domingo, 1 de noviembre de 2026

¿FATALIDAD O LIBRE ALBEDRÍO?

 


¿FATALIDAD O LIBRE ALBEDRÍO?

 

©Giuseppe Isgró C.



851.      ¿Podría decirse que existe una fatalidad en los eventos de la vida, que implique que los acontecimientos estén ya previamente preestablecidos? Y, en tal caso, ¿dónde residiría el libre albedrío? 

–“La fatalidad no existe sino por la elección que el Espíritu ha hecho, encarnándose, de pasar por esta o aquella prueba, por cuanto, eligiendo, él se crea una especie de destino, que es la consecuencia misma de la condición en la cual se ha colocado. Bien entendido, pero, que aquí se habla de las pruebas físicas, dado que, en lo que se refiere a las pruebas morales y a las tentaciones, el Espíritu, quien conserva su libre albedrío, tanto para el bien como para el mal, es siempre dueño de ceder o de resistir. Un Espíritu bueno, viéndolo vacilar, puede moverse en su ayuda, pero no imponérsele dominando su voluntad; un Espíritu inferior —es decir, de bajo nivel evolutivo—, haciéndole ver una cosa por otra o exagerándole un peligro, puede impresionarlo asustándole; pero, por lo menos, la voluntad del Espíritu encarnado queda libre de toda coacción”–.

Allan Kardec

El Libro de los Espíritus

 

¡Oh, dioses! —dijo Zeus—. ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino.

Homero, La Odisea

 

 

Es extraordinaria la percepción de la verdad expuesta en este parágrafo en relación con las pruebas previamente elegidas por el Espíritu antes de encarnar, que van a conformar su destino, en determinado grado, en el nuevo ciclo de vida. Esta realidad está conformada por diversas vertientes:

En primer lugar: los objetivos que elige el mismo Espíritu de manera que pueda desarrollar habilidades en aquellas áreas en que él comprende que precisa fortalecerse. Selecciona, también, determinadas pruebas para experimentar situaciones análogas a las que él ha ocasionado a otros, en vidas anteriores, como un aprendizaje. Otras las elige para optimizar aquellas aptitudes que previamente ha fortalecido, bien sea aportando un bien a la sociedad o un servicio, que van a fungir como vocación existencial y que reflejarán sus puntos fuertes; mientras que las otras pruebas lo harán con sus puntos menos fuertes.

 Empero, en segundo lugar: su suma existencial, por la ley de afinidad, previo el veredicto de la de justicia, la de igualdad y la de compensación, van ubicándolo o reubicándolo automáticamente en el nuevo orden que le corresponde en el concierto de todas las cosas, tanto por sus fortalezas como por sus debilidades, en el cual orden podrá, de mejor forma, optimizar las primeras y fortalecer las segundas. Todo ello conlleva, paralelamente, el aprendizaje que precisa en uno o en otro sentido.

 En tercer lugar, tenemos lo siguiente: dado que en el planeta Tierra —o en el de turno en que se viva, en un determinado momento— existe un plan de vida y de estudios que se va realizando en forma gradual y sistemática por los pedagogos planetarios, necesariamente, entre las pruebas existenciales y los estudios a realizar, se encuentran aquellos que se vinculan con este programa planetario. El orden en que su suma existencial le ha colocado, por acción efectiva de la ley de afinidad, previo auxilio de las de justicia, igualdad y compensación, le ubica en un ambiente afín de seres que se encuentran en una esfera mental evolutiva que va desde un grado mínimo hasta otro de mayor jerarquía, entre cuyos niveles cada quien recibe enseñanzas del que se encuentra en el rango superior y, a su vez, enseña a los que le siguen inmediatamente, en un justo y perfecto sistema y orden jerárquico, en la gran cadena evolutiva universal. Los afines se juntan en todos los niveles. También es cierto que, si bien a nivel físico, en un área específica, conviven millones de personas, a nivel espiritual, en la ecología mental —conformada por Espíritus encarnados y por los que se encuentran en la dimensión espiritual—, cada quien puede formar parte de una esfera mental diferente, de acuerdo con el grado evolutivo arrojado por su suma existencial. Pese a vivir en el mismo ambiente físico, viven en diferentes esferas mentales. Empero, por efectos de la resonancia magnética, los de nivel superior, en la escala evolutiva, influyen positivamente en los que les siguen en rango, tanto por la comunicación de contenidos mentales, vía telepática, como por el ejemplo a nivel objetivo-visual. Este efecto de influencia espiritual se lleva a cabo también por interrelación entre las dimensiones espiritual y física, vía telepática, donde los Espíritus, cada uno en su respectivo nivel, aportan la ayuda o la influencia respectiva, pero respetando siempre el libre albedrío de cada quien, como un derecho intrínseco de cada ser.


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