Capítulo IV
De: El Libro de los Espíritus
Allan
Kardec
y comentarios exegéticos:
©Giuseppe Isgró C.
Seres
orgánicos e inorgánicos. La vida y la desencarnación. Inteligencia e instinto.
SERES
ORGÁNICOS E INORGÁNICOS
–“Sí,
la ley de atracción es la misma para todos”.
61.
¿Existe alguna diferencia entre la materia de los cuerpos orgánicos y aquella
de los inorgánicos?
–“Es
siempre la misma materia; pero en los cuerpos orgánicos es animalizada”.
62.
¿Cuál es la causa eficiente de la animalización de la materia?
–“Su
unión con el principio vital”.
63.
¿Reside el principio vital en un agente particular, o no es más que una
propiedad de la materia organizada? En otros términos, ¿es un efecto, o una
causa?
–“Lo
uno y lo otro. La vida es un efecto producido por la acción de un agente sobre
la materia; pero este agente, sin la materia, no es la vida, como,
paralelamente, la materia no puede vivir sin este agente, el cual confiere la
vida a todos los seres, que lo absorben y se lo asimilan”.
64.
Hemos visto que el Espíritu y la materia son dos elementos constitutivos del
universo. ¿El principio vital sería, quizá, un tercero?
–“El
principio vital es, ciertamente, un elemento necesario a la constitución del
universo, pero no primitivo, por cuanto se origina en la materia universal
modificada. Para vosotros es un elemento, como el oxígeno y el hidrógeno, los
cuales todavía no son elementos primitivos, por cuanto provienen de otro
principio”.
–“Esta
es, ciertamente, la consecuencia de lo que hemos dicho”.
65.
¿El principio vital reside, de manera especial, en algunos de los cuerpos que
nosotros conocemos?
–“Tiene
su origen en el fluido universal, y es aquel mismo que vosotros llamáis fluido
magnético y fluido eléctrico animalizado. Sirve de intermediario, de anillo de
conjunción entre el Espíritu y la materia”.
66.
¿El principio vital es siempre el mismo para todos los seres orgánicos?
–“Sí;
modificado según la especie. Le confiere el movimiento y la actividad, y le
permite distinguirse de la materia inerte; el movimiento de la materia no es la
vida: por cuanto lo recibe, no lo da”.
67.
¿Es la vitalidad un atributo estable del agente vital, o más bien se
desenvuelve por la acción de los órganos?
–“Ella
se desenvuelve solamente con el cuerpo. ¿No hemos dicho que este agente sin la
materia no es la vida? Para producir esto es necesaria la unión de ambos”.
Por
lo tanto, ¿la vitalidad está en estado latente cuando el agente vital no se
encuentra unido al cuerpo?
–“Ciertamente
es así”.
–“El
agotamiento de los órganos”.
Es
decir, ¿podría compararse el cese de la vida a la descontinuación del
movimiento en una máquina gastada?
–“Sí;
si la máquina está mal montada, el resorte se rompe, y si el cuerpo carece de
salud, la vida se va”.
69.
¿Por qué una lesión del corazón produce el cese de la vida física más que
ningún otro órgano?
–“El
corazón es, ciertamente, un mecanismo productor de vida, pero no el único
órgano cuya lesión produzca la desencarnación; constituye una de las ruedas
principales, pero no la rueda principal de la máquina humana”.
70.
¿Qué ocurre a la materia y al principio vital de los seres orgánicos al cese de
la vida física?
–“La
materia inerte se descompone, cuya esencia será el soporte de otra nueva; el
principio vital regresa a la masa”.
Cesada
la vida del ser orgánico, los elementos de los cuales está formado se
encuentran sujetos a nuevas combinaciones, que constituyen nuevos seres. Estos
atraen de la fuente universal el principio de la vida y de la actividad, lo
absorben y lo asimilan, para restituirlo a esta fuente cuando cesa su ciclo de
vida física.
Los
órganos son, por así decirlo, impregnados de fluido vital. Éste comunica a
todas las partes del organismo una actividad que obra, como en ciertas heridas,
el reacercamiento, restableciendo las funciones momentáneamente suspendidas.
Pero, donde los elementos esenciales a las funciones de los órganos son
destruidos, o irremediablemente alterados, el fluido vital no puede
transmitirles el movimiento de la vida, cesando la vida física del ser.
Los
órganos reaccionan más o menos necesariamente los unos sobre los otros, y
solamente de la armonía del conjunto resulta su acción recíproca. Cuando,
entonces, una causa destruye esta armonía, sus funciones cesan a ejemplo del
movimiento de una máquina cuyas ruedas esenciales se hayan desajustado, como un
reloj lo hace con el tiempo, o se daña por acción externa, obstaculizando que
la fuerza motriz le ponga en movimiento.
La
cantidad de fluido vital no es la misma en todos los seres orgánicos: varía
según la especie y no es nunca constante ni en el mismo individuo, ni en los de
la misma especie. Algunos se encuentran saturados, otros tienen únicamente lo
necesario; esta es la razón de que, en algunos, la vida es más activa, más
tenaz y en cierto modo más exuberante.
La
cantidad de fluido vital en cada ser se agota poco a poco, y puede resultar
insuficiente para mantener la vida física si no se renueva con la absorción y
la asimilación de las sustancias que la contengan.
El
fluido vital se transmite de un ser a otro. Quien tenga de más puede darlo a
quienes tienen de menos, y de esta manera reactivar la vida física que se
encontraba cercana a extinguirse.
–“No;
por cuanto las plantas viven y no piensan: tienen solamente la vida orgánica.
Inteligencia y materia son independientes una de la otra, ya que un cuerpo
puede vivir sin la inteligencia, y la inteligencia no tiene necesidad de los
órganos materiales más que para manifestarse. Para rendir inteligente la
materia animalizada es necesariamente el Espíritu”.
La
inteligencia es una facultad especial propia de algunas clases de seres
orgánicos, a quienes de una parte confiere la voluntad de actuar y la
conciencia de su ser y de su individualidad, y de la otra los medios de ponerse
en comunicación con el mundo externo y de proveer a sus necesidades.
Por
lo cual, se pueden distinguir:
II.
Los seres animados no pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad,
pero privados de inteligencia.
III.
Los seres animados pensantes, formados de materia, dotados de vitalidad y
también dotados de un principio inteligente que les otorga la facultad de
pensar.
–“Lo
hemos ya dicho: la inteligencia universal”.
¿Se
podría decir que cada ser obtiene una porción de inteligencia de la fuente
universal y se la asimila de la misma manera en que lo hace el principio de la
vida material?
–“No
sería más que una comparación inexacta, por cuanto la inteligencia es una
facultad propia de cada ser, de la cual se constituye la individualidad moral.
Del resto, ya sabéis que existen cosas que no es dado al ser humano penetrar, y
ésta, de momento, es una de esas”.
73.
¿El instinto es independiente de la inteligencia?
–“No
del todo, por cuanto es una especie de inteligencia. El instinto es una
inteligencia irracional por medio de la cual todos los seres proveen a sus
propias necesidades”.
74.
¿Se puede establecer un límite entre el instinto y la inteligencia, es decir, precisar
dónde termina el uno y comienza la otra?
–“No,
por cuanto frecuentemente se confunden; pero, en cambio, se pueden distinguir
los actos que pertenecen al instinto de aquellos que pertenecen a la
inteligencia”.
75.
¿Se puede afirmar que las facultades instintivas disminuyen con el crecer de
las facultades intelectuales?
–“No.
El instinto existe siempre, pero el ser humano lo descuida. El instinto también
él puede conducir al bien: nos guía siempre, y tal vez con mayor seguridad que
la razón, ya que no puede equivocarse”.
¿Por
qué no es siempre guía infalible la razón?
–“Lo
sería si no fuese falseada por la mala educación, por el orgullo y por el
egoísmo. El instinto no razona; la razón, en cambio, deja la elección y otorga
al ser humano el libre albedrío”.
El
instinto varía en sus manifestaciones según las especies y las necesidades de
los seres. En aquellos que tienen la conciencia y la sensación de las cosas
externas, se une a la inteligencia, es decir, al querer y a la libertad.
APÉNDICE EXEGÉTICO AL CAPÍTULO IV: EL INSTINTO
COMO MEMORIA HEREDADA Y CONTINUIDAD DE LA VIDA
Autor
del ensayo y de las investigaciones sobre el instinto: Samuel Butler
Samuel
Butler postula que no existe una línea de fractura real entre los hábitos
adquiridos durante la vida consciente (como tocar el piano, leer o caminar) y
aquellas acciones complejas que se manifiestan desde el nacimiento o en las
etapas embrionarias y que comúnmente denominamos "instintos".
