Capítulo II
ELEMENTOS GENERALES DEL UNIVERSO
Autor: Allan Kardec
Versión castellana
y comentarios exegéticos:
©Giuseppe Isgró C.
Conocimiento del principio de las cosas. Espíritu y materia. Propiedades
de la materia. Espacio universal.
CONOCIMIENTO DEL PRINCIPIO DE LAS COSAS
17. ¿Puede el ser humano conocer
el principio de las cosas?
–“No. Dios no permite que se le descubra todo aquí abajo”.
EXEGÉSIS: Evidentemente, los seres de los cuatro reinos naturales jamás
podrán agotar la totalidad de la fuente universal que constituye tanto el
universo en sí como el Supremo Hacedor, como causa primera de todo lo
existente.
Es decir, ni aquí abajo —entendido como la dimensión física de la vida—
ni en la dimensión espiritual podrá ninguno de los seres absorber el Todo,
relativo al principio de las cosas.
El principio de las cosas lo hemos delineado en sus aspectos generales.
Ciertamente, la percepción de que cada Espíritu de los cuatro reinos naturales
es una emanación a la conciencia individual permite descifrar un gran número de
enigmas en el universo.
Empero, para llegar a absorber la totalidad de lo que, como atributos
divinos, valores universales y ley cósmica, posee desarrollados en todas las
vertientes y variantes el Ser Universal, transcurrirá toda la eternidad, y
jamás lo agotará, ya que siempre encontrará un más allá.
Pero esa es la función de cada ser en los cuatro reinos naturales:
cooperar en la expansión de la creación. En la medida en que cada ser más
avanza en la espiral evolutiva, percibe en mayor grado, y en nuevos niveles,
conocimientos de cómo realizar facetas más avanzadas de la Gran Obra.
¿De qué sirve tratar de abarcar el Todo cuando nuestra misión es
comprender lo inmediato, para resolver los enigmas que nos ocupan en todos los
ámbitos de las ciencias, de las filosofías, de las artes y de la práctica de
las virtudes, gradualmente?
Sin embargo, en nuestra realidad inmediata, el conocimiento de nuestra
naturaleza humana, y el de los demás seres de los restantes reinos naturales,
permite regirnos adecuadamente para resolver, positivamente, lo que es sometido
a nuestro análisis.
El conocimiento de nuestros atributos divinos y valores universales
contribuye a compenetrarnos con los parámetros dentro de los cuales precisamos
mantener nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones.
Iniciando nuestra labor por la senda justa del progreso universal, nos
propondremos, en cada etapa, nuevos objetivos de realización espiritual, en un
proceso que se denomina «la eterna polarización».
Si el ser humano, o cualquier ser de los cuatro reinos naturales, se
planteara o percibiera un objetivo de conocimiento en grado infinito, por su
capacidad potencialmente infinita de conocer y de realizar, sería capaz de
obtener ese conocimiento, aunque en su búsqueda tuviese que trabajar toda la
eternidad para lograrlo.
Empero, como el poder potencial que posee es de la misma índole que el
del Creador, sería capaz de satisfacer su necesidad en tiempo oportuno, de
acuerdo con la ley de causa y efecto.
En teoría, esa capacidad de autosatisfacción de conocimiento sería en
forma instantánea a nivel de conciencia perceptiva. Pero él ignora que tiene
esa capacidad de conocer al instante, ya que, en su esencia, posee todo el
conocimiento del Ser Universal en sí mismo. Empero, aun percibiendo la realidad
por grados, le faltaría, todavía, la experiencia práctica de ese conocimiento.
El ser humano jamás podrá expresar un conocimiento, o el poder para
realizar cualquier objetivo concebido, o la solución o satisfacción de toda
necesidad que experimente, si no tiene, antes, la conciencia de esa necesidad.
Es lo que se conoce como docta ignorancia y/o
el poder de la ignorancia.
Tan pronto adquiera conciencia de cualquier necesidad, instantáneamente
manifiesta tanto el conocimiento del qué, del cómo, del cuándo, del dónde, del
quién, del cuánto y del porqué, así como el poder creativo y realizador
equivalente, en ese mismo grado de conciencia perceptiva de la necesidad. Esto
es, se entiende, a nivel mental o espiritual. Pero, aun en la dimensión física
de la manifestación, precisará el tiempo suficiente para expresar el resultado
práctico, efectivo, como experiencia de vida, para que ese conocimiento o
realización tenga autenticidad y valor, y desarrolle la aptitud inherente y
equivalente en cada ser, según se trate.
Dada la poco probable posibilidad de que el ser humano, en su estado de
potencialidad, adquiera conciencia en forma instantánea de la totalidad de lo
que ignora, en un momento dado, en todos los grados que ignora que desconoce,
dejará de expresar tanto el conocimiento como el poder creativo realizador.
En la medida en que, por grados, en la eterna polarización, vaya
adquiriendo conciencia de determinadas necesidades y/o ignorancias, expresará,
simultáneamente, el respectivo conocimiento y grado de poder creativo
realizador.
–“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica; pero, para
comprender algunas cosas, necesita facultades que todavía no posee”.
EXEGÉSIS: El Espíritu está dotado de un poder potencialmente infinito,
expresado en dos vertientes: la primera, de percepción del conocimiento; la
segunda, de acción creadora. Cuando en la primera parte de la respuesta se
indica: –“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica”, el estado
de purificación de la persona implicaría una depuración de su Espíritu en los
asuntos “materiales”, sensibilizando su ser en las cosas elevadas de la vida,
por lo que, centrando su atención en las preguntas que inquietan su conciencia,
se le abren los ojos de la comprensión intuitiva o inspirativa, que le permiten
percibir la información que precisa, sabiendo lo que quiere saber. Esto implica
descentrar la atención del ego, de los sentidos físicos, de la lógica inductiva
y deductiva, emancipándose de la conciencia objetiva para acceder a la visión
espiritual, a un nivel de conciencia trascendental. La segunda parte de la
respuesta expresa: “pero, para comprender algunas cosas, necesita facultades
que todavía no posee”. Preguntamos: ¿facultades que todavía no posee, o que no
posee, todavía, desarrolladas? Recordemos que el Espíritu se encuentra dotado
de los mismos atributos divinos del Creador Universal, en estado potencial.
Esto quiere decir que posee, exactamente, todas las facultades que le son
inherentes al Creador, pero en estado potencial, que eternamente habrá que
desarrollar. En este desarrollo eterno irá percibiendo, gradualmente, en la
medida en que se purifica y desarrolla sus atributos divinos, todo el
conocimiento del cual perciba su ignorancia en un momento dado. Es decir, la
conciencia de lo que ignora le irá creando el molde que expresará el respectivo
conocimiento que precisa en ese estado evolutivo.
–“La ciencia le ha sido dada para que progresase en todas las cosas;
pero él no puede sobrepasar los límites establecidos por Dios”.
Cuanto más el ser humano logra penetrar dentro de estos misterios, tanto
más debe ser grande su admiración por la potencia y la sabiduría del Creador.
Empero, sea por orgullo o por ausencia de fortaleza, su misma inteligencia le
convierte en presa de la ilusión: él acumula sistemas, y en algún momento le
será evidente cuántos errores ha cambiado por verdades y cuántas verdades ha
repudiado como errores. Constituyen otras tantas desilusiones para su orgullo.
EXEGÉSIS: El ser humano ha ido penetrando en los secretos de la
naturaleza, gradualmente, sin tomar en cuenta que nosotros desconocemos la clase
de conocimiento que puedan poseer los seres en los demás reinos (animal,
vegetal y mineral) que, aún, el ser humano desconozca, por la razón que fuere.
