Capítulo
III
CREACIÓN
EL
LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Allan Kardec
Versión
castellana
y comentarios
exegéticos:
©Giuseppe Isgró
C.
Formación de los mundos. Formación de los seres
vivientes. Poblamiento de la Tierra: Adán. Diversidad de los grupos étnicos.
Pluralidad de los mundos habitados. Consideraciones y concordancias bíblicas en
torno a la creación.
FORMACIÓN DE LOS MUNDOS El universo abraza todos
los mundos que vemos, y aquellos infinitos que no vemos; todos los seres
animados e inanimados, todos los astros que se mueven en el espacio y todos los
fluidos que lo llenan.
37. ¿El
universo ha sido creado, o existe desde toda la eternidad como Dios?
–“Ciertamente no ha podido hacerse por sí mismo; y si existiera desde toda la
eternidad como Dios, no podría ser la obra de Dios”.
La razón nos enseña que el universo no pudo hacerse
por sí mismo, y que, no pudiendo ser la obra del acaso, debe ser la obra de
Dios.
38. ¿Cómo
ha creado Dios el universo? –“Con su voluntad omnipotente expresada por
aquellas sublimes palabras de la Génesis: Dios dijo: Sea hecha la luz, y la luz
fue hecha”.
39. ¿Podemos
nosotros conocer el proceso de la formación de los mundos? –“Todo lo que se
puede decir, y que vosotros podéis comprender, es que los mundos se forman por
la condensación de la materia diseminada en el espacio”.
EXÉGESIS: La respuesta a esta pregunta contiene la clave esencial
para descifrar el misterio de la creación de los mundos, cuando expresa:
–“...los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el
espacio”. La materia es energía
condensada. Quienes la condensan son los Espíritus elementales de la
naturaleza, al vibrar en determinada frecuencia.
Cada uno de los elementos, conocidos y por conocer, está compuesto de Espíritu,
alma y cuerpo. El Espíritu del
hierro, por ejemplo, vibra a la tasa vibratoria del hierro y lo condensa, y así
sucesivamente ocurre con todos los demás elementos. Luego viene la combinación
de los elementos; por ejemplo, dos moléculas de hidrógeno con una de oxígeno forman el agua. Todas las vertientes y
variantes en las respectivas combinaciones y aleaciones dan diversas formas de
materia orgánica e inorgánica. Luego vienen las diversas especies de los
distintos reinos naturales, además del mineral, ya mencionado.
Con
una perspectiva universal de la vida, hoy sabemos que nos
llega la luz de mundos que existieron hace millones de años, y que, dada la
inmensa distancia que les separaba del
planeta Tierra, nos sigue llegando su luz, lo cual indica que dichos mundos se
formaron, se desarrollaron y se desintegraron. Al mismo tiempo, existen mundos
en formación, descubiertos por la astronomía, lo cual indica que su creación es un proceso constante, y por lo tanto,
siendo la Tierra un mundo más reciente, cuando se formó ya era un procedimiento
desarrollado y puesto en práctica en millones de otros globos. ¿Quién
realiza la creación de los mundos? ¿Dios?
Dios,
tal como lo hemos expuesto en anteriores comentarios exegéticos, sin dejar de
ser Él, y sin separarse de Él, encarna en el Alma Universal como un ser
individual, en los cuatro reinos naturales, tantas veces como fuere necesario,
cada vez que se va a crear un mundo originario. El trabajo de Dios consiste
en la emanación a la conciencia individual de tantos seres como fueren
necesarios, y en la aplicación de la ley cósmica. Pero
el trabajo de la creación del mundo en particular le corresponde a los
Espíritus de los cuatro reinos de la naturaleza bajo la dirección de los
maestros de la creación, que son los Espíritus muy evolucionados. Estos
Espíritus avanzados, dada la eternidad pasada, habrán alcanzado niveles tan
elevados de conciencia y progreso, que les permite estar una eternidad por
delante de quienes recién empiezan el proceso evolutivo. De acuerdo con el nivel de progreso de una determinada familia espiritual,
los maestros de la creación diseñan, con antelación, el mundo que habrá de
ocupar dicha familia después de que termine el ciclo de vida del
que ahora habitan. Será una nueva morada con otros niveles de estudios
universales. Efectuado el plan del nuevo mundo,
los Espíritus maestros de la creación ordenan a los Espíritus elementales de la
naturaleza que condensen la energía cósmica
en materia, cada uno de acuerdo con su índole, y luego, de efectuar las
respectivas combinaciones y variantes a que hubiese lugar, de acuerdo con las
leyes de la física, de la química, de la biología, etcétera. Cada quien, de
acuerdo con el arte que domina, presta su concurso tanto en la creación del
mundo como en su ulterior desarrollo. Allí vemos los diversos diseños en las
especies vegetales y animales, para adaptarlas a las
funciones que les son inherentes. Es un trabajo de equipo, bajo la dirección de
los maestros de la creación, y por la ley cósmica, regidos por el Creador
Universal, quien inspira, en la conciencia de cada quien, el conocimiento
necesario y precisado en cada caso, por el lenguaje
de los sentimientos de los valores universales, imprimiendo una fuerza de
empuje y otra de bloqueo, para coordinar el esfuerzo de
todo el conjunto, en un perfecto orden y armonía, regido todo por la ley de
afinidad, la de justicia, la de igualdad, la de compensación y la de amor, como
síntesis de la ley cósmica.