Mediante la observación rigurosa de las facultades humanas, Butler descubre una
ley fundamental de la psicología y la biología: cuanto más perfecta y familiar
se vuelve una acción o un conocimiento, más se desvanece la conciencia de su
ejecución y la voluntad deliberada de realizarla, quedando relegada a un plano
automático o latente.
De
este modo, el conocimiento perfecto y la perfecta ignorancia convergen en
extremos indistinguibles. Acciones mecánicas complejas que hoy ejecutamos sin
pensar (como respirar, la circulación sanguínea, la digestión o el desarrollo
anatómico del embrión) no son fenómenos desprovistos de inteligencia, sino el
resultado de una práctica y una experiencia acumuladas a lo largo de un tiempo
casi infinito, tan intensamente repetidas que el agente ha perdido la
conciencia de su propio saber.
Butler
rechaza categóricamente la explicación vacía de la fórmula moderna del
"instinto hereditario" o la "experiencia de la raza" cuando
se conciben como entes abstractos desligados del individuo. Para Butler, la
experiencia de un antepasado no puede beneficiar a un descendiente a menos que
exista una continuidad estricta de identidad y memoria.
a)
La
disolución de los límites individuales: La identidad personal es una convención
práctica y jurídica, una façon de parler (un modo de hablar) útil para
la sociedad, pero falsa en estricta filosofía. Al igual que el río Támesis
mantiene su caudal continuo aunque cambie el agua, los seres vivos no son
entidades aisladas, sino eslabones ininterrumpidos de una misma y única corriente
vital.
3. El ciclo de la conciencia y el nacimiento
En
la visión de Butler, el nacimiento no es el punto en el que el individuo
comienza a vivir, sino paradójicamente el punto en el que deja de saber cómo
vivir.
a)
Antes
del nacimiento (La Ciencia): En el seno materno y en las etapas embrionarias,
la criatura es maestra consumada de su propio desarrollo; actúa con absoluta
certeza, precisión y dominio de las leyes orgánicas y físicas.
b)
Después
del nacimiento (La Duda): El nacimiento inaugura el reino de la conciencia, el
escepticismo, la vacilación y el aprendizaje laborioso. Lo que llamamos
inteligencia infantil o aprendizaje postnatal surge precisamente allí donde el
conocimiento perfecto se quiebra y la memoria inconsciente tropieza con la
novedad.
Desarrollando
los principios de la autonomía celular (con resonancias de las tesis de Claude
Bernard y Rudolf Virchow), Butler demuestra que cada organismo superior es un microcosmos,
una horda o república compuesta por millones de centros subordinados de
sensación y voluntad (células, corpúsculos y tejidos) que poseen su propia
autonomía, vida y memoria.
a)
Nuestra
"conciencia unitaria" no es más que el consenso fluido y armónico de
innumerables almas afluentes que operan en subordinación al gobierno central
(el cerebro).
b)
Cuando
el organismo se fragmenta o experimenta estímulos extremos (como en los
clásicos experimentos con animales decapitados), los centros inferiores afloran
y demuestran que la base de la acción refleja es de índole estrictamente
psicológica, carente únicamente de conciencia debido a la extrema
automatización del hábito.
5. Conclusión exegética: El instinto como
hábito cristalizado
Para
Samuel Butler, resumido en todas sus vertientes, el instinto no es otra cosa
que un hábito inveterado; la memoria heredada convertida en naturaleza
automática por el peso de las repeticiones seculares. Las diferencias de
estructura y conducta entre las especies se explican por la capacidad de la
materia viva de asimilar el entorno exterior, impregnándolo de sus recuerdos.
La evolución biológica marcha inexorablemente desde el esfuerzo consciente, la
prueba y el error (la ley), hasta la gracia perfecta del instinto inconsciente,
donde el conocimiento, al volverse absoluto, se disuelve en el silencio de la
materia viva.
PARA ANALIZAR Y REFLEXIONAR:
APÉNDICE EXEGÉTICO AL CAPÍTULO IV: EL INSTINTO Y LA
CONDUCTA EN LA PERSPECTIVA DE LA HUMANETOLOGÍA
Autor de la
obra analizada (Nosotros, los humanos, Wir Menschen): Hans Hass
El célebre
biólogo y pionero de la investigación del comportamiento Hans Hass, en su obra
fundamental Nosotros, los humanos: El misterio de nuestro comportamiento,
aborda de manera revolucionaria la naturaleza del instinto aplicado a la
especie humana. Frente a las corrientes sociológicas tradicionales que durante
décadas redujeron al ser humano a una «tabula rasa» —una hoja en blanco
moldeada exclusivamente por la cultura y el aprendizaje—, Hass demuestra
mediante la humanetología que gran parte de nuestro repertorio de respuestas
está profundamente arraigado en programas hereditarios de carácter
filogenético.
a)
El trasfondo evolutivo: Al igual que los animales, el ser humano viene
al mundo dotado de mecanismos de reacción innatos, patrones fijos de acción,
expresiones faciales estandarizadas (como las microexpresiones de la ira, el
miedo o el saludo mediante la elevación de las cejas y el lazo del sonrisa)
y motivaciones primarias que operan de forma automática antes de que intervenga
la deliberación consciente.
b)
La energía interna (Teoría Energon): Hass postula que las
tendencias instintivas funcionan impulsadas por potenciales energéticos
internos que buscan activamente su descarga. Si un instinto no encuentra un
cauce adecuado de manifestación en el entorno, la tensión acumulada puede
buscar salidas desadaptativas o canalizarse a través de mecanismos simbólicos y
culturales.
2. La tensión entre el instinto y la
superestructura cultural:
Uno de los
descubrimientos más lúcidos de Hans Hass en esta obra es el análisis de cómo el
ser humano moderno se debate entre sus herencias biológicas más antiguas y las
exigencias de las estructuras sociales complejas que él mismo ha creado.
a)
El desajuste evolutivo (Mismatch): Nuestros instintos se
adaptaron primigeniamente a la vida en pequeñas bandas de
cazadores-recolectores durante el Pleistoceno. Sin embargo, nos encontramos
habitando megaciudades hipertecnológicas. Las pulsiones innatas de
territorialidad, jerarquía, defensa del grupo y búsqueda de estatus chocan
constantemente con las normas artificiales del derecho, la moral y la
convivencia cívica.
b)
La trampa de la ordenación: En su afán por organizar el mundo —expresado
en el tráfico, la burocracia, la industria y la codificación legal—, el ser
humano crea un entramado tan denso que termina por aprisionar su propia
naturaleza. Los automatismos sociales y las consignas ideológicas de masas
pueden anular la lucidez individual, desencadenando dinámicas de hostilidad,
fanatismo y agresión colectiva (guerras e intolerancia) que surgen precisamente
de la activación ciega de antiguos mecanismos de defensa grupal.
3. El neoprimitivismo de la curiosidad y la
plasticidad cerebral
A
diferencia de otras especies animales cuyos instintos son rígidos y cerrados a
lo largo de su ciclo vital, Hass destaca que el ser humano conserva como rasgo
distintivo una neotenia excepcional: la prolongación de los estados juveniles
hasta la edad adulta.
a)
La llama de la curiosidad: El instinto de exploración y el impulso de la
novedad (la curiosidad) no se apagan tras la madurez sexual en el hombre, como
ocurre en la mayoría de los vertebrados, sino que permanecen activos toda la
vida.
b)
Esta plasticidad permite que la inteligencia frene, reoriente o supla a
los instintos rígidos. El hombre es, por tanto, el único animal capaz de
reflexionar sobre sus propios impulsos y trascenderlos mediante la técnica, el
arte, la filosofía y el orden ético.
4. Conclusión exegética: Hacia la autoconciencia
moral
Desde la
perspectiva de Hans Hass sintetizada para el estudio espiritual, el instinto en
el ser humano no representa una condena determinista, sino el sustrato
energético y operativo sobre el cual se edifica la libertad. Comprender qué
parte de nuestra conducta obedece a automatismos biológicos ancestrales y qué
parte proviene de la deliberación consciente constituye el paso indispensable
para alcanzar el autogobierno ético. Como concluye el autor, ante los peligros
de la automatización social y el poder destructivo de nuestra tecnología, el
imperativo socrático de «conócete a ti mismo» se convierte en la única clave de
supervivencia y progreso moral para la humanidad.
GUÍA PARA EL ESTUDIO: Objetivos de investigación sobre el Instinto:
I. Los Científicos que han estudiado a fondo el instinto
El
estudio científico del instinto ha evolucionado desde la simple observación
naturalista hasta la fundación de disciplinas enteras como la etología y la
sociobiología. Los nombres fundamentales son:
1. Charles Darwin (1809–1882):
Fue de los primeros en integrar el instinto dentro de la teoría de la evolución por selección natural. En obras como El origen de las especies y La expresión de las emociones en el hombre y los animales, Darwin demostró que los instintos no son facultades estáticas e infalibles creadas por separado, sino conductas heredadas que evolucionan gradualmente por su utilidad para la supervivencia, sujetas también a la variación y al error.