Pero, evidentemente, en cada etapa evolutiva existe un límite que,
gradualmente, habrá que ir trascendiendo. Por ejemplo, el método científico
utiliza la lógica inductiva y deductiva en su búsqueda del conocimiento. Pero
la percepción por los cinco sentidos físicos y la capacidad de razonamiento
tienen sus respectivos límites, los cuales son trascendidos por la intuición y
la inspiración. Es decir, que la mente humana es capaz de obtener informaciones
utilizando facultades espirituales, cuyos límites los constituyen el estado de
desarrollo de las mismas y la pureza de conciencia, que se traduce en la intención
de la persona, en determinado grado evolutivo. El ser humano, como lo ha ido
demostrando en la historia, ha ido superando todas las barreras que ha
encontrado en su búsqueda del conocimiento, y así lo seguirá haciendo en el
eterno presente, en forma gradual, sin límites de ninguna naturaleza. No se
deben ni pueden aceptarse, por lo tanto, límites algunos en el desarrollo de la
propia misión existencial, por cuanto nadie conoce los alcances ilimitados de
su capacidad. Por cada límite que encuentre en su camino, el ser se preguntará:
¿qué hay más allá?, ¿cómo puedo llegar allí? Siempre encontrará la manera de
hacerlo. Pero, primeramente, en cada caso, debe llegar a ese límite “temporal”
en su eterno camino, no pararse allí y, luego, seguir siempre adelante.
–“Sí. Dios, cuando lo estima útil, le revela al ser humano lo que la
ciencia no puede enseñar”.
Precisamente por estas comunicaciones el ser humano alcanza, dentro de
ciertos límites, el conocimiento de su pasado y de sus futuros destinos.
EXEGÉSIS: La respuesta a esta pregunta ratifica la percepción de los
anteriores comentarios exegéticos. Recordemos: las enseñanzas védicas, las de
las Leyes de Manú, las del Mahabharata y otras de esa remota antigüedad, cuya
profundidad de sabiduría asombra a la humanidad del siglo XXI, y continuará
haciéndolo en el futuro —tomando en cuenta que fueron elaboradas en una época
histórica en la que se supone que vivía una humanidad primitiva—, eran
conocidas como «las enseñanzas de los oidores a los pies del maestro». ¿Qué
significa esto? Es muy sencillo: fueron enseñanzas impartidas por Espíritus
superiores, de otros mundos más avanzados, por medio de un “sensitivo” debidamente
facultado a tales efectos, que transmitían un conocimiento que no era
originario del planeta Tierra. Antes de ese momento, nadie había hablado de
determinados temas en esa forma específica, como la reencarnación, la ley del
karma y otros temas inherentes a cada una de las obras en cuestión. De manera
que la misma vida, en forma gradual y oportunamente, determina que se vayan
trascendiendo los límites establecidos para cada etapa evolutiva.
21. ¿La materia ha existido ab aeterno como Dios, o bien ha sido creada en algún momento por Él?
–“Esto lo sabe solo Dios. Vuestra imaginación no puede dejar de
demostraros la imposibilidad de que Dios, amor y bondad por esencia, haya
podido estar alguna vez inoperante. Por muy lejos que pudierais imaginar el
principio de su acción, ¿podríais representároslo un solo momento inactivo?”.
EXEGÉSIS: Sabemos, tal como lo expresa la segunda ley de la
termodinámica, que ni la vida ni la energía se crean ni se destruyen, por
cuanto, simplemente, existen. Ahora bien, ¿qué es la materia? Podríamos definir
a la materia como energía condensada en «X» grado vibratorio, según el elemento
o elementos que la conformen. Si pudiésemos ver cualquier trozo de materia bajo
una lupa poderosa que lo permitiese, nos daríamos cuenta de que la materia no
es compacta, “sólida” en el estricto sentido de la palabra, sino que, en su
estructura, existen espacios “vacíos”, pero que realmente no es más que energía
condensada. Cuando el respectivo ciclo de esa materia termina y pasa por el
proceso natural de descomposición, la energía que la conformaba vuelve al
depósito universal para ser, nuevamente, utilizada. ¿Cómo ocurre esto y quién
lo realiza? Todos hemos oído, alguna vez, hablar de los “Espíritus elementales
de la naturaleza”. ¿Qué son los Espíritus elementales de la naturaleza? ¿Qué es
un Espíritu? Imaginemos el universo dividido en tres estratos. El primero,
conformado por Dios —el Creador Universal—, la fuente cósmica de donde emana
todo: una energía luminosa en movimiento eterno, dotada de inteligencia
infinita, con todos los atributos divinos —valores universales— en grado
infinito de desarrollo, en todas sus vertientes y variantes, sin límites de
ninguna naturaleza, que constituyen el soporte de los principios cósmicos y de
las leyes universales, cuya síntesis se expresa como ley cósmica. Por supuesto,
Dios se encuentra dotado de una conciencia universal de sí y de todo lo que Él
es y representa, de su poder creador infinito, y aun así, potencialmente
infinito, en infinitos aspectos, variantes y vertientes. Causa suprema del
universo ab aeterno, es decir, desde la eternidad, en la
eternidad presente, para la eternidad. Se ha dicho: causa suprema universal.
Todo este todo conforma lo Uno, que es la totalidad de lo que existe, y llegará
a existir, en el eterno presente.
El segundo estrato, conformado por el Alma Universal, que es la matriz
cósmica, conformada por sustancia etérica que llena todo el universo, que
podría ser comparada a la “tierra cósmica”, equivalente a la tierra que
conocemos, pero en estado etérico. Representa, al mismo tiempo, a la Mente
Cósmica, equivalente a lo que, en pequeño, es la mente de un ser humano. Otra
comparación necesaria: las semillas que se siembran en la tierra, a nivel de la
mente, estarían representadas por las ideas. Ahora bien, en la naturaleza
existen cuatro reinos conocidos: el humano, el animal, el vegetal y el mineral.
Cada uno está conformado por tres entes básicos: el Espíritu, el alma y el
cuerpo. ¿Quién crea el Espíritu, fuente de la vida? Se ha dicho ya que la vida
no se crea, porque existe ab aeterno, es
decir, desde la eternidad. Entonces, ¿cómo emana a la conciencia individual?
Cada vez que el Creador Universal precisa a una familia de Espíritus en cada
reino natural, Él, sin dejar de ser Él mismo y sin separarse de Él mismo, toma
posesión, en el Alma Universal, de una célula matriz a la que dinamiza con vida
eterna e inmortal a partir de ese momento; y siendo Él mismo, sin haberse
separado de Él mismo, continúa dotado de sus mismos atributos divinos —o
valores universales—, de su conciencia, en la que se expresan los sentimientos
de los valores universales como guía divina de vida o sentidos cósmicos, pero
arrancando desde un grado cero de percepción. Es decir, emana a la conciencia
individual el mismo Creador Universal, pero en la conciencia de este ser
individualizado no quedó registrado todo lo que era el Creador Universal desde
la eternidad pasada, lo cual deberá descubrir, ese ser, a partir de entonces,
en la eternidad futura, en el eterno presente. Evidentemente, ese nuevo ser
tiene una misión y cumple un propósito del Creador, que es el de acrecentar a
la creación. Este proceso de emanación a la conciencia individual del mismo
Creador ocurre por igual con los Espíritus de los cuatro reinos naturales: el
humano, el animal, el vegetal y el mineral, salvo que existan otros reinos que
desconozcamos, por ahora. Y es aquí donde entran en escena los Espíritus
elementales de la naturaleza, constituidos por los Espíritus emanados a la
conciencia en el reino mineral, por ejemplo: los espíritus del hierro, del oro,
del estaño, del zinc, del bronce, de la plata, etcétera.
Emanados los Espíritus a la conciencia individual en el Alma Universal
—o mente cósmica—, en los cuatro reinos naturales, en las correspondientes
células matrices —equivalentes a espermatozoides etérico-cósmicos— en las que
el Creador se une, dinamizándolas, esas ubicaciones, dentro del Alma Universal,
van a constituir sus espacios cósmicos, respectivamente, al igual que el
espacio que queda en una masa de harina de la cual un ama de casa, mediante un
molde, extrae una galletita. Permanecerá unido a ese espacio cósmico, en el
Alma Universal, mediante un “hilo de plata” elástico, fluídico, como su hogar.
Ya aquí tenemos dos de los elementos de la trilogía que le conforman: Espíritu
y alma.