40. ¿Serían
los cometas, como se cree hoy, un principio de condensación de la materia
cósmica, y mundos en vía de formación? –“Sí; pero guardaos de creer en la
absurda influencia que a ellos le atribuye el vulgo, por cuanto no poseen
ninguna otra fuera de la que todos los cuerpos celestes tienen sobre ciertos
fenómenos físicos”.
41. ¿Un
mundo ya formado puede desaparecer, y la materia que lo compone expandirse de
nuevo en el espacio? –“Sí; Dios renueva los mundos como renueva los seres
vivientes”.
42. ¿Podemos nosotros conocer la duración de la formación de
los mundos, por ejemplo, de la Tierra?
–“No, por cuanto es conocida sólo por el
Creador, e iluso sería quien pretendiese saberlo, o de conocer el número de
siglos de esta formación”.
FORMACIÓN DE LOS SERES VIVIENTES
43. ¿Cuándo comenzó a ser poblada la Tierra?
–“Al inicio, todo lo envolvía el caos: los
elementos eran confusos; pero, poco a poco, cada cosa tomó su lugar, y entonces
aparecieron los seres vivientes apropiados al estado del globo”.
44. ¿De dónde provienen los seres vivientes de la Tierra?
–“La Tierra contenía los gérmenes, que
esperaban el momento oportuno para desenvolverse. Los principios orgánicos se
reunieron adecuadamente, tan pronto cesó la fuerza que los tenía segregados, y
formaron los gérmenes de todos los seres vivientes.
Los gérmenes quedaron en estado latente e inerte, como la crisálida y las
semillas de las plantas, hasta el momento favorable
al nacimiento de cada especie: entonces los seres de cada especie se conjugaron
y se multiplicaron”.
45. ¿Dónde
se encontraban los elementos orgánicos antes de que se formase la Tierra? –“Se
encontraban, por decirlo así, en estado de fluido en el espacio, en medio de
los Espíritus, o en otros planetas, esperando la creación de la Tierra para
comenzar una existencia nueva sobre un globo nuevo”.
La química nos
muestra cómo las moléculas de los cuerpos orgánicos
se unen para formar cristales de constante regularidad, según la especie, hasta
encontrarse en las condiciones precisadas. Pero, por poco que falten estas
condiciones, no es más posible la unión de los elementos, o por lo menos su
disposición regular, que constituye el cristal.
Y ¿por qué no sería lo mismo de los elementos
orgánicos? Nosotros conservamos, también por años, algunas semillas de plantas
y de animales, que se desarrollan sólo a una determinada temperatura y en un
ambiente propicio. Se han visto granos de trigo germinar después de varios
siglos. Por lo
cual, en estas semillas existe un principio latente de vitalidad, el cual para
desenvolverse no espera más que una
circunstancia favorable. Ahora, lo que sucede cada día bajo nuestra propia
mirada, ¿no
pudo, quizá, suceder desde el origen del planeta? Tal formación de los seres
vivientes, que salen del caos por la fuerza misma de la naturaleza, ¿disminuye, quizá, la grandeza de Dios? No, más bien
responde mejor a la idea de su potencia, que se ejercita sobre infinitos mundos
con leyes internas e inmutables. Esta teoría no resuelve, es verdad, la
cuestión del origen
de los elementos vitales; pero Dios tiene sus misterios, y ha puesto ciertos
límites a nuestras investigaciones.