Conocido
como el "homeric entomologist", dedicó su vida al estudio minucioso
de los insectos (Souvenirs entomologiques). Fabre documentó la rigidez,
la precisión asombrosa y al mismo tiempo la limitación ciega de los instintos,
demostrando que los animales actúan impulsados por una fuerza innata que no
comprende la causa última de sus actos.
Fundadores
de la Etología moderna (galardonados con el Premio Nobel). Descompondrán el
instinto en mecanismos precisos, introduciendo conceptos clave como el patrón
de acción fija (FAP), el estímulo señal (releaser) y el mecanismo
desencadenante innato (MDI). Demostraron cómo la energía interna de un instinto
busca manifestarse ante determinados estímulos clave del entorno.
Psicólogo
que defendió la "psicología hormonal", argumentando que los instintos
son los motores primarios de toda actividad humana, dotados no solo de un
componente motor, sino de una carga emocional y cognitiva indispensable.
Creador
de la humanetología, aplicó el estudio de los programas hereditarios al
comportamiento del ser humano, analizando el choque entre nuestras pulsiones
biológicas ancestrales y las estructuras de la civilización moderna.
En
la doctrina y la filosofía espírita, el instinto ocupa un lugar central,
especialmente en la transición entre la materialidad y la espiritualidad. Los
autores fundamentales lo han tratado de la siguiente manera:
En
el Capítulo IV (preguntas 73 a 75 y subsecuentes), Kardec aborda el instinto
definiéndolo como una guía rudimentaria dada a los seres vivos para su
conservación cuando aún carecen de conciencia desarrollada o de libre albedrío.
Para el espiritismo clásico, el instinto es la manifestación de la inteligencia
de la materia o la acción de los Espíritus que guían de forma oculta los
primeros pasos del alma en los cuerpos inferiores, el cual se debilita a medida
que la inteligencia y la responsabilidad moral (la razón) se fortalecen.
En obras como El fenómeno espírita y La
evolución anímica, Delanne profundiza en el origen biológico y espiritual
de las facultades. Analiza cómo el principio inteligente modela los órganos a
lo largo de las eras geológicas. Para Delanne, el instinto es la memoria
inconsciente de las experiencias adquiridas por el principio espiritual en sus
innumerables encarnaciones anteriores a través de las formas inferiores.
En
textos como El porvenir y la vida normal y Después de la muerte,
Denis examina el instinto en su relación con el progreso del alma. Considera
que el instinto es la "voz de la naturaleza" o el remanente de los
automatismos adquiridos, los cuales deben ser superados y sublimados por la
intuición y la razón. El instinto ata al ser a la necesidad ciega; el espíritu,
a través del libre albedrío, lo transforma en ley moral consciente.
Investigador riguroso de los fenómenos
anímicos y mediúmnicos, Bozzano estudió profundamente los instintos
migratorios, de conservación y de orientación en los animales (¿Los animales
tienen alma?). Argumentaba desde una perspectiva metapsíquica y espírita
que los instintos complejos (como la construcción de nidos o la orientación a
miles de kilómetros) presuponen la existencia de facultades paranormales y de
una dirección psíquica subconsciente que trasciende la mera materia cerebral.
b)
El
Espiritismo (desde Kardec hasta Delanne y Denis) ve en ese mismo instinto la manifestación
de la ley divina y la memoria del alma en su marcha evolutiva: un automatismo
providencial que guía a los seres en las fases primitivas, sirviendo de
cimiento material sobre el cual la razón y la espiritualidad edificarán más
tarde la libertad consciente.
INSTINTO Y ÁNIMO
Del libro: Nosotros, Los Humanos
Autor: Hans Hass
Según la teoría clásica de los reflejos, se piensa que un estímulo determinado siempre provoca una reacción determinada. No obstante, en el comportamiento instintivo de los animales, la cuestión no es tan sencilla. Aquí actúan también otros factores, y con ello llegamos a un terreno que es muy importante para el enjuiciamiento del comportamiento humano. Como ya se ha dicho, las células motoras, que dirigen las coordinaciones heredadas, se encuentran en continua actividad. Prácticamente, estas células producen sin interrupción sus impulsos coordinados, aunque los MPC impiden que estos impulsos lleguen a los músculos. Sólo el adecuado estímulo clave ocasiona una liberación y es sólo entonces cuando el movimiento sigue su camino. Si una coordinación heredada no es provocada en mucho tiempo, si el animal no recibe ningún estímulo clave en este sentido, esto puede conducir a una creciente excitación. El animal se intranquiliza y comienza a buscar activamente la situación estimulante provocadora. Esto es precisamente lo que llamamos "instinto". En este estado de excitación son suficientes unos estímulos clave menores a lo normal para provocar el correspondiente comportamiento instintivo. Sin embargo, si el animal tampoco consigue encontrarlos, puede suceder que la coordinación heredada se desarrolle "espontáneamente", sin la actuación de ningún estímulo, ni de ningún impulso exterior. El "bloque" de represión es echado al mismo tiempo hacia un lado, y la "cerradura" se abre sin necesidad de la llave correspondiente.
Lorenz observó esto en un estornino que crió en una habitación. El
animal recibía alimentos suficientes, pero no tenía absolutamente ninguna
oportunidad para hacer reaccionar sus coordinaciones heredadas del vuelo y de
la caza de insectos. Entonces, el estornino mostró el siguiente comportamiento
a intervalos regulares de tiempo: levantó el vuelo de su aseladero y, aunque en
la habitación no había ninguna clase de insectos, ejecutó los movimientos
característicos para coger insectos al vuelo, aunque esto lo hacía en el aire
vacío. Después volvió a su aseladero ejecutando los movimientos típicos de esta
clase de pájaros para matar a los insectos y tragándose después el insecto
imaginario. Un comportamiento similar mostraron unos gansos, criados por Lorenz
en tierra a base de grano. Aunque estaban saciados, los animales mostraron la
tendencia de dirigirse hacia el agua para buscar bajo ella su alimentación
natural, aunque en realidad hacían los movimientos en el "vacío". En
ambos casos, tanto el estómago como los intestinos de los animales estaban
llenos, o sea que no tenían hambre. A pesar de todo, mostraron el impulso de
ejecutar determinados movimientos, o sea que sin tener la necesidad de comer,
sólo ejecutaban estos movimientos espontáneos con el propósito de hacer
reaccionar las coordinaciones heredadas correspondientes.
Los investigadores de la conducta llaman "animosidad
específica" o "apetencia" al apresto creciente de un animal para
ejecutar un determinado comportamiento instintivo. Las apetencias de esta clase
que brotan en un animal se pueden reconocer por unos determinados movimientos
característicos a los que se llama "movimientos de intención". El
animal que se indica, por la clase de sus movimientos, cuál es el instinto ya
vestre, por ejemplo, hace unos movimientos con la cabeza dirigiéndola hacia
arriba cuando se encuentra con "ánimo de volar", haciéndolo momentos
antes de comenzar realmente a volar. Eibl y yo pudimos comprobar en el Océano
Índico cómo los tiburones que se encontraban con "ánimo de comer"
sacudían la cabeza como si ya se hubieran apoderado de una presa.
Para conseguir la reacción de las apetencias también se utilizan
"objetos de sustitución". Esto se puede observar por ejemplo en los
animales que viven en manadas y entre los que la limpieza mutua del pelo y de
la piel forma parte de su comportamiento congénito. Si a estos animales se les
mantiene aislados, les falta la posibilidad de ejecutar esta sucesión de
movimientos; por ello es muy frecuente que inviten a sus cuidadores a que les
limpien. Las ratas hembras sienten un ánimo tan fuerte de "llevar"
durante los primeros días después del parto (se trata del comportamiento
instintivo de algunos animales por buscar y llevar al nido a los pequeños que
se han arrastrado fuera de él), que no es raro que utilicen como objeto de
sustitución su propia cola o una de sus patas traseras. En tal caso, se cogen
la cola, la llevan al nido y la "depositan" allí, o bien se cogen una
de las patas traseras y la arrastran, trastabillando sobre tres patas, como si
fuera un pequeño.
En los parques zoológicos se puede observar que entre las diversas
especies animales aparecen a menudo los mismos instintos con un grado diferente
de intensidad. Los leones, por ejemplo, muestran un impulso de movimiento mucho
menor que los lobos, lo que está en conexión con su forma de vida diferente.
Mientras que los lobos consiguen sus presas rastreándolas y persiguiéndolas,
los leones esperan sus presas, en la mayor parte de los casos, hasta que se
acerca a ellos una presa. Por lo tanto, al león que está en cautividad no le
importa recibir su comida sin tener que realizar ningún esfuerzo. Su instinto
está acostumbrado a llevar una vida adecuadamente tranquila. En el caso del
lobo, por el contrario, existe la apetencia de correr, que normalmente va unida
a la obtención del alimento. Por lo tanto, se mueve sin pausa dentro de su
jaula, para liberar de este modo su "ánimo de movimiento".