El tercer estrato se encuentra conformado por la materia. Los Espíritus
elementales de la naturaleza, equivalentes a cada uno de los elementos
minerales conocidos y por conocer, vibran, cada uno, en una determinada
frecuencia, de acuerdo con su tipo, y materializan la energía; es decir, la
condensan en materia: hierro, oro, plata, bronce, oxígeno, nitrógeno, carbono,
etcétera. Aquí se sigue cumpliendo el principio de que la constitución de cada
ser está integrada por Espíritu, alma y cuerpo. Este estrato va a conformar la
base y el soporte de los mundos físicos en el cosmos. Aquí reside el secreto de
la creación de los mundos en el inmenso universo. Cada vez que los maestros de
la creación van a formar un mundo, de acuerdo con los planes y objetivos de la humanidad
que le habrá de poblar o habitar en determinado lapso, los maestros de la
creación a cuyo cargo se encuentra la formación de aquel mundo le dan una orden
a esa inmensa cantidad de Espíritus elementales que van a coadyuvar, para que
condensen determinadas masas de materias, tanta como sea necesaria hasta
alcanzar el volumen respectivo de acuerdo con el tamaño previsto para ese
mundo. Aquí residiría, probablemente, también, el secreto de esas enormes
velocidades mediante las cuales los mundos giran sobre sus propios ejes y
alrededor de su respectivo sol, en un movimiento integral cósmico. Es decir,
dado que en su nivel infinitesimal la materia está constituida por Espíritus
elementales, en cuya expresión física como átomos de sus respectivos elementos constituyen
una energía en movimiento, la unión masiva de todos esos elementos, dotados de
energía en movimiento, en su suma total, le otorga al respectivo mundo sus
movimientos sobre sus propios ejes, y el de la traslación en torno a su
respectivo sol, sobre la base de un determinado punto de equilibrio por la ley
de gravedad. Pero la unión de los mundos, de los sistemas solares, en sus
respectivas galaxias, en conexión con todas las galaxias del universo, todas se
desplazan uniformemente, en armonía, en un viaje perpetuo por el universo.
Prácticamente, el sistema de galaxias, en su conjunto, se encuentra en un viaje
permanente por el cosmos. Somos viajeros cósmicos en el espacio, en tiempo
presente.
Siendo la ley una e igual para todos, cada especie, para expresar en su
respectivo reino lo relativo a su cuerpo físico, sigue un proceso análogo al
mineral, con las adaptaciones y variantes inherentes a su índole. En síntesis,
en este quehacer universal el Creador está realizando un juego consigo mismo.
Pero ¡qué juego!
22. La materia se define, en
general, como lo que tiene extensión; lo que puede causar un efecto perceptivo
sobre nuestros sentidos; lo que es impenetrable. ¿Son exactas estas
definiciones?
–“Según vuestra manera de ver, sí, por cuanto vosotros habláis de lo que
conocéis; empero, la materia existe, también, en otros estados que vosotros
desconocéis todavía. Ella puede ser, por ejemplo, tan etérea y sutil que deja
de hacer el más mínimo efecto sobre vuestros sentidos; empero, ella siempre es
materia, aunque para vosotros no sería tal cosa”.
¿Cuál definición nos daríais vosotros de la materia?
–“La materia es la unión que vincula al espíritu, y al mismo tiempo es
el instrumento que le sirve, y sobre el cual ejercita su acción”.
Esto admitido, puede decirse que la materia es el agente, o el vehículo,
con la ayuda del cual y sobre el cual actúa el espíritu.
EXEGÉSIS: El mundo de la materia no es más que la dimensión física de la
expresión de la vida.
Esta manifestación física de la vida, siendo real desde el punto de
vista de lo tangible, de lo físico, de lo compacto, no deja de ser más que una
apariencia, una ilusión.
Esto es debido a que la materia no es más que la condensación de la
energía bajo ciertas formas y características.
Formas y características que se plasman de acuerdo con las imágenes
expresadas por el respectivo Espíritu elemental de la naturaleza y por la
“personalidad” inherente del elemento en sí de que se trate, que le imprime
determinadas cualidades físico-químicas, con una función específica en el
contexto universal.
Al igual que una planta, del entorno que conforma su hábitat en la
tierra, extrae las sustancias que le permitirán desarrollar la vida física que
le es inherente, así como crecer y desarrollarse mientras culmine su ciclo
biológico, lo cual ocurre también en la dimensión energética.
El Espíritu elemental vibra a una determinada frecuencia y condensa la
materia equivalente al elemento en cuestión de que se trate.
Siendo la misma energía universal de la que extrae la esencia inherente
al tipo de Espíritu elemental de que se trate, empero, las cualidades y
características son diferentes entre sí, según sea un elemento u otro.
¿Cómo es posible que, siendo la misma energía la fuente de la cual
extrae cada Espíritu elemental la esencia con la que manifiesta la materia
inherente, tengan las diversas expresiones de la materia características y
cualidades tan diversas entre sí?
¿Será que en esa aparente uniformidad de la energía cósmica existe,
también, una extensa gama de variantes equivalentes a la totalidad de los
elementos conocidos y por conocer, en cada planeta de que se trate?
De la misma manera que en la tierra —que a nuestra vista aparece
uniforme y como si fuese una sola sustancia, pero que contiene tan extensa gama
de elementos—, ¿ocurrirá que en la dimensión energética existen, también,
variantes en los tipos de energía que los Espíritus elementales utilizan, de
acuerdo con su “personalidad”, para condensar la energía de acuerdo con el tipo
de elemento?
Evidentemente, existe una dimensión espiritual en la que se desenvuelven
los Espíritus elementales de la naturaleza, al igual que los de los otros tres
reinos naturales. Esta dimensión no es sino la expresión de la Divinidad en
tantos seres emanados a la conciencia individual, sin separarse la Divinidad de
sí misma, y sin dejar de ser ella misma.
Existe, también, la dimensión del Alma Universal, que es una especial
forma de materia etérica, fluídica, más sutil, quintaesenciada, que sirve de
vehículo espiritual a todos los Espíritus que conforman la dimensión
espiritual. Es una forma menos densa de materia, pero es una variante de la
materia.
Esa materia que conforma el Alma Universal le sirve de vehículo en la
dimensión espiritual, y le sirve, al mismo tiempo, de enlace entre el Espíritu
y el cuerpo que funge de vehículo en la dimensión física de la vida.
Esa alma individualizada en cada Espíritu de los cuatro reinos naturales
—que no dejan de ser emanaciones individuales en el Alma Universal de la misma
y única Divinidad, causa suprema de todo lo existente— contiene en sí todas las
esencias del universo, en todas sus vertientes y variantes, pero con una
programación específica, según el Espíritu de que se trate.
Es decir, Espíritu de los respectivos cuatro reinos naturales, salvo que
existan otros reinos naturales que aún no se conozcan en el planeta Tierra.
En todo caso, desde la forma física más densa de la materia a la más
sutil y etérica, existe una inmensa variante que podríamos, probablemente,
ubicar entre el grado cero y el infinito de densidad o estado de depuración. Es
decir, mientras más elevados sean los estados de conciencia, en ese mismo grado
se sensibiliza la materia, adquiriendo expresiones más depuradas y bellas.
Esta es la razón de que en el ámbito espírita se hable de que el alma o
periespíritu es materia quintaesenciada, menos densa que la física, pero
materia en fin.
Si existen formas físicas diversas en la materia, es porque,
simultáneamente, existe una análoga diversidad de Espíritus elementales capaces
de condensar esas variantes en la materia. Tantos Espíritus elementales como
elementos existan, conocidos o por conocer.
De igual manera, ¿existen arquitectos cósmicos que diseñan, según el
reino natural, las formas equivalentes a la especie vegetal o elemento mineral,
de acuerdo con las características respectivas de cada especie o elemento?
¿Esas características especiales de cada especie animal, vegetal o
mineral han sido impresas ya por la Divinidad en el momento en que emanan,
respectivamente, a la conciencia individual?
¿O cada Espíritu de los cuatro reinos naturales las va desarrollando,
haciendo uso de su respectivo libre albedrío?
¿Tienen libre albedrío todos los Espíritus de los cuatro reinos
naturales?
