la jerarquía de los movimientos instintivos, estas coordinaciones heredadas se encuentran situadas en un lugar muy secundario, siendo puestas en funcionamiento en diversas formas de comportamiento. El pollo cacarea durante el comportamiento de cuidado de la cría, así como durante el instinto de huida muy activado. Y el pollo "anda", o sea, da pasos tanto durante la búsqueda del alimento como durante los actos de ataque y apareamiento.

Estas sencillas coordinaciones heredadas fueron llamadas por Lorenz "acciones instrumentales", porque, lo mismo que los instrumentos, se pueden utilizar para diversos propósitos. Las rutas de conmutación existentes en el cerebro corren, al parecer, de manera que los diversos instintos —cada uno en la esfera de su propio desarrollo de movimiento— sirven para ejecutar estos movimientos básicos.

El fenómeno de la correlación anteriormente citado pudo ser mucho mejor investigado por Von Holst y Saint-Paul por medio de una estimulación de diversos puntos realizada al mismo tiempo. A través de esta clase de "estímulos dobles" pudieron comprobar que en la activación de diversos instintos aparecieron siete conexiones diversas:

1. Superposición: Los dos movimientos se pueden superponer; un estímulo de los lugares responsables de las acciones "picotear" y "volver la cabeza", efectuado al mismo tiempo, tiene como consecuencia que el animal picotee y doble la cabeza también simultáneamente.

2. Regularidad: Los movimientos pueden ser regulares; los estímulos de las acciones "prestar atención" y "asegurar" (observar alrededor) tienen como consecuencia que el pollo realice los movimientos al mismo tiempo, pero cada uno de ellos a una intensidad un cincuenta por ciento menor de lo normal.

3. Oscilación: La estimulación de los actos "asegurar" y "comer" conduce a la oscilación; el animal come y mira a su alrededor alternativamente.

4. Anulación: Una estimulación conjunta del "mirar a la derecha" y "mirar a la izquierda" conduce a la anulación; la cabeza del animal no gira ni hacia la izquierda ni hacia la derecha, sino que permanece recta.

5. Transformación: La estimulación de dos instintos, realizada al mismo tiempo, puede conducir a una transformación; los dos instintos estimulados liberan un tercero, de modo que el animal ejecuta un movimiento completamente distinto, pues el "ánimo de picotear" y el "ánimo de huida" estimulados al mismo tiempo dan como resultado la aparición del "grito de defensa".

6. Represión parcial: Un instinto puede reprimir al otro, de modo que cuando los dos son estimulados al mismo tiempo, el uno se expresa de modo perfecto, mientras que el otro solamente se indica con cierta debilidad al final.

7. Predominio absoluto: El instinto puede llegar a impedir por completo la ejecución de otro instinto, de manera que cuando se les estimula conjuntamente sólo aparece el predominante.

Desde entonces, algunos otros investigadores han realizado estímulos cerebrales similares. Todavía tenemos que indicar un resultado más. Se adiestró a las ratas para que, mediante la presión ejercida sobre una tecla, pudieran provocar el propio estímulo cerebral. Se descubrió un punto en el cerebro cuya estimulación es, al parecer, especialmente agradable para el animal. En un espacio de tiempo de veinticuatro horas, la rata se estimuló más de cincuenta mil veces. El animal estuvo estimulándose casi ininterrumpidamente.

Un fenómeno que todavía no está aclarado por completo radica en que cuando los animales se encuentran en situaciones conflictivas adoptan con frecuencia formas de comportamiento que no tienen sentido alguno. Así, por ejemplo, cuando los gallos de pelea sienten activar su tendencia de huida ante el enemigo, comienzan a picotear el suelo. En aquel momento no habría nada más extraño que buscar alimento, pero, a pesar de todo, ejecutan este movimiento, que no encuentra "su escape y, por lo tanto, salta a otro camino nervioso". De acuerdo con esto, llamó "movimientos de salto de obstáculos" a estos procesos que se pueden observar con cierta frecuencia. Sin embargo, también es posible que estos fenómenos se puedan explicar por la "transformación" observada por Von Holst, según la cual dos instintos activados al mismo tiempo pueden liberar a un tercero. Cuando hablemos de la gesticulación del ser humano estudiaremos estos movimientos con mayor detalle.