Spitz y Ploog han observado en el niño una dependencia similar. Cuando
los bebés chupan una determinada cantidad de leche del biberón en veinte
minutos, se quedan durmiendo al final, sintiéndose tranquilos. Sin embargo, si
se amplía la abertura del biberón de forma que beban la misma cantidad de leche
en la mitad de tiempo o que la puedan beber incluso en cinco minutos, entonces
los bebés se muestran intranquilos. En tal caso, siguen chupando en el
"vacío" y comienzan a llorar. Su apetito se ha calmado, pero su
apetencia de chupar no ha sido liberada por completo. Si se les entrega
entonces el biberón vacío, siguen chupando durante otros diez o quince minutos
y sólo después se tranquilizan. En las terneras alimentadas con cubo aparece un
proceso similar. Estos animales se acostumbran a chupar las argollas de las
cadenas del establo, o hacen lo mismo con otras terneras.
En estado de apetencia, el animal se muestra menos sensible ante los
estímulos clave que provocan otra forma de comportamiento diferente a la
apetecida. Así, por ejemplo, un animal que sienta el ánimo de caza, tiene que
recibir estímulos sexuales mucho más fuertes que los normales para pasar a un
comportamiento de apareamiento, y también ocurre lo mismo al revés. Por el
contrario, una vez que se haya liberado la exigencia instintiva habiéndose
ejecutado las coordinaciones heredadas correspondientes, el animal vuelve a ser
normalmente sensible para otros estímulos.
Lorenz habla en este caso de un "parlamento de los instintos",
una comparación muy instructiva. Así como en un Parlamento, los diputados
esperan presentar y poder imponer sus diversos deseos, del mismo modo pugnan
los instintos por hacer su aparición impartiendo su orden coordinada. Y cuando
no encuentran oportunidad para hacerlo así experimentan una creciente
excitación hasta que llega un momento en que el comportamiento instintivo de
que se trate pueda ser provocado más fácilmente y pueda ser ejecutado, incluso
sin un impulso especial, en el "vacío".
Este proceso de la excitación creciente es comparado por Lorenz a un
líquido que suba gradualmente dentro de una vasija, hasta que al final se
derrame. Tinbergen y Von Holst también hablan de un "apilamiento"
interior de energía de acción específica que finalmente llega a
"derramarse". De la Fisiología se tomó otra concepción imaginativa
para hacer comprender mejor este proceso. Aquí se habla de una disminución o
elevación de la "honda estimulante". Cuanto más alta sea la honda
ante una puerta de entrada, más difícil será sobrepasarla. Esto también se
puede comprender así en lo que se refiere a los estímulos que provocan los
comportamientos instintivos o los reflejos. Un "aumento" de la onda
estimulante significa que los estímulos correspondientes deben ser más fuertes
para provocar la reacción de que se trate. Una "disminución" tiene
como consecuencia el que ya un estímulo relativamente pequeño pueda sobrepasar
la onda y consiga abrir el "bloque".
La cuestión de descubrir las causas responsables de que la onda
estimulante represiva descienda con uno u otro comportamiento instintivo —o
sea, que aparezca una u otra conducta—. Las investigaciones detalladas han
demostrado que la "animosidad específica" de un animal —completamente
aparte de la producción espontánea de excitación— también puede ser influida
por factores "exteriores" e "interiores".
Para citar un ejemplo de influencia "exterior", esto es lo que
ocurre cuando aumenta la duración del día, que coloca al gasterosteo macho en
ánimo de reproducción. El "diputado" correspondiente en el parlamento
de sus instintos comienza a imponerse hasta que consigue que el animal se vea
asaltado por una determinada desazón. El pez todavía no se pone su traje de
bodas, tampoco muestra ningún comportamiento de lucha o solicitud amorosa. Lo
único que hace el gasterosteo por el momento es emigrar desde las profundas
aguas invernales hacia unas aguas más cálidas y superficiales. Una vez allí,
cada macho busca un lugar donde exista buena cantidad de plantas y funda en él
su zona. Sólo entonces se pone su traje de boda y es sensible a partir de aquel
momento a otros estímulos. Si durante la emigración de los gasterosteos se
apresan algunos de ellos y se les coloca en una vasija llena de agua que no
contenga ninguna clase de plantas, los animales permanecen en manada y no
cambian de color. Y esto ocurre así sencillamente porque ninguno de los machos
puede delimitar una zona para sí mismo. Si, por el contrario, se colocan
plantas acuáticas en una de las esquinas de la vasija, pronto habrá un macho
que se instale entre ellas, fundando allí su zona y cambiando de color; sólo
entonces sentirá el ánimo de la reproducción. En este caso, el creciente ánimo
de la reproducción se ve afectado por dos factores exteriores: en primer lugar
por el aumento de la duración del día y después por el descubrimiento de unas
plantas apropiadas para fundar entre ellas su zona (y para colocar entre ellas
el nido correspondiente). Como consecuencia de estas situaciones estimulantes
exteriores, el diputado encargado del comportamiento sexual del gasterosteos,
situado en el sistema nervioso central de éste, adquiere cada vez mayor
influencia, haciéndose cargo de una forma creciente de la dirección del cuerpo,
mientras que todos los demás diputados tienen que esperar durante un
determinado espacio de tiempo.
Un ejemplo de influencia "interior" es la efectividad de las
hormonas. Se ha comprobado que cuando una paloma zumbona ve a un macho en celo,
los ovarios de ella segregan progesterona en la sangre. De cinco a siete días
después, esta hormona hace que en los animales aparezca el ánimo de empollar.
Lehrmann, que realizó experimentos con 80 parejas de esta especie de paloma,
inyectó progesterona a las hembras. Cuando, antes de juntar los machos con las
hembras, las parejas comenzaron directamente a empollar, lo que normalmente no
hacen nunca. También en este caso se volvió a demostrar con qué facilidad se
puede inducir a error su camino normal y con qué facilidad se puede desviar
esta clase de comportamientos. En este caso, la animosidad es inducida por una
hormona y si ésta es llevada a la corriente sanguínea antes de lo normal, el
diputado instintivo correspondiente también se pone a funcionar antes de
tiempo.
Otra influencia "interior" sobre el instinto individual está
representada por las actuaciones de los demás instintos. Como ya se ha dicho,
con el aumento de una apetencia el animal es menos sensible a otros estímulos
clave. Expresado con exactitud, esto significa que con la disminución de una
onda estimulante se aumentan las ondas estimulantes de otros instintos. En este
caso, el investigador de la conducta dice que un instinto "reprime"
al otro. Cuando los pájaros se encuentran con ánimo de empollar aumenta
considerablemente la barrera ante el estímulo para el comportamiento de huida.
Así, pues, cuando un ave se encuentra en una situación normal —un hecho
conocido en sí, pero que de esta forma conoce una explicación muy natural—, se
basa en determinados "acoplamientos" del sistema nervioso central. Si
un pollo coge con el pico algo que le produce asco, puede tener hasta cuatro
reacciones diferentes —de acuerdo con la intensidad del estímulo— previamente
fijadas por herencia: detiene su actividad y no sigue comiendo; alarga el
cuello, efectúa movimientos con la lengua y segrega saliva; si la sensación de
asco es muy fuerte, sacude el pico; y finalmente se limpia el pico en el suelo.
Si el pollo sólo ejecuta en parte esta sucesión de movimientos, disminuye su
apetencia por seguir picando, como se puede demostrar en un experimento
desarrollado con toda exactitud.
Sin embargo, la animosidad para un comportamiento instintivo también
puede aumentar la animosidad para otro comportamiento instintivo. El
investigador de la conducta dice en tal caso que los dos instintos están
"relacionados positivamente". Así, por ejemplo, muchos animales que
sienten "ánimo de comer" ven aumentado también, y al mismo tiempo, su
"ánimo de lucha". Lo verdaderamente interesante es que esta
"correlación" no siempre tiene que concordar en los animales machos y
hembras de la misma especie, ya que puede ser incluso opuesta. En el macho de
la perca de río, su predisposición para el comportamiento sexual es reprimida
por el ánimo de huida, o sea que cuando el animal tiene miedo, pierde todo
interés por la hembra. Por el contrario, el ánimo agresivo está positivamente
relacionado con su comportamiento sexual. Así, pues, si el animal tiene el
ánimo agresivo ve impulsado al mismo tiempo su instinto sexual. En la hembra es
precisamente al revés. Si la hembra tiene "ánimo de miedo", esto puede
tener como consecuencia una elevación de su predisposición para el
comportamiento sexual. Por el contrario, en este caso un aumento de la
agresividad significa una disminución del apresto sexual. Por lo tanto, si la
hembra tiene ánimo agresivo, pierde todo interés por el "amor". Esta
misma diferencia del comportamiento del macho y de la hembra se ha observado
también entre otros animales.