Por supuesto que sí. No hay duda ninguna de ello. Están dotados de los
mismos atributos de la Divinidad, incluyendo la conciencia y el libre albedrío.
La única diferencia podría surgir en que el Espíritu humano utiliza la
materia de los otros tres reinos naturales, al igual que el Espíritu de los
animales.
El Espíritu vegetal utiliza la materia a partir del reino mineral, y el
reino mineral utiliza la materia a partir de la energía. Cada reino sirve de
enlace y soporte del otro.
Es decir: los Espíritus elementales de la naturaleza utilizan la
energía; los Espíritus del reino vegetal utilizan la energía a partir del reino
mineral; los Espíritus de los reinos animal y humano lo hacen a partir de la
energía sintetizada por el reino mineral y vegetal, y, en parte, a partir del
mismo reino animal y humano.
Es un proceso de cooperación recíproca e integral.
Toda esta extensa gama de variantes en la condensación de la energía en
materia empieza en la mente de cada Espíritu. Cuando se dice que “los
pensamientos son cosas”, es que las ideas o ideogramas que contienen o expresan
son capaces de manifestar su equivalente a nivel espiritual, anímico o físico.
A nivel espiritual, como sentimientos; a nivel anímico, como emociones; y a
nivel físico, como sensaciones. Según su índole manifiestan el equivalente
físico, por las leyes de causa y efecto, y por la de la polaridad y la de
atracción, entre otras.
El respectivo orden que conforman en el contexto universal tiene que ver
con la densidad o estado de depuración, suma existencial o peso específico de
cada ser en los cuatro reinos naturales.
Nos quedaría como ejercicio práctico:
–“El principio inteligente del universo”.
¿Cuál es la naturaleza íntima del Espíritu?
–“El Espíritu no se puede analizar fácilmente en vuestro lenguaje. Él
para vosotros no es nada, por cuanto no es cosa palpable; pero para nosotros sí
lo es. Recordad que nada es lo inexistente y lo inexistente no existe”.
EXEGÉSIS: El Espíritu es, como expresa la respuesta a la pregunta
formulada en el epígrafe 23: –“El principio inteligente del universo”.
La respuesta es más profunda y completa de lo que a simple vista parece.
Define al Espíritu como: –“El principio inteligente del universo”.
Desde antigua data se ha mencionado que todo es uno. Al referirse la
pregunta a lo que es el Espíritu, se refiere, en su respuesta, al Principio
Inteligente del Universo. Un solo principio. Indiviso e indivisible. Que se
manifiesta en todos los Espíritus de los cuatro reinos naturales, sin separarse
de sí mismo, y sin dejar de ser Él mismo.
Es la inteligencia infinita del universo, que se expresa en toda
manifestación de vida en cada ser de los cuatro reinos naturales, de acuerdo
con las propias e inherentes necesidades del eterno presente, en el aquí y
ahora.
Es la misma Divinidad que emana a la conciencia individual en cada ser
de los cuatro reinos naturales, sin separarse de sí misma y sin dejar de ser
ella misma. Cada ser está dotado, por ende, de los mismos atributos de la
Divinidad, y de su conciencia. Es decir, los atributos de cada Espíritu en los
cuatro reinos de la naturaleza son los mismos que los de la Divinidad, y su
conciencia, una réplica de la conciencia de la Divinidad.
Es la misma vida de la Divinidad que fluye en cada Espíritu de los
cuatro reinos de la naturaleza: humano, animal, vegetal y mineral.
En la Divinidad, los atributos divinos o valores universales se
encuentran desarrollados en todas sus vertientes y variantes: estados de
conciencia y estaciones o grados. En cada ser individual emanado a la
conciencia individual en el Alma Universal, los atributos divinos se encuentran
en estado potencial, en todas sus vertientes y variantes, que eternamente
desarrollará en el eterno retorno del ser individual al Ser Universal. Se
encuentra dotado, también, de un poder potencialmente infinito, que expresará
según afronte necesidades o anhelos y deseos de realización personal, por medio
de objetivos claramente definidos.
El Ser Universal es anhelo de ser; todos los Espíritus emanados a la
conciencia individual en los cuatro reinos naturales son la expresión de ese
anhelo de ser del Creador Universal, y de su voluntad divina.
El Espíritu está dotado de vida eterna e inmortal. Siempre vivirá en el
eterno ahora. Siempre ha existido, ya que es la misma Divinidad, solo que cada
ser emana a la conciencia individual en un momento dado, dando comienzo al
proceso del eterno retorno desde ese instante. Esa es la razón de que quienes
iniciaron antes el proceso del eterno retorno se encuentran en una fase más
adelantada del camino. Empero, todos siguen y seguirán el mismo camino en la
eterna expansión del universo, de acuerdo con los planes trazados por el Gran
Arquitecto del Universo.
En cada expresión de vida universal se encuentra presente el Espíritu,
además del cuerpo y del elemento de enlace, que es el alma o periespíritu.
La naturaleza del Espíritu es la misma naturaleza espiritual de la
Divinidad: la esencia, energía en eterno movimiento, es la vida por excelencia,
consciente de sí misma e inteligente. Dotada, también, de libre albedrío, con
autonomía enmarcada dentro de los valores universales, sustento de la ley
cósmica impresa en la conciencia de cada Espíritu o expresión de vida.
–“La inteligencia es un atributo esencial del espíritu; pero tanto el
uno como la otra se confunden en un principio común, de modo que para vosotros
son la misma cosa”.
EXEGÉSIS: La inteligencia es un atributo que posee el Espíritu, pero no
es el Espíritu. Es una facultad del Espíritu, una aptitud o estado de
conciencia, y una actitud que lo faculta para percibir y entender, hacer o
dejar de hacer, sentir o dejar de sentir. En la medida en que el Espíritu
evoluciona y amplía sus estados de conciencia perceptiva y realizadora, la
inteligencia se aviva y será capaz de penetrar en la comprensión de áreas y
aspectos de conocimientos con mayor amplitud y profundidad en el entorno universal.
El conocimiento de la verdad universal, conformado por los valores
universales, permite al Espíritu penetrar en una más extensa gama de estados de
conciencia y, dentro de los mismos, alcanzar estaciones más elevadas o grados
perceptivos de la realidad, con sus inherentes grados de poder realizador,
potencialmente infinito, pero expresado en el mismo nivel en que manifiesta
necesidades insatisfechas y anhelos por realizar.
La inteligencia potencialmente infinita del Espíritu, en los cuatro
reinos de la naturaleza, se ejercita para su desarrollo mediante el mecanismo
de necesidades, los deseos y los anhelos de realización, en una eterna
polarización.
La rueda de la vida está constituida por los valores universales o
atributos divinos, y dentro de ella se encuentra la eterna polarización,
transmutando cada estado de conciencia en un nivel más elevado de percepción y
realización.
Cada valor universal es uno de los incontables caminos existenciales que
eternamente recorrerá cada Espíritu, pasando por grados de conciencia o
estaciones que van del cero grado al infinito.
Es la espiral evolutiva de la conciencia, un camino circunferencial que,
mientras más avanza, más se expande en capacidad perceptiva y poder realizador.
25. ¿El Espíritu es
independiente de la materia, o es en cambio una propiedad de esta, como los
colores son una propiedad de la luz y el sonido una propiedad del aire?
–“El uno es distinto de la otra; empero, es necesaria la unión de ambos
para dar una inteligencia a la materia”.
¿Es, quizá, igualmente necesaria esta unión también para la
manifestación del Espíritu?
–“Es necesaria para vosotros, ya que no estáis organizados para percibir
el Espíritu libre de la materia: las limitaciones de vuestros sentidos no lo
permiten”.
EXEGÉSIS: Toda expresión de vida, en la dimensión física del planeta
Tierra y en cualquier mundo del universo —siempre físicamente hablando—, está
conformada por lo menos por tres entes claramente diferenciados entre sí: el
Espíritu o ente inteligente; el alma o periespíritu, como elemento neutro de
enlace entre el Espíritu y el cuerpo; y el cuerpo, vehículo que funge como
elemento fundamental para la expresión física de la vida en los cuatro reinos
naturales.