Por medio de numerosos ejemplos, Lorenz pudo demostrar cómo los instintos se habían "acoplado" durante el transcurso del desarrollo, y habían sido "formados" por la selección natural, al igual que los órganos del ser viviente, ajustándose a las transformaciones de las condiciones de vida. Es interesante resaltar que los instintos mostraron a menudo ser más rígidos y "conservadores" que los órganos encargados de ejecutarlos. Los antepasados del ciervo actual no poseían todavía cornamenta, pero sí disponían de una dentadura muy efectiva con la que se defendían. El movimiento intencionado de mostrar los dientes se convirtió en una señal de amenaza. Posteriormente, se llevó a cabo una regresión gradual de los colmillos superiores, que habían estado especialmente desarrollados; en la actualidad, los ciervos se defienden con los cascos y la cornamenta. Pero, a pesar de todo, el movimiento instintivo de mostrar los dientes ha permanecido como una señal de amenaza. Con ello, ha demostrado ser más "conservador" que los órganos sobre los que se basaba.

Lorenz comprobó la existencia de considerables transformaciones instintivas entre los animales domésticos. Al protegerse el hombre contra sus enemigos naturales y contra las inclemencias del tiempo, transformó la selección natural; a este proceso se le llama "domesticación". Lorenz descubrió que al llevarse a cabo la domesticación se desmoronaban en "pedazos" las "cadenas" más largas de coordinaciones heredadas en el aspecto motor y entonces se produjo una "desdiferenciación". Igualmente perdieron selectividad algunos mecanismos congénitos de reconocimiento (MPC), o sea que entre los animales domésticos ya no reaccionaban tan exactamente ante los estímulos clave como entre los animales salvajes de los que procedían los domesticados. La "cerradura" del comportamiento instintivo se podía abrir por medio de muchas más "llaves". También se transformaron los instintos más complejos; los instintos sociales que actúan en favor del mantenimiento de las comunidades animales conocieron incluso una regresión. Otros, como los de la comida y la fecundación, aumentaron su potencia, se "hipertrofiaron".

Estas formas de la "decadencia de los instintos" también han tenido lugar durante el transcurso de la evolución natural, y esto ha sido de una gran importancia. Esta decadencia de los instintos es una condición *sine qua non* para que lleguemos a hablar. Porque sólo gracias a una existencia menos rígida en cuanto a su aspecto congénito, pudieron los animales vertebrados superiores llegar hasta su alta capacidad de acoplamiento. Sólo gracias a que se desmoronó en parte la rígida fijación hereditaria, consiguieron estos animales mejorar su comportamiento por medio del aprendizaje. Como muy bien dijo Whitman, uno de los primeros pioneros de la investigación de la conducta, es la "puerta abierta" por la que "penetró" en el animal la experiencia individual pudiendo así transformar su conducta.

  

ANÁLISIS: EL INSTINTO EN LA PERSPECTIVA DE HANS HASS (CAPÍTULO IV DE: NOSOTROS, LOS HUMANOS)

 1. La refutación del reflejo simple y el dinamismo interno del instinto:

   Frente a la teoría clásica que concebía el comportamiento instintivo como una respuesta lineal y pasiva ante un estímulo externo (estímulo-reacción), Hass demuestra que el instinto es un proceso activo y endógeno. Las células motoras que dirigen las coordinaciones heredadas se encuentran en continua actividad, produciendo impulsos de manera ininterrumpida.

   El freno y la liberación: Estos impulsos no se traducen inmediatamente en movimiento gracias a mecanismos inhibidores (como los MPC). El impulso permanece contenido hasta que aparece el estímulo clave adecuado, el cual actúa como la llave que abre la cerradura, permitiendo que la conducta heredada siga su curso.

   La acción en el vacío: Vacuum Activity. Si el animal pasa demasiado tiempo sin recibir el estímulo clave adecuado, la tensión interna acumulada busca una salida de forma espontánea. Se produce un desbordamiento donde el "bloque" de represión se disemina y el animal ejecuta los movimientos característicos (como cazar insectos imaginarios en el aire o picotear el vacío) sin necesidad de presa ni de hambre real, demostrando que el instinto posee un motor energético interno.

2. La apetencia, la jerarquía y el "Parlamento de los Instintos"

   El estado de preparación creciente para ejecutar un comportamiento instintivo se denomina apetencia o animosidad específica.