EXEGÉSIS:
¿Es verdad que Dios ha puesto ciertos límites a nuestras investigaciones? De
ser cierto, ¿cuáles son?
En primer lugar, potencialmente hablando, Dios no
ha puesto límites de ninguna naturaleza, para nadie, excepto el de la evolución
personal y los estados de conciencia inherentes, que por propio mérito se van
desarrollando, en la espiral evolutiva, en el eterno presente.
Ese
y solamente ese es el único límite; es decir, podemos llegar hasta donde
alcanzan nuestras propias fuerzas; empero, ellas son factibles de ser
incrementadas por el propio desarrollo evolutivo, en forma gradual y constante.
En la medida en que se va alcanzando una visión más
amplia de la realidad que nos circunda, podemos emprender investigaciones y
tareas de mayores envergaduras.
Evidentemente, existe un orden universal que es
preciso seguir, siendo imposible saltar determinados grados, pero, lejos de ser
un límite, implica una guía del orden que debe orientar nuestros trabajos.
La actitud correcta debe ser, siempre, la de
rechazar cualquier imposición de límites de quien quiera que sea.
Si el Ser
Universal ha dispuesto que, en el eterno presente, encontremos siempre un más
allá de progreso, sin límites algunos, ¿por qué
razón deberíamos aceptar ese tipo de imposiciones de quienes, en un momento
dado, pudiesen tener motivos para inhibir una tendencia natural de los seres,
aún en los cuatro reinos naturales? Es decir, hacia el avance constante hasta
donde alcance la infinita
imaginación, que es la visión del espíritu.
De encontrar una
barrera, es preciso, también, descubrir la manera de superar la misma, sin
importar el tiempo que se pueda requerir ni el esfuerzo o trabajo necesarios a tales efectos.
Todo
es posible de lograr si tenemos la idea clara de lo que queremos y,
paralelamente, se emprende la acción suficiente y sostenida en el tiempo, hasta
alcanzar el grado de conocimiento o logro
anhelado.
A través del
progreso, el hombre ha encontrado la manera de ver más lejos inventando el
telescopio. Con el microscopio, descubrió un mundo inmensamente pequeño, que
escapa a simple vista. Se las ha ingeniado para
idear aparatos que le permiten volar y desplazarse a lejanos lugares, a gran
velocidad, que solamente unos pocos siglos antes eran apenas sueños en mentes
prodigiosas como la de Leonardo da Vinci. Se puede uno sentar
frente a un ordenador y comunicarse en pocos segundos con un sinnúmero de
personas, simultáneamente. Se podría enumerar una gran cantidad de
otros instrumentos que han extendido en forma prodigiosa la inmensa capacidad
de crear del ser humano, y nos asombraríamos todavía más si pudiésemos percibir
lo que realizan cada uno de los entes respectivos en los cuatro reinos
naturales, incluyendo el mineral.
¿Aprenderemos
a viajar, también, en proyección espiritual, a la velocidad del pensamiento,
por el inmenso universo, y percatarnos de lo que existe allí? Muchas pruebas al
respecto demuestran que en un día no muy lejano, en cuanto el factor moral
alcance
el nivel de madurez óptimo, eso será una realidad al alcance de todos, sin
excepción.
El ser humano ha descubierto, también, que cuando
su capacidad de razonamiento, utilizando la lógica inductiva y deductiva,
alcanza el límite de sus posibilidades, se activan las facultades de la
intuición y de la inspiración, entrando en contacto con una fuente de sabiduría
que le permite percibir lo que apenas unos minutos antes le era desconocido.
¿Dónde se encontraba ese conocimiento?
El
ser humano también ha observado que, interiorizándose, entra en conexión divina
con el Ser Universal, en una práctica de espiritualidad directa, sin
intermediarios, y se transforma en un instrumento activo de su voluntad,
fluyendo en su conciencia la sabiduría expresada mediante el lenguaje de los
sentimientos
de los valores universales, guía infalible en la práctica de todas las virtudes.