Una es la ley cósmica que rige todo en la creación universal. Cada ser,
en los cuatro reinos naturales, está conformado por Espíritu, alma y cuerpo.
Dejamos sentado este principio en forma clara, precisa y contundente para
corregir definitivamente cualquier equívoco al respecto. Hasta los animales,
los vegetales y los minerales están conformados por Espíritu, alma y cuerpo; es
decir, en toda expresión física la fuente de la vida es el Espíritu.
El Espíritu, como se ha expresado reiteradamente, está conformado por la
misma esencia de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser
la Divinidad.
Igualmente, el Espíritu está dotado de todos los atributos divinos del
Ser Universal y del poder potencialmente infinito que le es inherente, que
expresará sin límites de ninguna naturaleza en la eterna polarización, en el
eterno retorno del ser individual al Ser Universal.
Esto, algunas corrientes de pensamiento lo han denominado un proceso de
involución-evolución. Es la teoría del eterno retorno: el viaje de regreso a la
fuente de la cual, en un momento dado, se ha emanado a la conciencia individual
(no creado, sino emanado de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad que ha
existido siempre y sin dejar de ser la Divinidad).
Cada ser emana perfecto a la conciencia individual; lo que evoluciona en
sí es cada uno de los estados de conciencia relativos a los valores universales
o atributos divinos, pasando por todas las estaciones —o grados— del cero al
infinito, mediante cuyo proceso encuentra siempre un más allá en el
conocimiento de la verdad universal, de los valores universales, del uso del
poder creador —potentially infinito— que le es inherente y de los objetivos de
cooperación en la realización de la gran obra, en la expansión de la creación
universal.
Todo este bagaje de realización cósmica se encuentra regido por los
planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo en la ley cósmica, cuyo
soporte constituye cada uno de los valores universales.
Igualmente, en cada uno de los Espíritus de los cuatro reinos naturales
se encuentra una réplica exacta de la conciencia del Ser Universal, en la cual
se expresa, por medio del lenguaje de los sentimientos relativos a los valores
universales, la misma Divinidad en una acción pedagógica constante y perenne.
Al mismo tiempo, toda expresión de vida es la única vida que existe: la
de la Divinidad. Por eso se habla de que todo es uno.
La Divinidad es voluntad y anhelo de ser a nivel universal, en la eterna
expansión de la creación, y cada ser que emana a la conciencia individual, en
los cuatro reinos naturales, sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser
la Divinidad.
Cada ser es el instrumento de ese anhelo de realización y la voluntad de
su expresión, en todas sus vertientes y variantes, desde un grado cero al
infinito, encontrando —como ya fue dicho— siempre un más allá sin límites de
ninguna naturaleza.
La Divinidad Universal jamás agotará el total del caudal de su potencial
realizador y de la sabiduría de los valores universales impresa en la ley
cósmica y en la conciencia de cada ser o toda expresión de vida en los cuatro
reinos naturales conocidos y en los eventuales otros por conocer.
Es importante destacar que el Espíritu interactúa simultáneamente en
ambas dimensiones (espiritual y física) en forma constante, aun cuando no tenga
conciencia objetiva de ello.
El fenómeno de interrelación entre ambas dimensiones se realiza por
medio de la facultad de desdoblamiento o proyección espiritual.
Pero lo que el Espíritu realiza en la dimensión espiritual no lo
registran los sentidos físicos, razón por la cual no conserva un recuerdo claro
en la conciencia objetiva.
Esto se explica por el viejo aforismo de que lo que no pasa por los
cinco sentidos no se encuentra en la conciencia, cuyo primer exponente fuera
Aristóteles, y posteriormente Francis Bacon. Empero, esto es únicamente una
verdad a medias, ya que muchas de las realizaciones o percepciones que el
Espíritu realiza en esos breves intervalos en la dimensión espiritual —aunque
sean de escasos segundos— las recuerda como intuiciones o ideas que le vienen a
la mente sin saber de dónde las obtiene; es decir, sabe sin saber cómo ni por
qué sabe. De esa interrelación con el mundo espiritual obtiene también
incontables inspiraciones, que no son más que la comunicación de contenidos
mentales de entes encarnados o desencarnados, comunicando pensamientos dentro
del pensamiento que aportan ideas que le conducirán a cada quien al desarrollo
de las mismas, o de orientación o guía en la realización del propio trabajo.
Homero es uno de los genios que describió con precisión esta interrelación
entre ambas dimensiones, tanto en la Ilíada como en la Odisea. Es una faceta de la obra homérica que es
preciso profundizar. Platón, en el diálogo Ion, también
desarrolla este tema en forma admirable.
El Espíritu interactúa, como fue dicho, en ambas dimensiones (la
espiritual y la física) simultáneamente.
Sería beneficioso que los seres humanos se abocasen al estudio serio y
profundo de las facultades del Espíritu para optimizar esa interrelación. La
primera obra que estudia a fondo, en la historia de la humanidad y con
conocimiento de causa, las facultades espirituales es El libro de las facultades espirituales, del ilustre
maestro de Lyon, Allan Kardec.
Quilón el Lacedemonio, en el siglo VI antes de nuestra era, inscribió su
precepto en Delfos: «Hombre, conócete a ti mismo; que el estudio propio del
hombre no es conocer a Dios, sino conocerse a sí mismo». Mahoma, al inicio del
siglo VII de nuestra era, acuñó el aforismo: «Conócete, y conocerás a Dios».
Cada ser debe centrar su atención en conocer su propio ser en los tres
entes que lo conforman, con el fin de aprovechar al máximo su misión
existencial en la expresión física de la vida.
Se tendrá ocasión, a lo largo de estos comentarios exegéticos y del
estudio de la obra que se comenta, de analizar a fondo, dentro de lo posible,
cada uno de los entes que conforman cada ser o expresión de vida en sus tres
elementos constitutivos: Espíritu, alma y cuerpo.
–“Sí, ciertamente, con el pensamiento”.
EXEGÉSIS: Ciertamente, el pensamiento es un atributo del Espíritu.
El Espíritu piensa en imágenes. Pensamientos e imágenes conforman
ideogramas o cuadros mentales que permiten la percepción del conocimiento.
La matriz de este conocimiento es la idea.
Al tener la idea ya se posee la base y el fundamento para desarrollar
con mayor amplitud el cuadro mental que conforma el conocimiento.
Las imágenes son percepciones del Espíritu al observar este directamente
del lugar mismo en que se encuentra el conocimiento o el objeto de este. Esto
ocurre bien sea que se encuentre en un lugar determinado o en el propio archivo
espiritual de la persona, o en el archivo espiritual —en el alma— de seres
encarnados o desencarnados, donde el Espíritu, en desdoblamiento o proyección
espiritual, lee esa información.
Dicha información o contenido mental lo transfiere a la conciencia
objetiva como intuición en el acto de reincorporarse a la materia o al propio
cuerpo.
Si el Espíritu, en desdoblamiento o proyección espiritual, es capaz de
observar el objeto del conocimiento que percibe, también lo es para concebir o
percibir al Espíritu exento de materia en la dimensión espiritual.
Esa percepción del Espíritu al margen de la materia, efectuada por el
pensamiento, no es más que una observación efectuada directamente por el
Espíritu con la visión espiritual, y no con el sentido físico de la vista y la
capacidad de análisis por la lógica inductiva y deductiva.
Trasciende la visión física.
Al proyectarse el pensamiento al objeto que le ocupa la atención, y al
centrar la atención en el mismo, expande la conciencia perceptiva y observa
directamente, ve con la visión del Espíritu al Espíritu de otros seres en la
dimensión espiritual.
Al retrotraerse a la materia, en la conciencia objetiva, lo concibe como
una realidad.
La imagen de lo que vio la traduce en idea; esta, en pensamiento —o
símbolo—, y el pensamiento de la idea en el que medita o reflexiona se traduce
en conocimiento.