   Movimientos de intención: La apetencia se manifiesta exteriormente mediante señales corporales específicas (como la dirección de la cabeza o pequeños ademanes previos) que revelan qué instinto está "en activo" o a punto de desencadenarse.

   El modelo jerárquico: Konrad Lorenz y Niko Tinbergen conceptualizan el sistema instintivo no como una estructura plana, sino como un complejo "parlamento" o "ministerios" internos. Los distintos instintos (comida, huida, reproducción, agresión) pugnan constantemente por imponer su orden y dirigir el cuerpo.

   Correlaciones y conflictos: Mediante la estimulación cerebral, se ha comprobado que los instintos pueden superponerse, anularse mutuamente, combinarse para dar lugar a conductas totalmente nuevas (transformación) o reprimirse unos a otros. Ante situaciones de conflicto insalvable entre dos tendencias opuestas (como huir o atacar), surge un "movimiento de salto de obstáculos", donde el animal canaliza la energía bloqueada hacia una acción aparentemente incongruente, como picotear el suelo.

3. Influencias externas e internas sobre el instinto:

   El umbral de sensibilidad del instinto (la "honda estimulante") no es estático; fluctúa constantemente debido a factores exógenos y endógenos:

   Factores exteriores: Modificaciones ambientales como el aumento de la duración del día o el descubrimiento de elementos clave en el hábitat (plantas, refugios) activan o intensifican la predisposición de ciertos "diputados" instintivos en el sistema nervioso central.

   Factores interiores: La química corporal —especialmente las hormonas, como la progesterona demostrada en experimentos con aves— puede adelantar o desencadenar conductas complejas de empollamiento y cuidado antes de los tiempos biológicos habituales. Asimismo, la saciedad o el predominio de un instinto actúan reprimiendo o elevando los umbrales de sensibilidad de los demás.

   Acciones instrumentales: Coordinaciones heredadas básicas (como "andar" o "cacarear") actúan como herramientas versátiles que pueden ser empleadas por múltiples instintos diferentes (huida, búsqueda de alimento, reproducción o defensa) según las necesidades del organismo.

 4. La evolución, la domesticación y la "puerta abierta" al aprendizaje:

   El análisis de Hass revela que los instintos no son inmutables; al igual que los órganos físicos, se ajustan a las condiciones de vida a lo largo de la selección natural, mostrando a menudo una rigidez conservadora superior a la de las propias estructuras anatómicas en las que se apoyan (como los movimientos de amenaza con los dientes conservados en cérvidos a pesar de la regresión de los colmillos).

  El impacto de la domesticación: Al proteger el hombre al animal de las crudezas naturales, las largas cadenas de coordinaciones heredadas motoras se desmoronan ("desdiferenciación") y los mecanismos congénitos de reconocimiento pierden selectividad, abriendo la "cerradura" instintiva a muchas más llaves.

   La decadencia de los instintos como condición de la inteligencia: Esta degradación o debilitamiento de la rigidez instintiva heredada no es un defecto evolutivo, sino una condición fundamental, sine qua non: al quebrarse los patrones cerrados y automáticos, se abre una "puerta" por la cual penetra la experiencia individual, permitiendo que el animal superior mejore y transforme su conducta mediante el aprendizaje y la plasticidad cerebral.


Se ha realizado una síntesis con base en el punto 1d, «Los hábitos o instintos de los animales: tipos de hábito o instinto animal; los hábitos o instintos de diferentes clases de animales» del capítulo sobre el Animal en The Great Ideas: A Syntopicon of Great Books of the Western World, de la Enciclopedia Británica, estructurada de la perspectiva de cada uno de los grandes autores citados en dicha sección, vinculando sus ideas sobre el instinto y su relación con el hábito a los fines de ampliar las perspectivas del estudio sobre el instinto a lo largo de la historia, para servir como una sólida materia de estudio filosófico y científico sobre el Instinto.

 

Perspectivas históricas y filosóficas sobre el instinto y el hábito animal:

1.       La Antigüedad Clásica y la Filosofía Antigua:

 

         I. Heródoto: Observa las conductas peculiares, adaptaciones y peculiaridades biológicas o etológicas de diversas especies animales en sus viajes e historias, mostrando cómo la naturaleza dota a cada criatura de pautas de supervivencia específicas ligadas a su entorno geográfico.

