lunes, 16 de febrero de 2026

PRINCIPIO DE LAS COSAS

 


PRINCIPIO DE LAS COSAS

 

®Giuseppe Isgró C.

 

17.     ¿Puede el ser humano conocer el principio de las cosas?

–“No. Dios no permite que se le descubra todo aquí abajo”-.

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

 

 

Evidentemente, los seres de los cuatro reinos naturales jamás podrán agotar la totalidad de la fuente universal que constituye tanto el universo, en sí, como el Supremo Hacedor, causa primera de todo lo existente. Es decir, ni "aquí abajo" (entendido como la dimensión física de la vida), ni en la dimensión espiritual, podrá ser alguno absorber el Todo relativo al principio de las cosas.

Este principio lo hemos delineado en sus aspectos generales. Ciertamente, la percepción, comprensión y conocimiento de que cada espíritu de los cuatro reinos naturales es una emanación de la Divinidad en la conciencia individual de cada ser en los cuatro reinos naturales, permite descifrar gran número de enigmas en el universo. Empero, para llegar a absorber la totalidad del conocimiento de los atributos divinos, de los valores universales y de las leyes cósmicas que el Ser Universal posee en todas sus vertientes y variantes, transcurrirá toda la eternidad y jamás se agotará; siempre se encontrará un más allá.

 

Esa es, precisamente, la función de cada ser en la creación: cooperar en su expansión. En la medida en que cada uno avanza en la espiral evolutiva, percibe en mayores grados y nuevos niveles los conocimientos para realizar facetas más avanzadas de la Gran Obra. ¿De qué sirve intentar abarcar el Todo cuando nuestra misión inmediata es comprender y resolver los enigmas que nos ocupan en las ciencias, las filosofías, las artes y la práctica de las virtudes?

En nuestra realidad inmediata, el conocimiento de nuestra naturaleza humana y el de los demás seres permite regirnos adecuadamente para resolver positivamente lo que es sometido a nuestro análisis. Comprender nuestros atributos divinos y los valores universales nos ayuda a mantener nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones dentro de los parámetros de la senda justa del progreso. En este proceso, que denominamos la eterna polarización, nos propondremos en cada etapa nuevos objetivos de realización espiritual.

Si un ser de cualquier reino se propusiera alcanzar un conocimiento infinito, su propia naturaleza potencial se lo permitiría, aunque la búsqueda tomara toda la eternidad. Dado que su poder emana del Creador, podrá satisfacer esa necesidad de saber en el tiempo justo, siempre bajo el rigor de la ley de causa y efecto.

 

En teoría, esta capacidad de autosatisfacción del conocimiento sería instantánea a nivel de conciencia perceptiva. Sin embargo, el ser ignora que posee esa facultad; aunque en su esencia reside todo el conocimiento del Ser Universal, aún percibiendo la realidad por grados, le faltaría la experiencia práctica de ese conocimiento. El ser humano jamás podrá expresar un poder o solución si no tiene, antes, la conciencia de esa necesidad. Es lo que se conoce como docta ignorancia o el poder de la ignorancia.

Al tomar conciencia de una necesidad, el ser manifiesta instantáneamente el conocimiento (el qué, cómo, cuándo, dónde, quién, cuánto y por qué) y el poder creativo para resolverla. Esto ocurre de inmediato en el plano espiritual; sin embargo, en la dimensión física, requerirá del tiempo suficiente para que ese conocimiento se convierta en una experiencia de vida auténtica y desarrolle la aptitud inherente según sea el caso.

Finalmente, es poco probable que el ser humano cobre conciencia de golpe sobre todo lo que ignora. Como desconoce la magnitud de su propia falta de saber, su poder creativo permanece en latencia. Solo a medida que, por grados y en la eterna polarización, vaya adquiriendo conciencia de determinadas necesidades, expresará simultáneamente el respectivo conocimiento y su grado de poder creativo realizador.

La Paradoja de la Sabiduría Divina:

 

La limitación para conocer el "principio de las cosas" no es un muro infranqueable impuesto por la divinidad, sino un mecanismo de protección y crecimiento gradual.

a) El Motor del Progreso: Nuestra "docta ignorancia" es, en realidad, el motor que impulsa la evolución. Solo cuando el ser adquiere conciencia de una necesidad, activa en su interior el poder creativo y el conocimiento para resolverla.

b) De la Potencia al Acto: Aunque poseemos la chispa del Creador y, por ende, el acceso potencial a todo el saber, la vida física es el escenario indispensable para que ese conocimiento no sea solo una idea mental, sino una experiencia vivida con valor auténtico.

c) La Eterna Expansión: El universo no se agota porque el espíritu está llamado a una expansión infinita. En cada giro de la espiral evolutiva, nuestra capacidad de percibir la "Gran Obra" aumenta, convirtiéndonos en cooperadores conscientes de la Creación.

Adelante.

 

 

 

 

1 comentario:

  1. "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora"

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