Son concepciones de la realidad que se obtienen por intuición
—percepción del propio Espíritu proyectado— o por inspiración —comunicación de
contenidos mentales por el pensamiento en el pensamiento, de un emisor a un
receptor—.
Se sabe sin conocer por qué se sabe, en un momento dado. La concepción
por conciencia perceptiva es automática, efectuada sin el uso de la voluntad.
Es un dejarse ir hacia el objeto de los propios pensamientos, y estos se
proyectan —junto con el Espíritu de quien constituyen un atributo— percibiendo
la realidad.
Se puede no solo concebir, sino ver objetivamente, la materia sin el
Espíritu; por ejemplo, el cuerpo de un ser cuyo Espíritu ha desencarnado.
Empero, sería ese un cuerpo inerte, ya que la causa de la vida se
emancipó.
Pero, en sentido general, toda materia inerte, o cualquier tipo de
materia aparentemente inerte, está imbuida de un Espíritu elemental de la
naturaleza o de varios cuando se conforman aleaciones.
Ver dentro de la materia, y más allá de esta al Espíritu, es una
percepción que trasciende los sentidos físicos.
Es más fácil verlo en un ser humano que en los demás seres de los
restantes reinos naturales (animal, vegetal y mineral).
Pero en cada reino natural cada cuerpo, expresión de vida y elemento se
encuentra conformado por tres entes básicos y claramente definidos: Espíritu,
alma y cuerpo.
Aun en ese cuerpo del cual se ha separado el Espíritu, percibir esa
separación precisa una concepción efectuada a nivel de los pensamientos.
A través de los pensamientos, proyectados en el espacio y en el tiempo,
se percibe la realidad inherente. Esta trasciende a los propios pensamientos,
que constituyen la fuente de los ideogramas que canalizan el conocimiento.
Esa es la razón por la cual se afirma constantemente que es preciso ver
más allá de las apariencias para observar la realidad en su esencia.
Por otra parte, para concluir, es preciso destacar que no es posible
concebir la materia sin Espíritu, ya que, en los cuatro reinos naturales, toda
materia, así como expresión de vida, está animada por su respectivo Espíritu.
Es decir, viendo más allá de las apariencias, no existe materia sin Espíritu en
ninguno de los reinos naturales conocidos ni por conocer.
–“Sí, y por encima de ellos Dios, Creador de cada cosa. Es aquí el
principio de todo cuanto existe: la tríada del universo. Empero, al elemento
materia es preciso agregar el fluido universal, que constituye la parte
intermedia entre el Espíritu y la materia propiamente dicha, la cual es muy
densa para que el Espíritu pueda actuar directamente sobre ella. Este fluido,
aunque en cierto modo haya que considerarlo como parte del elemento material,
se diferencia por algunas propiedades especiales. Si este fluido fuese materia,
no habría razón para no suponer como tal también al Espíritu. Se encuentra
entre el Espíritu y la materia; es fluido, como la materia es materia, y por
las innumerables combinaciones con esta, bajo la acción del Espíritu puede
producir una infinita variedad de cosas, de las cuales vosotros solamente
conocéis una pequeñísima parte. Este fluido universal, o cósmico, o primitivo,
o elemental, como el agente de quien se sirve el Espíritu, es el principio sin
el cual la materia quedaría en estado de perpetua disolución, y no conquistaría
jamás los caracteres que le dan la gravedad”.
¿Este fluido sería, quizá, aquel que nosotros definimos con el nombre de
electricidad?
–“Hemos dicho ya que puede producir innumerables combinaciones. Los
agentes físicos que vosotros denomináis fluido eléctrico y fluido magnético son
simples modificaciones del fluido cósmico, el cual, propiamente hablando, no es
sino materia más noble, más sutil que la propiamente denominada así”.
EXEGÉSIS: Quizá sería más propicio decir: Espíritu, alma —elemento de
enlace— y materia —condensación de energía—.
El Espíritu, como emanación de la Divinidad, sin separarse de la
Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad, en cada expresión de vida en los
cuatro reinos naturales conocidos y en los que eventualmente aún queden por
descubrirse.
Podríamos imaginar tres dimensiones claramente definidas o determinadas:
La primera, la de la Divinidad, separada por una tenue barrera que no es
otra cosa que una diferenciación vibratoria; es decir, un nivel absoluto. Esa
barrera podría imaginarse como una pared divisoria entre una dimensión y la que
le sigue.
La segunda: el Alma Universal. En ella emana la Divinidad a la
conciencia individual tantas veces como sea necesario en la eterna expansión de
la creación universal. Es el elemento de enlace entre la Divinidad y el ser
emanado a la conciencia individual en los cuatro reinos naturales. Además, es
el hábitat o la dimensión espiritual en que se desenvuelve el Espíritu mientras
se encuentra en estado de Espíritu. Es lo que se denomina fluido universal en
la respuesta dada a la pregunta que comentamos. Es un departamento intermedio
entre la dimensión de la Divinidad y la de la materia, que se analizará en el
epígrafe siguiente. Hay una puerta de entrada de una dimensión a otra, y es la
del alma.
En la dimensión del Alma Universal existe una inmensa variante de
Espíritus emanados a la conciencia individual —tantos como Espíritus existen en
los cuatro reinos naturales— y con gradaciones de estados de conciencia que
varían del cero grado al infinito, aunque jamás se agotará el infinito
ascensional de la espiral evolutiva.
En el Alma Universal, cada Espíritu emanado a la conciencia individual
adquiere su propia alma individualizada. Es como decir «su hogar personal» en
el entorno cósmico, ubicado en el «lugar» en que adquirió conciencia
individualizada. Constantemente se reubicará de acuerdo con sus estados y
grados de conciencia, según su suma existencial o densidad espiritual, regido
por la ley de afinidad y las leyes que les están interrelacionadas: amor,
afinidad, justicia, igualdad y compensación, entre otras. Es como decir: «Donde
amas, allí está tu Espíritu y hábitat». El grado de amor es el que ubica o
reubica el hogar personal en el eterno viaje de retorno a la fuente universal.
La tercera: la materia. Es condensación de la energía de acuerdo con el
grado vibratorio de los Espíritus elementales de la naturaleza. Esta dimensión
es la que sirve de manifestación física a los demás reinos de la naturaleza: el
humano, el animal y el vegetal.
Cada reino utiliza su propia e inherente combinación de la materia, de
acuerdo con el fin que le corresponde en el contexto de todas las cosas y a la
naturaleza misma del Espíritu en cada uno de estos reinos naturales.
–“Las palabras nos importan poco a nosotros; precisad vuestro lenguaje
de modo que os podáis entender. Vuestras disputas provienen casi siempre por
estar en desacuerdo sobre el significado de los vocablos, por ser vuestra
capacidad insuficiente para expresar las cosas que dejan de entrar dentro de la
percepción de vuestros sentidos”.
Un hecho evidente domina todas las hipótesis, el cual es que vemos, por
una parte, la materia no inteligente; por la otra, un principio inteligente que
no depende de la materia. Pero ¿cuáles son el origen y las conexiones de estas
dos cosas?, lo ignoramos. Si tenemos o no un origen común, o puntos de contacto
necesarios; si la inteligencia existe de por sí, o es solamente una propiedad,
un efecto; si ella, según la opinión de algunos, es una emanación de la
Divinidad; lo desconocemos. Materia e inteligencia nos parecen diferentes, por
lo cual las vemos como dos principios que constituyen el universo. Por encima,
además, de cada cosa, vemos una inteligencia que domina todas las demás, las
gobierna, y se distingue por sus atributos esenciales; a esta inteligencia
suprema la denominamos Dios.
EXEGÉSIS: La materia y el Espíritu constituyen partes de dos dimensiones
diferentes: la física y la espiritual. Ya se ha estudiado cómo la materia es
condensada a partir de la energía por el respectivo Espíritu elemental de la
naturaleza; por ejemplo, el hierro, la plata, el oro, el plomo, el estaño,
entre otros elementos.