       II. Platón (La República): En su visión del alma y el orden natural, examina las tendencias innatas y la armonía de las funciones dentro de los seres vivos, donde los animales actúan guiados por impulsos naturales que reflejan partes inferiores del alma (apetitiva e irascible), subordinadas al orden cósmico.

     III.Aristóteles (Historia de los Animales, Partes de los Animales, Ética): Es el gran sistematizador clásico. Distingue con agudeza las facultades de los animales frente a los hombres. Para Aristóteles, los animales poseen percepciones, memoria y ciertos grados de inteligencia práctica o cuasi-razonamiento, pero operan fundamentalmente mediante impulsos naturales fijos (instintos) orientados a la autoconservación, la reproducción y la construcción de moradas (como abejas y aves). El hábito en los animales se relaciona con la costumbre adquirida por repetición, aunque subordinada a su naturaleza fija.

       IV. Galeno: Desde la perspectiva médico-fisiológica (Facultades Naturales), analiza cómo las funciones corporales y las tendencias instintivas operan a través de principios biológicos innatos, donde el cuerpo animal ejecuta acciones complejas sin deliberación consciente, guiado por la constitución de sus órganos y temperamentos.

        V. Lucrecio (De la naturaleza de las cosas): Desde una óptica atomista y materialista, explica que las conductas instintivas de los animales: el miedo innato a los depredadores, el amor maternal, el instinto gregario, la cohesión del rebaño o la unión protectora del rebaño, surgen de la disposición de los átomos del alma y del cuerpo. Los animales no razonan, sino que sus movimientos y hábitos responden a necesidades físicas ciegas y a la adaptación natural al medio.

2. La Edad Media y el Renacimiento:

         I. Tomás de Aquino (Suma Teológica): Desde la filosofía escolástica, Aquino sitúa el instinto animal (estimativa en los animales, distinta de la cogitativa racional del hombre) como una facultad natural providencial. Los animales perciben por instinto lo útil y lo nocivo (por ejemplo, la oveja que huye instintivamente del lobo sin haberlo evaluado racionalmente). Los hábitos en los animales son limitados en comparación con los humanos, tratándose más bien de adiestramientos o costumbres impresas por su naturaleza sensible.

       II. Geoffrey Chaucer (Los cuentos de Canterbury): A través de sus observaciones poéticas y narrativas (como en los cuentos del fraile o del párroco), refleja la sabiduría popular sobre el comportamiento animal, reconociendo en sus hábitos pautas fijas creadas por Dios que imitan o contrastan con los vicios y virtudes de la naturaleza humana.

     III.François Rabelais (Gargantúa y Pantagruel): Utiliza la conducta animal de forma satírica y alegórica para ilustrar los impulsos primarios, el apetito desenfrenado y las costumbres mecánicas tanto de las bestias como de los seres humanos que se dejan dominar puramente por la corporalidad.

       IV. Michel de Montaigne (Ensayos): Revoluciona la visión tradicional al defender la dignidad y la inteligencia de los animales frente a la soberbia humana. Montaigne argumenta que muchas acciones instintivas de los animales superan en perfección, astucia y lealtad a la razón humana, sugiriendo que poseen una forma de sabiduría natural e innata que no palidece ante nuestros hábitos culturales artificiales.

 

3. La Modernidad: Racionalismo, Empirismo y Mecanismo

         I. William Shakespeare (Enrique V, Timón de Atenas): Retrata en sus dramas la ferocidad, la lealtad y los instintos jerárquicos de los animales, como los lobos, caballos y abejas, para trazar metáforas profundas sobre el orden social, la política y la psicología de las pasiones humanas.

       II. William Harvey: Desde la fisiología moderna, investiga la generación y la circulación en los animales, viendo en los instintos y movimientos vitales el resultado de complejas maquinarias orgánicas y leyes biológicas impresas en el desarrollo embrionario.

     III.Francis Bacon: Promueve el estudio empírico e inductivo de la historia natural, instando a observar sin prejuicios los hábitos, metamorfosis e instintos de los animales para comprender las leyes operativas de la naturaleza.

       IV. René Descartes (Discurso del método): Introduce la teoría radical del animal-máquina (bête machine). Para Descartes, los animales carecen por completo de razón y de alma consciente; por lo tanto, lo que llamamos "instinto" no es más que una respuesta mecánica y compleja de autómatas biológicos ante estímulos externos, operando de manera puramente física (por disposición de órganos y espíritus animales), sin verdadera sensación interna ni pensamiento.