De
igual manera, ha efectuado un asombroso descubrimiento: el de que posee un
poder potencialmente infinito que se expresa en el mismo grado en que va
afrontando situaciones para resolver u objetivos por realizar.
Sin importar
cuán elevada pueda ser la dificultad encerrada en la
situación por resolver o el objetivo por lograr, en cualquier orden, desde una
minúscula bagatela familiar hasta un viaje espacial, el ser humano va
expresando el poder creador suficiente para alcanzar el respectivo logro,
oportunamente.
El ser humano ha efectuado ya otro de los grandes
descubrimientos trascendentales, como es el de que posee un espíritu eterno e
inmortal, que vivirá en una infinidad de ciclos de vida, en este y en
incontables mundos del universo, en el eterno presente, donde siempre
encontrará un más allá de progreso, de sabiduría y de poder creador.
Finalmente,
en la medida en que profundiza en el potencialmente infinito poder creador del
cual dispone y en el conocimiento más íntimo de sí mismo, percibe que él es el
caminante y el camino que conduce a la fuente, en una espiral evolutiva
infinita, y a un determinado momento descubre también
que él es la fuente, formando una unidad perfecta e indisoluble con el Ser
Universal, del cual ha emanado —en el instante
preciso— a la conciencia del Ser Individual. Si los hijos de los gatos son
también gatos, los seres humanos, como emanación de la Divinidad, ¿qué son? Y
el espíritu del gato, ¿no es también una emanación de la Divinidad?
No
deja de ser asombroso que tantos seres que forman una unidad perfecta e
indisoluble con la Divinidad y las bondades inherentes que eso implica
mantengan el interruptor de la luz de la conciencia apagado, cuando con un
simple toque transformarían la noche oscura en un dorado amanecer. Es preciso
vivir en
conexión espiritual con el Ser Universal sin intermediarios, transformándose en
un activo instrumento de su voluntad divina.
A Kabir le resultaba inconcebible que en el mar los
peces tuvieran sed.
En un universo lleno de abundancia para todos,
pensado en grande por el Ser Universal, con un plan divino de vida para cada
quien, ¿por qué no abrir los ojos y así descubrir las inmensas riquezas al
alcance de las propias manos, mediante el servicio, asumiendo la respectiva
cuota en la realización de la gran obra?
Escuchar
la voz de la conciencia permite descubrir la propia identidad, por cuanto ella
es una réplica de la del Creador, y en ella se expresa Él mediante el lenguaje
de los sentimientos de los valores universales. Allí reside
la sabiduría y el poder potencialmente infinito que permiten el usufructo de la
riqueza integral que espera por cada quien, aquí y ahora, en
el eterno presente.
46. ¿Existen
todavía seres que nacen espontáneamente? –“Sí, pero el embrión primitivo
existía ya en estado latente. Vosotros sois todos los días testigos de este fenómeno. ¿Los tejidos orgánicos de los seres humanos y de
los animales no encierran, quizá, los gérmenes de una multitud de gusanos que
esperan para manifestarse la fermentación putrefacta necesaria a su existencia?
Es un pequeño
mundo que dormita y que se crea”.
47. ¿La
especie humana se encontraba ya entre los elementos orgánicos contenidos en el
globo terrestre? –“Sí, y emergió a su tiempo, lo cual ha hecho decir que el ser
humano había sido formado con el barro de la tierra”.
48. ¿Podemos
conocer la época de la aparición del ser humano y la de los demás seres
vivientes sobre la Tierra? –“No; todos vuestros cálculos son quimeras”.
49. Si
el embrión de la especie humana se encuentra entre los elementos orgánicos del
globo, ¿por qué no se forman, también ahora,
espontáneamente, seres humanos como en su origen?
–“El principio de las cosas se encuentra en
los secretos de Dios; todavía se puede suponer que los seres humanos, dispersos
que
fueron sobre la Tierra, hayan absorbido en sí mismos los elementos necesarios a
su formación, para transmitirlos según las leyes de la reproducción.
Y asimismo puede decirse de las demás especies de seres vivientes”.
POBLAMIENTO DE LA TIERRA. ADÁN.
50. ¿La
especie humana tuvo principio con un solo ser? –“No. Aquel que vosotros llamáis
Adán no fue ni el primero ni el único ser que pobló la Tierra”.