Viendo más allá de las apariencias, en la materia inerte existe un
estado vibratorio constante que es el del Espíritu que la trae a la
manifestación física y la mantiene en ese estado. Es una energía en constante
movimiento. Al separarse el Espíritu de la materia se efectúa un proceso de
desintegración de la misma, y la energía que la conformaba retorna al depósito
universal. El Espíritu, a su vez, queda libre de la materia y automáticamente
se encuentra en la dimensión espiritual, en la frecuencia vibratoria que le es
inherente.
En cuanto a la materia inteligente, lo es en los cuatro reinos naturales
por el atributo de la inteligencia que posee el Espíritu que la anima en
determinado ser de los cuatro reinos naturales.
Todo el maravilloso proceso inteligente que realiza la materia —en
cualesquiera de sus formas: mineral, vegetal, animal y humana— se lleva a cabo
por la programación espiritual que se encuentra en el alma como elemento de
enlace entre el Espíritu y el cuerpo, y por la dirección del Espíritu en
calidad de conductor. La diferencia entre las manifestaciones inteligentes en
cada ser de los cuatro reinos naturales se debe a las variaciones en el
desarrollo de las aptitudes del respectivo Espíritu.
Estas variaciones en el grado de expresión de la inteligencia entre un
ser y otro de la misma especie se deben a la desigualdad en el nivel evolutivo
o estado de conciencia del Espíritu en cuestión.
Cada Espíritu tiene su propia historia. Si ha evolucionado más, lo
expresará en el mayor desarrollo de sus aptitudes. Por supuesto, esas
aptitudes, que constituyen capacidades de ver, comprender, hacer o dejar de
hacer, entre otras cosas, denotan claramente esa diferencia evolutiva.
En toda materia inteligente lo que se expresa es la inteligencia del
Espíritu que la anima.
A su vez, toda inteligencia individualizada es el mismo atributo divino
que posee el Ser Universal o Divinidad.
29. ¿La ponderabilidad es atributo esencial de la materia?
–“De la materia tal como vosotros la entendéis, sí; empero, no de la
materia considerada como fluido universal. La materia etérea y sutil que forma
este fluido, cualquiera sea el principio de vuestra materia pesante, es para
vosotros imponderable”.
La gravedad es una propiedad relativa: si no hubiese la atracción de los
mundos no habría peso, como no habría alto ni bajo.
EXEGÉSIS: La ponderabilidad de la materia significa que tiene peso; es
decir, se puede pesar. Es la propiedad de la materia que determina que todo
cuerpo esté sujeto a las leyes de la gravitación.
El peso de un cuerpo equivale a la fuerza con que es atraído hacia el
centro de la Tierra.
A medida que un cuerpo se desplaza desde el ecuador hacia los polos, su
peso aumenta.
Igualmente, el peso de los cuerpos disminuye hasta anularse al alejarse
de la Tierra y llegar a una zona denominada no gravitacional.
Al mismo tiempo, la hace susceptible a la atracción recíproca con otros
cuerpos.
Dado que existe una materia más depurada como la del alma o periespíritu
—que es, pese a todo, materia quintaesenciada, fluídica—, evidentemente su
ponderabilidad la hace susceptible de estar sujeta a otro tipo de fuerza
gravitacional; por ejemplo, utilizando al alma como vehículo, el Espíritu puede
desplazarse a la velocidad del pensamiento. La depuración del alma puede
permitir al Espíritu encarnado una mayor percepción de la dimensión espiritual,
o proyectarse a mundos más evolucionados donde impera un nivel de frecuencia
vibratoria acorde con un alma más depurada.
Evidentemente, la depuración del alma va acorde con la del Espíritu,
quien incide en que la misma se manifieste también en su cuerpo como mayor
belleza o suavidad en los rasgos físicos.
Esta depuración del alma, como materia quintaesenciada, equivale a la
suma espiritual acumulada por el Espíritu en sus incontables existencias
materiales en el planeta Tierra y en incontables otros mundos en que haya
vivido.
Esa suma existencial ubica o reubica al Espíritu en el orden cósmico que
le corresponde en el contexto de todas las cosas, regido por la ley de
afinidad.
En ese nivel, la fuerza de atracción o de repulsión que se opera a nivel
del alma y del Espíritu se interrelaciona a partir de los pensamientos,
sentimientos, emociones, vibraciones, aura espiritual y sensibilidad
espiritual-anímica que lo circunscriben a esferas mentales-espirituales
determinadas.
Todo va parejo: depuración espiritual-anímica que incide en los
pensamientos, sentimientos, deseos, palabras, actos y práctica de todas las
virtudes.
Se va pasando gradualmente a esferas mentales donde imperan niveles más
depurados de Espíritus en sus respectivos vehículos anímicos o
periespirituales.
La ponderabilidad es la propiedad de la sustancia que conforma los
distintos cuerpos en la naturaleza que los hace susceptibles de tener peso,
densidad y solubilidad. dichos cuerpos pueden encontrarse en un momento dado en
estado sólido, líquido o gaseoso, y por supuesto en una variedad de estados aún
por conocer.
Hasta los pensamientos son considerados cosas, los cuales se encuentran
sujetos a la ley de atracción y de repulsión.
El Espíritu piensa en imágenes, y estas están igualmente sujetas a la
ley de atracción y repulsión.
Los sentimientos también están sujetos a las mismas leyes de atracción y
repulsión. ¿Es la fuerza que les impele en algún grado un determinado tipo de
materia, o simplemente energía?
Ya se ha visto en otra parte cómo las vibraciones del Espíritu condensan
la energía y manifiestan determinadas expresiones físicas a nivel de los
Espíritus elementales de la naturaleza. Empero, la ley rige en los cuatro
reinos naturales, en las dimensiones espiritual y física.
La ciencia ha determinado otras propiedades de las sustancias que
conforman los cuerpos, como son:
A) Forma, color, sabor, olor, impenetrabilidad, inercia,
indestructibilidad, divisibilidad y organolépticas (apreciadas por los sentidos
físicos), por su impresión al tacto, sonido y propiedades químicas, que
determinan acciones sobre otras sustancias, como descomposiciones y
combinaciones, entre otras.
B) Otras propiedades son:
–“El elemento primitivo es uno solo. Los cuerpos que vosotros
consideráis como sencillos no son elementos verdaderos, sino modificaciones y
transformaciones de la materia primitiva”.
EXEGÉSIS: La fuente energética universal es una sola. Se ha mencionado
en diversas ocasiones cómo los Espíritus elementales de la naturaleza, a partir
de la energía y de acuerdo con su propia índole y frecuencia vibratoria,
condensan la energía y la manifiestan en materia, en la extensa gama de
elementos conocidos y por conocer.
De ahí en adelante, de acuerdo con la ley cósmica y con las respectivas
leyes de la física, de la química y de la biología, entre otras, se manifiestan
todas las variantes de la materia, en todas las vertientes posibles, de acuerdo
con los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo.
De la misma tierra, cada especie vegetal extrae su respectivo fruto o
sustancia. Esa tierra, aparentemente uniforme, estaba conformada por múltiples
elementos y sustancias. Hay una inteligencia rectora en cada elemento y
sustancia que realiza ese trabajo, evolucionando ad infinitum en el
proceso.
La energía cósmica, siendo la misma y única, aparentemente, contiene la
esencia de todas las variables posibles, sin límites de ninguna clase. Es el
trabajo de cada Espíritu, en los cuatro reinos naturales, el que realiza esa
labor, cada quien en su respectiva esfera mental, en la infinita espiral
evolutiva. Cada uno de los cuatro reinos sirve de soporte para todos los demás,
tanto en la dimensión física como en la espiritual.
¿Esa energía cósmica, pese a ser la misma, no contiene en sí misma toda
la infinita gama vibratoria?
De ser así, ¿cada uno de los Espíritus elementales de la naturaleza, al
vibrar en su respectiva frecuencia, no extraería de la misma energía universal
la que más o mejor se adapta a su propia frecuencia vibratoria?
Cada Espíritu de los cuatro reinos naturales se encuentra ubicado, en la
dimensión espiritual, en su propia frecuencia vibratoria; es a partir de ese
nivel vibratorio, en la eterna e infinita escala vibratoria del universo, que
cada Espíritu elemental condensa la energía y la manifiesta en la dimensión
física de la vida, base y soporte para la manifestación de los otros tres
reinos naturales. De igual manera, para todas las gamas de combinaciones
físicas, químicas y biológicas.