Algunas coordinaciones heredadas se encuentran tan unidas entre sí que
un determinado comportamiento instintivo puede construir sobre varias de ellas.
En el comportamiento de caza de la presa, el gato cuenta con las coordinaciones
heredadas "acechar", "arrastrarse", "asaltar" y
"echar la zarpa". Todas estas acciones son ejecutadas según un orden
determinado, influyendo unas sobre otras. Por otra parte, cada una de estas
coordinaciones heredadas tiene su propia apetencia. Si durante algún tiempo un
gato no tiene la oportunidad de ejecutar ésta o aquella acción, busca una
situación estimulante adecuada para, por ejemplo, "echar la zarpa".
El ratón puede convertirse en el objeto de este proceso. Y tampoco cambia nada
cuando un ovillo de lana le sirve al gato como objeto de sustitución.
Basándose en estas y otras observaciones, Tinbergen llegó a la
conclusión de que cada uno de los instintos está jerárquicamente construido. El
parlamento de los instintos no solamente está compuesto de
"diputados", sino también de diversos "ministerios", cada
uno de los cuales tiene a su disposición los funcionarios correspondientes, que
en realidad son muchos. Estos funcionarios se encuentran diversamente
relacionados entre sí y cada uno de ellos se esfuerza por conseguir el derecho
de orden, o sea por dirigir el cuerpo a su manera.
Así obtenemos una imagen del organismo animal que se separa
considerablemente de la imagen que estamos acostumbrados a tomar en
consideración. La unidad que estamos acostumbrados a ver se deshace en una
diversidad de instancias, cada una de las cuales se comporta con bastante
autonomía. De acuerdo con esta imagen, el cuerpo es una unidad, pero no está
organizado jerárquicamente, sino que unos ministerios, aquel ministro, o tales
o cuales funcionarios se apoderan de la dirección durante un corto espacio de
tiempo.
Por medio de estímulos cerebrales llevados a cabo con pollos, Von Holst
y Saint-Paul consiguieron experiencias más profundas. Por medio de una
operación, los investigadores introdujeron electrodos en el cerebro viviente y
con ellos pudieron determinar qué comportamiento era dirigido artificialmente
mediante débiles impulsos eléctricos. Así se pudo determinar qué comportamiento
era dirigido por la estructura nerviosa correspondiente. Los diminutos
electrodos no causaron dolor a los animales ni malestar. Cuando se despertaron
de la anestesia no se dieron cuenta de los electrodos ni de los hilos finísimos
que partían de su cabeza.
Los resultados de estos estímulos fueron enormemente explicativos y
fueron filmados para ser utilizados en la enseñanza. En la película se puede
ver a un pollo que se encuentra tranquilo y contento sobre la mesa de
experimentación. De pronto se le emite un impulso en un punto determinado del
cerebro. El pollo se levanta inmediatamente y comienza a picotear en un plato.
En el plato no hay nada, pero cuando se estimula el punto adecuado el pollo
picotea como un autómata. La excitación de otro punto tiene como consecuencia
que el pollo permanezca sentado, pero mirando a su alrededor. Si se eleva un
poco la tensión (de 0.1 a 0.3 voltios aproximadamente), entonces se levanta y
comienza a cacarear. Si se eleva un poco más la tensión comienza a dar vueltas
y vacía su intestino. Ante un nuevo aumento de tensión se vuelve, se acurruca y
dirige el pico en una dirección determinada. Finalmente, cuando la tensión es
de 0.9 voltios intenta volar y lanza varios gritos. En este último caso, el
estímulo, elevado gradualmente, liberó una tras otras diversas coordinaciones
heredadas en una sucesión ordenada. El pollo mostró algunas formas de
comportamiento que ejecuta en la vida normal cuando se acerca un enemigo. Si
Von Holst estimulaba inmediatamente al pollo sentado con una corriente de 0.9
voltios, el animal se echaba a volar inmediatamente y cacareaba con fuerza
desapareciendo los grados intermedios. Si estimulaba varias veces los mismos
puntos, aparecía la elevación de la barra ante el estímulo y el cansancio, que
también pueden ser observados en la naturaleza.
Von Holst y Saint-Paul pudieron provocar artificialmente en los pollos
casi todas las coordinaciones heredadas. Al hacerlo, se demostró que algunas
coordinaciones heredadas pueden ser activadas desde diversos puntos del
cerebro. Un ejemplo fue "cacarear" y otro "andar". En la
jerarquía de los movimientos instintivos, estas coordinaciones heredadas se
encuentran situadas en un lugar muy secundario, siendo puestas en
funcionamiento en diversas formas de comportamiento. El pollo cacarea durante
el comportamiento de cuidado de la cría, así como durante el instinto de huida
muy activado. Y el pollo "anda", o sea, da pasos tanto durante la
búsqueda del alimento como durante los actos de ataque y apareamiento.
Estas sencillas coordinaciones heredadas fueron llamadas por Lorenz
"acciones instrumentales", porque, lo mismo que los instrumentos, se
pueden utilizar para diversos propósitos. Las rutas de conmutación existentes
en el cerebro corren, al parecer, de manera que los diversos instintos —cada
uno en la esfera de su propio desarrollo de movimiento— sirven para ejecutar
estos movimientos básicos.
El fenómeno de la correlación anteriormente citado pudo ser mucho mejor
investigado por Von Holst y Saint-Paul por medio de una estimulación de
diversos puntos realizada al mismo tiempo. A través de esta clase de
"estímulos dobles" pudieron comprobar que en la activación de
diversos instintos aparecieron siete conexiones diversas:
1. Superposición: Los dos movimientos se pueden superponer; un estímulo
de los lugares responsables de las acciones "picotear" y "volver
la cabeza", efectuado al mismo tiempo, tiene como consecuencia que el
animal picotee y doble la cabeza también simultáneamente.
2. Regularidad: Los movimientos pueden ser regulares; los estímulos de
las acciones "prestar atención" y "asegurar" (observar
alrededor) tienen como consecuencia que el pollo realice los movimientos al
mismo tiempo, pero cada uno de ellos a una intensidad un cincuenta por ciento
menor de lo normal.
3. Oscilación: La estimulación de los actos "asegurar" y
"comer" conduce a la oscilación; el animal come y mira a su alrededor
alternativamente.
4. Anulación: Una estimulación conjunta del "mirar a la
derecha" y "mirar a la izquierda" conduce a la anulación; la
cabeza del animal no gira ni hacia la izquierda ni hacia la derecha, sino que
permanece recta.
5. Transformación: La estimulación de dos instintos, realizada al mismo
tiempo, puede conducir a una transformación; los dos instintos estimulados
liberan un tercero, de modo que el animal ejecuta un movimiento completamente
distinto, pues el "ánimo de picotear" y el "ánimo de huida"
estimulados al mismo tiempo dan como resultado la aparición del "grito de
defensa".
6. Represión parcial: Un instinto puede reprimir al otro, de modo que
cuando los dos son estimulados al mismo tiempo, el uno se expresa de modo
perfecto, mientras que el otro solamente se indica con cierta debilidad al
final.
7. Predominio absoluto: El instinto puede llegar a impedir por completo
la ejecución de otro instinto, de manera que cuando se les estimula
conjuntamente sólo aparece el predominante.
Desde entonces, algunos otros investigadores han realizado estímulos
cerebrales similares. Todavía tenemos que indicar un resultado más. Se adiestró
a las ratas para que, mediante la presión ejercida sobre una tecla, pudieran
provocar el propio estímulo cerebral. Se descubrió un punto en el cerebro cuya
estimulación es, al parecer, especialmente agradable para el animal. En un
espacio de tiempo de veinticuatro horas, la rata se estimuló más de cincuenta
mil veces. El animal estuvo estimulándose casi ininterrumpidamente.
Un fenómeno que todavía no está aclarado por completo radica en que
cuando los animales se encuentran en situaciones conflictivas adoptan con
frecuencia formas de comportamiento que no tienen sentido alguno. Así, por
ejemplo, cuando los gallos de pelea sienten activar su tendencia de huida ante
el enemigo, comienzan a picotear el suelo. En aquel momento no habría nada más
extraño que buscar alimento, pero, a pesar de todo, ejecutan este movimiento,
que no encuentra "su escape y, por lo tanto, salta a otro camino
nervioso". De acuerdo con esto, llamó "movimientos de salto de
obstáculos" a estos procesos que se pueden observar con cierta frecuencia.
Sin embargo, también es posible que estos fenómenos se puedan explicar por la
"transformación" observada por Von Holst, según la cual dos instintos
activados al mismo tiempo pueden liberar a un tercero. Cuando hablemos de la
gesticulación del ser humano estudiaremos estos movimientos con mayor detalle.