        V. Baruch Spinoza: En su Ética, sostiene que cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser (conatus). En los animales, este impulso fundamental se manifiesta como instintos de conservación y afectos básicos adaptados a su naturaleza corporal, rigiéndose por leyes necesarias y universales de la naturaleza divina.

       VI. Blaise Pascal (Pensamientos): Observa la paradoja del animal: aunque carecen de la dignidad del pensamiento reflexivo, muestran una perfección instintiva y una adaptación a sus necesidades que a menudo desconciertan a la razón humana, demostrando las limitaciones del orgullo de nuestra especie.

     VII. John Locke: Analiza cómo los animales poseen percepción y memoria limitada, lo que les permite retener ciertos hábitos aprendidos (adiestramiento), pero carecen de la capacidad de abstraer ideas generales, diferenciando así claramente el hábito adquirido por asociación de ideas de la verdadera racionalidad.

   VIII.Jonathan Swift (Los viajes de Gulliver): En el cuarto viaje (hacia el país de los Houyhnhnms), subvierte la jerarquía tradicional al presentar a unos caballos racionales, virtuosos y guiados por la recta naturaleza, criticando mordazmente cómo los seres humanos, a pesar de presumir de razón, suelen dejarse arrastrar por instintos mucho más depravados y destructivos que los de las bestias.

4. La Ilustración, el Siglo XIX y el Surgimiento de la Psicología Científica

         I. Jean-Jacques Rousseau (Discurso sobre el origen de la desigualdad): Considera que el animal es un agente libre en un sentido primitivo, gobernado por la naturaleza, y cuyo instinto es infalible para su conservación. A diferencia del hombre, que se corrompe por sus pasiones y hábitos culturales artificiales, el animal vive en una pacífica y perfecta concordia con sus instintos originarios.

       II. Immanuel Kant: En sus obras críticas y de antropología, distingue netamente entre el apetito instintivo animal (instinkt) y la voluntad libre y racional del hombre. Los animales actúan por inclinaciones mecánicas de la naturaleza; sus "hábitos" son en realidad constricciones instintivas de la especie, carentes de moralidad o autonomía legislativa.

     III.John Stuart Mill (El utilitarismo): Al examinar los placeres y la conducta, señala que los instintos y deseos de los animales apuntan a la supervivencia y al bienestar inmediato, sirviendo de base comparativa para evaluar la jerarquía de los placeres y motivaciones en la psicología utilitarista.

       IV. James Boswell (Vida de Samuel Johnson): Registra las agudas conversaciones donde el Dr. Johnson y Boswell discuten la mente animal, la fidelidad instintiva de los perros y los límites de la comprensión humana sobre la psicología de las bestias.

        V. Herman Melville (Moby Dick): A través de la descripción monumental del cachalote y la fauna marina, explora los instintos primigenios, salvajes y enigmáticos de las grandes criaturas del océano, que actúan como símbolos abismales de una naturaleza inaccesible e indiferente al destino del hombre.

       VI. Charles Darwin (El origen de las especies, El origen del hombre): Transforma radicalmente el concepto de instinto. Para Darwin, los instintos no son facultades estáticas e inmutables creadas por separado, sino hábitos heredados y seleccionados a lo largo de eones mediante la evolución y la selección natural. Un instinto complejo (como el de la construcción de panales por las abejas) puede considerarse como el resultado acumulado de variaciones ventajosas de conductas originariamente aprendidas o accidentales que se fijaron genéticamente. Asimismo, demuestra la continuidad psicológica y emocional entre animales y hombres.

     VII. León Tolstói (Guerra y paz): En sus reflexiones sobre la historia y la conducta humana, compara frecuentemente las acciones de los hombres en las masas y en la guerra con los instintos gregarios y de supervivencia de los animales, restando importancia a la pretendida deliberación racional de los líderes.

   VIII.William James (Principios de Psicología): Define el instinto como la facultad de actuar de manera tal de producir ciertos fines, sin previsión previa de esos fines y sin educación previa en su ejecución. James argumenta que el hombre posee más instintos que los animales, pero muchos de ellos son transitorios o quedan enmascarados y modificados por la aparición de hábitos adquiridos a lo largo de la experiencia.