En radiestesia se sabe medir, con el instrumento pendular, el tono
vibratorio de cada persona, animal, vegetal o elemento mineral, y ubicar de
esta manera a cada quien, por su tono vibratorio, en el respectivo grado, en
una circunferencia entre el cero y los 360 grados. Con mayor detenimiento
prospectivo, se ubicaría también a cada quien en un círculo-nivel diferente en
la espiral evolutiva.
Es a partir de ese tono vibratorio específico de cada persona, animal,
vegetal o sustancia determinada que el radiestesista realiza su trabajo de
prospección con precisión matemática.
Podríamos concluir que cada Espíritu elemental, al igual que los demás
Espíritus en los restantes reinos naturales, emprende un camino a partir del
grado cero de manifestación perceptiva, comprensiva y realizadora de la
conciencia, que se va expandiendo por medio de la experiencia que va
adquiriendo a través de la satisfacción de las necesidades y la realización de
los deseos y de los objetivos existenciales. Empero, en el eterno camino de
retorno del ser individual, en los cuatro reinos naturales, al Ser Universal,
cada Espíritu elemental va manifestando, a partir de la condensación de la
energía, el respectivo elemento que le es inherente, en una materia más
depurada y sutil (menos densa, hasta más transparente, en algunos casos) tal
como debe estar manifestada en los mundos inmensamente más evolucionados que el
planeta Tierra.
Esto marcaría un proceso evolutivo de ascenso en los estados y grados de
conciencia de cada Espíritu elemental, perfeccionando su trabajo de
manifestación «elemental» en la dimensión física, siempre en un mejor nivel de
depuración y perfección.
Es decir, en un proceso evolutivo paralelo en los cuatro reinos de la
naturaleza, en el cual cada reino se prepara para servir de soporte en el
siguiente nivel, en la infinita escala de la polarización alquímico-espiritual
del universo.
Es la infinita expansión de la creación universal hacia mejores niveles
de expresión de la conciencia de la Divinidad en cada ser de los cuatro reinos
de la naturaleza.
En cada nuevo mundo en que esa extensa familia de Espíritus elementales
participe, lo harán a partir del grado de progreso evolutivo alcanzado en el
mundo anterior. En cada mundo, cada ser de los cuatro reinos naturales alcanza
un determinado grado de progreso o estado de conciencia.
Si esto no fuera así, ¿a qué serviría todo ese inmenso trabajo que
despliega cada ser en los otros tres reinos naturales?
–“De las modificaciones a las cuales las moléculas elementales están
sujetas para su unión y en determinadas circunstancias”.
–“Sí, ciertamente, y no existen más que por la disposición de los
órganos destinados a percibirlos”.
Este principio está demostrado por el hecho de que no todos perciben del
mismo modo las cualidades de los cuerpos: uno encuentra una determinada cosa
agradable a su gusto; otro la encuentra desagradable; algunos ven azul lo que
otros ven rojo; lo que es veneno para unos es inocuo, e incluso saludable, para
otros.
–“Sí, y es en este sentido que debéis interpretarnos cuando decimos que
el todo está en el todo (*).
El oxígeno, el hidrógeno, el nitrógeno, el carbono y todos los cuerpos
que nosotros consideramos como simples no son más que modificaciones de una
misma sustancia primitiva. Pero, como es imposible llegar a esta más que con el
pensamiento, estos cuerpos son para nosotros verdaderos elementos, y podemos,
sin ningún prejuicio, considerarlos como tales hasta nuevas disposiciones”.
Esta teoría pareciera dar la razón a quienes opinan que en la materia
solamente existen dos propiedades esenciales: la fuerza y el movimiento, y
piensan que todas las otras propiedades son simples efectos secundarios, los
cuales varían según la intensidad de aquella y la dirección de este.
–“Sin duda tienen una forma; pero vosotros no podéis percibirla”.
¿Esta forma es constante o variable?
–“Constante para las moléculas elementales primitivas; variable para las
moléculas secundarias, las cuales no son más que aglomeraciones de las
primeras, por cuanto lo que vosotros llamáis molécula está todavía lejos de ser
una molécula elemental”.
35. ¿El espacio universal es infinito o limitado?
–“Infinito. Si tuviese límites, ¿qué habría más allá? Bien sé que esto
confunde vuestra razón; pero ella misma os dice que no puede ser de otra
manera. Así es el infinito en cada cosa. No es de vuestro pequeño mundo
comprenderlo”.
Suponiendo un límite en el espacio, por lejano que pueda concebirlo el
pensamiento, la razón dice que más allá de este límite debe existir algo, y de
esta manera de grado en grado hasta el infinito, por cuanto este algo, aunque
fuese el vacío absoluto, sería siempre espacio.
–“No. Lo que es vacío para vosotros se encuentra ocupado por una materia
que escapa a vuestros sentidos y a vuestros instrumentos”.
Síntesis Meditativa:
Corolario contemplativo del Capítulo II.
«La
materia, desde su expresión más densa hasta el fluido más sutil y
quintaesenciado, no es sino la vestidura transitoria con que la Inteligencia
Suprema se manifiesta en el gran teatro de la Creación. En los cuatro reinos de
la naturaleza —mineral, vegetal, animal y humano— fluye una sola e indivisible
Vida, respondiendo al llamado perenne de la Ley Cósmica. No somos observadores
ajenos ni fragmentos aislados en la inmensidad del espacio universal, sino
viajeros del infinito en constante ascenso. Al comprender que todo es Uno y que
la forma sirve a la expansión de la conciencia, el ser se emancipa de la
ilusión de la apariencia. En el seno de la conciencia perceptiva, comprensiva,
conocedora, discernidora y realizadora, réplica exacta de la conciencia de la
Divinidad, al escuchar los armónicos de los valores universales, reconocemos
que el eterno retorno no es más que el divino despertar del Espíritu hacia la
plenitud inalterable de su Fuente, ad infinitum».
I.
Análisis del Capítulo II y de los Comentarios
Exegéticos:
1. La Síntesis Ontológica de la Tríada: Dios,
Espíritu y Materia:
El valor real: El enfoque sobre los Espíritus elementales de la naturaleza como coautores en la condensación de la materia —y la idea original de que el propio elemento hierro o las sustancias minerales evolucionan en mundos superiores para adaptarse a realidades más sutiles— dota a la naturaleza entera de una dignidad espiritual inmensa. No hay "materia inerte": todo vibra, todo aprende, todo asciende en la eterna espiral de la polarización, de un estado de conciencia a otro más elevado, ad infinitum.
3. El Camino de la "Docta Ignorancia" y
el Despertar de la Conciencia:
II. Sugerencias para Profundizar
en el Tema:
1. Gabriel Delanne: El Fenómeno Espírita, La
evolución anímica y El espiritismo frente a la ciencia:
Es uno de los autores espíritas que con mayor rigor científico y
filosófico abordó la naturaleza de la materia, el periespíritu y la fuerza
psíquica. Sus analogías entre la física de su época y el fluido cósmico
dialogan de manera perfecta con las reflexiones aquí expuestas sobre los
elementos.
Aporta
una visión profundamente científica, espiritual y poética del universo,
entrelazando las leyes de la naturaleza con el destino moral del Espíritu y la
evolución de los mundos.
(*) Este principio explica el fenómeno, conocido por todos los
magnetizadores, de poder dar, con la voluntad, a cualquier sustancia —por
ejemplo, al agua— propiedades muy diversas, con un gusto determinado, y también
las cualidades activas de otras sustancias. Por cuanto no existe más que un
solo elemento primitivo y las propiedades de los diferentes cuerpos no son más
que modificaciones de él, resulta que la sustancia más inocua tiene el mismo
principio de la más nociva. Así, el agua, que está formada de una parte de
oxígeno y de dos de hidrógeno, se vuelve corrosiva si se dobla la proporción
del primero. Una análoga transformación puede producir la acción magnética
dirigida por la voluntad.

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