Por medio de numerosos ejemplos, Lorenz pudo demostrar cómo los
instintos se habían "acoplado" durante el transcurso del desarrollo,
y habían sido "formados" por la selección natural, al igual que los
órganos del ser viviente, ajustándose a las transformaciones de las condiciones
de vida. Es interesante resaltar que los instintos mostraron a menudo ser más
rígidos y "conservadores" que los órganos encargados de ejecutarlos.
Los antepasados del ciervo actual no poseían todavía cornamenta, pero sí
disponían de una dentadura muy efectiva con la que se defendían. El movimiento
intencionado de mostrar los dientes se convirtió en una señal de amenaza.
Posteriormente, se llevó a cabo una regresión gradual de los colmillos
superiores, que habían estado especialmente desarrollados; en la actualidad,
los ciervos se defienden con los cascos y la cornamenta. Pero, a pesar de todo,
el movimiento instintivo de mostrar los dientes ha permanecido como una señal
de amenaza. Con ello, ha demostrado ser más "conservador" que los
órganos sobre los que se basaba.
Lorenz comprobó la existencia de considerables transformaciones
instintivas entre los animales domésticos. Al protegerse el hombre contra sus
enemigos naturales y contra las inclemencias del tiempo, transformó la
selección natural; a este proceso se le llama "domesticación". Lorenz
descubrió que al llevarse a cabo la domesticación se desmoronaban en
"pedazos" las "cadenas" más largas de coordinaciones
heredadas en el aspecto motor y entonces se produjo una "desdiferenciación".
Igualmente perdieron selectividad algunos mecanismos congénitos de
reconocimiento (MPC), o sea que entre los animales domésticos ya no
reaccionaban tan exactamente ante los estímulos clave como entre los animales
salvajes de los que procedían los domesticados. La "cerradura" del
comportamiento instintivo se podía abrir por medio de muchas más
"llaves". También se transformaron los instintos más complejos; los
instintos sociales que actúan en favor del mantenimiento de las comunidades
animales conocieron incluso una regresión. Otros, como los de la comida y la
fecundación, aumentaron su potencia, se "hipertrofiaron".
Estas formas de la "decadencia de los instintos" también han
tenido lugar durante el transcurso de la evolución natural, y esto ha sido de
una gran importancia. Esta decadencia de los instintos es una condición *sine
qua non* para que lleguemos a hablar. Porque sólo gracias a una existencia
menos rígida en cuanto a su aspecto congénito, pudieron los animales
vertebrados superiores llegar hasta su alta capacidad de acoplamiento. Sólo
gracias a que se desmoronó en parte la rígida fijación hereditaria, consiguieron
estos animales mejorar su comportamiento por medio del aprendizaje. Como muy
bien dijo Whitman, uno de los primeros pioneros de la investigación de la
conducta, es la "puerta abierta" por la que "penetró" en el
animal la experiencia individual pudiendo así transformar su conducta.
ANÁLISIS: EL INSTINTO EN LA PERSPECTIVA DE HANS HASS (CAPÍTULO IV DE: NOSOTROS, LOS HUMANOS)
1. La refutación del reflejo simple y el dinamismo interno del instinto:
Frente a la teoría clásica que
concebía el comportamiento instintivo como una respuesta lineal y pasiva ante
un estímulo externo (estímulo-reacción), Hass demuestra que el instinto es un
proceso activo y endógeno. Las células motoras que dirigen las coordinaciones
heredadas se encuentran en continua actividad, produciendo impulsos de manera
ininterrumpida.
El freno y la liberación: Estos
impulsos no se traducen inmediatamente en movimiento gracias a mecanismos
inhibidores (como los MPC). El impulso permanece contenido hasta que aparece el
estímulo clave adecuado, el cual actúa como la llave que abre la cerradura,
permitiendo que la conducta heredada siga su curso.
La acción en el vacío: Vacuum
Activity. Si el animal pasa demasiado tiempo sin recibir el estímulo clave
adecuado, la tensión interna acumulada busca una salida de forma espontánea. Se
produce un desbordamiento donde el "bloque" de represión se disemina
y el animal ejecuta los movimientos característicos (como cazar insectos
imaginarios en el aire o picotear el vacío) sin necesidad de presa ni de hambre
real, demostrando que el instinto posee un motor energético interno.
2. La apetencia, la jerarquía y el "Parlamento de los
Instintos"
El estado de preparación
creciente para ejecutar un comportamiento instintivo se denomina apetencia o
animosidad específica.
Movimientos de intención: La
apetencia se manifiesta exteriormente mediante señales corporales específicas
(como la dirección de la cabeza o pequeños ademanes previos) que revelan qué
instinto está "en activo" o a punto de desencadenarse.
El modelo jerárquico: Konrad
Lorenz y Niko Tinbergen conceptualizan el sistema instintivo no como una
estructura plana, sino como un complejo "parlamento" o
"ministerios" internos. Los distintos instintos (comida, huida,
reproducción, agresión) pugnan constantemente por imponer su orden y dirigir el
cuerpo.
Correlaciones y conflictos:
Mediante la estimulación cerebral, se ha comprobado que los instintos pueden
superponerse, anularse mutuamente, combinarse para dar lugar a conductas
totalmente nuevas (transformación) o reprimirse unos a otros. Ante situaciones
de conflicto insalvable entre dos tendencias opuestas (como huir o atacar),
surge un "movimiento de salto de obstáculos", donde el animal
canaliza la energía bloqueada hacia una acción aparentemente incongruente, como
picotear el suelo.
3. Influencias externas e internas sobre el instinto:
El umbral de sensibilidad del
instinto (la "honda estimulante") no es estático; fluctúa
constantemente debido a factores exógenos y endógenos:
Factores exteriores:
Modificaciones ambientales como el aumento de la duración del día o el
descubrimiento de elementos clave en el hábitat (plantas, refugios) activan o
intensifican la predisposición de ciertos "diputados" instintivos en
el sistema nervioso central.
Factores interiores: La química
corporal —especialmente las hormonas, como la progesterona demostrada en
experimentos con aves— puede adelantar o desencadenar conductas complejas de
empollamiento y cuidado antes de los tiempos biológicos habituales. Asimismo,
la saciedad o el predominio de un instinto actúan reprimiendo o elevando los
umbrales de sensibilidad de los demás.
Acciones instrumentales:
Coordinaciones heredadas básicas (como "andar" o
"cacarear") actúan como herramientas versátiles que pueden ser
empleadas por múltiples instintos diferentes (huida, búsqueda de alimento,
reproducción o defensa) según las necesidades del organismo.
4. La evolución, la domesticación y la "puerta abierta" al aprendizaje:
El análisis de Hass revela que
los instintos no son inmutables; al igual que los órganos físicos, se ajustan a
las condiciones de vida a lo largo de la selección natural, mostrando a menudo
una rigidez conservadora superior a la de las propias estructuras anatómicas en
las que se apoyan (como los movimientos de amenaza con los dientes conservados
en cérvidos a pesar de la regresión de los colmillos).
El impacto de la domesticación:
Al proteger el hombre al animal de las crudezas naturales, las largas cadenas
de coordinaciones heredadas motoras se desmoronan
("desdiferenciación") y los mecanismos congénitos de reconocimiento
pierden selectividad, abriendo la "cerradura" instintiva a muchas más
llaves.
La decadencia de los instintos
como condición de la inteligencia: Esta degradación o debilitamiento de la
rigidez instintiva heredada no es un defecto evolutivo, sino una condición
fundamental, sine qua non: al quebrarse los patrones cerrados y
automáticos, se abre una "puerta" por la cual penetra la experiencia
individual, permitiendo que el animal superior mejore y transforme su conducta
mediante el aprendizaje y la plasticidad cerebral.
Se
ha realizado una síntesis con base en el punto 1d, «Los hábitos o instintos de
los animales: tipos de hábito o instinto animal; los hábitos o instintos de
diferentes clases de animales» del capítulo sobre el Animal en The Great
Ideas: A Syntopicon of Great Books of the Western World, de la Enciclopedia
Británica, estructurada de la perspectiva de cada uno de los grandes autores
citados en dicha sección, vinculando sus ideas sobre el instinto y su relación
con el hábito a los fines de ampliar las perspectivas del estudio sobre el
instinto a lo largo de la historia, para servir como una sólida materia de estudio
filosófico y científico sobre el Instinto.
Perspectivas históricas y filosóficas sobre el
instinto y el hábito animal:
1. La Antigüedad Clásica y la
Filosofía Antigua:
I. Heródoto: Observa las conductas peculiares,
adaptaciones y peculiaridades biológicas o etológicas de diversas especies
animales en sus viajes e historias, mostrando cómo la naturaleza dota a cada
criatura de pautas de supervivencia específicas ligadas a su entorno
geográfico.