51. ¿En
qué época vivió Adán? –“A un día de aquella que le asignáis: alrededor de 4000 años antes de nuestra era”.
El
hombre de quien, bajo el nombre de Adán, se ha conservado la tradición fue uno
de aquellos que en un país sobrevivió a alguno de los grandes cataclismos que
en diversas épocas han afectado
la superficie del globo, y se ha convertido
en el prototipo de un grupo étnico que hoy puebla el planeta. Las leyes de la
naturaleza no nos permiten creer que los progresos de la humanidad ocurridos
mucho antes de nuestra era hayan podido realizarse
en pocos siglos, si el hombre no estuviese sobre la Tierra sino desde la época
asignada a la existencia de Adán. Algunos, y con mayor razón, consideran a Adán
como un mito o alegoría que personifica la primera edad del mundo.
DIVERSIDAD
DE LOS GRUPOS ÉTNICOS
52. ¿De dónde se originan las diferencias físicas y morales que
distinguen los variados grupos étnicos sobre la Tierra?
–“Del clima, del género de vida y de las
costumbres. Igualmente ocurre con dos hijos de la misma madre, los cuales,
educados lejos uno del otro y en modo diferente, no
se asemejan para nada en el carácter moral”.
53. ¿Los seres humanos aparecieron contemporáneamente sobre
diversos lugares del globo terráqueo?
–“Sí, y en épocas diversas, de lo cual
proviene también la variedad de los grupos étnicos. Más tarde, dispersándose
bajo diferentes climas, y mezclándose los grupos étnicos unos con otros, han
formado nuevos tipos”.
¿Estas variantes constituyen especies distintas?
–“No, por cuanto todas son de la misma familia: ¿las tantas variedades de un
mismo fruto le impiden, acaso, pertenecer a la misma especie?”.
54. Si
la especie humana no procede de un solo origen, ¿deben los seres humanos
continuar considerándose como hermanos?
–“Todos los seres humanos son hermanos en
Dios, por cuanto están animados por el Espíritu y tienden al mismo fin.
Vosotros queréis tomar siempre las palabras literalmente”.
PLURALIDAD
DE MUNDOS HABITADOS
55. ¿Los
globos que se mueven en el espacio están todos habitados? –“Sí, y el ser humano
de la Tierra está lejos de ser, como cree, el primero en inteligencia, en
bondad y en perfección. ¡Nada menos, existen personas que se creen grandes, y
piensan que sólo este pequeñísimo globo tiene el privilegio de albergar seres
con uso de razón! ¡Orgullo y vanidad! Estiman que
Dios ha creado el universo únicamente para ellos”.
Dios
ha poblado los mundos de seres vivientes, los cuales concurren todos al intento
final de la Providencia. El creer los seres vivientes limitados al
solo punto que habitamos nosotros en el universo sería poner en duda la
sabiduría de Dios, quien no ha hecho nada inútil,
y por ende ha debido asignar a los mundos una función más grande que el
recrearnos la vista.
Por otra parte, nada —ni
en la posición, ni en el volumen, ni en la constitución física de la Tierra—
puede razonablemente hacer creer que ella sola tenga el privilegio de ser
habitada, a exclusión de miles de mundos similares.
56. ¿La
constitución de los diferentes globos es la misma en todos? –“No: en cada uno
es diferente”.
57. Por
cuanto la constitución física de los mundos no es idéntica para todos, ¿los
seres que los habitan tienen una organización diferente? –“Sin duda, igual que
en vuestro escenario los peces viven en el agua y los pájaros en el aire”.
58. ¿Los
mundos más lejanos del Sol están, quizás, privados de luz y de calor, por
cuanto el gran astro no tiene para ellos sino la apariencia de una estrella?
–“¿Creéis vosotros que no existen otras fuentes de luz y de calor fuera del
Sol? ¿No contáis para nada la electricidad, que en ciertos mundos tiene una
función miles de veces más importante que sobre la Tierra? Del resto, ¿quién os
dice que todos los seres sean de vuestra misma forma y con órganos conformados como los vuestros?”.
Las
condiciones de existencia de los seres que habitan los variados mundos deben
ser apropiados al medio en el cual son llamados a vivir. Si no hubiésemos jamás
visto peces, no podríamos comprender que
existan seres capaces de vivir en el agua. Lo mismo ocurre en los otros mundos,
los cuales sin duda tienen
elementos que nos son ignotos.
