martes, 3 de marzo de 2026

ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

 


ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

 

©Giuseppe Isgró C.

 

21.  ¿La materia ha existido ab aeterno como Dios, o bien ha sido creada en algún momento por Él?

-“Esto lo sabe sólo Dios. Vuestra imaginación no puede dejar de demostraros la imposibilidad de que Dios, amor y bondad por esencia, haya podido estar alguna vez inoperante. Por muy lejos que pudierais imaginar el principio de su acción, ¿podríais representároslo un solo momento inactivo?

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

 

Se sabe, tal como lo expresa la primera ley de la termodinámica, o principio de conservación de la energía, que ni la vida ni la energía se crean ni se destruyen, por cuanto, simplemente, existen.

Ahora bien, ¿qué es la materia?

Podría definirse como energía condensada en “X” grado vibratorio, según el elemento, o elementos que la conformen.

Si pudiera verse cualquier trozo de materia bajo una lupa poderosa, que lo permitiese, se percibiría que la misma no es compacta, “sólida”, en el estricto sentido de la palabra, sino que, en su estructura, existen espacios “vacíos”, pero que, realmente, no es más que energía condensada.

Cuando el respectivo ciclo de esa materia termine y pase por el proceso natural de descomposición, la energía que le conformaba vuelve al depósito universal, para ser, nuevamente, utilizada.

¿Cómo ocurre esto, y quién lo realiza? Se ha oído, algunas veces, hablar de los “Espíritus elementales de la naturaleza”.

¿Qué son los Espíritus elementales de la naturaleza? ¿Qué es un Espíritu?

Imaginemos el universo dividido en tres substratos.

El primero, conformado por Dios, -el Creador Universal-, la fuente cósmica de donde emana todo. Una energía luminosa en movimiento eterno, dotada de inteligencia infinita, con todos los atributos divinos, equivalentes a los valores universales, o sentidos cósmicos en grado infinito de desarrollo, en todas sus vertientes y variantes, sin límites de ninguna naturaleza. Estos valores constituyen el soporte de los principios cósmicos y de las leyes universales, cuya síntesis se expresa como ley cósmica.

Por supuesto, Dios se encuentra dotado de una conciencia universal de sí y de todo lo que Él es y representa, de su poder creador infinito, y aun así, potencialmente infinito, en infinitos aspectos, variantes y vertientes. Causa suprema del universo ab eterno, es decir, desde la eternidad, en la eternidad presente, para la eternidad. Se ha dicho: causa suprema universal. Todo este todo conforma lo Uno, que es la totalidad de lo que existe, y llegará a existir, en el eterno presente.

 El segundo substrato, conformado por el Alma Universal, que es la Matriz Cósmica, conformada por substancia etérica que llena todo el universo, que podría ser comparado a la “tierra cósmica”, equivalente a la tierra que conocemos, pero, en estado etérico. Así como en la dimensión física se posee un cuerpo físico, en la dimensión del alma universal, se posee un cuerpo anímico.

Otra comparación, necesaria: las semillas que se siembran en la tierra, a nivel de la mente, estarían representadas por las ideas. Ahora bien: en la naturaleza existen cuatro reinos conocidos: el humano, el animal, el vegetal y el mineral. Cada uno está conformado por tres entes básicos: el Espíritu, el alma y el cuerpo. ¿Quién crea el Espíritu, fuente de la vida? Se ha dicho ya, que la vida no se crea, porque existe ab eterno, es decir, desde la eternidad.

Entonces, ¿cómo emana a la conciencia individual? Cada vez que el Creador Universal precisa a una familia de Espíritus, en cada reino natural, Él, sin dejar de ser Él mismo, y sin separarse de Él mismo, toma posesión, en el Alma Universal, de una célula matriz, a la que dinamiza con vida eterna e inmortal, a partir de ese momento, y siendo Él mismo, sin haberse separado de Él mismo, continúa dotado de sus mismos atributos divinos, de su conciencia, en la que se expresan los sentimientos de los valores universales, como guía divina de vida, o sentidos cósmicos, pero, arrancando desde un grado cero de percepción, comprensión y capacidad realizadora.

Es decir, emana a la conciencia individual, el mismo Creador Universal, pero en la conciencia de este ser individualizado no quedó registrado conscientemente, todo lo que era el Creador Universal desde la eternidad pasada, lo cual deberá descubrir, ese ser, a partir de entonces, en la eternidad futura, en el eterno presente.

