¿FATALIDAD O LIBRE ALBEDRÍO?
©Giuseppe
Isgró C.
851. ¿Podría decirse que existe una fatalidad en
los eventos de la vida, que implique que los acontecimientos estén ya
previamente preestablecidos? Y, en tal caso, ¿dónde residiría el libre
albedrío?
–“La
fatalidad no existe sino por la elección que el Espíritu ha hecho,
encarnándose, de pasar por esta o aquella prueba, por cuanto, eligiendo, él se
crea una especie de destino, que es la consecuencia misma de la condición en la
cual se ha colocado. Bien entendido, pero, que aquí se habla de las pruebas
físicas, dado que, en lo que se refiere a las pruebas morales y a las
tentaciones, el Espíritu, quien conserva su libre albedrío, tanto para el bien
como para el mal, es siempre dueño de ceder o de resistir. Un Espíritu bueno,
viéndolo vacilar, puede moverse en su ayuda, pero no imponérsele dominando su
voluntad; un Espíritu inferior —es decir, de bajo nivel evolutivo—, haciéndole
ver una cosa por otra o exagerándole un peligro, puede impresionarlo
asustándole; pero, por lo menos, la voluntad del Espíritu encarnado queda libre
de toda coacción”–.
Allan
Kardec
El
Libro de los Espíritus
¡Oh, dioses! —dijo Zeus—. ¡De qué modo culpan los mortales a los
númenes! Dicen que las cosas malas vienen de nosotros, y son ellos quienes se
atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino.
Homero, La Odisea
Es
extraordinaria la percepción de la verdad expuesta en este parágrafo en
relación con las pruebas previamente elegidas por el Espíritu antes de
encarnar, que van a conformar su destino, en determinado grado, en el nuevo
ciclo de vida. Esta realidad está conformada por diversas vertientes:
En
primer lugar:
los objetivos que elige el mismo Espíritu de manera que pueda desarrollar
habilidades en aquellas áreas en que él comprende que precisa fortalecerse.
Selecciona, también, determinadas pruebas para experimentar situaciones
análogas a las que él ha ocasionado a otros, en vidas anteriores, como un
aprendizaje. Otras las elige para optimizar aquellas aptitudes que previamente
ha fortalecido, bien sea aportando un bien a la sociedad o un servicio, que van
a fungir como vocación existencial y que reflejarán sus puntos fuertes;
mientras que las otras pruebas lo harán con sus puntos menos fuertes.
Empero,
en segundo lugar: su suma existencial, por la ley de afinidad, previo el
veredicto de la de justicia, la de igualdad y la de compensación, van
ubicándolo o reubicándolo automáticamente en el nuevo orden que le corresponde
en el concierto de todas las cosas, tanto por sus fortalezas como por sus
debilidades, en el cual orden podrá, de mejor forma, optimizar las primeras y
fortalecer las segundas. Todo ello conlleva, paralelamente, el aprendizaje que
precisa en uno o en otro sentido.
En
tercer lugar, tenemos lo siguiente: dado que en el planeta Tierra —o en el de
turno en que se viva, en un determinado momento— existe un plan de vida y de
estudios que se va realizando en forma gradual y sistemática por los pedagogos
planetarios, necesariamente, entre las pruebas existenciales y los estudios a
realizar, se encuentran aquellos que se vinculan con este programa planetario.
El orden en que su suma existencial le ha colocado, por acción efectiva de la
ley de afinidad, previo auxilio de las de justicia, igualdad y compensación, le
ubica en un ambiente afín de seres que se encuentran en una esfera mental
evolutiva que va desde un grado mínimo hasta otro de mayor jerarquía, entre
cuyos niveles cada quien recibe enseñanzas del que se encuentra en el rango
superior y, a su vez, enseña a los que le siguen inmediatamente, en un justo y
perfecto sistema y orden jerárquico, en la gran cadena evolutiva universal. Los
afines se juntan en todos los niveles. También es cierto que, si bien a nivel
físico, en un área específica, conviven millones de personas, a nivel
espiritual, en la ecología mental —conformada por Espíritus encarnados y por
los que se encuentran en la dimensión espiritual—, cada quien puede formar
parte de una esfera mental diferente, de acuerdo con el grado evolutivo
arrojado por su suma existencial. Pese a vivir en el mismo ambiente físico,
viven en diferentes esferas mentales. Empero, por efectos de la resonancia
magnética, los de nivel superior, en la escala evolutiva, influyen
positivamente en los que les siguen en rango, tanto por la comunicación de
contenidos mentales, vía telepática, como por el ejemplo a nivel
objetivo-visual. Este efecto de influencia espiritual se lleva a cabo también
por interrelación entre las dimensiones espiritual y física, vía telepática,
donde los Espíritus, cada uno en su respectivo nivel, aportan la ayuda o la
influencia respectiva, pero respetando siempre el libre albedrío de cada quien,
como un derecho intrínseco de cada ser.