       IX.Sigmund Freud: Vincula el instinto (frecuentemente traducido como pulsión o Trieb) con las fuentes somáticas de la energía psíquica. En obras como Más allá del principio del placer y sus conferencias sobre el psicoanálisis, explora cómo las pulsiones básicas (como la autoconservación y la sexualidad) actúan en el fondo de la psique humana y animal, mostrando que las capas más profundas de nuestra mente comparten dinámicas instintivas con el resto del mundo viviente.

 

RESUMEN:

 

A continuación, se presenta un resumen  estructurado con lo que cada uno de los siguientes autores exponen sobre el instinto y su relación con la conducta y la vida:

1. Alexis Carrel y La conducta en la vida:

Para el Dr. Alexis Carrel —médico, biólogo y uno de los pensadores más lúcidos del siglo XX—, el estudio de la conducta humana y animal no puede reducirse a meras fórmulas mecánicas o psicológicas aisladas; debe comprenderse en la totalidad dinámica del ser vivo y su entorno.

a)         La naturaleza integral del instinto: Carrel advierte que los instintos representan las fuerzas primordiales y hereditarias que aseguran la conservación del individuo y de la especie. No son meros accidentes psicológicos, sino disposiciones orgánicas profundas arraigadas en la estructura biológica y humoral del organismo.

b)         Instinto versus Inteligencia y Razón: En sus análisis sobre la conducta, Carrel observa que mientras la razón calcula, duda y analiza, el instinto actúa con una certidumbre inmediata y ciega a los fines lejanos, pero infalible en su adaptación biológica directa. Sin embargo, lamenta que en el hombre moderno la hipertrofia de la racionalidad intelectual y el alejamiento de las leyes naturales hayan atrofiado o desequilibrado los instintos rectores, provocando una crisis de conducta.

c)         El ritmo de la vida y los hábitos: Carrel subraya la importancia capital de los hábitos bien cimentados. Para él, el hábito actúa como una "segunda naturaleza" que puede consolidar los impulsos instintivos saludables o, por el contrario, corromperlos si se somete al organismo a ritmos artificiales contrarios a su constitución biológica. La disciplina de la conducta requiere armonizar la razón con las exigencias profundas de los instintos vitales.

2. Charles Darwin y La expresión de las emociones en los animales y en el hombre:

En esta obra clásica, Darwin profundiza en la continuidad filogenética entre las especies, demostrando que los instintos y las emociones no surgieron de manera abrupta en el hombre, sino que poseen un profundo origen evolutivo compartido.

a)         El instinto como hábito heredado: Como se anticipaba en sus escritos generales, Darwin sostiene que muchas acciones instintivas complejas comenzaron originalmente como actos conscientes, voluntarios o hábitos aprendidos que, al repetirse a lo largo de incontables generaciones, se fijaron en la constitución hereditaria de la especie hasta volverse automáticos e innatos.

b)         La expresión fisiológica de las emociones: Darwin examina cómo los instintos de supervivencia (el miedo, la ira, el afecto maternal, la agresión o la defensa) se manifiestan corporalmente a través de gestos, posturas, expresiones faciales y alteraciones orgánicas idénticas tanto en los animales superiores como en el ser humano.

c)         La utilidad de los hábitos expresivos: Explica principios fundamentales como el de los hábitos útiles asociados, donde ciertos movimientos que en su origen cumplieron una función práctica directa para satisfacer un instinto (como mostrar los dientes ante el peligro) perduran mecánicamente como expresiones emocionales aun cuando pierdan su utilidad inmediata de combate.

3. Heinz Woltereck y La vida inverosímil:

En este fascinante volumen de divulgación científica y biología actual (Breviarios del Fondo de Cultura Económica), Heinz Woltereck aborda los aspectos más asombrosos, complejos y aparentemente "inverosímiles" de la conducta animal, la adaptación orgánica y los automatismos innatos.

a)         Los enigmas de la conducta instintiva: Woltereck recopila y analiza ejemplos extraordinarios de la etología y la biología, demostrando que los animales ejecutan acciones sumamente elaboradas —como migraciones masivas sin brújula, complicadas arquitecturas de nidos, metamorfosis o estrategias de caza— sin haber tenido un maestro ni un proceso previo de razonamiento lógico.