Evidentemente, ese nuevo ser tiene una misión y cumple un propósito del Creador, que es el de acrecentar a la Creación. Este proceso de emanación a la conciencia individual, del mismo Creador, ocurre, por igual, con los Espíritus de los cuatros reinos naturales: el humano, el animal, el vegetal y el mineral, salvo de que existan otros reinos que desconozcamos, por ahora.

Y es aquí donde entran en escena los Espíritus elementales de la naturaleza, constituidos por los Espíritus emanados a la conciencia en el reino mineral, por ejemplo: los espíritus del hierro, del oro, del estaño, del zinc, del bronce, de la plata, etcétera. Es decir, los Espíritus de los elementos.

Emanados los Espíritus a la conciencia individual, en el Alma Universal, -o mente cósmica-, en los cuatros reinos naturales, en las correspondientes células matrices, -equivalentes a espermatozoides etéricos-cósmicos-, en las que el Creador se une, dinamizándoles, esas ubicaciones, dentro del alma universal, van a constituir sus espacios cósmicos, respectivamente, al igual que el espacio que queda en una masa de harina, de la cual, un ama de casa, mediante un molde, extrae una galletita. Permanecerá unido a ese espacio cósmico, en el alma universal, mediante un “hilo de plata” elástico, fluídico, como su hogar. Ya, aquí, tenemos dos de los elementos de la trilogía que le conforman: Espíritu y alma.

El tercer substrato, se encuentra conformado por la materia: Los Espíritus elementales de la naturaleza, equivalentes a cada uno de los elementos minerales conocidos y por conocer, vibran, cada uno, en una determinada frecuencia, de acuerdo a su tipo, y materializan la energía, es decir, la condensan en materia, es decir: hierro, oro, plata, bronce, oxígeno, nitrógeno, carbono, etcétera.

La constitución de cada ser está integrada por: Espíritu, alma y cuerpo. Este substrato va a conformar la base y el soporte de los mundos físicos, en el cosmos.

Aquí reside el secreto de la creación de los mundos, en el inmenso universo. Cada vez que los maestros de la Creación van a formar un mundo, de acuerdo a los planes y objetivos de la humanidad que le habrá de poblarle, o habitarle, en determinado lapso, los citados maestros de la creación a cuyo cargo se encuentra la formación de aquel mundo, le dan una orden, a esa inmensa cantidad de Espíritus elementales que van a coadyuvar, para que condensen determinadas masas de materias, tanta como sea necesaria hasta alcanzar el volumen respectivo de acuerdo al tamaño previsto para ese mundo.

Aquí residiría, probablemente, también, el secreto de esas enormes velocidades mediante las cuales los mundos giran sobre sus propios ejes y alrededor de su respectivo sol, en un movimiento integral cósmico. Es decir, dado que en su nivel infinitesimal la materia está constituida por Espíritus elementales, en cuya expresión física como átomos de sus respectivos elementos constituyen una energía en movimiento, la unión masiva de todos esos elementos, dotados de energía en movimiento, en su suma total, le otorgan, al respectivo mundo, sus movimientos sobre sus propios ejes, y el de la traslación en torno a su respectivo sol, en base a un determinado punto de equilibrio, por la ley de gravedad. La fuerza de atracción hacia su centro, y la de repulsión, hacia la periferia, ubica a cada mundo en el punto de equilibrio de sus fuerzas, como un engranaje cósmico.

Pero, la unión de los mundos, de los sistemas solares, en sus respectivas galaxias, en conexión con todas las galaxias del universo, todas se desplazan, uniformemente, en armonía, en un viaje perpetuo por el universo.

Prácticamente, el sistema de galaxias, en su conjunto, se encuentra en un viaje permanente por el Cosmos. Somos viajeros cósmicos en el espacio, en tiempo presente.

Empero, se sabe que ningún mundo es eterno: se forma, se desarrolla durante el lapso prefijado, para un día extinguirse. Su respectiva humanidad pasará a un nuevo mundo fundado exprofeso, el cual podría albergar a humanidades de diferentes orígenes, o mundos previos. Es una amalgama cósmica.

Siendo la ley una e igual para todos, cada especie, para expresar,  en su respectivo reino, lo relativo a su cuerpo físico, sigue un proceso análogo al mineral, con las adaptaciones, y variantes, inherentes a su índole. En síntesis, en este quehacer universal el Creador está realizando un juego consigo mismo. Pero, ¡que juego!

21: El Libro de los Espíritus, dice: –“Vuestra imaginación no puede dejar de demostraros la imposibilidad de que Dios, amor y bondad por esencia, haya podido estar alguna vez inoperante. Por muy lejos que pudierais imaginar el principio de su acción, ¿podríais representároslo un solo momento inactivo?”

Adelante.

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