¿No vemos nosotros sobre la Tierra las largas noches de los polos iluminadas
por la electricidad de las auroras polares? ¿Cuál es
la imposibilidad de que, en algunos mundos, la electricidad sea más abundante
que en la Tierra, y tenga una acción general cuyos efectos aún nos sean
incomprensibles? En consecuencia, aquellos mundos pueden llevar en sí mismos
las fuentes de calor y de luz necesarias a sus habitantes.
CONSIDERACIONES
Y CONCORDANCIAS BÍBLICAS
EN TORNO A LA CREACIÓN
59. Los pueblos se han formado ideas contradictorias en
torno a la creación, según el grado de su instrucción. La razón, con la ayuda
de la ciencia, ha reconocido la inverosimilitud de muchas teorías. La que han
dado los Espíritus confirma la opinión por largo tiempo aceptada por los seres
más ilustrados.
La
objeción que puede hacerse a esta teoría es que contradice el texto de los
libros sagrados;
empero, un ponderado examen demuestra
cómo esta contradicción es más aparente que real,
resultando de la interpretación literal de frases que tienen a lo sumo un
significado alegórico.
La
cuestión sobre el origen de la humanidad, que, según la Biblia, se hace resalir
a Adán como a una única fuente, no es la sola entre las creencias religiosas
a la cual la ciencia nos ha obligado a renunciar. También el movimiento de la
Tierra pareció en otros tiempos tan contrario al texto bíblico,
siendo objeto de grandes persecuciones los doctos que lo afirmaban. Empero, la
verdad termina siempre por triunfar; la Tierra gira a despecho de las
excomuniones, y hoy nadie podría poner en duda este movimiento sin ofender la
razón.
Se afirma
también en la Biblia que el mundo fue creado en seis días, y se establece la
época alrededor de 4000 años antes de nuestra era.
Anteriormente la Tierra no existía: el texto afirma claramente que ella fue
creada de la nada; empero, la ciencia positiva, la ciencia de las inexorables
deducciones, ha probado lo contrario. La formación del planeta Tierra está
escrita con caracteres imborrables en el mundo
fósil, y está probado que los seis días de la creación son otros tantos
períodos, cada uno de los cuales con la duración
de centenares de miles de años. Y esto no es ya un sistema, una doctrina, una
opinión aislada, sino un hecho innegable como aquel del movimiento de la
Tierra, que la teología no puede dejar de admitir. Estos ejemplos son
suficientes para demostrar en cuántos errores es fácil caer cuando se toman al
pie de la letra las expresiones de un lenguaje con frecuencia figurado. ¿Es preciso quizá deducir que la Biblia enseña lo falso?
No; más bien las personas se han engañado al interpretarla.
La
ciencia, escudriñando en las vísceras de la Tierra, ha reconocido el orden en
el cual los variados seres
vivientes han aparecido sobre su superficie, y este orden concuerda con el
indicado en la Génesis, con la
sola diferencia de que la obra, en vez de haber salido milagrosamente de las
manos de Dios en pocas horas,
se cumplió —siempre por efecto de su voluntad, pero según la ley de las fuerzas
de la naturaleza— en muchos millones de años. ¿Sería por esto Dios menos grande
y poderoso? ¿Su obra es menos sublime por cuanto no
tiene el mérito de la instantaneidad? No ciertamente: tendría de la Divinidad
una idea muy mezquina quien no reconociese la omnipotencia de Dios en sus leyes
eternas que Él ha establecido para gobernar los mundos. La ciencia, lejos de
empequeñecer
la obra de Dios, nos la muestra
bajo un aspecto más grandioso y más conforme a
nuestras nociones de su potencia y de su majestad, por cuanto esta obra se ha
cumplido sin derogar las leyes de la naturaleza.