b)         La perfección hereditaria frente al aprendizaje: El autor contrasta el carácter rígido, perfecto y específico del instinto con la plasticidad del hábito individual. Mientras que el hábito es una adquisición flexible del individuo basada en la experiencia, el instinto es un patrimonio supraindividual impreso en el código de la especie que opera con la precisión de un relojería biológica.

c)         La adaptación y el misterio de la vida: A través de una mirada respetuosa con la complejidad de la naturaleza, Woltereck invita a contemplar el instinto no como una deficiencia de inteligencia, sino como una forma superior y distinta de sabiduría orgánica, donde la vida misma se autogobierna y se abre paso en condiciones a veces inverosímiles.

La integración de estas tres visiones —la síntesis humanista y médica de Carrel, la continuidad evolutiva y emocional de Darwin, y la asombrosa precisión biológica descrita por Woltereck— nos aporta una perspectiva monumental para comprender la esencia del instinto tal como realmente es, y lo que es. Permite conectar el estudio clásico del Syntopicon con la ciencia moderna, enriqueciendo el análisis sobre cómo el Espíritu encarnado utiliza el instinto y el hábito en su camino ascendente en los cuatro reinos de la naturaleza.

Desde la perspectiva de quien escribe, el instinto es un atributo, o aptitud perceptiva, comprensiva, conocedora, discernidora y realizadora, en el que opera la intuición en toda su amplitud, y también, la inspiración, en los cuatro reinos naturales, de análoga manera. Es decir, en la intuición, como una capacidad perceptiva, comprensiva, conocedora, discernidora a nivel extrasensorial físico, que activa la voluntad realizadora, o la fuerza de bloqueo, para permanecer estático, si se debe permanecer estático, por determinados lapsos. La intuición como una proyección del propio Espíritu, en los cuatro reinos naturales, -incluyendo el mineral-, que se traslada al lugar donde se encuentra la información, la copia y la transfiere a la conciencia objetiva, actuando en consecuencia. Y la inspiración, ya, que en los demás reinos naturales, los entes espirituales de cada reino, en la ecología mental, inspiran a sus respectivos integrantes, en la dimensión física, al igual que en el reino humano, en tiempo oportuno, como un apoyo o guía de vida. Este tema lo desarrollaremos en grado profundo, una vez concluido el análisis de lo que sobre el tema se ha escrito de relevante, hasta ahora.

Es una concepción filosófica y espiritual innovadora. Al elevar el instinto a la categoría de una aptitud perceptiva, conocedora y discernidora —en la que operan la intuición y la inspiración a través de los cuatro reinos de la naturaleza—, se le otorga a la evolución una dimensión espiritual trascendente.

Esta perspectiva encaja con la progresión del estudio que se realiza en los comentarios exegéticos de El Libro de los Espíritus: la chispa divina que se manifiesta en el mineral, se anima en el vegetal, se agita con el instinto y la sensibilidad en el animal, y culmina en la autoconciencia de la razón humana, guiada siempre por las jerarquías espirituales de cada reino. Sin embargo, con este enfoque, se trasciende  aún esa progresión del mineral al ser humano, ya que, de lo que aquí se trata es que, la ley rige por igual en los cuatro reinos: humano, animal, vegetal y mineral, sin diferenciación, lo que cambio es el rol que juegan los integrantes de cada reino en el contexto de todas las cosas, pero, las funciones se desenvuelven de análoga manera en todos los seres de los cuatro reinos naturales: late la misma vida, inteligencia, atributos, trabajo progresivo sin límites, y progreso ad infinitum en la eterna polarización de un estado de consciencia a otro más elevado.

Este recorrido se presenta como una línea de evolución del pensamiento desde la visión fija y aristotélica-escolástica del instinto como guía providencial, pasando por el mecanicismo cartesiano que negaba la interioridad animal, hasta llegar a la revolución de la teoría de la evolución de Darwin, donde el instinto es hábito heredado, y la profundidad psicológica de William James y Sigmund Freud, que conectan los instintos con la base pulsional compartida entre el animal y el espíritu encarnado en el ser humano. Esto enriquece notablemente la perspectiva espiritista sobre la progresión de los Espíritus a través de los cuatro reinos de la naturaleza, ya que permite ver las cosas tal como son, en constante acción perfectible, por la experiencia ascendente adquirida.


 

Tema en revisión …..