II. Platón (La República): En su visión del alma y el orden natural,
examina las tendencias innatas y la armonía de las funciones dentro de los
seres vivos, donde los animales actúan guiados por impulsos naturales que
reflejan partes inferiores del alma (apetitiva e irascible), subordinadas al
orden cósmico.
III.Aristóteles (Historia de los Animales, Partes
de los Animales, Ética): Es el gran sistematizador clásico. Distingue
con agudeza las facultades de los animales frente a los hombres. Para
Aristóteles, los animales poseen percepciones, memoria y ciertos grados de
inteligencia práctica o cuasi-razonamiento, pero operan fundamentalmente
mediante impulsos naturales fijos (instintos) orientados a la autoconservación,
la reproducción y la construcción de moradas (como abejas y aves). El hábito en
los animales se relaciona con la costumbre adquirida por repetición, aunque
subordinada a su naturaleza fija.
IV. Galeno: Desde la perspectiva médico-fisiológica (Facultades Naturales), analiza cómo las funciones
corporales y las tendencias instintivas operan a través de principios
biológicos innatos, donde el cuerpo animal ejecuta acciones complejas sin
deliberación consciente, guiado por la constitución de sus órganos y
temperamentos.
V. Lucrecio (De la naturaleza de las cosas): Desde una óptica atomista y materialista,
explica que las conductas instintivas de los animales: el miedo innato a los
depredadores, el amor maternal, el instinto gregario, la cohesión del rebaño o
la unión protectora del rebaño, surgen de la disposición de los átomos del alma
y del cuerpo. Los animales no razonan, sino que sus movimientos y hábitos
responden a necesidades físicas ciegas y a la adaptación natural al medio.
2. La Edad Media y el Renacimiento:
I. Tomás de Aquino (Suma Teológica): Desde la filosofía
escolástica, Aquino sitúa el instinto animal (estimativa en los
animales, distinta de la cogitativa racional
del hombre) como una facultad natural providencial. Los animales perciben por
instinto lo útil y lo nocivo (por ejemplo, la oveja que huye instintivamente
del lobo sin haberlo evaluado racionalmente). Los hábitos en los animales son
limitados en comparación con los humanos, tratándose más bien de
adiestramientos o costumbres impresas por su naturaleza sensible.
II. Geoffrey Chaucer (Los cuentos de Canterbury): A través de sus observaciones poéticas y
narrativas (como en los cuentos del fraile o del párroco), refleja la sabiduría
popular sobre el comportamiento animal, reconociendo en sus hábitos pautas
fijas creadas por Dios que imitan o contrastan con los vicios y virtudes de la
naturaleza humana.
III.François Rabelais (Gargantúa y Pantagruel): Utiliza la conducta animal de forma satírica
y alegórica para ilustrar los impulsos primarios, el apetito desenfrenado y las
costumbres mecánicas tanto de las bestias como de los seres humanos que se
dejan dominar puramente por la corporalidad.
IV. Michel de Montaigne (Ensayos): Revoluciona la visión tradicional al defender
la dignidad y la inteligencia de los animales frente a la soberbia humana.
Montaigne argumenta que muchas acciones instintivas de los animales superan en
perfección, astucia y lealtad a la razón humana, sugiriendo que poseen una
forma de sabiduría natural e innata que no palidece ante nuestros hábitos
culturales artificiales.
3. La Modernidad: Racionalismo, Empirismo y
Mecanismo
I. William Shakespeare (Enrique V, Timón
de Atenas): Retrata en sus dramas la ferocidad, la lealtad y los instintos
jerárquicos de los animales, como los lobos, caballos y abejas, para trazar
metáforas profundas sobre el orden social, la política y la psicología de las
pasiones humanas.
II. William Harvey: Desde la fisiología
moderna, investiga la generación y la circulación en los animales, viendo en
los instintos y movimientos vitales el resultado de complejas maquinarias
orgánicas y leyes biológicas impresas en el desarrollo embrionario.
III.Francis Bacon: Promueve el estudio
empírico e inductivo de la historia natural, instando a observar sin prejuicios
los hábitos, metamorfosis e instintos de los animales para comprender las leyes
operativas de la naturaleza.
IV. René Descartes (Discurso del método): Introduce la teoría radical
del animal-máquina (bête machine). Para
Descartes, los animales carecen por completo de razón y de alma consciente; por
lo tanto, lo que llamamos "instinto" no es más que una respuesta
mecánica y compleja de autómatas biológicos ante estímulos externos, operando
de manera puramente física (por disposición de órganos y espíritus animales),
sin verdadera sensación interna ni pensamiento.
V. Baruch Spinoza: En su Ética, sostiene que cada cosa se esfuerza por
perseverar en su ser (conatus). En los animales, este impulso fundamental se
manifiesta como instintos de conservación y afectos básicos adaptados a su
naturaleza corporal, rigiéndose por leyes necesarias y universales de la
naturaleza divina.
VI. Blaise Pascal (Pensamientos): Observa la paradoja del
animal: aunque carecen de la dignidad del pensamiento reflexivo, muestran una
perfección instintiva y una adaptación a sus necesidades que a menudo
desconciertan a la razón humana, demostrando las limitaciones del orgullo de
nuestra especie.
VII. John Locke: Analiza cómo los animales
poseen percepción y memoria limitada, lo que les permite retener ciertos
hábitos aprendidos (adiestramiento), pero carecen de la capacidad de abstraer
ideas generales, diferenciando así claramente el hábito adquirido por asociación
de ideas de la verdadera racionalidad.
VIII.Jonathan Swift (Los viajes de Gulliver): En el cuarto viaje (hacia
el país de los Houyhnhnms), subvierte la jerarquía
tradicional al presentar a unos caballos racionales, virtuosos y guiados por la
recta naturaleza, criticando mordazmente cómo los seres humanos, a pesar de
presumir de razón, suelen dejarse arrastrar por instintos mucho más depravados
y destructivos que los de las bestias.
4. La Ilustración, el Siglo XIX y el
Surgimiento de la Psicología Científica
I. Jean-Jacques Rousseau (Discurso sobre el
origen de la desigualdad): Considera que el animal es un agente libre en
un sentido primitivo, gobernado por la naturaleza, y cuyo instinto es infalible
para su conservación. A diferencia del hombre, que se corrompe por sus pasiones
y hábitos culturales artificiales, el animal vive en una pacífica y perfecta
concordia con sus instintos originarios.
II. Immanuel Kant: En sus obras críticas y de antropología,
distingue netamente entre el apetito instintivo animal (instinkt) y la voluntad libre y racional del hombre.
Los animales actúan por inclinaciones mecánicas de la naturaleza; sus
"hábitos" son en realidad constricciones instintivas de la especie,
carentes de moralidad o autonomía legislativa.
III.John Stuart Mill (El utilitarismo): Al examinar los placeres y la conducta,
señala que los instintos y deseos de los animales apuntan a la supervivencia y
al bienestar inmediato, sirviendo de base comparativa para evaluar la jerarquía
de los placeres y motivaciones en la psicología utilitarista.
IV. James Boswell (Vida de Samuel Johnson): Registra las agudas conversaciones donde el
Dr. Johnson y Boswell discuten la mente animal, la fidelidad instintiva de los
perros y los límites de la comprensión humana sobre la psicología de las
bestias.
V. Herman Melville (Moby Dick): A través de la descripción monumental del
cachalote y la fauna marina, explora los instintos primigenios, salvajes y
enigmáticos de las grandes criaturas del océano, que actúan como símbolos
abismales de una naturaleza inaccesible e indiferente al destino del hombre.
VI. Charles Darwin (El origen de las especies,
El origen del hombre): Transforma radicalmente el concepto de
instinto. Para Darwin, los instintos no son facultades estáticas e inmutables
creadas por separado, sino hábitos heredados y
seleccionados a lo largo de eones mediante la evolución y la selección natural.
Un instinto complejo (como el de la construcción de panales por las abejas)
puede considerarse como el resultado acumulado de variaciones ventajosas de
conductas originariamente aprendidas o accidentales que se fijaron
genéticamente. Asimismo, demuestra la continuidad psicológica y emocional entre
animales y hombres.
VII. León Tolstói (Guerra y paz): En sus reflexiones sobre la historia y la
conducta humana, compara frecuentemente las acciones de los hombres en las
masas y en la guerra con los instintos gregarios y de supervivencia de los
animales, restando importancia a la pretendida deliberación racional de los
líderes.
VIII.William James (Principios de Psicología): Define el instinto como la facultad de actuar
de manera tal de producir ciertos fines, sin previsión previa de esos fines y
sin educación previa en su ejecución. James argumenta que el hombre posee más instintos que los animales, pero muchos de ellos
son transitorios o quedan enmascarados y modificados por la aparición de
hábitos adquiridos a lo largo de la experiencia.