La
ciencia, de acuerdo con esto con Moisés, reconoce
al ser humano como el último en ser creado en la
escala de los seres vivientes; empero, Moisés pone el diluvio en el año del
mundo 1654, mientras la geología nos enseña que el gran cataclismo fue anterior
al
nacimiento del hombre, por cuanto, hasta hoy, no se
ha podido descubrir en los estratos primitivos algún vestigio de la presencia
ni de él ni de animales de su misma categoría del lado físico. Esto, empero, no
prueba la imposibilidad de
la cosa, en cambio varios descubrimientos lo han puesto ya en duda. Es posible
que de un momento a otro se
obtenga la certeza material de esta anterioridad de la raza humana, y entonces
se deberá reconocer que también sobre esto, como sobre otros
puntos, el texto bíblico es figurado. El meollo de la cuestión está en saber si
el cataclismo geológico es el mismo que el de Noé. Ahora bien, la duración
necesaria para la formación de los estratos fósiles
no permite confundirlos, y encontrar que si hubiese restos de la existencia del hombre antes de la gran catástrofe,
quedará demostrado o que Adán no fue el primer
hombre o que la creación de él se pierde en
la noche de los tiempos. En contra de la evidencia no valen razonamientos, y
será necesario
aceptar este hecho, al igual que el movimiento de la Tierra y los seis períodos de la creación.
La
existencia del hombre antes del diluvio geológico
es cosa todavía hipotética; empero, hipótesis no es cuanto sigue: admitiendo
que el hombre haya aparecido por primera vez sobre la Tierra 4000
años antes de nuestra era, si 1654 años después toda la raza humana ha sido
destruida,
excepto una sola familia, resulta que
el poblamiento de la Tierra no data sino de Noé, vale decir desde hace 2346 antes de nuestra era. Empero, cuando los hebreos emigraron
a Egipto en el siglo XVIII antes de nuestra era, encontraron este pueblo muy
poblado, y ya antes de su civilización. La historia, por otra parte, demuestra
que en aquella época
la India y otros países eran igualmente florecientes, al margen de la
cronología de algunos pueblos que remontan a épocas mucho más remotas. Sería,
por lo tanto, necesario que del siglo XXIV al XVII —es decir, en el espacio de
6000 años— no solamente la posteridad de un solo
hombre hubiese poblado las inmensas regiones entonces conocidas (aún admitiendo
que las otras no hubiesen existido), sino que, en el breve intervalo de tiempo,
la humanidad se hubiese elevado de la ignorancia absoluta del estado primitivo
al más elevado grado del desarrollo intelectual,
lo cual es contrario a todas las leyes de la antropología.
Si
se agrega que a confirmar esta opinión concurre
válidamente la diversidad de los grupos étnicos. El clima y las costumbres
producen ciertamente modificaciones en el carácter físico; pero sabemos hasta
dónde puede alcanzar la fuerza de estas causas, y el
examen fisiológico prueba que en algunos grupos étnicos existen diferencias
constitucionales mucho más profundas de las que puede producir el clima. El
cruce de los grupos étnicos produce los tipos intermedios y tiende a
cancelar, más que resaltar, los caracteres extremos: crea solamente algunas
variedades. Empero, en cada caso, por cuanto
fuese posible el cruce de los grupos étnicos, era necesario que existiesen
grupos étnicos diferentes; y ¿cómo
explicar la existencia de ellos si se le da un origen común, especialmente poco
antiguo? ¿Cómo admitir que en un dado número de
cientos de años algunos descendientes de Noé se hayan transformado al punto de
producir, por ejemplo, la raza etiópica? Una tal transformación es tanto
inadmisible cuanto la hipótesis de un origen común entre un lobo y un cordero,
entre el
elefante y la pulga, entre el pájaro y el pez. Es preciso decirlo: nada puede
prevalecer en contra de la
evidencia de los hechos. Todo, en cambio, se explica admitiendo la existencia
del hombre antes de la época que comúnmente se le asigna, reconociendo la
diversidad de los orígenes, aceptando a Adán —que habría existido hace 6000
años— cual poblador de una región todavía deshabitada, viendo el diluvio de Noé
como una catástrofe parcial confundida con el cataclismo geológico, y teniendo
en cuenta en fin la forma alegórica propia del estilo oriental que se encuentra
en los libros sagrados de todos los pueblos. Está claro, por lo tanto, que es
poco prudente juzgar con ligereza y así señalar como
falsas algunas doctrinas las cuales, como tantas otras, pueden dar antes o
después un desmentido solemne a quienes las combaten. Las ideas espirituales,
antes que perder, conquistan fuerzas y grandeza caminando
paralelamente con la ciencia. Este
es el único medio para no mostrar al escepticismo el lado vulnerable.