IX.Sigmund Freud: Vincula el instinto (frecuentemente traducido
como pulsión o Trieb) con las fuentes somáticas de
la energía psíquica. En obras como Más allá del principio del
placer y sus conferencias sobre el psicoanálisis, explora cómo las
pulsiones básicas (como la autoconservación y la sexualidad) actúan en el fondo
de la psique humana y animal, mostrando que las capas más profundas de nuestra
mente comparten dinámicas instintivas con el resto del mundo viviente.
RESUMEN:
A
continuación, se presenta un resumen estructurado con lo que cada uno de los
siguientes autores exponen sobre el instinto y su relación con la conducta y la
vida:
1. Alexis Carrel y La conducta en la vida:
Para el Dr.
Alexis Carrel —médico, biólogo y uno de los pensadores más lúcidos del siglo
XX—, el estudio de la conducta humana y animal no puede reducirse a meras
fórmulas mecánicas o psicológicas aisladas; debe comprenderse en la totalidad
dinámica del ser vivo y su entorno.
a)
La
naturaleza integral del instinto: Carrel advierte que los instintos representan
las fuerzas primordiales y hereditarias que aseguran la conservación del
individuo y de la especie. No son meros accidentes psicológicos, sino
disposiciones orgánicas profundas arraigadas en la estructura biológica y
humoral del organismo.
b)
Instinto
versus Inteligencia y Razón: En sus análisis sobre la conducta, Carrel observa
que mientras la razón calcula, duda y analiza, el instinto actúa con una
certidumbre inmediata y ciega a los fines lejanos, pero infalible en su
adaptación biológica directa. Sin embargo, lamenta que en el hombre moderno la
hipertrofia de la racionalidad intelectual y el alejamiento de las leyes
naturales hayan atrofiado o desequilibrado los instintos rectores, provocando
una crisis de conducta.
c)
El
ritmo de la vida y los hábitos: Carrel subraya la importancia capital de los hábitos
bien cimentados. Para él, el hábito actúa como una "segunda
naturaleza" que puede consolidar los impulsos instintivos saludables o,
por el contrario, corromperlos si se somete al organismo a ritmos artificiales
contrarios a su constitución biológica. La disciplina de la conducta requiere
armonizar la razón con las exigencias profundas de los instintos vitales.
2. Charles Darwin y La expresión de las emociones en los animales y
en el hombre:
En esta
obra clásica, Darwin profundiza en la continuidad filogenética entre las
especies, demostrando que los instintos y las emociones no surgieron de manera
abrupta en el hombre, sino que poseen un profundo origen evolutivo compartido.
a)
El
instinto como hábito heredado: Como se anticipaba en sus escritos generales,
Darwin sostiene que muchas acciones instintivas complejas comenzaron
originalmente como actos conscientes, voluntarios o hábitos aprendidos que, al
repetirse a lo largo de incontables generaciones, se fijaron en la constitución
hereditaria de la especie hasta volverse automáticos e innatos.
b)
La
expresión fisiológica de las emociones: Darwin examina cómo los instintos de
supervivencia (el miedo, la ira, el afecto maternal, la agresión o la defensa)
se manifiestan corporalmente a través de gestos, posturas, expresiones faciales
y alteraciones orgánicas idénticas tanto en los animales superiores como en el
ser humano.
c)
La
utilidad de los hábitos expresivos: Explica principios fundamentales como el de
los hábitos útiles asociados, donde ciertos movimientos que en su origen
cumplieron una función práctica directa para satisfacer un instinto (como
mostrar los dientes ante el peligro) perduran mecánicamente como expresiones
emocionales aun cuando pierdan su utilidad inmediata de combate.
3. Heinz Woltereck y La vida inverosímil:
En este
fascinante volumen de divulgación científica y biología actual (Breviarios
del Fondo de Cultura Económica), Heinz Woltereck aborda los aspectos más
asombrosos, complejos y aparentemente "inverosímiles" de la conducta
animal, la adaptación orgánica y los automatismos innatos.
a)
Los
enigmas de la conducta instintiva: Woltereck recopila y analiza ejemplos
extraordinarios de la etología y la biología, demostrando que los animales
ejecutan acciones sumamente elaboradas —como migraciones masivas sin brújula,
complicadas arquitecturas de nidos, metamorfosis o estrategias de caza— sin
haber tenido un maestro ni un proceso previo de razonamiento lógico.
b)
La
perfección hereditaria frente al aprendizaje: El autor contrasta el carácter
rígido, perfecto y específico del instinto con la plasticidad del hábito
individual. Mientras que el hábito es una adquisición flexible del individuo
basada en la experiencia, el instinto es un patrimonio supraindividual impreso
en el código de la especie que opera con la precisión de un relojería
biológica.
c)
La
adaptación y el misterio de la vida: A través de una mirada respetuosa con la
complejidad de la naturaleza, Woltereck invita a contemplar el instinto no como
una deficiencia de inteligencia, sino como una forma superior y distinta de
sabiduría orgánica, donde la vida misma se autogobierna y se abre paso en
condiciones a veces inverosímiles.
La integración de estas tres visiones —la
síntesis humanista y médica de Carrel, la continuidad evolutiva y emocional de Darwin, y la asombrosa precisión biológica descrita por Woltereck— nos aporta una perspectiva monumental para comprender la
esencia del instinto tal como realmente es, y lo que es. Permite conectar el
estudio clásico del Syntopicon con la ciencia moderna, enriqueciendo el análisis sobre cómo
el Espíritu encarnado utiliza el instinto y el hábito en su camino ascendente en
los cuatro reinos de la naturaleza.
Desde la perspectiva de quien escribe, el
instinto es un atributo, o aptitud perceptiva, comprensiva, conocedora,
discernidora y realizadora, en el que opera la intuición en toda su amplitud, y
también, la inspiración, en los cuatro reinos naturales, de análoga manera. Es
decir, en la intuición, como una capacidad perceptiva, comprensiva, conocedora,
discernidora a nivel extrasensorial físico, que activa la voluntad realizadora,
o la fuerza de bloqueo, para permanecer estático, si se debe permanecer
estático, por determinados lapsos. La intuición como una proyección del propio
Espíritu, en los cuatro reinos naturales, -incluyendo el mineral-, que se
traslada al lugar donde se encuentra la información, la copia y la transfiere a
la conciencia objetiva, actuando en consecuencia. Y la inspiración, ya, que en
los demás reinos naturales, los entes espirituales de cada reino, en la
ecología mental, inspiran a sus respectivos integrantes, en la dimensión
física, al igual que en el reino humano, en tiempo oportuno, como un apoyo o
guía de vida. Este tema lo desarrollaremos en grado profundo, una vez concluido
el análisis de lo que sobre el tema se ha escrito de relevante, hasta ahora.
Es una concepción
filosófica y espiritual innovadora. Al elevar el instinto a la categoría de una
aptitud perceptiva, conocedora y discernidora —en la que operan la intuición y
la inspiración a través de los cuatro reinos de la naturaleza—, se le otorga a
la evolución una dimensión espiritual trascendente.
Esta
perspectiva encaja con la progresión del estudio que se realiza
en los comentarios exegéticos de El
Libro de los Espíritus: la chispa divina que se manifiesta en el mineral,
se anima en el vegetal, se agita con el instinto y la sensibilidad en el
animal, y culmina en la autoconciencia de la razón humana, guiada siempre por
las jerarquías espirituales de cada reino. Sin embargo, con este enfoque, se
trasciende aún esa progresión del
mineral al ser humano, ya que, de lo que aquí se trata es que, la ley rige por
igual en los cuatro reinos: humano, animal, vegetal y mineral, sin
diferenciación, lo que cambio es el rol que juegan los integrantes de cada
reino en el contexto de todas las cosas, pero, las funciones se desenvuelven de
análoga manera en todos los seres de los cuatro reinos naturales: late la misma
vida, inteligencia, atributos, trabajo progresivo sin límites, y progreso ad
infinitum en la eterna polarización de un estado de consciencia a otro más
elevado.
Este recorrido se presenta como una línea de evolución del
pensamiento desde la visión fija y aristotélica-escolástica del instinto como
guía providencial, pasando por el mecanicismo cartesiano que negaba la
interioridad animal, hasta llegar a la revolución de la teoría de la evolución
de Darwin, donde el instinto es hábito heredado, y la
profundidad psicológica de William James y Sigmund Freud, que conectan los instintos con la base
pulsional compartida entre el animal y el espíritu encarnado en el ser humano.
Esto enriquece notablemente la perspectiva espiritista sobre la progresión de los
Espíritus a través de los cuatro reinos de la naturaleza, ya que permite ver
las cosas tal como son, en constante acción perfectible, por la experiencia ascendente
adquirida.
Tema
en revisión …..


